Alice, de 19 años, conoció a Alexei Fiore, quien se sintió atraído por ella y le propuso ser su novia. Ella rechazó, pero él ordenó atacar a su padre, dejándolo gravemente herido. Incapaz de pagar las cirugías, Alice terminó aceptando el trato de Alexei.
(En edición)
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Capítulo 2 (Editado)
[Narra Alice]
El aula estaba en completo silencio, solo mi música llenaba el espacio mientras intentaba concentrarme. Pero de pronto, la puerta se abrió de golpe y un hombre entró preguntando por Annie Flore. Annie… la chica más popular de toda la universidad, la que muchos idolatran y otros envidian. Se rumorea que pertenece a una de las familias más poderosas del país, aunque siempre pensé que solo era eso: un rumor más.
Pero ese día todo cambió. Ese hombre, con un porte extraño y una voz que helaba la sangre, afirmó ser su hermano. Y, en ese instante, lo entendí: claro que Annie era hermosa… seguramente toda su familia lo era.
Me repetí a mí misma que no me importaba, que no tenía nada que ver conmigo. Pero, ¿por qué sentí un escalofrío recorrerme la espalda?
Sacudí la cabeza y me obligué a concentrarme en lo mío. Apenas salí de la universidad, caminé hasta una cafetería cercana. Había quedado de verme con mi mejor amiga, Rose.
Tardó en llegar, pero cuando finalmente apareció, me abrazó con esa energía que siempre tenía. Rose es preciosa: sus ojos brillan como cristales y su cabello parece el de una muñeca de porcelana. Una belleza que intimida.
Nos sentamos en una mesa apartada. Pedimos algo de beber y, en cuanto estuvimos cómodas, le pregunté:
—¿Cómo has estado? —
—Bastante bien… aunque tú ya sabes de qué hablo, ¿no? —me dijo mostrando unas fotos de un chico en su celular. Su sonrisa era traviesa, casi culpable—. Es lindo, hemos salido algunas veces y me encanta, pero aún no se me declara. No sé qué hacer, amiga.
La miré con cierta preocupación.
—Rose, últimamente siento que estás saliendo con demasiados chicos. Deberías enfocarte en uno, en alguien que de verdad te quiera.
Ella bajó la mirada unos segundos, como si estuviera dudando si contarme algo. Luego, de golpe, alzó la vista con una sonrisa extraña, distinta, casi peligrosa.
—En realidad… hay alguien más. Pero no es un chico. Es un hombre. Un hombre mayor… y tiene una hija de nuestra edad.
Me quedé helada. Nunca había visto esa expresión en Rose: era como una mezcla entre felicidad y malicia.
—Rose, eso no está bien. ¿Y si está casado? Además, es un señor ya, ¿qué esperas conseguir de algo así? —le dije con un tono cargado de preocupación.
Ella sonrió de lado, como si disfrutara de mi incomodidad.
—No está casado. La madre de su hija lo abandonó hace muchos años. Él está libre… libre para mí.
Un nudo se me formó en la garganta. Esa historia… era demasiado parecida a la de mi padre. No quería pensar mal, pero algo dentro de mí se estremecía.
—¿Cómo se llama ese hombre? —pregunté, intentando sonar casual.
De inmediato su sonrisa se borró. La vi tragar saliva, sus manos temblaron ligeramente mientras apartaba la mirada.
—No… no importa. Mejor cuéntame de ti. ¿Ya hay alguien en tu vida?
¿Por qué cambió de tema tan rápido? ¿Qué me estaba ocultando? Primero parecía ansiosa por hablar de ese hombre y, cuando le pedí un nombre, se desmoronó. Todo esto era demasiado extraño… demasiado parecido a la historia de mi padre.
Intenté apartar esos pensamientos.
—Ya sabes que no estoy interesada en nadie. No tengo tiempo para eso. Solo quiero concentrarme en la universidad… aunque, para ser sincera, tampoco me gusta. Lo único que quiero es graduarme y trabajar —contesté, aunque en mi cabeza seguía rondando la duda.
…
Más tarde, después de despedirme de Rose, tomé un taxi hacia casa. Durante el trayecto, sus palabras resonaban en mi mente como un eco perturbador. A veces, cuando hablaba de mi padre, parecía conocerlo más de lo normal. Pero apenas se han visto un par de veces… ¿o acaso me está ocultando algo? No, no podía ser… o tal vez sí.
Cuando llegué a casa, como siempre, mi padre no estaba. Seguramente seguía trabajando. A veces me gustaría ayudarlo, pero él insiste en que debo enfocarme en mis estudios. Para él, soy su esperanza. Su orgullo. Aunque para mí, la universidad es un peso que apenas soporto.
Pasaron horas. Hice las labores del hogar, queriendo aligerar su cansancio aunque fuera un poco. Mientras estudiaba, escuché la puerta abrirse. Corrí hacia ella y lo vi entrar. Mi padre. Exhausto.
Lo abracé con fuerza.
—¿Por qué llegas tan tarde? Afuera está peligroso a estas horas. —
Él suspiró y se dejó caer en el sofá.
—Hija, no quería preocuparte… pero tengo dos trabajos. Necesito asegurarme de que no nos falte nada.
Un dolor me apretó el pecho.
—Padre, déjame trabajar también. Quiero ayudarte.
—No es necesario. Tú concéntrate en estudiar. Lo demás… lo cargo yo —me dijo cerrando los ojos poco a poco.
—Hoy fui con Rose a la cafetería, platicamos un poco… —murmuré sin darle importancia.
Pero apenas mencioné su nombre, vi cómo los ojos de mi padre se abrieron de golpe. Se incorporó con rapidez, como si lo hubieran sacudido de un mal sueño.
—Ya es tarde, hija. Me voy a dormir. —Su voz sonaba forzada, nerviosa.
—Pero… ni siquiera has cenado.
—Estoy bien, descansa tú también —dijo antes de encerrarse en su habitación.
Lo miré marcharse con el corazón latiendo demasiado rápido. ¿Por qué reaccionó así al oír el nombre de Rose? ¿Qué es lo que me ocultan?
Quizás todo sea coincidencia. Quizás estoy exagerando. O… tal vez mi mundo está a punto de desmoronarse.