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Renací Siendo La Villana

Renací Siendo La Villana

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Amor-odio / Venganza
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Miranda lo tenía todo: un esposo que la amaba y una vida perfecta. Pero un "accidente" le arrebató el aliento. Ahora, ha despertado en el cuerpo de Ámbar Valer, la chica señalada como su asesina. Atrapada en una casa llena de enemigos y perseguida por el odio implacable de su propio esposo, Damián Villegas, Miranda deberá jugar un juego peligroso. ¿Podrá convencer al hombre que ama de que ella sigue viva, o morirá de nuevo a manos de su propia venganza?

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El eco de un te amo

Dicen que la felicidad es silenciosa, pero la mía siempre tenía música. A veces era el rítmico goteo de la cafetera por la mañana, otras el suave roce de las sábanas de seda contra mi piel, pero la mayoría de las veces era la risa de Damián vibrando contra mi nuca antes de que decidiéramos, finalmente, abandonar el refugio de nuestra cama.

​Aquel miércoles no fue la excepción. El sol de la mañana se filtraba por las cortinas de lino del ático, pintando franjas doradas sobre los cuadros que aún no habíamos colgado y sobre el rostro del hombre que era el centro de mi universo.

​—Cinco minutos más, Miranda —susurró Damián, rodeando mi cintura con sus brazos y hundiéndose en el hueco de mi hombro con una familiaridad que todavía me erizaba la piel—. El mundo puede esperar, pero yo no puedo pasar un segundo más sin recordarte que eres mi vida entera.

​Me giré entre sus brazos, encontrándome con esos ojos oscuros, profundos y cálidos, que siempre me miraban como si fuera la única mujer sobre la faz de la tierra. Damián no solo era mi esposo; era mi hogar. Llevábamos tres años de casados y el idilio no se había desgastado bajo el peso de la rutina; al contrario, parecía que cada amanecer descubríamos una nueva capa de nosotros mismos que amar. Él era un arquitecto brillante, un hombre de estructuras y lógica, pero conmigo, era pura emoción, pura entrega.

​—Damián, tienes una reunión importante en la constructora para el proyecto del museo —reí, acariciando su rostro perfectamente afeitado, disfrutando de la suavidad de su piel—. Y yo tengo que estar en la galería antes de las diez. La exposición de esta noche tiene que ser perfecta. Es mi primera curaduría importante, no puedo fallar.

​Él me besó con una lentitud que me hizo olvidar mi propio nombre. No era un beso de rutina, de esos que se dan por inercia antes de ir al trabajo. Sus besos siempre tenían un propósito: recordarme que le pertenecía y que él era mío. Damián me amaba con una intensidad que a veces me asustaba; como si supiera, en algún lugar recóndito de su alma, que el tiempo era un recurso finito y precioso que no debíamos desperdiciar.

​—Todo lo que tocas es perfecto, Miranda. Porque tú eres luz —dijo él, poniéndose de pie con esa agilidad atlética que tanto me gustaba y extendiéndome la mano para ayudarme a levantar—. Esta noche, después de que dejes a todos con la boca abierta en la galería, quiero que cenemos en ese restaurante frente al lago. El que tiene los sauces llorones iluminados. Tengo una sorpresa para ti.

​—¿Otra sorpresa? —pregunté, envolviéndome en mi bata de seda blanca—. Damián, me vas a malcriar.

​—Ese es exactamente mi plan de vida —respondió él desde el umbral del baño, guiñándome un ojo antes de desaparecer tras el sonido del agua de la ducha.

​Desayunamos en la terraza, rodeados de mis plantas y del murmullo lejano de la ciudad que despertaba bajo nuestros pies. Recuerdo cada detalle de ese momento, como si mi mente estuviera tomando fotografías instantáneas para preservarlas del olvido. El sabor del café recién tostado, el aroma de las tostadas con miel, y la forma en que Damián leía el periódico mientras su otra mano buscaba la mía sobre la mesa, entrelazando nuestros dedos de forma inconsciente.

