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The Silent Luna of Silver Crown

The Silent Luna of Silver Crown

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Mujer despreciada / Enfermizo / Completas
Popularitas:52.8k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Celeste Marín fue abandonada frente a toda la manada el día de su ceremonia. Sin Alpha, sin voz y con su madre agonizando en una clínica privada, quedó marcada como la esposa muda que nadie quería proteger.
Dos años después, Damián Valcárcel regresa a Silver Crown decidido a cerrar un matrimonio político que nunca deseó. Pero en cuanto se acerca a Celeste, su lobo reconoce un aroma imposible: jazmín nocturno, lluvia fría y una promesa de luna que ningún contrato puede romper.
Celeste no quiere un dueño. Quiere recuperar la voz que le arrebataron, destruir a la familia que la usó y descubrir por qué su madre desapareció al despertar. Damián no quiere otra Luna. Quiere a la mujer que su lobo ya eligió, aunque los Ancianos, una falsa salvadora y una manada entera intenten separarlos.
Cuando la verdad del incendio salga a la luz, Celeste tendrá que decidir si acepta el vínculo que la consume o si rechaza al Alpha que una vez la dejó sola ante todos.

NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

Capítulo 3: Mi esposa, ante todos

—Ella no se va.

La frase de Damián cayó en la suite como una piedra dentro de agua quieta.

Inés Valcárcel no estaba acostumbrada a que su hijo la contradijera delante de nadie. Menos delante de Celeste. Por un segundo, su rostro perfecto perdió la máscara y dejó ver algo más viejo que el enojo: miedo a perder control.

Celeste lo vio.

Damián también.

El Heredero Alpha no se movió de la puerta. Su cuerpo bloqueaba la salida con una naturalidad peligrosa, no como un hombre defendiendo a una invitada, sino como un lobo interponiéndose entre una amenaza y algo que todavía no sabía nombrar.

El aroma de cedro oscuro llenaba la habitación.

Celeste odiaba que su cuerpo lo notara.

Odiaba más que su loba, encerrada y enferma, empujara hacia él con una desesperación que no había mostrado ni siquiera ante el veneno de Elena.

*Quédate.*

No.

Celeste apretó el teléfono.

Inés recuperó su sonrisa.

—Damián, acabas de llegar. Estás cansado. No tienes contexto.

—Entonces dámelo.

—Abajo —dijo ella, más firme—. El Consejo está reunido en el salón Alpha. Podemos hablar ahí, como corresponde.

Celeste escribió:

No hace falta. Puedo irme.

Levantó la pantalla, pero Damián no la leyó. Seguía mirando a su madre.

—¿Cuánto tiempo lleva trabajando como personal de servicio?

Inés se quedó quieta.

Ahí estaba.

La primera grieta.

—Nadie la obligó a nada —respondió—. Celeste necesitaba ocupar la mente. Su situación era... delicada.

Damián giró apenas hacia Celeste.

Sus ojos bajaron a la bandeja vacía que ella aún sostenía, al uniforme negro sencillo que Inés le había hecho usar para “no confundir a los invitados humanos”, al anillo con el crest de Silver Crown en una mano que cargaba copas y no autoridad.

El dorado volvió a encenderse en sus pupilas.

—Su situación —repitió.

Inés endureció la voz.

—No olvides que fuiste tú quien dejó la ceremonia.

El golpe no iba dirigido a Celeste.

Aun así le pegó.

El aire de la suite se tensó. Damián no respondió de inmediato. La rabia de su lobo golpeó contra la piel, tan pesada que Celeste sintió presión detrás de los ojos.

—No lo olvido —dijo él al fin.

No hubo disculpa.

Todavía no.

Pero la forma en que lo dijo no sonó a orgullo. Sonó a deuda.

Inés aprovechó el silencio.

—Entonces entenderás por qué el Consejo no la reconoce como Luna. La alianza legal existe, sí. Pero nada más. Si empiezas a mostrar favoritismos esta noche, Arturo lo usará en tu contra.

Celeste bajó la mirada.

Nada más.

Dos años resumidos en dos palabras.

Damián abrió la puerta por completo.

—Vamos al salón Alpha.

Inés asintió, satisfecha.

Celeste dio un paso hacia el pasillo contrario.

—Tú también —añadió Damián.

Ella se detuvo.

Inés no ocultó esta vez el rechazo.

—No es necesario.

—Sí lo es.

—Damián.

Él la miró.

No usó su comando Alpha. No necesitó. El aire bajó de temperatura, y aun Inés, con toda su educación de sangre alta, cerró la boca.

Celeste sintió el impulso absurdo de tocarse el cuello.

No por miedo.

Porque su piel seguía recordando la orden que él no había dado.

El camino hacia el salón Alpha fue una procesión silenciosa.

