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Memorias Para Amar Al CEO

Memorias Para Amar Al CEO

Status: En proceso
Genre:Pérdida de memoria / Oficina / CEO / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Denis Peinado

En un mundo donde el poder compra silencios y el amor puede destruir imperios, ella se convirtió en su única luz… justo cuando él olvidó quién era.
Un accidente cambia el destino del CEO más temido de la ciudad, y una asistente invisible se convierte en la mujer a la que él promete proteger con una obsesión casi irracional.
Pero la memoria no permanece perdida para siempre… y cuando regrese, todo se romperá. O sanará o ambos.

NovelToon tiene autorización de Denis Peinado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: La voz que destruye

El mundo pareció detenerse alrededor de ellos.

El aire del pasillo era espeso, casi irrespirable.

La luz roja parpadeaba y bañaba a los tres con un brillo infernal.

Mía sentía cómo su cuerpo temblaba sin control.

Liam estaba paralizado.

Y el guardia aliado… tenía los ojos tan abiertos que parecía que fuera a gritar.

Pero nadie gritó.

Porque nadie podía procesar lo que estaba viendo:

El señor Vander estaba vivo.

Y su presencia llenaba el pasillo como un veneno.

—Hijo —repitió el hombre, avanzando un paso hacia Liam—. Te ves… débil.

Liam retrocedió un paso sin querer.

Era la primera vez que Mía veía a Liam verdaderamente asustado.

No confundido.

No en shock.

No vulnerable.

Asustado.

—Tú… —murmuró Liam, con la voz partida—. Tú estabas muerto.

Te enterramos. La policía dijo—

—La policía dice lo que yo quiero que diga —interrumpió el hombre con una calma que heló la columna de todos.

Mía tragó saliva.

Ese tono.

Ese poder.

Ese control absoluto…

Lo recordaba.

Lo había escuchado la noche del vidrio.

—Liam —susurró ella, sin apartar la vista del hombre—. No te acerques.

El señor Vander desvió la mirada hacia ella…

y sonrió.

Una sonrisa fría.

Cortante.

Cruel.

—Mía… —pronunció su nombre como si probara algo amargo—. El error que nunca supe borrar del todo.

El corazón de Mía se detuvo.

Liam se puso automáticamente frente a ella.

—No le hables —gruñó—. No te acerques.

Su padre alzó una ceja, como divertido.

—Oh, hijo… siempre tan emocional. Tan… débil.

—Si das un paso más —amenazó Liam—, juro que—

—¿Que qué? —interrumpió su padre—.

¿Me matarás?

¿Tú? ¿En ese estado?

Liam tembló.

Quiso avanzar.

Pero su padre no le dio tiempo.

—Verás… Liam —comenzó, caminando lentamente hacia él—. Fingir mi muerte no fue difícil. Tampoco encontrar a Calder después de que la junta lo descartó. Mantenerlo “muerto”… fue muy útil.

Mía sintió un escalofrío.

—¿Tú… lo escondiste? —preguntó ella en un susurro.

El hombre la miró como si respondiera a una niña.

—Por supuesto. Calder es un perro leal, si sabes cómo romperlo. Y tú, querida… fuiste perfecta para eso.

Liam apretó los puños, su respiración se descontroló.

—¿La usaste? —preguntó, su voz un hilo tenso—. ¿A ella? ¿Para qué?

El señor Vander se detuvo.

Y respondió con la voz más tranquila del mundo:

—Para destruirte.

El pasillo se quedó sin aire.

Liam retrocedió un paso.

Como si esas palabras hubieran atravesado su piel.

—¿Qué… qué estás diciendo? —jadeó.

El hombre suspiró, como si estuviera harto de explicarlo.

—Tu debilidad siempre fueron las personas pobres y rotas. Esa necesidad infantil de “salvar” a los desvalidos. Patético. Manipulable.

Miró a Mía como si fuera basura.

—Y ella… apareció en el momento perfecto. Una chica perdida, vulnerable, asustada… justo lo que necesitabas para distraerte.

Mía sintió una puñalada en el pecho.

—No soy parte de tu juego —escupió ella, dando un paso adelante.

