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VEINTICUATRO(BL): Línea Roja

VEINTICUATRO(BL): Línea Roja

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Diferencia de edad / Romance
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Daemin

Segunda temporada de VEINTICUATRO (BL)


Han pasado Dos años.

Dylan Lara ya no es el novato impulsivo que corría en pistas ilegales. Ahora es uno de los corredores más temidos del circuito internacional. Fama, contratos millonarios y un lugar asegurado entre los mejores. A su lado sigue Nathaniel Liu, el hombre que lo secuestro, lo protege… y lo ama con una intensidad que roza lo posesivo.

Pero el éxito siempre atrae algo más que admiradores.

Un nuevo corredor irrumpe en sus vidas. Nadie sabe de dónde salió. Nadie conoce su pasado. Solo hay un detalle inquietante: parece saber demasiado.

Mientras la competencia se vuelve más violenta, los sabotajes más precisos y viejos secretos familiares comienzan a salir a la luz, Dylan descubre que el peligro no está solo en la pista. Alguien lo observa. Lo estudia. Lo desea.

Quiere poseerlo.

Cuando el amor se mezcla con obsesión, celos y poder… ¿quién cruzará primero la línea roja?

NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: El prodigio del circuito

Las prácticas cesaron al cabo de unas horas. El rugido de los motores se fue apagando uno a uno, reemplazado por el eco de voces, risas y el sonido metálico de las herramientas contra el asfalto. El sol comenzaba a declinar, tiñendo el cielo español de tonos anaranjados y dorados.

Los pilotos fueron bajando de sus monoplazas, algunos con expresiones de satisfacción, otros con frustración. El sudor se mezclaba con el olor a gasolina y caucho quemado. El ritual de siempre.

Sebastian Kovač caminó entre ellos, dando palmadas en la espalda, ofreciendo palabras de aliento o críticas constructivas según el caso.

—Buen trabajo, Marcos. Mejoraste en la curva siete, pero aún pierdes tiempo en la recta principal. Trabaja en eso.

—Hugo, tu trazada en la chicane fue impecable. Sigue así.

—Ricardo… necesitas más agresividad. Esto no es un paseo dominical.

Luego llegó frente a Dylan, que acababa de bajarse de su monoplaza con una sonrisa de oreja a oreja. Se había quitado el casco y el cabello sudado se le pegaba a la frente. Sus ojos brillaban con esa chispa que solo aparecía después de una buena sesión.

—Dylan —dijo Sebastian, y aunque su tono era serio, sus ojos delataban orgullo—. Tus tiempos fueron excelentes. Sigue así y el campeonato será nuestro.

—Gracias, jefe —respondió Dylan, guiñando un ojo—. Esto es pan comido.

—No te confíes. El campeonato apenas comienza.

—Ya sé, ya sé. Pero déjame disfrutar un rato, ¿no?

Sebastian negó con la cabeza, pero una sonrisa se escapó de sus labios antes de girarse para atender a otros pilotos.

Dylan se giró hacia sus compañeros, que ya estaban bromeando entre ellos. Se acercó a Ricardo y le dio un codazo juguetón.

—¿Viste mi tiempo en la vuelta doce? Casi te saco medio segundo, novato.

—Sí, sí, alardea todo lo que quieras —respondió Ricardo, rodando los ojos—. Mañana te voy a pasar como si fueras un cono.

—Eso quisieras ver, enano.

Las risas llenaron el ambiente. Dylan se sentía bien. En su elemento. Con su equipo. Haciendo lo que amaba.

Hasta que levantó la mirada y lo vio.

Nathan estaba allí, de pie, a unos metros de distancia. Con las manos metidas en los bolsillos del pantalón del traje, la chaqueta ligeramente abierta, el cabello impecable a pesar del calor de la tarde. Su mirada estaba fija en Dylan, y esa sonrisa apenas esbozada en sus labios lo decía todo.

