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Entre Destinos Y Tentaciones

Entre Destinos Y Tentaciones

Status: Terminada
Genre:CEO / Mujeriego enamorado / Romance / Completas
Popularitas:27.8k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Yance

Isabella sabe convertir cualquier viaje en una experiencia inolvidable.
Alessandro Moretti sabe conseguir todo lo que desea.

Entre destinos de lujo, miradas que dicen demasiado y una atracción imposible de ignorar, ambos descubrirán que hay encuentros que no estaban en ningún itinerario.
Porque algunas tentaciones llegan para cambiarte el destino.

NovelToon tiene autorización de Yance para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Caso Perdido

Alessandro Moretti tenía una regla para las relaciones.No prometer lo que no estaba dispuesto a cumplir Y, sobre todo, no quedarse cuando la otra persona comenzaba a esperar algo más.

La mayoría de las mujeres que pasaban por su vida conocían perfectamente las reglas O al menos eso creía.

Aquella mañana descubrió que no todas estaban dispuestas a aceptarlas.

—¿Vas a seguir ignorándome?

La voz femenina hizo que Alessandro levantara la mirada de la pantalla.

Estaba sentado en uno de los sillones de su despacho, revisando los últimos informes de la nueva colección de Moretti Privé.

La mujer frente a él llevaba un vestido negro, gafas oscuras y una expresión que dejaba bastante claro que no había ido a visitarlo para hablar de negocios.

Alessandro cerró lentamente el computador.

—Buenos días, Camila.

—No me digas buenos días.

Él arqueó una ceja.

—Entonces supongo que tendré que decirte buenas tardes.

—No estoy para bromas.

—Eso ya lo noté.

Camila dejó su bolso sobre una de las sillas.

—Me acosté contigo.

Alessandro se pasó una mano por la mandíbula.

—Lo recuerdo, fue ameno.

—¿Y eso es todo lo que tienes que decir?

—¿Qué esperabas?

Ella lo miró incrédula.

—No sé. Tal vez que después de lo que pasó me llamaras.

—Te escribí al día siguiente.

—Un mensaje.

—Pregunté si habías llegado bien a casa.

—Exactamente.

Alessandro se levantó.

—Camila, hablamos aquella noche.

—Hablamos antes.

—Y fui claro.

Ella soltó una risa amarga.

—¿Claro?

—Sí.

—Me dijiste que no querías una relación.

—Correcto, tu lo has dicho.

—Y yo pensé que eso significaba que necesitabas tiempo.

Alessandro la observó unos segundos.

—No.

La respuesta fue tan directa que ella guardó silencio.

—Significaba que no quería una relación.

Camila apretó los labios.

—¿Hay otra?

Alessandro sonrió ligeramente.

—No.

Aunque, por alguna razón, en su cabeza apareció un cabello rojo.

Una voz tranquila diciendo que su producto no estaba listo.

Apartó inmediatamente ese pensamiento.

—Entonces, si no hay otra —repitió.

Camila se acercó.

—Dame una oportunidad.

Alessandro negó con la cabeza.

—No sería justo Cam.

—¿No sería justo para quién?

—Para ti.

Ella lo miró durante unos segundos.

—Eres increíble.

—Me lo dicen mucho y cuando me miro al espejo, me lo recuerdo.

—No era un cumplido.

—También me lo dicen - Una pequeña sonrisa que podía bajar la bragas de cualquier mujer se deslizó.

Camila tomó su bolso, No sabía como había terminado enamorada, solo habían tenido intimidad una noche y el había sido claro.

—Algún día alguien va a hacerte exactamente lo mismo que tú haces con los demás.

Alessandro no respondió.

Ella caminó hacia la puerta.

Antes de salir, se volvió.

—Y espero que cuando ocurra recuerdes esta conversación.

La puerta se cerró.

Alessandro permaneció quieto unos segundos.

Después tomó el teléfono.

Tenía una llamada perdida de Mateo. Lo llamó inmediatamente.

—¿Qué pasó?

—Necesito que vengas a la reunión de las once.

—Voy.

—¿Todo bien?

Alessandro miró la puerta.

—Una pequeña complicación.

—¿Mujer?

—¿Cómo lo sabes?

—Porque las únicas complicaciones que consiguen que cierres el computador son mujeres o impuestos.

Alessandro sonrió.

—Me gusta cerrarlo más cuando se trata de impuestos, las mujeres son...

—Entonces definitivamente es una mujer.

---

Mateo Ricci estaba casado Y, a diferencia de Alessandro, no tenía ningún problema en decirlo.

Llevaba un año de matrimonio con Sofía, la mujer que había conocido varios años atrás y que había conseguido hacer algo que nadie más había logrado: convencerlo de que quedarse con una sola persona podía ser la mejor aventura de todas.

