⚠️🔞El Alfa se inclinó hacia adelante, invadiendo el espacio personal de Cass. El olor a roble y romero se volvió tan fuerte que Cass sintió un mareo súbito. El Alfa inhaló profundamente, llenando sus pulmones con el aroma a miel y café del Omega. Una atracción peligrosa, pero predestinado.🔞⚠️
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No me dejes ir
El aire en el estudio se había vuelto denso, casi sólido. Cada vez que Cass inhalaba, sentía que sus pulmones se llenaban de Kenny, de su aroma a roble y romero, de su calor y de esa vibración invisible que solo los Alfas dominantes poseen. Estar sentado sobre aquella mesa de madera, con las piernas envolviendo la cintura de Kenny, era la posición más vulnerable y, al mismo tiempo, la más excitante en la que Cass se había encontrado jamás.
El beso continuaba, volviéndose cada vez más profundo. No era un beso de amor de cuento de hadas; era un intercambio de poder. Las lenguas se buscaban con una urgencia que rozaba la desesperación. Cass sentía el sabor del café que ambos habían compartido antes, mezclado con algo metálico y puramente masculino que emanaba de Kenny.
Kenny separó sus labios apenas unos milímetros, manteniendo el contacto de sus narices. Su respiración era pesada y errática.
—Tus supresores están perdiendo la batalla, Cass —susurró Kenny contra su boca. Sus manos, que habían estado apretando la espalda del Omega, bajaron con lentitud hacia sus muslos—. Tu cuerpo está dejando de luchar. Puedo sentirlo.
Cass soltó un gemido que sonó a rendición. Tenía razón. Sus propios instintos estaban derribando todas las barreras que él había construido durante años. El aroma a miel y café de su piel ya no intentaba esconderse; ahora brotaba con fuerza, buscando mezclarse con el aroma del Alfa, pidiendo ser reclamado.
Kenny deslizó sus manos por debajo de los muslos de Cass y lo acercó aún más, eliminando cualquier espacio que pudiera quedar entre sus torsos. El Omega sintió la dureza del cuerpo de Kenny, una barrera de músculos firmes que lo hacía sentir pequeño y protegido al mismo tiempo. Sus manos bajaron hasta el borde del pantalón del joven, y sus dedos rozaron la piel sensible de la cadera.
—Estás ardiendo —gruñó Kenny.
El Alfa bajó de nuevo al cuello del Omega. Esta vez no hubo solo besos. Kenny usó sus dientes, mordisqueando suavemente la piel blanca, justo sobre la glándula que latía con fuerza. El Omega arqueó la espalda, sus dedos enterrándose en los hombros de Kenny. La sensación era una mezcla de dolor agudo y un placer tan intenso que le nublaba la vista.
—Kenny... por favor —suplicó Cass, aunque ni él mismo sabía qué estaba pidiendo.
—Dime qué quieres —exigió el Alfa, deteniéndose justo antes de morder con fuerza—. Tienes que pedirlo. Tienes que aceptar que eres mío en este momento.
—Soy tuyo —soltó Cass, las palabras escapando de su garganta como un suspiro roto—. Haz lo que quieras, pero no te detengas.
Esa confesión fue la chispa final. Kenny soltó un gruñido bajo y profundo que vibró en el pecho de Cass. Sus manos se volvieron más atrevidas, explorando cada curva del cuerpo del Omega con una curiosidad insaciable. Bajó los labios hacia el pecho de Cass, trazando círculos con la lengua alrededor de sus puntos más sensibles. Chupó y mordió sus pezones que vibraban bajo el contacto. Cada roce hacía que Cass soltara pequeños jadeos que llenaban el silencio del estudio.
La piel de Cass era como la seda, blanca y suave, contrastando con la piel de Kenny, que era más oscura y marcada por el sol. El Alfa parecía fascinado con ese contraste. Sus dedos trazaban líneas imaginarias sobre el abdomen de Cass, bajando lentamente, provocando que los músculos del Omega se tensaran bajo su toque. Pudo sentir la dureza del chico y el aroma de sus fluidos.
El contacto físico se volvió más crudo. Kenny se deshizo de su propia camiseta, revelando un torso sólido y marcado que Cass no pudo evitar tocar. Sus dedos recorrieron los tatuajes de Kenny, sintiendo la textura de la piel y el calor que emanaba de ella. Era como tocar una corriente eléctrica.
