Séptimo libro de la Dinastía Lobo.
Alessandro juró no enamorarse jamás. Arabella juró vengarse al precio que sea. Pero cuando sus caminos se cruzan, el odio y el deseo se vuelven imposibles de distinguir. Ella fue entrenada para seducirlo y destruirlo; él, para no caer en las trampas del corazón. Sin embargo, un roce, una mirada y un secreto bastan para encender una pasión tan peligrosa como inevitable. Entre mentiras, fuego y traiciones, Alessandro y Arabella descubrirán que algunos destinos no pueden evitarse... y que hay amores que se sienten como una herida abierta imposible de cerrar.
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Promesa.
Arabella 🌷
Venezuela, dónde para mí el aire huele a gasolina, a café recién colado y a humedad después del calor de la tarde. Y así amo el país que me vió crecer.
El aroma del tomate frito y el ajo recién salteado llena la pequeña cocina del apartamento. Las paredes amarillentas reflejan el sol que entra por la ventana con persianas desgastadas. No es lujo. No hay seguridad privada ni mármol importado.
Pero es nuestra fortaleza.
El apartamento está en un edificio viejo de Caracas, uno de esos que han visto mejores tiempos, pero que todavía resisten. Aquí vivimos Braulio y yo. Aquí aprendí que sobrevivir es más importante que soñar.
—¿Listo para comer? —le pregunto, colocando el plato frente a él.
Braulio levanta la mirada de su teléfono y esos ojos negros, intensos, me atraviesan. Tiene la piel más bronceada que la mía, el cabello oscuro siempre ligeramente despeinado, mandíbula marcada. Los tatuajes se adivinan bajo la camiseta: brazos, cuello, parte del pecho… algunos viejos, otros más recientes. También cicatrices.
Nunca me ha contado exactamente en qué trabaja.
Solo sé que viaja. Mucho.
A veces pasa más de un mes sin que lo vea. Se va sin decir demasiado y regresa con esa mirada aún más fría, más peligrosa. Trae dinero. Siempre trae dinero. Dice que es un trabajo importante.
Yo no pregunto.
Pero lo intuyo. Y sé que no es nada limpio.
—Huele bien —dice, con esa seguridad tranquila que siempre lo acompaña—. ¿Cómo va el trabajo en el restaurante?
—Bien —respondo mientras me siento frente a él—. Las noches están más movidas. Más propinas.
Trabajo como mesera por las noches en un restaurante del centro junto a mi mejor amiga, Dency. No es el trabajo de mis sueños, pero paga las cuentas y me permite seguir estudiando.
Porque sí, estudio.
Estoy en la universidad, estudiando Arquitectura. Me faltan tres semestres para graduarme. Tres. A veces siento que son eternos, pero sigo.
Braulio asiente.
—Mientras no descuides lo importante.
Sé a qué se refiere.
Siempre se refiere a eso.
Mi celular vibra sobre la mesa. La pantalla ilumina el nombre: Lorenzo ❤️
Mi corazón da un pequeño salto.
—Permiso —murmuro, levantándome.
Siento la mirada de Braulio clavarse en mi espalda mientras camino hasta mi habitación y cierro la puerta.
Contesto.
—Hola, amor…
—Hola, bella —responde él con esa voz suave que siempre me calma—. ¿Estás en casa?
—Sí, con ganas de comer.
—Quería escucharte. Hoy fue un día largo. Pensaba en ti.
Sonrío sin darme cuenta.
—Yo también pensaba en ti.
—¿Te paso a buscar esta noche en la moto? Después del turno podemos ir por un helado, como antes.
Me muerdo el labio.
—Me encantaría…
—Entonces damis una vuelta, comemos algo rico. Aunque sea cinco minutos. No necesito más.
Es tan sencillo. Tan dulce.
Cuatro años juntos. Cuatro años de estabilidad, de cariño sin exigencias.
—Está bien —susurro.
—Te quiero, Arabella.
Cierro los ojos.
—Te quiero, Lorenzo.
Cuelgo.
Me quedo unos segundos mirando la pantalla apagada antes de volver a la cocina.
