¡Advertencia! Está novela es poli amor. Si no desea leer este contenido detengase y no insulte por favor. Ya está advertido.
El héroe y el villano comparten un único amor dulce y posesivo hacia la extra de una historia.
NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 3
Bonnie no pensó demasiado antes de moverse. Elinor observaba la escena con una expresión que no era preocupación sino algo más cercano al interés.
Eso fue lo que hizo que Bonnie frunciera el ceño.
Elinor no estaba incómoda. Le gustaba.
No decía nada para detenerlos, solo miraba cómo se lanzaban palabras duras como si fuera un espectáculo.
Bonnie sintió fastidio inmediato.
—Esto es ridículo —murmuró para sí.
Se acercó antes de que su parte prudente pudiera detenerla. Cada paso le parecía más pesado porque sabía exactamente a dónde llevaba esa discusión, la había leído, sabía cómo terminaba todo, y aun así verlos ahí, tan jóvenes, discutiendo por tonterías, le molestaba más de lo que esperaba.
Calister habló primero, con voz alta.
—Siempre te metes en todo, Bastian. ¿Te nombraron guardián de Elinor o qué?
—Solo hago lo que debo —respondió Bastian—. Tú eres el que causa problemas.
—¿Problemas? Caminar con alguien ahora es un problema.
—Cuando lo haces tú, sí.
—Eres insoportable.
—Y tú irresponsable.
Bonnie soltó el aire con fuerza.
—Basta.
Los dos la ignoraron.
Dio dos pasos más y se plantó entre ellos sin pedir permiso.
—Dejen de gritar.
Ambos se callaron por la sorpresa.
Calister bajó la vista hacia ella.
—¿Y tú quién eres?
—Eso no importa —dijo Bonnie, tratando de que su voz sonara firme aunque por dentro estaba nerviosa—. Si siguen peleando aquí, la rectora va a venir. Los profesores ya los están mirando. ¿Quieren que los regañen?
Bastian frunció el ceño.
—No es asunto tuyo.
—Se va a volver asunto mío cuando castiguen a todo el grupo por culpa de ustedes —respondió ella—. Así que sí, me importa.
Calister soltó una risa corta.
—Qué mandona.
—Y ustedes qué, ¿niños de cinco años? —añadió Bonnie—. Están en medio del patio gritándose como si esto fuera el campo de batalla.
Los dos la miraron mal, casi al mismo tiempo, con ese gesto idéntico que tenían cuando algo no les gustaba.
Bonnie sostuvo la mirada sin bajar la cabeza.
Antes de que dijeran algo más, Elinor se acercó con pasos suaves.
—Chicos, ya —dijo con voz dulce—. Ella tiene razón. Mejor sepárense, no quiero que los castiguen por mi culpa.
Los gemelos se tensaron al escucharla.
Calister chasqueó la lengua.
—Está bien, me voy.
Bastian se acomodó el uniforme.
—Luego hablamos.
Se alejaron en direcciones opuestas.
Elinor sonrió hacia Bonnie.
—Gracias. De verdad. Son muy fastidiosos. Pero conveniente.
Bonnie la miró.
Cabello plateado perfecto. Ojos claros. Sonrisa amable. Exactamente como la recordaba. Y aun así algo le resultaba falsa.
No respondió.
Solo asintió una vez y se dio media vuelta.
—Oye, ¿cómo te llamas? —preguntó Elinor.
Bonnie siguió caminando.
—Bonnie.
—Gracias, Bonnie.
Ella levantó la mano sin voltearse.
No quería hablar con ella. Pero ya estaba involucrada.
Las clases pasaron lentas. No prestó demasiada atención. Su cabeza daba vueltas recordando cada detalle de la historia original y comparándolo con lo que veía. Nada era tan simple como el libro. Ni siquiera Calister, que supuestamente era el villano.
Cuando sonó la campana de salida, recogió sus cosas y caminó hacia la puerta principal.
Había menos gente. Los carruajes esperaban afuera.
Bajó las escaleras distraída.
De pronto, un golpe fuerte en el hombro. Perdió el equilibrio.
Cayó al suelo. El impacto le raspó la rodilla contra la piedra.
—Ah…
Ardió de inmediato.
Se quedó sentada mirando la piel roja levantada, con una línea de sangre fina.
—Qué molestia… —murmuró.
—Ten más cuidado por dónde caminas.
Reconoció la voz. Calister. Tenía las manos en los bolsillos, mirándola desde arriba.
—Tú me empujaste —dijo Bonnie sin dramatismo.
—Tal vez.
No sonaba arrepentido. Se agachó un poco, quedando a su altura.
