El rey Adrien tiene cinco esposas por obligación, sin amor en su corazón. Todo cambia cuando conoce a Elara, la última esposa, quien no busca agradarle y despierta en él sentimientos desconocidos. Mientras el amor crece lentamente, los celos, las traiciones y la guerra amenazan con destruirlo todo. Adrien deberá decidir entre el poder… o el amor.
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Después del fuego
El bosque seguía ardiendo en caos, pero algo entre ellos ya no podía ocultarse.
Adrien avanzaba con rapidez, abriéndose paso entre los árboles, atento a cada sonido. Elara lo seguía de cerca, con la daga firme en la mano… pero su mente no estaba completamente en la batalla.
El beso.
No podía dejar de pensar en ello.
—Mantente alerta —dijo Adrien, sin mirarla.
—Lo estoy.
Pero no era del todo cierto.
Un ruido a su derecha los hizo detenerse.
Ambos se tensaron.
Un soldado apareció entre los arbustos, herido.
—Majestad… nos superan…
Adrien lo sostuvo antes de que cayera.
—Resiste.
—Nos rodearon… fue una trampa completa…
Elara intercambió una mirada con Adrien.
Lo sabían.
—Reúne a los hombres que queden —ordenó el rey—. Nos replegamos.
El soldado asintió con dificultad y se alejó.
El silencio volvió por un instante.
Y con él… lo que habían dejado pendiente.
Adrien finalmente la miró.
—Lo de antes…
Elara sintió su corazón acelerarse.
—No fue un error.
Él se quedó en silencio.
—¿Entonces qué fue?
Ella dio un paso más cerca.
—La verdad.
El aire entre ellos se volvió denso.
—No es tan simple —respondió Adrien.
—Nunca lo ha sido.
El rey desvió la mirada por un segundo.
—Esto cambia todo.
—Sí.
—Y lo complica todo.
Elara sostuvo su mirada.
—Tal vez no tanto como crees.
Adrien frunció el ceño.
—Tengo un reino que proteger.
—Y yo una vida que defender.
Un breve silencio.
—Pero eso no cambia lo que sentimos —añadió ella.
Las palabras quedaron suspendidas.
Irrefutables.
Adrien dio un paso hacia ella.
—No debería importarme así.
—Pero te importa.
Elara no retrocedió.
—Y a mí también.
El momento volvió a acercarlos.
Pero esta vez… no fue interrumpido por emociones.
Sino por peligro.
Un grupo de rebeldes emergió entre los árboles.
—¡Allí! —gritó uno.
Adrien reaccionó de inmediato.
—¡Corre!
Tomó la mano de Elara y comenzaron a moverse.
El bosque se convirtió en un laberinto de persecución.
Pasos.
Ramas.
Respiración agitada.
Hasta que finalmente llegaron a un pequeño grupo de soldados leales.
—Majestad —dijo uno—. Hemos reunido a los que sobrevivieron.
Adrien asintió.
—Nos retiramos al castillo.
Elara observó alrededor.
Habían perdido hombres.
Terreno.
Ventaja.
Esto no había terminado.
Mientras cabalgaban de regreso, el silencio entre ellos era distinto.
No incómodo.
Pero sí… consciente.
Elara miró al frente.
—¿Qué pasará ahora?
Adrien no respondió de inmediato.
—Ahora… enfrentamos las consecuencias.
Ella lo miró.
—¿De la guerra?
El rey negó levemente.
—De todo.
Elara entendió.
El beso.
Lo que sentían.
Lo que venía.
Y por primera vez…
No sintió miedo.
Sino certeza.
Porque aunque todo se volviera más difícil…
Ya no estaban solos.
Y eso…
Lo cambiaba todo.
Elara respiró hondo, aceptando que nada volvería a ser como antes. Habían cruzado un límite imposible de ignorar. Adrien, en silencio, sabía que debía tomar decisiones difíciles. Entre el deber y el corazón, el camino sería peligroso. Pero por primera vez, no estaba dispuesto a huir de lo que sentía.
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