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Amarte No Estaba En Mi Venganza

Amarte No Estaba En Mi Venganza

Status: Terminada
Genre:Venganza de la protagonista / Reencarnación / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Amarte no estaba en mi venganza.
Eliana Morel murió traicionada por el hombre que amaba y abandonada por la familia que juró protegerla. Hasta su último aliento creyó que su desgracia había sido solo mala suerte… sin saber que todo había sido cuidadosamente planeado.
Cuando despierta en el pasado, con los recuerdos intactos y el corazón sellado, Eliana entiende que la vida le ha concedido una segunda oportunidad. No para amar. No para perdonar.
Sino para vengarse.
Fría, inteligente y decidida, comienza a mover las piezas con precisión, dejando que quienes la destruyeron caigan por su propio peso. Pero su plan perfecto se tambalea con la aparición de Adrien Valtier, un hombre que no pertenece a su pasado y que parece ver más allá de su máscara de hielo.
Mientras la venganza avanza y los secretos salen a la luz, Eliana deberá enfrentar la única batalla que no había previsto:
la de un corazón que juró no volver a sentir.
Porque en esta segunda vida, amar…
no estaba en su venganza.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sonrisas que mienten

Si algo había aprendido en mi primera vida, era esto: las personas más peligrosas no gritan. Sonríen.

El salón principal olía a lirios frescos y a mentiras bien pulidas. Las mesas estaban impecables, las copas brillaban, y la música clásica flotaba como un velo que ocultaba lo que realmente ocurría allí: la subasta de destinos ajenos. El mío ya tenía precio.

Me movía entre los invitados con una serenidad que no sentía. Saludaba, inclinaba la cabeza, sonreía en el momento exacto. Debajo de esa piel joven latía la mente de una mujer que ya había sido devorada por ellos una vez. Recordaba cada nombre, cada rostro, cada puñalada disfrazada de consejo.

—Eliana, querida.

Giré con lentitud deliberada. Mi tía se acercaba del brazo del matrimonio Laurent. En mi otra vida, ellos habían sido el primer eslabón de mi cadena.

—Señor y señora Laurent —dije, extendiendo la mano con firmeza—. Es un placer volver a verlos.

El señor Laurent tomó mis dedos con esa condescendencia paternal que antes me había cegado.

—Hemos oído maravillas sobre ti. Tu sensibilidad, tu… nobleza.

Maleable. Eso era lo que realmente querían decir.

—Todos tenemos defectos y virtudes —respondí con suavidad—. Supongo que depende de quién sostenga el espejo.

La señora Laurent entornó los ojos, evaluándome como si fuera una pieza de porcelana.

—Interesante respuesta.

—Eliana es muy adaptable —intervino mi tía rápidamente, intentando retomar el control de la conversación.

—Prefiero pensar que aprendo de mis errores —corregí con una sonrisa pequeña.

Vi la mínima grieta en la expresión de mi tía. No fue un tropiezo grande, solo un parpadeo, un endurecimiento casi imperceptible de la mandíbula. Para mí fue suficiente. Primera sangre.

—No sabía que te gustaran este tipo de reuniones.

Esa voz.

El eco del hombre que había cerrado la puerta con llave antes de hundir la navaja en mi costado.

Me giré despacio. Allí estaba él: Víctor. Alto, impecable en su traje negro, con esa sonrisa depredadora que una vez confundí con protección.

—Hay muchas cosas que no sabes de mí, Víctor —respondí, sosteniéndole la mirada.

Él levantó una ceja, claramente divertido.

—Estás diferente. No solo hoy. Desde hace semanas.

—La gente cambia.

—No tan rápido —replicó, dando un paso más cerca—. Y menos tú.

—Tal vez —dije, bajando la voz solo para él— es que nunca te tomaste el tiempo de mirarme de verdad.

El desconcierto cruzó su rostro durante menos de un segundo. Luego recuperó la máscara.

—No empieces con eso ahora —dijo en tono bajo, casi paternal—. Sabes que siempre he estado a tu lado.

—Cierto —respondí, y mi sonrisa no llegó a mis ojos—. Siempre has estado… muy cerca.

Cuando me invitó a salir esa misma noche, mi respuesta fue la primera declaración abierta de guerra.

—No creo que sea buena idea. Tengo otros planes.

Víctor frunció ligeramente el ceño.

—¿Planes? ¿Desde cuándo tienes planes que no incluyen a tu prometido?

—Desde hoy —contesté con suavidad.

Lo dejé allí, con la sonrisa congelada y una pregunta en la mirada.

Me refugié en la biblioteca del ala este, lejos del bullicio. Cerré la puerta y saqué mi viejo cuaderno de cuero. No escribí sueños románticos esta vez. Escribí reglas:

No atacar primero.

Observar.

Esperar el momento exacto.

La puerta se abrió sin llamar. Mi madre entró, moviéndose como siempre: silenciosa, con esa tristeza cansada que usaba como escudo.

—Te noto más firme últimamente —comentó, cerrando la puerta tras de sí—. Antes dudabas de todo.

—He aprendido las consecuencias de dudar —respondí sin levantar la vista del cuaderno.

Se acercó un poco más.

—A veces me preocupa no saber qué necesitas.

Levanté la mirada y la fijé en ella.

—A veces no se trata de saber lo que necesito —dije con calma—. Se trata de elegir de qué lado estarás cuando todo se derrumbe.

El silencio que siguió fue denso. Mi madre abrió la boca, pero no salió ninguna palabra. Solo me miró con una mezcla de sorpresa y algo parecido al miedo.

Esa noche, cuando por fin me quedé sola en mi habitación, me acosté mirando el techo. Los recuerdos pasaban como una película que ya había visto demasiadas veces. Sonreí en la oscuridad.

Ellos seguían jugando el mismo partido de hace diez años.

Yo acababa de cambiar las reglas del juego.

Y esta vez… yo era la que marcaba las jugadas.

1
Claudia Kassar
Necesito las razones del porque esta pasando todo esto
Alondra BMY
me encanta esa trama
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