Abajo, la música se apagó por partes. Primero las cuerdas. Luego las conversaciones humanas. Después los murmullos de manada. Cuando Damián apareció al pie de la escalera, todos se giraron hacia él.

El heredero había vuelto cambiado.

Eso fue lo primero que Celeste leyó en los rostros.

Más ancho. Más oscuro. Más Alpha.

Los lobos de menor rango bajaron la mirada sin que nadie se los pidiera. Algunos expusieron el cuello por instinto. Bianca, que estaba cerca de la entrada con Marcela, se enderezó como si la hubieran llamado al escenario que llevaba dos años ensayando.

Su sonrisa murió al ver a Celeste detrás de él.

No al lado.

No todavía.

Pero tampoco lejos.

Elder Arturo esperaba en el salón Alpha, bajo el gran escudo de Silver Crown. A su alrededor estaban dos mayores más, varios guerreros y los invitados de rango alto. El lugar olía a cera, piedra antigua, vino caro y ansiedad contenida.

Damián caminó hasta el centro.

Celeste se quedó cerca de la puerta.

Inés intentó colocarse entre ambos.

Damián habló antes.

—He leído el informe de frontera. Mañana hablaremos de rogues, rutas y pérdidas.

Un murmullo incómodo recorrió la sala. Nadie esperaba que empezara por asuntos militares.

—Esta noche —continuó—, voy a corregir algo dentro de mi propia casa.

El corazón de Celeste dio un golpe seco.

Bianca miró a Marcela.

Elder Arturo apoyó las manos en su bastón.

—Alpha Damián —dijo, marcando el título aunque Damián aún no había sido coronado—, si se refiere a la presencia de la señorita Marín en la hacienda, el Consejo ya estableció su posición hace dos años.

—La escucho.

Arturo sonrió apenas.

—La alianza quedó registrada por conveniencia política, pero no hubo vínculo de pareja confirmado, ni aceptación pública del heredero. Por tanto, la señorita Marín reside aquí bajo protección, no bajo rango de Luna.

Señorita.

Celeste no pestañeó.

Había escuchado cosas peores.

Damián inhaló.

El movimiento fue mínimo. Para cualquiera humano, nada. Para los lobos en el salón, fue una advertencia.

Su aroma cambió.

Cedro oscuro.

Humo limpio.

Hierro de tormenta.

Bianca dio medio paso atrás.

—¿Protección? —preguntó Damián.

Arturo inclinó la cabeza.

—Así es.

Damián extendió una mano hacia Celeste.

No la tocó.

Solo abrió los dedos, una invitación y una orden sin comando.

La sala entera miró.

Celeste sintió cien ojos sobre su garganta, su uniforme, su anillo. Podía quedarse donde estaba. Podía mostrarle la pantalla y escribir que no quería participar en otro espectáculo.

Su lobo respiró contra la pared interna.

*No te escondas.*

Celeste caminó.

Cada paso sonó demasiado fuerte.

Cuando llegó al centro del salón, se quedó a un brazo de distancia de Damián. Cerca, pero no rendida. Él bajó la mirada a esa distancia y algo en su mandíbula se aflojó, como si entendiera el mensaje.

No me posees.

Todavía no.

Damián levantó la vista hacia el Consejo.

—Celeste Marín no es personal de servicio.

El silencio se volvió absoluto.

Inés cerró los ojos un instante.

—Damián —murmuró.

Él no se detuvo.

—No es una carga de Red Thorn. No es una intrusa. No es una Omega disponible para burlas de salón.

La última palabra golpeó a Bianca como una bofetada. Sus mejillas se encendieron.

Marcela abrió la boca.

El Alpha aura de Damián se expandió un grado.

Marcela la cerró.

Varias personas bajaron la cabeza. Un joven guerrero dejó caer la copa que sostenía; el cristal se rompió contra el piso, pero nadie se atrevió a moverse.

Damián miró a Celeste.

Por un segundo, el salón desapareció.

El calor de la suite volvió a su piel. El aroma de él entró debajo de su respiración, chocó contra el bloqueo de acónito y aun así encontró una grieta.

Celeste sintió un tirón en el pecho.

No dolor.

No todavía.

Un hilo.

Fino.

Imposible.

Damián lo sintió también.

Sus ojos cambiaron a oro.

*Nuestra.*

Celeste apretó el teléfono hasta que los bordes le mordieron la palma.

Damián volvió al Consejo antes de que su lobo ganará más terreno.

—Ella es mi esposa.

La frase abrió la sala en dos.

Bianca soltó un sonido ahogado.

Inés palideció.

Elder Arturo dejó de sonreír.

—Esa palabra tiene consecuencias —dijo el Elder.

—Lo sé.

—No la convierte en Luna.

—No he dicho que lo sea.