—Oh, claro que lo eres —respondió el hombre sin emoción—. Lo fuiste la noche que entraste a mi casa. Lo fuiste cuando Calder te arrastró por el suelo.

Lo fuiste cuando mi hijo te cargó entre sus brazos como si fueras un tesoro roto.

Liam se llevó una mano al rostro, como si el recuerdo le quemara.

—Cállate… —susurró—. Cállate ya…

Su padre sonrió.

—Y sigues siéndolo ahora.

—¡CÁLLATE! —gritó Liam, y Mía nunca lo había escuchado así.

Como si una grieta se abriera en su alma.

El señor Vander lo observó en silencio.

—No puedes protegerla —dijo finalmente—.

No pudiste antes.

No puedes ahora.

Mía dio un paso adelante.

—No necesito que él me proteja de ti.

Liam trató de detenerla.

—Mía, no—

Pero ella ya había hablado.

El señor Vander se acercó, su presencia aplastante.

—Tú… —dijo él, inclinando el rostro hacia ella— no tienes idea de lo que eres para mi hijo, ¿verdad?

Mía tragó saliva, pero no retrocedió.

—¿Qué soy? —preguntó con valentía rota.

El hombre sonrió.

Pero no era una sonrisa humana.

—Eres la cadena que lo hace débil.

Eres el recordatorio de su fracaso.

Y, peor aún…

eres la única persona que puede quebrarlo por completo.

El silencio fue mortal.

Liam tembló.

Sus ojos, fijos en Mía.

Como si esa frase lo hubiera aplastado.

—No… —susurró él, con voz quebrada—.

Eso no es verdad…

Mía dio un paso hacia Liam.

—Liam… mírame.

Él levantó la vista.

Sus ojos estaban llenos de un dolor tan profundo… que a Mía se le quebró el alma.

Su padre habló otra vez.

—Liam.

Si te quedas con ella…

perderás todo.

La empresa.

La junta.

Tu nombre.

Liam lo ignoró.

Miró a Mía.

—Yo no te pierdo a ti —dijo él, con voz ronca—.

Eso es lo único que sé.

Mía sintió lágrimas calientes correrle por las mejillas.

El señor Vander bufó.

—Sentimental.

Patético.

Y dio un paso adelante.

Demasiado cerca.

Liam se interpuso en un movimiento casi instintivo.

—NI LA TOQUES.

Su padre lo observó…

y algo en su mirada cambió.

Por primera vez, Mía vio algo parecido a decepción sincera en el hombre.

—Hijo…

dejaste que una chica…

te volviera débil.

Y entonces, sin avisar—

El señor Vander sacó un arma.

Pequeña.

Silenciada.

Metálica.

Mía gritó.

Liam intentó empujarla—

Y un disparo resonó en el pasillo.

FFFFT.

Uno solo.

Mía sintió un impacto recorrerla.

Un calor punzante.

Un mareo.

Liam gritó su nombre con una desesperación animal:

—¡¡MÍA!!

La sujetó antes de que cayera.

Ella intentó hablar.

No pudo.

La sangre le humedeció la ropa.

El señor Vander bajó el arma.

—No me dejaste opción —dijo, con calma absoluta—.

Ella tenía que desaparecer.

Liam cayó de rodillas con ella en brazos.

Su voz se quebró.

Sus manos temblaban.

—No… no… Mía, no… respira conmigo… mírame… abre los ojos…

El guardia corrió hacia ellos, aterrorizado.

Mía abrió los ojos apenas un poco.

Y vio algo en la mirada de Liam.

Algo que nunca había visto.

Algo que la asustó más que la herida.

La muerte no estaba en sus ojos.

No.

Lo que vio fue…

odio.

Puro.

Feroz.

Sin límites.

Y lo último que escuchó antes de desvanecerse fue la voz rota de Liam diciendo:

—Papá… te voy a matar.

Y el mundo de Mía se volvió negro.

1
Eret Lopez
ES DEMASIADO CANSADO ESTAR LEYENDO ALGO QUE NO CONCLUYE EN NADA BEY
Eret Lopez
Mia PORQUE NO HABLAS CON LA VERDAD ES MEJOR UNA VEZ COLORADO QUE MIL DESCOLORIDO AGARRA EL TORO POR LOS CUERNOS
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