Mateo no era un hombre perfecto.

Tenía mal humor por las mañanas, podía trabajar durante horas sin darse cuenta del tiempo y, cuando estaba concentrado, olvidaba hasta dónde había dejado las llaves.

Pero estaba feliz, realmente feliz. Alessandro lo había visto cambiar.

Antes de Sofía, Mateo también había tenido relaciones sin demasiadas complicaciones.

Después de ella, simplemente dejó de buscar. No porque alguien se lo hubiera pedido. Porque no quería hacerlo.

—Llegas tarde —dijo Mateo cuando Alessandro entró a la sala de reuniones.

—Tenía una visita.

Mateo lo miró.

—¿Camila?

Alessandro tomó asiento.

—Sí.

—¿Otra vez?

—Al parecer todavía no ha entendido el concepto de despedida.

Mateo negó con la cabeza.

—Te lo dije.

—¿Qué cosa?

—Que ella es una de las mujeres que quiere quedarse.

Alessandro abrió una carpeta.

—No empieces.

Mateo sonrió.

—Yo estoy casado, amigo. Tengo derecho a dar consejos.

—Llevas un año casado y ya hablas como un sacerdote.

—Un año muy feliz.

Alessandro lo miró.

Mateo sonrió todavía más.

—Muy, muy feliz.

—Eso es porque tu esposa te soporta.

—No. Eso es porque sé que tuve suerte.

Alessandro se quedó callado.

Mateo era diferente desde que estaba con Sofía, No parecía atrapado, No parecía menos libre. Parecía más tranquilo.

Y aunque jamás lo admitiría en voz alta, Alessandro admiraba aquello.

—¿La amas? —preguntó.

Mateo lo miró sorprendido.

—¿Me estás preguntando en serio?

—No, estoy ebrio.

Matteo Soltó una risilla —Por supuesto.

Alessandro bajó la mirada hacia los documentos.

—Qué concepto tan extraño.

Mateo soltó una carcajada.

—Algún día te tocará.

—Nunca.

—Eso también lo decía yo y lo sabes.

—Tú eras un caso perdido.

—Y tú eres peor.

La reunión comenzó.

Pero unos minutos después, Mateo deslizó una carpeta hacia Alessandro.

—Hablando de algo importante.

Alessandro abrió el documento.

Era el proyecto de Isabella Laurent.

—Ella actualizó el itinerario.

Alessandro comenzó a leer. Cada página estaba llena de observaciones.

Había cambiado horarios, proveedores, rutas y experiencias. Incluso había eliminado algunas de las actividades más costosas.

Alessandro frunció el ceño.

—Quitó el acceso privado a la bodega.

—Sí.

—¿Por qué?

—Dice que es impresionante, pero demasiado predecible.

Alessandro siguió leyendo.

En lugar de aquella experiencia, Isabella había propuesto una cena privada en una pequeña propiedad familiar que llevaba generaciones produciendo vino.

No era la más famosa, ni la más costosa, Pero, según ella, permitía al viajero conocer una historia.

Alessandro continuó.

Cada cambio tenía una explicación y sus decisiones parecían tener un propósito.

No estaba intentando hacer el viaje más caro. Estaba intentando hacerlo memorable.

—¿Cuándo vuelve?

—Esta tarde.

Alessandro levantó la mirada.

—¿A qué hora?

Mateo sonrió.

—Sabía que ibas a preguntar. cuatro de la tarde aproximadamente.

—Es la responsable del proyecto.

—Claro.

Alessandro ignoró la sonrisa de su amigo.

---

A las cuatro de la tarde, Isabella volvió a entrar en las oficinas de Moretti Privé.

Esta vez llevaba un vestido color verde oscuro, sencillo pero elegante, acompañado de un blazer negro.

Su cabello pelirrojo caía sobre uno de sus hombros. No llevaba demasiados accesorios. Un reloj, Unos pequeños pendientes Y la misma expresión profesional de la primera vez.

Alessandro la vio desde el otro extremo del pasillo.No supo por qué se detuvo. Simplemente lo hizo.

Mateo, que caminaba a su lado, siguió su mirada.

—Ahí está.

—Lo sé.

—¿Quieres que te deje solo?

Alessandro lo miró.

—No.

—Claro.

Entraron juntos a la sala.

Isabella estaba revisando unos documentos.

Levantó la mirada.

—Señor Moretti.

—Isabella.

Ella hizo un pequeño gesto con la cabeza.

—He terminado la propuesta.

—La vi.

—¿Y?

Alessandro tomó asiento frente a ella.

—Quitó algunas de las experiencias más costosas.

—Porque no aportaban suficiente valor.

—Eso puede hacer que el paquete final tenga un precio menor.