Celeste giró apenas la cabeza hacia él.

La punzada llegó antes de que pudiera evitarla.

No Luna.

Su loba golpeó una vez, ofendida.

Damián la miró de reojo. Algo en su expresión cambió, como si hubiera sentido el golpe aunque no tuviera derecho a sentir nada de ella.

—Pero nadie en esta manada volverá a tratarla como si no llevara mi nombre —añadió.

Ahora sí, varias rodillas cedieron.

No por comando.

Por dominio.

El Heredero Alpha acababa de poner una línea en el suelo.

Celeste bajó la mirada a su anillo. Durante dos años había sido una burla fría en su dedo. Esa noche pesó distinto.

No como amor.

No como perdón.

Como arma.

Damián se inclinó apenas hacia ella.

—¿Puedes escribir? —preguntó en voz baja.

La pregunta fue tan inesperada que Celeste tardó un segundo en reaccionar.

No le ordenó hablar. No fingió que su silencio no existía. No respondió por ella ante todos.

Le preguntó.

Celeste desbloqueó el teléfono.

Todos esperaron.

Ella escribió:

Mi madre necesita visitas diarias. Nadie vuelve a negarme la salida a la clínica.

Damián leyó.

El aroma de tormenta se volvió más frío.

—Hecho.

Inés dio un paso.

—Eso debe coordinarse por seguridad.

—Mateo se encargará cuando llegue —cortó Damián—. Hasta entonces, yo mismo firmaré la autorización.

Un rumor cruzó el salón.

Celeste escribió otra línea.

'Y nadie entra a su habitación sin el Dr. Elías.'

Damián sostuvo su mirada.

Esta vez no preguntó por qué.

Tal vez vio algo en sus ojos.

Tal vez su lobo olió la verdad podrida bajo las flores de Marcela y Bianca.

—Hecho —repitió.

El teléfono tembló apenas en la mano de Celeste.

No era gratitud.

Era peligro.

Porque una parte de ella, la más cansada, había querido escuchar esa palabra durante dos años.

Damián se volvió hacia la sala.

—La bienvenida terminó.

Nadie protestó.

—Mañana al amanecer quiero a los líderes de cada familia afiliada en este salón. Y quiero los registros completos de la casa durante los últimos dos años.

Inés lo miró como si acabara de declararle guerra a su propia sangre.

Quizá lo había hecho.

Bianca intentó recuperar terreno.

—Alpha Damián, todos entendemos que se sienta culpable, pero Celeste siempre ha sido tratada con...

El rugido no fue fuerte.

No necesitó serlo.

Nació en el pecho de Damián y recorrió la sala como una sombra con dientes. Bianca se quedó sin aire. Su cuello se inclinó por instinto, exponiendo una línea blanca de piel.

Celeste también sintió el golpe de dominio.

Su cuerpo quiso obedecer.

Su loba quiso morder.

No a Damián.

Al mundo entero.

Damián controló el sonido antes de que se convirtiera en command.

—No vuelvas a hablar por ella.

Bianca asintió, pálida.

La sala quedó inmóvil.

Celeste miró al Alpha heir que la había abandonado y que ahora acababa de darle una protección que ella no había pedido, frente a todos los que habían disfrutado su caída.

No lo perdonó.

Pero entendió algo.

Su venganza acababa de conseguir un arma nueva.

Y esa arma tenía ojos dorados, aroma de tormenta y una loba dentro que la miraba como si ya la hubiera reclamado.

Eso era lo más peligroso de todo.

1
Marleys Sofia Cervantes
Me gustó muy diferente a la que he leído que más son conejos todo el tiempo aquí ni supimos en qué horas fue 🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Marleys Sofia Cervantes
Todos juntos como debe ser
Marleys Sofia Cervantes
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
que víva los novios
Sofia Carruso
por algo se empueza
Sofia Carruso
La ley llegó tarde pero llego
Sofia Carruso
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏 Celeste
Sofia Carruso
A patear el trasero 👏🤣👏🤣👏🤣
Sofia Carruso
Una madre siempre será una madre
Dmary
linda , merecía su final feliz
Sofia Carruso
Juntos por la libertad y el amor
Sofia Carruso
Espectacular 👏👏👏👏👏👏
Sofia Carruso
Arturo faltas tu por caer
Sofia Carruso
Mateo y Valeria hacen una bonita pareja
Sofia Carruso
Con madres así para que enemigas
Sofia Carruso
Bien Paloma
vamos tu puedes
Sofia Carruso
Juntos
siempre
luchando
Sofia Carruso
😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭
Que lindo
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Sofia Carruso
Entre cielo y tierra no hay nada oculto
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
Sofia Carruso
De aquí tu eres dueña de tu destino
Sofia Carruso
Todos están aprendiendo lecciones de vida
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