Un heredero, una esposa inesperada y un amor prohibido desafían un imperio.
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Capítulo 16: El plan
Bárbara entró por la puerta principal de la residencia Walton.
Sus tacones resonaban con fuerza sobre el suelo de mármol mientras avanzaba hacia las escaleras. Detrás de ella caminaba su padre, quien intentaba mantener la calma a pesar de encontrarse tan indignado como su hija.
—¡Es una humillación! —exclamó Bárbara, deteniéndose en medio del recibidor—. ¡Una completa humillación!
Federico suspiró y se aflojó el nudo de la corbata.
—Bárbara, tienes que calmarte.
—¿Cómo quieres que me calme, papá? ¡Se suponía que Jonás O’Neil sería mi esposo!
—Lo sé.
—¡No, no lo sabes! —replicó ella, girándose hacia él—. ¿Te das cuenta de cómo nos dejó delante de todos? Llegó acompañado de esa mujer, la presentó como su esposa y prácticamente nos echó de su casa.
Federico apretó los labios. Todavía podía recordar la expresión de Leandro cuando su hijo anunció que estaba casado. Aquella noticia había sido una sorpresa para todos, pero lo que más le molestaba era la manera en que Jonás había desafiado los planes que ambas familias habían acordado.
—Sus padres no dejarán las cosas así —aseguró—. Estoy convencido de que Leandro encontrará la manera de solucionar este problema.
Bárbara soltó una carcajada amarga.
—¿Solucionarlo? ¿Y qué van a hacer? ¿Pedirle que se divorcie de esa mujer?
—No sería una idea descabellada.
—¡Pues deberían hacerlo cuanto antes!
Federico la observó con seriedad.
—Escúchame bien. Esta alianza es importante para ambas familias. Tu matrimonio con Jonás no era solamente una cuestión sentimental. Había intereses empresariales de por medio y Leandro lo sabe perfectamente. No creo que vaya a permitir que su hijo eche por tierra tantos años de acuerdos.
—Pero él ya tiene esposa.
—Existen los divorcios.
Bárbara frunció el ceño.
—No pienso quedarme esperando mientras esa mujer disfruta de lo que debería ser mío.
—No te precipites. Deja que Leandro y Zaida se encarguen de su hijo. No debemos actuar sin pensar.
—Tú puedes esperar todo lo que quieras, papá. Yo no pienso quedarme de brazos cruzados.
Sin darle oportunidad de responder, Bárbara subió las escaleras y se dirigió a su habitación.
Federico la siguió con la mirada antes de dejar escapar un suspiro. Conocía el carácter de su hija. Cuando algo se interponía en su camino, no descansaba hasta conseguir lo que quería.
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Bárbara cerró la puerta de su habitación con un fuerte golpe. Se quitó los zapatos y los dejó caer sobre la alfombra antes de caminar hacia el tocador.
Se miró en el espejo. Su maquillaje seguía impecable, pero su expresión reflejaba una furia que apenas podía contener.
¿Quién se creía aquella mujer?
¿Cómo había conseguido que Jonás se casara con ella?
¿Qué podía ofrecerle que no pudiera conseguir con una mujer como Bárbara Walton?
Tomó su teléfono de la mesita y comenzó a revisar sus contactos. Se detuvo al encontrar un nombre que podía resultarle bastante útil.
Camila Ríos.
Era una periodista a quien conocía desde hacía varios años. Ambas habían coincidido en distintos eventos sociales y mantenían una relación cercana. Camila trabajaba para un importante portal de noticias dedicado a la actualidad empresarial, los acontecimientos sociales y la vida de las familias más influyentes del país.
Bárbara sabía que su amiga tenía facilidad para conseguir información y, sobre todo, que no desaprovechaba ninguna oportunidad de publicar una noticia escandalosa.
Presionó el botón de llamada.
—¡Bárbara! ¡Qué sorpresa! —contestó Camila después de varios tonos.
—Necesito que me hagas un favor.
—Por tu tono, parece que ha sucedido algo interesante.
—Mucho más que interesante. Acabo de enterarme de algo que va a revolucionar las noticias sociales.
Camila se mostró inmediatamente interesada.
—Te escucho.
Bárbara caminó hasta el ventanal de su habitación y observó el jardín.
—Jonás O’Neil ha regresado al país.
—Eso ya es noticia. Su familia lleva tiempo esperando su regreso. ¿Sabes cuándo asumiría la presidencia?
—Ese no es el detalle importante, Camila.
—¿Entonces qué ocurrió?
Bárbara apretó el teléfono con fuerza.
—Ha regresado casado.
Hubo un breve silencio al otro lado de la línea.
—¿Casado?
—Sí. Y lo peor es con quién.
—¿La conoces?
—Es una completa desconocida. Una muchacha de bajo nivel social que, por lo que he podido observar es una sin nadie. No pertenece a nuestro círculo, no tiene una familia importante y mucho menos está a la altura de los O’Neil.
Camila guardó silencio durante unos segundos, procesando la información.
—Eso sí que es una noticia. ¿Estás segura de que se casaron?
—Lo anunció delante de todos. Fue una escena vergonzosa.
—¿Y sus padres aceptaron el matrimonio?
Bárbara soltó una risa despectiva.
—¡Por supuesto que no! Estaban tan sorprendidos como yo. Esa mujer apareció de la nada y ahora pretende ocupar un lugar que no le corresponde.
—¿Tienes fotografías?
—No. Lo que necesito es que publiques la noticia cuanto antes.
Camila pareció comprender la intención detrás de aquella llamada.
—¿Quieres que publique que el heredero O’Neil se casó en secreto con una desconocida?
—Quiero que publiques que el heredero O’Neil regresó del extranjero acompañado de una cazafortunas de bajo nivel social, a quien ahora llama esposa.
—Bárbara, eso es bastante fuerte.
—¿Y qué? Es lo que todos deberían saber. Una mujer como ella no puede llegar a una familia de esa importancia y pretender que nadie cuestione de dónde salió.
—Necesitaría algo más que tu versión para publicar una noticia de ese calibre.
—Te proporcionaré toda la información que necesites. Incluso puedo conseguirte fotografías de la recepción. Solo quiero que la noticia tenga repercusión.
Camila dejó escapar una pequeña risa.
—Veo que esto te ha afectado bastante.
—No tienes idea. Esa mujer me ha robado algo que estaba destinado a mí.
—¿Estabas comprometida con Jonás?
—No oficialmente, pero nuestras familias tenían planes.
—Entiendo. Entonces, ¿quieres que la noticia se enfoque en el escándalo familiar?
—Exactamente. Quiero que todos se pregunten quién es esa mujer, de dónde salió y cómo consiguió casarse con uno de los herederos más codiciados del país.
—Déjamelo a mí. Voy a preparar algo que llame la atención.
Bárbara sonrió por primera vez desde que había abandonado la residencia de los O’Neil.
—Sabía que podía contar contigo.
—Y, Bárbara, una cosa más...
—¿Qué?
—Cuando una noticia así sale a la luz, es difícil controlar hasta dónde llega. Los O’Neil podrían molestarse.
La sonrisa de Bárbara desapareció por un instante, pero enseguida recuperó su expresión desafiante.
—Que se molesten. Tal vez así comprendan que no pueden hacer lo que quieran sin consecuencias.
—Está bien. Te mantendré informada.
La llamada terminó.
No podía permitir que aquella muchacha se quedara con Jonás sin pagar un precio por ello.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Bárbara Walton.