"Ella no tiene nada; él lo tiene todo. Pero un secreto de nueve meses cambiará las reglas del juego."
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Capítulo 16: El teatro de la crueldad
POV: SEBASTIÁN
El aire en la cafetería del hospital se podía cortar con un bisturí. Victoria caminaba a mi lado, aferrada a mi brazo como una garrapata de seda, luciendo una sonrisa de triunfo que me revolvía el estómago. Sabía que Elena estaba sentada en la mesa del rincón, con Lucía. Era el momento.
—Mírala, Sebastián —susurró Victoria, lo suficientemente alto para que las mesas cercanas oyeran—. La "Condesa" parece que hoy no tiene quien le cargue el bolso. Qué triste es la soledad cuando se basa en mentiras.
Me detuve frente a la mesa de Elena. Mi rostro era una máscara de piedra, pero por dentro, cada fibra de mi ser quería arrodillarse y pedirle perdón.
—Doctora Monteclaro —dije, mi voz resonando con una frialdad quirúrgica—. Me han informado que ha solicitado un cambio de turno para evitar las cirugías conmigo. Espero que su nuevo estatus no le haga creer que puede dictar las reglas de este hospital.
POV: ELENA
Me levanté lentamente. Sentía la mirada de todos los médicos, enfermeras y, sobre todo, la mirada depredadora de Victoria. Me dolía el pecho, pero recordé las palabras de Sebastián anoche: "Grítame si es necesario".
—No es una creencia, doctor Alarcón, es un hecho —respondí, cruzando los brazos con una altivez que nunca supe que poseía—. Mi madre está comprando el 30% de las acciones de este edificio. Si no quiero ver su cara mientras opero, para mí es mejor, como futura dueña.
—¡Eres una arrogante! —saltó Victoria, fingiendo indignación—. Sebastián te dio todo y tú lo traicionaste con su mejor amigo. ¡Deberías estar agradecida de que no te hayamos echado a la calle!
—¿Agradecida? —me acerqué a ella, quedando a centímetros de su rostro. Luego miré a Sebastián con un desprecio fingido que me quemó la garganta—. Quédate con él, Victoria. Quédense con sus apellidos comprados y sus vidas de plástico. Este bebé no necesita a un padre que duda de su propia sangre, y yo no necesito a un hombre que prefiere a una víbora antes que a la verdad.
Le propiné una bofetada a Sebastián. El sonido fue seco, violento. El silencio en la cafetería fue absoluto. Sebastián giró el rostro por el impacto, y por un microsegundo, cuando sus ojos se encontraron con los míos, vi el brillo de "gracias" en sus pupilas.
—No vuelvas a acercarte a mí, Alarcón —sentencié—. Mi abogado se encargará del resto.
Salí de la cafetería con paso firme, dejando a una Victoria exultante y a un Sebastián que fingía una rabia contenida. El engaño estaba sellado. Para el mundo, éramos enemigos irreconciliables.
CINCO MESES DESPUÉS...
POV: ELENA (7 meses y medio de embarazo)
El tiempo ha sido mi mejor aliado y mi más duro maestro. Mi vientre ahora es una curva prominente que me recuerda cada segundo por qué sigo luchando. Mi madre ha transformado el ala este de la mansión en una fortaleza médica.
Durante estos cinco meses, Sebastián y yo no hemos cruzado una sola palabra en público. En el hospital, somos dos extraños profesionales. Él sigue "viviendo" con Victoria en la casa Alarcón, actuando como el prometido perfecto mientras hackea sus cuentas y reúne pruebas de la red de tráfico de bebés.
Hoy, me miro al espejo. Llevo un vestido de maternidad azul oscuro. Mi rostro ha perdido la redondez de la juventud y ha ganado la estructura de una mujer que sabe que el peligro acecha en cada esquina.
POV: SEBASTIÁN
Cinco meses de vivir con el enemigo. Cinco meses de dormir en el sofá de mi despacho para no tocar a Victoria. Ella cree que estoy deprimido por el trabajo, pero la verdad es que cada noche descargo archivos de su computadora que la hunden más en el lodo.
He descubierto que la familia de Victoria no solo compró mi acta de nacimiento; ellos sabían que Elena estaba viva y la usaron como una "reserva" en caso de que los Monteclaro necesitaran un heredero que los De la Vega pudieran controlar.
Hoy, veo a Elena caminar por el pasillo del hospital. Se mueve con una gracia lenta debido a su embarazo avanzado. Mi corazón da un vuelco. Es hermosa. Es fuerte. Y me muero por tocar mi hijo, por sentir sus patadas, por decirle que todo este infierno está a punto de terminar.
Recibo un mensaje en mi teléfono desechable: "El hombre de ojos grises ha sido visto en la ciudad. El padre biológico de Sebastián, Marcos Castellanos, está aquí".
POV: VICTORIA DE LA VEGA
La boda está programada para el próximo mes. Beatriz Alarcón ya ha repartido las invitaciones de oro. Sin embargo, algo me inquieta. Sebastián es demasiado perfecto. Demasiado distante.
Y hoy, he encontrado algo bajo su colchón. No es una foto de Elena. Es un recibo de un laboratorio de ADN con fecha de hace dos días.
—¿Qué estás tramando, Sebastián? —susurré, mirando el papel—. Si crees que vas a usar tu origen contra mí, te equivocas. Antes de que los Castellanos te reclamen, este hospital será cenizas.