Braulio no me pregunta. No lo necesita.
—Nada más verte sonreír sé quién te llamó —dice con voz baja.
—Es Lorenzo.
Silencio.
Él bebe agua con calma.
—No dejes que ese noviecito te quite tiempo ni se inmiscuya en tus planes.
La palabra planes pesa.
—Recuerda que el tiempo se acerca. Muy pronto tendrás que cumplir tu promesa.
Promesa. La palabra se clava como un ancla y asiento.
—No la he olvidado.
Jamás.
Vengar a su padre.
El hombre que fue asesinado por otro que se cree el dueño del mundo.
—Deberías empezar a alejarte de él —añade—. Te distrae. Y cuando llegue el momento… te costará más.
Me duele escucharlo.
Porque Lorenzo no tiene culpa.
Pero la venganza no pregunta por inocentes.
—Lo entiendo —susurro.
Termina de comer, deja el plato impecable y se levanta. Se acerca, me besa la frente.
Es el único gesto tierno que se permite.
—Nos vemos mañana temprano, Luce.
Y se va.
A veces pienso que no somos tan parecidos.
Somos medios hermanos.
Yo soy rubia, de ojos verdes, piel blanca. Él es moreno, cabello y ojos negros. Diferentes en casi todo. Lo único que nos delata como hijos de la misma mujer es el lunar de nacimiento.
Él lo tiene en la costilla derecha.
Yo en la parte alta del muslo.
Mismo punto oscuro.
Misma marca.
Recojo la mesa en silencio.
Mientras lavo los platos, mi mente gira.
El hombre al que debo seducir.
El hijo de quien destruyó la vida de Braulio.
No sé cómo será. Tal vez feo y arrogante.
Tal vez elegante y peligroso. Tal vez peor de lo que imagino. Pero no debo enamorarme. Eso está prohibido.
Mi teléfono vibra otra vez.
“En cinco minutos bajo, floja. Necesitamos ropa nueva. Y no me digas que no.”
Sonrío.
Dency.
Mi mejor amiga.
Vivimos en el mismo edificio. Nos conocemos desde hace seis años. Terminamos el colegio juntas. Desde entonces somos inseparables.
Ella también estudia en la misma universidad pública que yo, pero cursa Comunicación Social. Dice que algún día será periodista famosa o dueña de su propio medio digital.
Dency es carismática, hermosa, morena de piel canela, con un cuerpo de infarto y una personalidad aún más arrolladora. Directa, sin filtros, desinhibida. Si piensa algo, lo dice. Sin miedo.
Trabajamos juntas como meseras en el restaurante por las noches.
Fue ella quien me consiguió el empleo.
Me cambio rápido y bajo.
La encuentro apoyada en su camioneta vieja pero bien cuidada, con gafas grandes y una sonrisa enorme.
—Mujer, si sigues usando esa misma ropa, ningún millonario te va a notar —dice apenas me ve.
—No quiero que ningún millonario me note. Ya tengo novio
Ella se ríe.
—Uhm, aburrido.
Nos abrazamos.
Con Dency todo es ligero. Fácil. Real.
Subo al auto y arrancamos.
Mientras la ciudad de Caracas pasa frente a nosotros, entre tráfico, vendedores ambulantes y luces intermitentes, siento algo extraño en el pecho.
Un presentimiento.
Como si el destino ya estuviera moviendo piezas que yo todavía no puedo ver.
Algo viene.
No sé qué es.
No sé quién.
Pero lo siento.
Y por primera vez… no estoy completamente segura de querer lo que prometí.
Me hace acordar a su papá con cabo suelto 🤣🤣🤣
Pero Braulio esto es lo que quería cuando se enteré que lo rechazo su hermanita
Ale que esta acostumbrado a tener todos a sus pies ahora tiene un NO de repuesto pero hasta el nombre lo sabe.
Ale esta 🔥🔥🔥🔥🤣
Estas tan ciega con la venganza que no sabes lo que te espera.
Te va enfrentar en un peligro que no tenes idea, le crees todo lo que te dice.