—También puede hacer que el cliente quiera volver.

Mateo sonrió discretamente.

Alessandro apoyó los brazos sobre la mesa.

—¿Siempre contradice a quien la contrata?

—Solo cuando creo que tengo razón.

—¿Y siempre tiene razón?

Isabella sostuvo su mirada.

—No.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Alessandro.

—Interesante.

—¿Qué?

—Pensé que diría que sí.

—No soy arrogante.

Mateo carraspeó.

—Alessandro tampoco, el es un pan de Dios.

Isabella lo miró y sonrió por debajo.

—No me atrevería a opinar sobre eso.

Mateo soltó una carcajada nerviosa.

Alessandro negó con la cabeza.

—Ignóralo.

—Eso hago.

—Me gusta.

—¿Qué cosa?

—Que no se impresiona fácilmente.

Isabella cerró la carpeta.

—No estoy aquí para impresionarme.

—¿Entonces para qué está aquí?

—Para trabajar.

Alessandro sonrió.

—Tiene una respuesta para todo.

—Es parte de mi trabajo.

Durante los siguientes minutos hablaron exclusivamente del itinerario.

Isabella explicó cada modificación Alessandro hizo preguntas. Ella respondió.

No había coqueteo, ni insinuaciones, tampoco había nada que pudiera considerarse inapropiado Y, sin embargo, algo estaba cambiando.

Porque Alessandro había tenido cientos de reuniones. Pero pocas veces había deseado que una reunión durara más.

Cuando terminaron, Mateo recibió una llamada y salió de la sala.

Isabella comenzó a guardar sus documentos.

—¿Cuánto tiempo lleva haciendo esto?

—¿Qué cosa?

—Diseñar experiencias.

Ella pensó unos segundos.

—Casi diez años.

—¿Y nunca se ha cansado?

—De viajar, sí.

Alessandro la miró con interés.

—¿De viajar?

—De los aeropuertos. De las esperas. De las maletas perdidas. De los hoteles que prometen una cosa y entregan otra.

—Entonces, ¿por qué sigue?

Isabella sonrió.

—Porque todavía existen lugares capaces de sorprenderme.

—¿Y cuál ha sido el mejor?

Ella se quedó pensativa.

—No puedo elegir uno.

—¿Por qué?

—Porque no siempre es el lugar.

—¿Entonces?

Isabella levantó la mirada.

—La compañía.

Alessandro se quedó en silencio, no esperaba aquella respuesta.

Ella tomó su bolso.

—Nos vemos mañana.

—¿Mañana?

—Tenemos la inspección de la propiedad.

—Cierto.

Isabella caminó hacia la puerta.

—¿Va a acompañarme?

—Por supuesto.

Ella asintió.

—Entonces llegue puntual.

Alessandro sonrió.

—Siempre lo hago.

Isabella lo miró.

—No lo creo.

Y salió.

Alessandro soltó una pequeña risa. Había algo en aquella mujer. No sabía qué, Pero empezaba a gustarle demasiado.

---

Esa noche, Alessandro llegó a casa más tarde de lo habitual.

Sus padres estaban allí.

Vittorio Moretti y Elena Moretti.

Su madre había preparado una cena familiar Y Alessandro sabía perfectamente que aquello significaba una cosa.

Una conversación sobre su vida sentimental.

—Llegas tarde —dijo Elena.

—Tenía trabajo.

—Siempre tienes trabajo.

—Porque tengo una empresa.

Su padre sonrió.

—Déjalo, Elena.

—No pienso dejarlo.

Alessandro se sentó.

—¿Qué hice?

—Nada.

—Entonces...

—Tu hermano viene el domingo con Valentina.

Alessandro sonrió.

Su hermano menor, Leonardo Moretti, tenía veintinueve años y estaba comprometido con Valentina Rossi.

Alessandro adoraba a Leonardo.

A pesar de que eran muy diferentes, siempre habían sido cercanos.

Leonardo era más tranquilo.

Más familiar, Menos impulsivo Y, para sorpresa de Alessandro, estaba profundamente enamorado de Valentina.

—Me alegro por ellos —dijo Alessandro.

—Tu hermano está construyendo su vida —respondió Elena.

Alessandro supo inmediatamente hacia dónde iba la conversación.

—Mamá...

—No he dicho nada.

—Lo estás pensando.

Vittorio soltó una carcajada.

—Tu madre piensa muchas cosas.

—Y casi siempre tengo razón —respondió Elena.

Alessandro sonrió.

—Leonardo es feliz. Eso es lo importante.

—¿Y tú?

La pregunta quedó suspendida.

Alessandro tomó su copa.

—Yo también.

Pero por alguna razón, mientras lo decía, volvió a aparecer en su mente aquella mujer pelirroja.