Había estado observándolo. Todo el tiempo.

Dylan sintió un cosquilleo recorrer su espalda. Esa sensación que solo Nathan lograba provocarle. Una mezcla de emoción, deseo y ese toque de peligro que siempre lo acompañaba.

—Bueno, chicos, me retiro —dijo Dylan sin apartar la mirada de Nathan.

—Claro, claro, ve con tu novio —se burló Marcos.

—No te olvides de pedir permiso para llegar tarde mañana —añadió Hugo entre risas.

Dylan les dedicó el dedo medio por encima del hombro mientras caminaba hacia Nathan, ignorando las risas que se alejaban a su espalda.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Nathan no esperó ni un segundo. Alargó el brazo, lo agarró por la cintura con firmeza y lo atrajo hacia sí. Dylan apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que los labios de Nathan se apoderaran de los suyos.

No fue un beso tímido. No fue un beso de saludo. Fue un beso posesivo, hambriento, que decía "eres mío" sin necesidad de palabras. La lengua de Nathan encontró la suya con una familiaridad que solo dos años de relación podían dar. Dylan sintió el calor recorrerle el cuerpo, las manos de Nathan apretando su cintura, atrayéndolo aún más cerca.

Cuando finalmente se separaron, el aire entre ambos era pesado, cargado de electricidad. Dylan se pasó el dorso de la mano por los labios, una sonrisa pícara adornando su rostro.

—Vaya, vaya… ¿tanto me extrañaste, señor Liu?

Nathan inclinó la cabeza, sus ojos oscuros brillando con satisfacción.

—Siempre te extraño.

Desde atrás, se escucharon silbidos y aplausos burlones. Los compañeros de Dylan se alejaban caminando, pero no sin antes lanzar sus últimos comentarios.

—¡Ya era hora de que se fueran, nos están dando pena ajena!

—¡Dylan, deja algo para la imaginación!

—¡Mañana no queremos ver marcas en tu cuello!

Dylan negó con la cabeza, una risa escapando de sus labios mientras veía a sus compañeros alejarse. Luego volvió su atención a Nathan, que seguía mirándolo con esa intensidad que lo desarmaba por completo.

—Bueno… mejor será que me apresure —dijo Dylan, apartándose ligeramente de su agarre—. Dijiste que hiciste una reservación, ¿no?

—Así es —respondió Nathan, metiendo las manos en los bolsillos de nuevo—. Un lugar exclusivo. Solo para nosotros.

—Suena bien. Déjame cambiarme y nos vamos.

Dylan se giró y comenzó a caminar hacia los vestidores, pero antes de dar tres pasos, sintió la mano de Nathan en su muñeca, deteniéndolo.

—Dylan.

Se volvió, una ceja levantada en señal de pregunta.

—No te demores —dijo Nathan, y aunque su tono era suave, había un destello en sus ojos que delataba algo más—. Tengo planes para esta noche.

El estómago de Dylan dio un vuelco. Esa mirada. Ese tono. Conocía muy bien lo que significaba.

—No te preocupes—respondió con una sonrisa ladina, soltándose de su agarre—. No te haré esperar.

...----------------...

El agua caliente cayó sobre su cuerpo, arrastrando el sudor, la gasolina y el cansancio de las horas de entrenamiento. Dylan apoyó las manos contra el azulejo frío de la ducha, dejando que el vapor llenara sus pulmones mientras sentía los músculos relajarse lentamente. Había sido un buen día. Una sesión productiva. Y la noche prometía ser aún mejor.

Se vistió rápido. Jeans oscuros, una camisa blanca de lino con los primeros botones desabrochados, dejando ver el borde de un collar de plata que Nathan le había regalado en su último aniversario. Se pasó los dedos por el cabello aún húmedo, sin molestarse en peinarlo demasiado. Con Nathan, no necesitaba impresionar. El hombre ya estaba perdidamente enamorado de él de todas formas.

