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EL JEFE DE LA MAFIA ESTÁ ENAMORADO DE MI

EL JEFE DE LA MAFIA ESTÁ ENAMORADO DE MI

Status: Terminada
Genre:La mimada del jefe / Traiciones y engaños / Jefe en problemas / Completas
Popularitas:8.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

*Ella solo quería pagar sus cuentas. Él solo quería mantener su imperio.*

Sofía no buscaba problemas, solo un buen turno de noche. Pero cuando sus ojos se cruzan con los de Alessandro, el hombre que controla la noche y el peligro, su vida sencilla se hace añicos. Ella es testigo de algo que no debió ver, y ahora, en lugar de ser eliminada, se convierte en su posesión más preciada y peligrosa.

Alessandro es un depredador, un jefe de la mafia cuya palabra es ley y cuyo corazón se creía muerto. Pero Sofía, con su inocencia indomable y su inesperada resistencia, desentierra una vulnerabilidad que él juró enterrar bajo capas de poder.

Atrapados en una mansión dorada que es también su jaula, la tensión entre ellos se vuelve insoportable. ¿Podrá Sofía amar a un hombre cuyo mundo se construye sobre secretos y violencia? y estará Alejandro dispuesto a quemar su imperio hasta los cimientos para mantenerla a salvo?

prepárate para una historia donde la obsesión es la única regla.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 3

La mañana siguiente al *incidente del vino tinto* fue un borrón de irrealidad. Sofía se despertó en su pequeño apartamento 3B, el olor a pan quemado de la panadería de abajo era ahora una burla cruel a la exquisita repostería que probablemente se servía en la mansión de Alessandro.

El sol se filtraba por las rendijas de las persianas rotas, y por un momento, pensó que todo había sido una pesadilla febril inducida por el estrés de las propinas y los exámenes finales.

Pero el paño sucio y manchado de carmesí, cuidadosamente doblado sobre su mesa de estudio, era una prueba tangible. Había elegido la jaula. Había elegido el riesgo.

El terror no era lo que la paralizaba; era la necesidad de actuar. Si no se presentaba, Alessandro no enviaría una nota de despido; enviaría a alguien a asegurarse de que ella nunca más pudiera presenciar nada. La elección, aunque terrible, era simple: sobrevivir.

Pasó el día en un estado de semiconsciencia.

Fue a su turno en *El Círculo*, sirvió cafés fríos y evitó la Mesa Uno como si fuera lava. Elena la miró con una curiosidad que rozaba el miedo. Sofía no hizo contacto visual con nadie. Su mente estaba ocupada calculando. Si el secuestro implicaba un pasivo (su vida), ¿qué implicaba su "contratación"? ¿Un activo? ¿Y cómo se valoraba un testigo silencioso en el balance de una organización criminal?

A las siete de la tarde, empacó una pequeña mochila. No ropa, no joyas. Solo sus libros de texto de contabilidad, su calculadora y su billetera, con los veinte dólares que le quedaban. Si iba a ser su prisionera, al menos llevaría consigo la única cosa que realmente le daba poder: el conocimiento.

A las ocho y media, se puso el único vestido negro que poseía que no estaba manchado de salsa o vino. Era modesto, pero limpio. Se miró en el espejo y vio a una extraña: pálida, con ojeras profundas, pero con una determinación férrea en la mandíbula.

"Por la madre," susurró, como si estuviera haciendo un juramento.

A las ocho y cincuenta y cinco, estaba en la calle, mirando hacia el cielo. La mansión de Alessandro no estaba en el centro, sino en las afueras más exclusivas, un monolito de piedra gris y seguridad invisible. No había taxis a esa hora. Caminó.

Llegó a la verja de hierro forjado exactamente a las 8:59 PM. No había luces, ni guardias visibles en la entrada principal. Dudó un instante, preguntándose si había entendido mal la hora o el lugar.

Justo cuando iba a tocar el timbre, la verja se deslizó hacia un lado con un susurro hidráulico casi inaudible. Dos hombres enormes, vestidos con trajes oscuros que parecían hechos de sombra pura, estaban de pie a cada lado. No tenían armas a la vista, pero la forma en que sus cuerpos estaban tensos sugería que estaban armados hasta los dientes.

"Señorita Sofía," dijo uno de ellos, su voz profunda y sin inflexión. "El Signore la espera."

No hubo preguntas, ni revisión de identidad. Sabían quién era. El terror regresó, esta vez más frío y paralizante. Caminó entre ellos, sintiendo sus ojos fijos en su espalda, y cruzó el umbral de lo que ahora era su nuevo mundo.

El interior era opulento, pero austero. Nada gritaba "dinero", todo susurraba "poder". Mármol oscuro, arte moderno que parecía demasiado caro para ser disfrutado, y un silencio que era más ensordecedor que el ruido del bar.

La condujeron a través de un pasillo cavernoso hasta una biblioteca. Era más grande que todo su apartamento. Y allí estaba él.

Alessandro estaba sentado detrás de un escritorio de nogal macizo, la misma copa de vino tinto del día anterior, ahora llena de un líquido ámbar (whisky, Sofía dedujo), a su lado. No se levantó. Solo la observó mientras ella se detenía a varios metros de él, sintiéndose pequeña y ridículamente fuera de lugar con su mochila a cuestas.