Kenny tomó a Cass en sus brazos, levantándolo de la mesa sin romper el contacto de sus cuerpos, y lo llevó hacia un diván de cuero oscuro que estaba en un rincón del estudio. Lo depositó allí con una delicadeza que contrastaba con la ferocidad de su mirada. Se situó sobre él, apoyando su peso en los antebrazos para no aplastarlo, pero asegurándose de que Cass sintiera cada centímetro de su presencia.
—Hueles a gloria, Cass —susurró Kenny, enterrando la cara en su cabello platino—. Podría quedarme aquí, consumiéndote, hasta que no quede nada de los dos.
Cass sintió que el tiempo se detenía. En ese estudio, las luces de la ciudad no existían, los problemas con Santi no existían, y su pasado como un Omega solitario era solo un recuerdo borroso. Solo existía el roce de la piel de Kenny contra la suya, el sonido de sus respiraciones agitadas y el aroma embriagador que lo envolvía todo.
Kenny empezó a dejar un rastro de besos calientes que bajaban desde su ombligo, moviéndose con una lentitud que era casi una tortura. Cass cerró los ojos, entregándose por completo a las sensaciones. Y cuando Kenny apretó con sus labios el miembro del Omega, sintió que se derretía. El Alfa con dos dedos comenzó a prepararlo y Cass se retorcía del placer. Arqueaba su espalda buscando más contacto enterrando sus dedos en el cabello de Kenny mientras, tepetía su nombre una y otra vez. Cada toque del Alfa era como una marca invisible, un reclamo que se grababa en su alma. El contacto era tan real, tan físico, que Cass sentía que sus sentidos iban a estallar.
El roce de las manos de Kenny en sus muslos, la presión de su cuerpo, la humedad de sus besos... todo confluía en una sinfonía de sensaciones que Cass nunca pensó experimentar. Era una entrega total, un abandono de la razón en favor del instinto más puro.
El Alfa levantó la vista y sonrió de una manera diabólica. Se quitó la última prenda, tomó una mano del Omega y la puso sobre su propio miembro para que sintiera los fluidos. El Omega abrió sus piernas, invitándolo a proceder. Kenny, con lentitud tortuosa se posicionó y se insertó de una sola estocada. El Omega soltó un grito desgarrador qué reemplazado con gemidos rápidamente con el vaivén. El dolor, se convirtió en placer. Su interior se aferraba al pene del Alfa con placer.
En ese momento, Cass comprendió que Kenny no era solo un Alfa que había entrado en su cafetería. Era su contraparte, el bosque que su miel necesitaba para dejar de ser empalagosa y volverse eterna. Se aferró a Kenny, rodeando su cuello con los brazos y pegando sus frentes. Sin decir una sola palabra, Kenny marcó el cuello de Cass con sus dientes pero sin llegar a morder lo suficientemente profundo para unirlos de por vida.
—No me dejes ir —pidió Cass en un susurro, sus ojos encontrándose con los de Kenny en la penumbra.
—Nunca —respondió el Alfa con una seriedad que helaba la sangre—. Ahora eres parte de mi caos, dulce Omega. Y de aquí no se sale.
Kenny seguía besando y lamiendo la marca temporal, dando estocadas tan fuertes que el Omega sentía su cerebro explotar. El placer sensorial era tanto, que soltaba sollozos.
El Alfa, colocó a Cass de cuatro, con una mano se aferraba a su cintura y la otra mano sostenía el cabello del chico mientras, lo penetraba de forma animal. Obligó al Omega a girar su cabeza para capturar sus labios y besarlo hasta casi ahogarlo. El chico se sentía fuera de sí, abrumado y embriagado a la vez. El éxtasis estaba al máximo, ambos estallaron en placer.
Cassi se sostuvo de donde pudo mientras su cuerpo entero convulsionaba por el placer. Kenny se apoyó en la espalda del chico mientras enterraba sus dientes.
La noche continuó en aquel refugio, donde el aroma a miel, café, roble y romero se fundieron en una sola esencia. El estudio fue testigo de cómo dos mundos chocaban y se unían en una danza diabólica de la que ninguno quería escapar. Cass finalmente había encontrado el peligro que tanto anhelaba, y resultó tener el sabor más dulce del mundo.
⚠️💡¡Holis Chikis! ¿Cómo dicen que les va?
Gracias por estar leyéndonos, y gracias por dejarnos su apoyo. Esta pequeña historia, promete amor. Califiquen con las estrellitas que crean necesarias (si son 🌟 🌟🌟🌟🌟 es mejor🤭). ¡Besos, mis amores!💡⚠️
corta pero muuuuyyyy sustanciosa como dice el dicho