Cuando salió del vestidor, Nathan lo esperaba apoyado contra el capó de un Audi R8 negro, con los brazos cruzados y esa expresión de satisfacción apenas disimulada. Le abrió la puerta del acompañante sin decir una palabra, y Dylan se deslizó dentro con una sonrisa.

El motor ronroneó mientras Nathan tomaba el volante, conduciendo con esa seguridad elegante que lo caracterizaba. Dylan, por su parte, se recostó en el asiento de cuero y sacó el teléfono.

El grupo de mensajes de su hermano mayor brillaba en la pantalla.

(Osito): ¿Ya fuiste a ver a mamá?

(Osito): Dylan, llevas tres días en España y ni siquiera la has llamado.

(Osito): No me hagas ir hasta allá para arrastrarte yo mismo.

(Osito): pollo disecado, contesta o juro que te bloqueo.

Dylan soltó una risa baja, negando con la cabeza mientras escribía.

Dylan: Tranquilo, mamá. Ya iré. Hoy estoy ocupado.

(Osito): ¿Ocupado? ¿Con el idiota de Nathan?

Dylan: Celoso? 😏

(Osito): Celoso de que él te vea más que tu propia madre. Anda, ve a verla mañana o te juro que...

Dylan siguió leyendo las amenazas de su hermano, cada una más absurda que la anterior, y no pudo evitar que la sonrisa se le quedara pegada en los labios. Andrick siempre había sido sobreprotector con él, incluso más que Nathan en algunos aspectos. Pero lo quería. Era su hermano mayor, su ejemplo, su roca.

Nathan lo miró de reojo mientras tomaba una curva con suavidad. Vio la sonrisa de Dylan, vio el teléfono en sus manos, y aunque no podía leer los mensajes desde donde estaba, sabía perfectamente con quién estaba hablando.

Sintió ese pequeño y familiar tirón en el pecho. Ese cosquilleo molesto que solo aparecía cuando Dylan prestaba atención a alguien que no fuera él.

Celos. Eran celos.

Y lo sabía.

Pero no iba a decirlo en voz alta. Jamás.

—¿Tu hermano? —preguntó, fingiendo desinterés.

—Sí —respondió Dylan sin levantar la vista del teléfono—. Insistiendo para que vaya a ver a mi mamá.

—Deberías ir.

Dylan levantó una ceja, girándose para mirar a Nathan con una sonrisa burlona.

—¿El señor Liu recomendando que pase tiempo con mi familia? ¿Estamos seguros de que eres tú?

Nathan apretó la mandíbula, pero no respondió. Sabía que Dylan se burlaba de él. Y odiaba admitir que le gustaba.

—Solo digo que no está de más —murmuró, concentrado en la carretera.

—Claro, claro —Dylan guardó el teléfono y se estiró en el asiento—. Iré mañana. Prometido.

El resto del trayecto transcurrió en un silencio cómodo, roto solo por la música suave que sonaba en el sistema de audio del auto. Dylan observaba el paisaje urbano desfilar por la ventana, las luces de la ciudad española encendiéndose una a una mientras el atardecer daba paso a la noche.

Llegaron al restaurante unos minutos después. Era un lugar escondido, alejado del bullicio turístico, con una fachada de piedra cubierta de enredaderas y luces cálidas que colgaban del techo como estrellas diminutas. El interior era una mezcla perfecta entre lo rústico y lo elegante: mesas de madera oscura, velas flotando en pequeños estanques decorativos, y un aroma a hierbas frescas y mariscos que envolvía el ambiente.

Un mesero los guió hasta una mesa en la terraza, con vista a un jardín interior iluminado por faroles de papel. Era íntimo. Privado. Perfecto.

Tomaron asiento, y Nathan pidió una botella de vino blanco sin siquiera consultar la carta. Dylan, acostumbrado a que el hombre tomara las riendas de todo, simplemente se recostó en su silla y lo observó con una sonrisa divertida.