Sus ojos, seguridad, Su manera de hablar, la forma en que había dicho que la mejor experiencia no siempre dependía del lugar. Sino de la compañía.

Alessandro tomó un sorbo.

No, No estaba interesado,

Solo sentía curiosidad,Eso era todo.

---

Al otro lado de la ciudad, Isabella cerró la puerta de su apartamento.Dejó el bolso sobre una silla. Se quitó los zapatos.

Y por primera vez en todo el día, dejó escapar un suspiro.

Había sido una jornada larga. Demasiadas reuniones, decisiones Y demasiados pensamientos.

Se acercó a la ventana La ciudad brillaba frente a ella.Pensó en Alessandro.

En su seguridad, su sonrisa, En aquella forma irritante de mirarla como si quisiera descubrir algo que ella no estaba dispuesta a mostrar.

Isabella negó con la cabeza.

No, no podía permitirse distracciones. Su vida estaba perfectamente organizada.

Y ella sabía mejor que nadie que algunas cosas debían permanecer exactamente donde estaban.

Tomó su teléfono. Había varios mensajes esperándola.

¿Llegaste bien?

Isabella respondió:

Sí. Todo bien. Mañana tengo una inspección importante.

Unos segundos después llegó la respuesta.

Entonces descansa. Te quiero.

Ella sonrió.

Yo también.

Guardó el teléfono.

Había una razón por la que Isabella era tan reservada.

Una razón por la que prefería que sus clientes creyeran que vivía sola en otra ciudad.

Una razón por la que jamás hablaba de su vida privada.

En su profesión, muchos clientes preferían trabajar con una mujer aparentemente libre de compromisos.

Para ellos, una profesional soltera era más flexible, más disponible, más fácil de enviar de un continente a otro sin tener que considerar nada más.

Isabella había descubierto hacía tiempo que era más sencillo dejar que los demás creyeran una historia incompleta.

Si alguien idagaba más de la cuenta su hermano era la explicación perfecta Y su sobrina, el motivo de sus pocas apariciones sociales.

Nadie necesitaba saber más.

Mientras Isabella pensaba en el viaje con Moretti y, por primera vez, ninguno de los dos podía imaginar cuánto podía cambiar una simple inspección.

Porque los viajes de lujo podían planificarse hasta el último detalle.

Pero los sentimientos...

Esos nunca respetaban un itinerario.

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Noiraly Tovar
Quiero saber el pasado de isa.....que le pasó 😒
Marshaan Sanchez
hay fue madre que hombre tan impertinente no saber que el caballero no tiene memoria😏
Marshaan Sanchez
jajajaja esa estuvo más que buena multiplique por cero jajajaja 😱🤩🤣🤭
Marshaan Sanchez
oh mi madre isa es un poco tremenda 🤭🤩se junto el hambre y la nedecida 🤭
Marshaan Sanchez
ajá esa misma pregunta nos estamos haciendo que esconde en pocas palabras de que pie coges ,😏😱
Marshaan Sanchez
es ando como una gallina no sé dónde voy a poner el huevo 🤣
Marshaan Sanchez
estos dos el binomio perfecto 😏🤩
Marshaan Sanchez
jajajaja 🤭se cumplió lo que dijo la sra madre del hacerlo en el escritorio es exitante 🥰 delicioso
Marshaan Sanchez
jajajaja hasta yo sentí esa emoción 🤣🤣 de ese beso 🤩
Marshaan Sanchez
🤭 jajajaja 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Marshaan Sanchez
/Ok//Heart/🥰😏💋💋💋💋💋💋
Marshaan Sanchez
/Angry//Angry//Angry//Angry//Angry//Angry//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Marshaan Sanchez
más que excelente ,apasionante y lo mejor que cada conversación con respeto estaba casadas al tema que la escrictora se tomó el tiempo de hacer sus investigaciones mil gracias por impecable trabajo y regalarnos tu tiempo libres y de familia mil éxitos
Marshaan Sanchez
es que su anaconda es excelente jajajaja
Marshaan Sanchez
mi madre que narcisista salió esa mujer pero lastima ya perdiste el año jajajaja con una peliroja que llegara a ponerlo en cintura
Marshaan Sanchez
jajajaja sin 🫢 vergüenza malandrin
Marshaan Sanchez
jajajaja será una espinita que se le clavara en el corazón y tiene fuego jajajaja 💋
Adriana Vargas
el destino le tiene preparado una historia de amor 💘❤️‍🔥❤️‍🔥♥️♥️♥️♥️♥️
Adriana Vargas
💘❤️‍🔥💔😱, por ahora como tú sobrina 😜😜😜😜
Adriana Vargas
cupido lanzó la flecha 💘 jajaja 🤣🤣🤣🤣
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