—La forma en que miraste a Elinor.
Bonnie parpadeó.
—¿Y?
—No me gustó. No te acerques a ella.
Lo dijo serio. Bonnie notó algo nuevo en su tono.
—No me agradas —continuó—. No sé quién te crees para meterte entre nosotros.
Se quedó esperando. Ella entendió lo que esperaba. Que llorara. Que se quejara. Pero hizo nada de eso.
Se levantó sola, se sacudió la falda y lo miró directo a los ojos.
Calister frunció el ceño, confundido.
Bonnie dio un paso hacia él, se inclinó apenas y habló cerca de su oído.
—No confíes en ella.
Calister se quedó inmóvil.
—¿Qué?
Pero Bonnie ya se estaba alejando.
No explicó nada. Tampoco miró atrás.
Caminó hasta su carruaje con la rodilla ardiendo. Cuando llegó a casa, su padre la estaba esperando en la entrada.
—Bonnie —dijo de inmediato—. ¿Qué te pasó?
Él siempre notaba todo. Ella intentó restarle importancia.
—Nada, me caí.
Se agachó y examinó la herida con cuidado.
—Eso no es nada. Eso es un buen golpe. ¿Alguien te empujó?
—No.
—¿Segura?
—Sí, papá. Solo soy torpe.
Él suspiró.
—Ven, vamos a limpiarlo. No quiero que se infecte.
Mientras le curaba la rodilla, hablaba en voz baja.
—Si alguien te molesta, tienes que decírmelo. No me importa quién sea. Así sea un príncipe.
Bonnie lo miró trabajar con tanta concentración y sintió el pecho apretado.
—Lo sé.
Al día siguiente, cuando llegó a la academia, alguien estaba apoyado en la reja principal.
Calister, la estaba esperando. Bonnie redujo el paso, pero no se detuvo.
Él caminó a su lado.
—Oye.
Bonnie no le dijo nada.
—Ey, te estoy hablando.
—Te escucho —respondió ella sin mirarlo.
—¿Qué fue lo que dijiste ayer?
—Nada importante.
—Sí fue importante. Dijiste que no confiara en Elinor.
Bonnie siguió caminando.
—Olvídalo.
—No.
Aceleró el paso para ponerse delante de ella.
—Explícate.
Ella lo esquivó.
—No tengo que explicarte nada.
—¿Entonces para qué lo dijiste?
—Porque quise.
—Qué molesta eres.
—Entonces déjame en paz.
Él la siguió igual. Se notaba irritado, pero también curioso.
Antes de que la discusión creciera, otra voz intervino.
—Calister.
—Bastian.
Se acercaba con expresión seria.
—¿Qué estás haciendo?
—Nada.
—La estás persiguiendo.
—No la persigo.
—Te vi.
Bastian se volvió hacia Bonnie.
—Perdón por mi hermano. Si te molestó, me disculpo.
Calister chasqueó la lengua.
—No hables por mí.
—Entonces compórtate mejor.
—Siempre el perfecto, ¿no?
—Alguien tiene que serlo.
—Cállate.
—Tú cállate.
Bonnie cerró los ojos un segundo.
—Otra vez no…
Los dos ya estaban frente a frente, tensos, listos para empezar.
Dio un paso al medio y levantó la voz.
—¡Ya!
Se quedaron quietos.
—¿Qué les pasa? —continuó ella—. ¿No se cansan?
—Esto no te incumbe —dijo Calister.
—Claro que sí. Están armando un espectáculo por nada.
Bastian la miró sorprendido.
—No es nada.
— Sí lo es. Son dos niños de doce años discutiendo por tonterías.
Se hizo silencio.
Los dos parpadearon.
—¿Doce años? —repitió Calister.
—¿Niños? —dijo Bastian.
—Sí. Niños —insistió Bonnie—. Y además príncipes. ¿No se supone que deberían comportarse mejor? ¿Pensar un poco antes de pelearse cada cinco minutos?
Ninguno respondió. Se miraron entre ellos, luego a ella.
Bonnie negó con la cabeza.
—De verdad parecen más pequeños que los demás.
Se dio media vuelta.
—Hagan lo que quieran.
Y se marchó.
Los dejó ahí, callados, mirándola alejarse como si acabaran de escuchar algo que nadie se había atrevido a decirles jamás.
...----------------...
Muchas gracias por leer no olviden dejar su me gusta y su comentario ❤️.
Es que debieron de buscarla mucho ante de que todo se volviera una locura 🤭🤭🤭🤭😭😭
Siempre de los digo a mis hijos 🤣🤣🤣