—¿Qué? —preguntó Nathan al notar su mirada.

—Nada —respondió Dylan, apoyando la barbilla en una mano—. Solo pienso en lo bonito que eres cuando haces cosas de ricos.

Nathan entrecerró los ojos, pero una sonrisa amenazaba con formarse en sus labios.

—No te burles.

—Solo digo la verdad.

La cena transcurrió entre risas, miradas cómplices y conversaciones fluidas. Hablaron de todo un poco: del entrenamiento de Dylan, de los últimos movimientos empresariales de Nathan, de los amigos que habían quedado atrás, de los planes a futuro. Había algo en esos momentos, lejos de las pistas, lejos de las oficinas, lejos del mundo, que hacía que todo valiera la pena.

—¿Recuerdas cuando nos conocimos? —preguntó Dylan de repente, jugando con el borde de su copa de vino.

Nathan lo miró, una ceja ligeramente levantada.

—¿Cómo podría olvidarlo? tus insultos fueron el pan de cada día.

—Tú me secuestraste primero.

—Te estaba dando una oportunidad.

—me perseguiste por media ciudad.

—Eran tácticas de negociación.

Dylan soltó una carcajada, negando con la cabeza.

—Eres un caso perdido, Nathan Liu.

—Y tú estás loco por quedarte conmigo.

—Ok, punto a tu favor.

Sus miradas se encontraron sobre la mesa, y por un momento, el ruido del restaurante pareció desvanecerse. Solo estaban ellos dos.

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Kim Nava
Dylan es muy confiado aceptando todo lo que le den
Kim Nava
algo me dice que esa bebida ni está vien 🤔🤔🤔
Esther Grace
❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥🤯🤯🤯🤯🤯
ary
algo tiene la bebida
ary
no lo puedo creer jaja
ary
ni un besito no nada🥰
Esther Grace: esos besitos serán lo de menos 😂😂ya me pondré más sería a actualizar más capítulos 🤭
total 1 replies
ary
espero i no se ael muerto
Kim Nava
ya empezamos a ocultar cosas Dylan
Francy Eliana Castillo Gallon
q mujer tan directa y astuta tenía todo calculado será una alianza o una trampa
Francy Eliana Castillo Gallon
se dañó la celebración entre todos los amigos y la pareja de Dilan
Francy Eliana Castillo Gallon
Alessandro se arriesgo demaciado y Dilan aprovecho la ventaja se lanzo a la meta para ganar
Francy Eliana Castillo Gallon
empezó la competencia y Alessandro está pegado a la rueda buscando adelantar a Dilan presionando fuertemente
Francy Eliana Castillo Gallon
Nathan está celoso del italiano llamo mucho la atención de Dilan
Francy Eliana Castillo Gallon
q hombre tan misterioso ese antigas lo hace más interesante será alguien de la competencia o un verdadero admirador
Francy Eliana Castillo Gallon
Nathan es un gran novio muy pendiente de su amado Dilan
Dalia Lara
cuando va aparecer el tipo q se encontró con dilan en el aeropuerto de la otra temporada y q parece medio loquito por él
May Wong
hola, como se llama la novela anterior?
Esther Grace: VEINTICUATRO (BL)
total 1 replies
Dalia Lara
siiiiiií por fin la segunda temporada amo esta novela ,se tardó bastante en sacarla asi q como premio de consolación espero q actualize seguido🥰🥰
Kim Nava
ok ok terminé estos dos capítulos en un rato me voy a leer la anterior😍
Esther Grace: 😂👌🏻👌🏻👌🏻
total 1 replies
Kim Nava
son tres las que me he leído de tus historias empezando con la de
morí olvidada reviví intocable 🤭
Esther Grace: jajajajja síii feliz por tu apoyo incondicional 🌷🥰
total 1 replies
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