NovelToon NovelToon
Horizonte Sagrado

Horizonte Sagrado

Status: En proceso
Genre:Aventura / Héroes / Mitos y leyendas
Popularitas:171
Nilai: 5
nombre de autor: Proa94

el viaje de un sangre bastarda para convertirse en un héroe.

NovelToon tiene autorización de Proa94 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La esposa del héroe y el trato real

Casi llegaba a las fronteras exteriores del reino. La zona era densamente boscosa, así que, gracias a los instintos y al entrenamiento que había desarrollado, sabía perfectamente qué rutas tomar para evadir a las patrullas. Tuve que ser excesivamente cuidadoso para evitar los cercos de vigilancia, pero finalmente estaba a solo unos pasos de cruzar el límite.

Sin embargo, una sombra rojiza y veloz se adelantó entre la arboleda, cortándome el paso de golpe. Era Ania.

—¿Por qué estás aquí, mujer? —le espeté con voz ronca, apretando los dientes—. Les dejé muy claro en la nota que le entregaran la espada al rey para que las dejara en libertad a ambas.

—Toma la espada y levántate —respondió Ania con voz firme, sosteniendo la Espada de las Cinco Voluntades frente a mí.

—¿Qué? ¿Acaso no escuchaste lo que te acabo de decir? —exclamé, sintiendo que la rabia y el deshonor me carcomían por dentro—. Se acabó. Regreso a mi casa, al lugar de donde nunca debí haber salido. Devuélvele la espada a su dueño legítimo. Ahora.

—Toma la espada y levántate —repitió ella, sin mover un solo músculo.

—¡Grrr! ¡Maldita sea! ¿Acaso eres estúpida? —rugí fuera de mí, apretando los puños—. ¡Lárgate de mi vista! Solo estaba contigo por lástima... ¿Es que no entiendes? ¡Yo no te amo! Para mí solo eres una mascota más. ¡Lárgate de una vez! No soporto ni verte.

Ania ni siquiera parpadeó. Mantuvo la mirada clavada en mis ojos con una compostura inquebrantable.

—Toma la espada y levántate.

—¡Cállate ya! ¡Cállate! —grité, golpeándome el pecho con frustración—. ¡Me tienes harto! Tú, esa maldita elfa... ¡todos! Estoy cansado... estoy infinitamente cansado de fingir que soy algo que no soy. De pretender que estoy haciendo una diferencia en este mundo, de querer probarle a mis padres muertos que mi existencia no fue un error... Me derrotaron. Me humillaron como a un perro. ¿Por qué demonios querrías seguir al lado de alguien así? No soy el hombre más fuerte... Tu propia tradición de tribu te lo exige: debes amar al guerrero más fuerte. ¡Y yo no lo soy! Hoy mismo pudiste verlo con tus propios ojos. Así que deja de molestarme de una vez y ve a buscar a un hombre de verdad.

Ania bajó despacio la espada, dio un paso hacia mí y me sostuvo la mirada con una devoción tan pura que me heló el aliento.

—Es verdad... Mis costumbres me dictan que debo seguir al más fuerte, y por eso mismo te sigo a ti, esposo mío. No te amo porque me hayas derrotado en aquel campamento; te amo porque conozco al héroe que puedes llegar a ser. Porque sé el gran hombre que habita en tu interior y porque, a tu lado, saqué una versión de mí infinitamente mejor que la que era antes. Estoy aquí ante ti no solo como tu compañera de viaje, sino como tu esposa: la esposa del héroe más grande de todos los tiempos. Así que déjate de tonterías, toma la espada y levántate ya...

Sus palabras resonaron en lo más profundo de mi ser. Sus frases derrumbaron mi muro de autocompasión y trajeron a mi memoria la voz de mi difunto padre cuando entrenábamos bajo la lluvia: "Si eres derrotado, si eres apaleado, castigado o humillado... recuerda esto, hijo: una espada no deja de ser un arma noble simplemente porque ha perdido su filo. Si la hoja ya no corta, afílala. Afílala todo lo que haga falta hasta que vuelva a cortar. De la misma forma, si sientes que dejas de funcionar o que no eres suficiente... afílate y prepárate de nuevo".

Una leve sonrisa se dibujó en mi rostro. Me acerqué a ella, tomé la empuñadura de la espada y le acaricié suavemente la mejilla.

—Perdóname, gata... por todo lo que te dije. Todo era mentira. Sabes perfectamente que yo...

Ania me calló de golpe, sellando mis labios con un beso cálido y apasionado, abrazándome con fuerza y apoyando su cabeza contra mi pecho.

—Lo sé... No te preocupes —susurró con una sonrisa dulce—. