Una actriz de Hollywood convertida en estrella de villanas, Lobelia Sánchez, muere de cáncer terminal pero renace en el cuerpo de su homónima de la novela Trono de la Perdición – una joven ilegítima y débil destinada a un final cruel. Con su inteligencia, astucia y conocimientos del arte de la seducción y manipulación, la nueva Lobelia decide cambiar su destino: destruir a quienes la condenaron en la historia original, especialmente su hermana Rosa y el príncipe Taylor, mientras se alza hacia el poder supremo.
Mediante la creación de un imperio en las sombras – con una tienda de fachada, un gremio de información y un burdel – va eliminando obstáculos, sembrando desconfianza y seduciendo al emperador Teodore Drakon para alcanzar su objetivo final: convertirse en emperatriz viuda. Una historia de intriga palaciega, poder y venganza, donde la protagonista abraza su naturaleza de villana para conquistar el trono sin piedad.
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CONTRAATAQUE
PALACIO DE LA EMPERATRIZ VIUDA MARÍA • SALA DE REUNIONES • MEDIANOCHE
Llegué al palacio de la emperatriz viuda acompañada de Elle y el general Víctor Solen, quien llevaba consigo una caja de madera oscura con los documentos que habíamos preparado. La sala de reuniones estaba iluminada por antorchas de resina, y la emperatriz viuda esperaba en su trono de roble, con el duque Octavio y la sirvienta Elena a su lado.
"Lobelia Seceet," dijo el duque Octavio, adelantándose con una sonrisa maliciosa – "Te acusamos de robar fondos imperiales para financiar a los rebeldes del sur. Estos documentos prueban que has estado moviendo dinero a través de cuentas falsas a nombre de la casa Valerius, y esta sirvienta está dispuesta a declarar que tú la pagaste para falsificar registros en el tesoro imperial."
Elena empezó a contar su historia falsa, con lágrimas fingidas en los ojos: "Es verdad, su majestad... ella me dijo que si hacía lo que ella decía, me daría mucho dinero y me ayudaría a encontrar un marido rico. Me obligó a falsificar los documentos, jurándome que nadie se enteraría."
Justo en ese momento, la puerta se abrió con fuerza y el emperador Teodoro entró en la sala, acompañado por el duque Valerius y varios guardias imperiales. "¡Alto en ese nombre!" rugió el emperador, sus ojos llenos de furia – "No permitiré que se manipule la justicia en mi imperio."
El general Víctor Solen avanzó y colocó la caja de madera sobre la mesa. "Su majestad, he estado investigando las cuentas del tesoro durante semanas, y he descubierto que el verdadero responsable del robo es el duque Octavio. Estos documentos son reales – muestran que él ha estado desviando fondos desde hace más de un año, usando cuentas falsas a nombre de personas inocentes, incluyendo a la sirvienta Elena."
Sacó un pergamino y lo leyó en voz alta: "El duque Octavio ha estado financiando a los rebeldes del sur con el propósito de provocar un levantamiento que le permita tomar el poder y colocar a un emperador de su agrado en el trono. Además, ha planificado acusar a la concubina Lobelia y al duque Valerius para eliminar a sus rivales."
Elena, al ver que la trampa había sido descubierta, rompió a llorar y confesó la verdad: "Fue él... el duque Octavio me dijo que si no hacía lo que él decía, mataría a mi madre y a mi hermano pequeño. Me pagó con dinero y me prometió que nunca me descubrirían."
El duque Octavio intentó negarlo, pero el emperador se acercó a él con paso firme y le dio una bofetada tan fuerte que lo hizo girar la cabeza. "¡Traidor!" gritó Teodoro – "Te he confiado las finanzas de mi imperio, y tú me has engañado para satisfacer tu ambición. Te condeno a prisión perpetua en las mazmorras más profundas del palacio, y tu familia será desheredada y exiliada del imperio. Ningún miembro de tu linaje volverá a tener poder en estas tierras."
Mientras los guardias llevaban al duque Octavio fuera, luchando y gritando improperios, me acerqué a la emperatriz viuda y le hablé con voz baja, para que solo ella me oyera: "Sé muy bien quién estuvo detrás de este plan, señora emperatriz. Pero yo no acusaré a usted – después de todo, eres la madre de su majestad, y no quiero causarle dolor. Pero tenga cuidado... ya no tiene a su mejor aliado para protegerla. Los demás nobles sabrán que quienes se oponen a mí terminan como el duque Octavio. La próxima vez que intente moverse contra mí, no tendré piedad."
La emperatriz viuda se quedó inmóvil, con la cara pálida como la muerte y los ojos llenos de impotencia. Había perdido a su único aliado poderoso, y ahora se encontraba sola y desamparada. Comprendió que yo había volteado el juego a mi favor sin tocarla directamente, demostrando al emperador mi lealtad y mi capacidad para proteger el trono.
El sol se ponía sobre el palacio imperial, pintando el cielo de tonos rojizos y dorados. Mientras preparaba los detalles de la boda de Lyra y Taylor, Elle entró en mi habitación con una bandeja que contenía una carta sellada con el sello del duque Valerius.
"Mi señora," dijo Elle con una sonrisa triunfal – "El duque Octavio ya está en las mazmorras, y todos los nobles saben que fue él quien conspiró contra el trono. El duque Valerius ha enviado esta carta para agradecerle por proteger a su hija y ofrecerle su completa lealtad. Dice que estará a su disposición en cualquier momento."
Abrí la carta y leí las palabras del duque Valerius: "La señora Lobelia, usted ha demostrado una inteligencia y una valentía que pocos poseen. Mi hija está en buenas manos, y yo prometo servirle con la misma dedicación con la que he servido al trono. Si alguna vez necesita mi ayuda, solo tiene que pedírsela."
Yo sonreí mientras movía las fichas de ajedrez sobre la mesa de mármol blanco – ahora la ficha de la emperatriz viuda estaba sola en el tablero, sin ninguna otra pieza a su lado para protegerla. "Así debe ser," dije, mirando la ficha con el rostro de la anciana – "He demostrado al emperador que puedo protegerlo de sus enemigos sin manchar el honor de su madre. Ahora él confía en mí completamente, y los nobles saben que apoyarme es la única forma de sobrevivir en esta corte."
En la distancia, se escuchaban los sonidos de los preparativos para la boda – carpinteros construyendo el altar en la plaza principal, costureras cosiendo los vestidos de los invitados, y músicos afinando sus instrumentos. Lyra estaría la nueva princesa, y a través de ella yo controlaría no solo a Taylor, sino también al poderoso ejército del duque Valerius. Rosa, degradada a concubina, había sido enviada a vivir en una pequeña casa en las afueras de la capital – ya no representaba ninguna amenaza.
"La emperatriz viuda creía que podía detenerme con una simple trampa," pensé mientras miraba el cielo, donde la luna comenzaba a teñirse de un tono rojo oscuro – "Pero ella no entiende que yo no lucho con las reglas que ella conoce. Yo creo mis propias reglas, y todos deberán seguirlas si quieren sobrevivir. La próxima vez que intente moverse contra mí, será su fin. Y nadie podrá detener mi ascenso al trono que me pertenece por derecho."
Elle se acercó y me entregó una copa de vino rojo. "Mi señora, ¿ya tiene planes para lo que viene después de la boda?" preguntó con curiosidad.
Yo levanté la copa hacia la luna y brindé: "Después de la boda, el verdadero juego comenzará. La emperatriz viuda todavía tiene secretos que puedo usar a mi favor, y la emperatriz Isadora pronto saldrá del palacio frío. Pero esta vez, estaré lista para ellas. El poder absoluto está a mis manos, y nadie lo arrebatará de mí."