"Llegaste a tiempo," dijo Alessandro, tomando un sorbo lento. "Eso es un punto a tu favor. La puntualidad es el respeto que se le debe al tiempo ajeno. Algo que el hombre de ayer no entendía."

Sofía apretó las correas de su mochila. "Entiendo, *Signore*." La palabra salió más firme de lo que esperaba.

"No me llames *Signore*," replicó él, arqueando una ceja. "Aquí no hay títulos de servicio. O me llamas Alessandro, o me llamas jefe. Pero si me llamas jefe, será porque realmente lo soy, no por cortesía de un camarero."

"Alessandro," repitió ella, sintiendo el nombre extraño en su boca.

"Bien. Siéntate." Señaló una silla de cuero frente al escritorio. Sofía se sentó, colocando la mochila con cuidado a sus pies, como si fuera un escudo.

Alessandro se reclinó, juntando las yemas de los dedos. El escrutinio en sus ojos era implacable, pero diferente al del bar. Ya no era la mirada del asesino, sino la del evaluador de riesgos.

"Hablemos de tu situación. Tú viste algo que no debías. El hombre que murió anoche era un idiota que intentaba extorsionarme. Es un problema que ya ha sido resuelto. Tú eres un residuo de ese problema."

Sofía tragó saliva. "Y la solución es..."

"La solución eres tú," completó él.

"Tienes dos caminos, Sofía. El primero, te doy una suma de dinero que te permitirá desaparecer, empezar de nuevo en otra ciudad, y te aseguro que si alguna vez vuelves a cruzar mi camino, o el de tu madre, las consecuencias serán... permanentes. El segundo camino es que te quedes."

El corazón de Sofía latía con fuerza, pero no podía evitar sentir una extraña curiosidad por el segundo camino.

"¿Quedarme? ¿Como su prisionera?" preguntó ella, su voz apenas un hilo.

Alessandro sonrió, una expresión que suavizaba ligeramente los ángulos duros de su rostro, pero que no alcanzaba sus ojos.

"No, Como mi inversión*. Sabes de contabilidad. Lo sé todo. Sé que tu madre necesita ese medicamento, sé que odias ese trabajo, y sé que tu cerebro funciona con una lógica que la mayoría de mis hombres no posee. Necesito a alguien que vea los números sin la niebla de la codicia o el miedo."

Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa.

"Te ofrezco seguridad total. Un apartamento mejor, atención médica para tu madre, y un salario que podrías haber soñado sirviendo whisky tibio. A cambio, serás mis ojos en los libros que mis hombres no entienden, y mi silencio. Absoluto."

Sofía sintió el peso de la oferta. Era la libertad financiera, pero a costa de su alma, atada a un hombre que mataba sin pestañear.

"¿Y si me niego a trabajar? ¿Y si solo quiero el dinero y desaparecer?"

"Entonces eliges el primer camino, y te vas ahora mismo," dijo él con sencillez.

"Pero si eliges quedarte, Sofía, debes entender algo: aquí no hay renuncias. Una vez que cruzas esta línea, el contrato es de por vida. Tu lealtad será mi única garantía de que nadie más, ni siquiera yo, te haga daño. Pero si me traicionas..."

Dejó la frase sin terminar. No era necesario. La amenaza estaba implícita en el silencio que siguió, en el recuerdo fresco del *thump* sordo de la noche anterior.

Sofía miró sus manos, luego su mochila. Era la elección entre el miedo controlado y el caos total.

"Alessandro," dijo, levantándose ligeramente de la silla de cuero, su postura más erguida. "Acepto la segunda opción. Pero necesito entender las reglas del juego. Si voy a ser su contadora, necesito acceso a la información."

Alessandro la miró fijamente por un largo momento, una chispa de algo parecido al respeto cruzó su rostro.

"Bienvenida a bordo, Sofía. La primera regla es simple: Nunca me mientas. La segunda: No preguntes de dónde viene el dinero. La tercera..." Hizo una pausa dramática. "...No te enamores de mí."

El último comentario fue tan inesperado y tan fuera de lugar que Sofía no pudo evitar soltar una risa nerviosa y hueca.

"¿Enamorarme de usted? Alessandro, usted ordenó asesinar a un hombre anoche."

Él levantó la copa de whisky y la miró por encima del borde. "Exacto. Por eso dije 'no te enamores de mí'. Porque yo soy el peligro, Sofía. Y tú, mi pequeña contadora, ya estás demasiado cerca del fuego."

Él golpeó suavemente la mesa con el dedo. "Ahora, vamos a conocer a tu nuevo entorno. Tienes mucho que aprender sobre cómo funciona realmente este negocio."

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Lucinda Deluque
excelente trabajo
JZulay
hay frases repetitivas....
escrituras , al parecer 2 versiones de una misma historia
🤔
JZulay
interesante, sofisticado y gracioso el lenguaje contable en esta relación 🤭/Facepalm//Slight/.....haber cuánto aguantas Alessandro /Proud/
JZulay
sinvergüenza.....cobro diario ..../Slight//Proud/
JZulay
uiii...muy seguro ...éste 🤦🏼‍♀️
qué se cree ????/Smug/
JZulay
🙊....😧....violento !!!!
Rosa Rodelo
Foto. De los protagonistas de la historia
Rosa Rodelo
Foto de los protagonistas
Johanna Batista
porque no continua
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