​Era una vida de ensueño. Éramos la pareja que los amigos envidiaban y los extraños admiraban. No había secretos entre nosotros, no había grietas. O al menos, eso era lo que yo creía mientras lo veía ajustarse la corbata frente al espejo del recibidor.

​—Te amo, Miranda Durán. Más que a mi propia existencia —me dijo, tomándome por la cintura para un último beso antes de salir.

​—Y yo a ti, Damián. Ve con cuidado, por favor. Llámame cuando salgas de la reunión.

​Esas fueron nuestras últimas palabras en el mundo que yo conocía. Si hubiera sabido que el destino estaba contando los segundos finales de mi realidad, me habría quedado en ese abrazo para siempre. Me habría aferrado a su camisa, le habría suplicado que no saliera, que nos quedáramos en la burbuja de cristal que habíamos construido con tanto esmero. Pero el destino no avisa; simplemente ejecuta.

​Salí de casa una hora después. El cielo estaba de un azul insultante, sin una sola nube que presagiara la tragedia. Conducía mi auto por la avenida principal, con la radio encendida en una de mis estaciones favoritas, repasando mentalmente la disposición de las obras en la galería. Tenía el corazón ligero, inflado de una satisfacción que solo da el sentirse plena.

Al llegar a un cruce, el semáforo cambió a verde. Avancé, pensando en la sorpresa que Damián tendría para mí esa noche. ¿Sería un viaje? ¿O quizás finalmente accedería a que buscáramos ese perro que tanto quería?

Entonces, el mundo se rompió.

No hubo tiempo para frenar. Solo hubo un destello negro por el rabillo del ojo izquierdo, un rugido de motor acelerado al máximo y luego el sonido ensordecedor del metal retorciéndose. Mi auto fue embestido por un vehículo que se saltó el alto a una velocidad suicida. El impacto fue tan brutal que sentí cómo mis huesos se quejaban antes de que el cristal del parabrisas estallara en mil diamantes sangrientos.

El mundo dio vueltas. Arriba era abajo, la música de la radio se convirtió en un chirrido estático y el olor a gasolina inundó mis sentidos. Mi cuerpo fue lanzado de un lado a otro como una muñeca de trapo hasta que, finalmente, el auto quedó volcado sobre el asfalto.

Perdí la conciencia, aunque el único anhelo que tenía era volver a ver a mi esposo. El aroma a su perfume inundó mis sentidos y creo que era eso lo que me hacía permanecer en este plano terrenal.

A la distancia escuchaba la voz de Damián susurrando sobre mi cuello: te amo, era el eco de mis pensamientos que me obligaban a seguir luchando por volver a los brazos del hombre que amaba.

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valeska garay campos
que emoción 🤔
valeska garay campos
esa víbora 😡
Myriam Hernandez
Excelente
valeska garay campos
me estoy comiendo las uñas 🤭
valeska garay campos
Sabían pregunta todo aunque crean que estas loco
Ámbar dile que eres Miranda aunque piense que estas loca 🤭
valeska garay campos
vamos a ver como reacciona Ámbar al llegar a su casa con su esposo 🤭
valeska garay campos
al fin Damian sabe que no fue mentira todo lo escrito en el diario 🤭
Adriana Ruiz
👏👏👏me encanta 😍
valeska garay campos
me encanta la historia que Damian salbe a su amada esposa
valeska garay campos
Miranda que no caiga en la trampa de las víboras
valeska garay campos
vamos Damian ya sabes que ámbar es tu esposa solo debes creer en tú corazón ❤️ 🤭
valeska garay campos
excelente capítulo nos podrías reglar una maratón?
valeska garay campos
cada capítulo más emocionante dan ganas de más capítulos 😊
valeska garay campos
debió quebrarle el brazo 🤭
valeska garay campos
vamos Miranda aplasta a esos gusanos 🤭💪
valeska garay campos
ya estamos conociendo a las víboras vamos a ver quien gana 🤭
valeska garay campos
muy buena historia me encantan 💪
Ysabel Correa: Gracias 🫂
total 1 replies
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Tanta perfección es rara
Maria Cantillo
vaya despertar del coma y recibir insultos del que fue su esposo y estar en un cuerpo más joven vaya vaya🤭🤭🤭
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