Desilusionada por la traición de su esposo, Tamara encontrará refugio en donde menos lo espera, los brazos de su jefe. Un importante joyero, un ceo de renombre, un artista único y excéntrico que viaja por el mundo exponiendo sus magníficas colecciones, sin interesarse realmente en el amor y solo le importan sus piedras preciosas. Sin embargo pronto descubrirá que la joya más invaluable e inalcanzable es la mujer que se hospeda bajo su mismo techo y a la cual pretende conquistar.
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Capítulo N°21
Las velas se consumían dentro del cuarto dejando un delicioso aroma a fresas, mientras que la llama de la pasión aumentaba sin medida y en el ambiente aumentaba la temperatura.
Las lágrimas habían desaparecido por completo en el rostro de Tamara y sus ojos comenzaron a brillar de una manera hermosa reflejando sus más puros sentimientos, sintiendo seguridad, confianza y un deseo desmedido por el hombre que estaba a su lado.
Las prendas que cubrían su cuerpo una a una fueron despojadas y esparcidas sin cuidado por el suelo. Su desnudez era completa y el ceo no perdía oportunidad de besar cada rincón de su piel, de dejar su huella o marcar sutilmente con mordiscos sus orejas, sus muslos, sus pechos y lamer seductoramente todo a su paso.
Tamara se sentía indefensa, jamás nadie la inspeccionó de tal manera, ni se tomó el tiempo de recorrer su cuerpo tan minuciosamente, sin embargo estaba disfrutando como nunca antes en su vida de tal entrega. Por primera vez alguien le hacía el amor sin prisa y con calma, gozando de cada descubrimiento y murmurando palabras de amor que la derretía de solo oírlas.
—Eres tan hermosa, tan perfecta, una diosa en este mundo...
Eran solo un ejemplo de las cosas que Franco susurraba cerca de su oído haciendo que todo su ser se estremeciera. Su cuerpo estaba a flor de piel, sensibilizado por las hormonas y de solo sentir el aliento del joyero rozar su tez le provocaba cosquillas y hacía que de entre sus labios pequeños gemidos se escaparan inundando la habitación.
Franco acariciaba con delicadeza cada curva perfectamente tallada del cuerpo desnudo de Tamara cumpliendo así con su promesa de ser suave y sutil. Lentamente se detuvo en su vientre plano y dejando un sin fin de besos tiernos y recordando el estado de su mujer murmuró de manera dulce y comprensiva.
—Bebé, soy tu papá quiero que estés tranquilo, no te haré daño, tendré mucho cuidado al estar con tu madre así que se un buen niño y descansa—ordenó.
Tamara no pudo evitar sonreír, ese hombre era muy tierno y la desarmaba con cada gesto, cada mirada, con su sola presencia.
—Deja de hablar con nuestro bebé y hazme tuya de una vez por todas—murmuró entre dientes aferrándose a la cama con fuerzas con ambas manos. Ya no soportaba sentir su tibio aliento rozando su piel, en una tortura silenciosa y casi perfecta que la consumía por completo pero que al mismo tiempo con sus besos la volvía a reanimar.
—¿Ansiosa?—preguntó el joyero levantando lentamente la mirada mientras descendía a su intimidad en busca de su más grande tesoro y joya invaluable.
—Deseosa—corrigió de manera inmediata sin siquiera pestañear. Sosteniendo fijamente su mirada sin desviar sus ojos de los de él vio como muy despacio y sin pudor desaparecieron frente a ella para posesionarse en su entrepierna—. Franco— gritó con desesperación al sentir como la lengua del ceo saboreaba su néctar. Ella se removía en la cama al sentir como todo su ser era devorado con una majestuosidad absoluta, recorriendo cada rincón simulando unas pequeñas estocadas como adelanto a lo que le esperaba.
Los gemidos fueron reemplazados rápidamente por gritos debocados, Tamara estaba llegando al límite de la locura sin embargo pretendía más, mucho más y con la voz entrecortada, jadeante de deseo confeso
—Ya no lo soporto, quiero sentirte dentro de mí. Quiero que me llenes.
Franco se apartó por un instante de ese bello tesoro que había descubierto y no estaba dispuesto abandonar, así que sin dejar de masajear con uno de sus dedos el punto exacto donde su asistente explotaba al amar respondió
—Calma, prometí ir despacio y eso haré.
—Y yo quiero que rompas esa promesa, llevó mucho tiempo esperando y no quiero esperar más—exigió e inmediatamente se incorporó lo suficiente para adueñarse de los labios de su hombre.
Ya no bastaban unas simples caricias, para apagar tanto fuego en su interior, ella necesitaba unirse a él en cuerpo y alma, ser su mujer y que su miembro vibrante la llene por completo. Necesitaba ser suya de todas las maneras posibles y sellar su amor de una vez por todas para así arrancar de su cuerpo cualquier rastro o recuerdo que quedara del infeliz de Saimon. Su corazón ya le pertenecía por completo, en su mente solo había lugar para pensar en él, solo faltaba que sus cuerpos se reconocieran, se unificarán y sean uno solo para siempre.
Franco entendía perfectamente cómo se sentía así que con gentileza la recostó sobre la cama nuevamente, se posicionó sobre ella y con lentitud y sumo cuidado le abrió ambas piernas para finalmente rozar su hombría sobre su labios húmedos y expectantes.
Él besaba con gentileza sus pechos, succionando sus pezones, lamiendo sin control hasta hacer que pierda por completo la razón, mientras que con apenas la punta de su miembro jugaba con su entrada preparando su intimidad para ser invadida. Era consciente que su tamaño era considerable y tenía miedo de estar con una mujer embarazada y hacerle daño.
Ella suspiraba con cada caricia, cada roce sobre su intimidad era un adelanto de lo que vendría. Estaba ansiosa, su cuerpo vibraba emocionado y necesitaba de una vez por todo terminar con ese delirio, tomando el control de la situación empujó con ambas manos el torso de Franco, derribándolo.
—¡Basta de juegos!—dijo con seriedad y lamiendo sus labios se posicionó arriba de él y con mano firme agarró su hombría, la acarició como intentando tomar dimensión de su tamaño real y luego de varios movimientos de idas y vueltas lo guió hasta su intimidad. Una vez que el miembro erecto estuvo dentro de ella se sintió complacida y comenzó a moverse sin control, olvidándose por completo de algún tipo de recaudo. Solo quería disfrutar de ese adonis que tenía como amante y no se detendría hasta que gritara de placer.
Sus cuerpos estaban cubiertos de sudor, el cabello de Tamara se adhería sobre su frente, ambos estaban llegando al límite de su cordura, sin embargo Franco se movía encima de ella, con estocadas firmes y certeras hasta que finalmente todo su ser tembló sobre ella y las uñas de Tamara se clavaron sobre los musculosos hombros del ceo. La entrega había sido completa y ambos se miraron sin decir absolutamente nada, no era preciso, en sus ojos se reflejaba el infinito amor que sentían. Él con suavidad le corrió un mechón de cabello que caía sobre su rostro para luego adueñarse una vez más de sus labios.
Varios minutos más tarde…
Franco abrazaba a Tamara con dulzura, mientras dibujaba el contorno de su cintura con uno de sus dedos, estaba fascinado con esa mujer, su aroma era exquisito, su piel era perfecta y se veía mucho mejor con el contraste de la luz de las velas. No podía dejar de observar cada pequeño e insignificante detalle de su cuerpo, muchas veces se había imaginado que se sentiría hacer el amor con la persona que uno amaba y esta noche lo había descubierto. Era lo más hermoso que alguien pudiera experimentar y solo deseaba que este sueño nunca acabara.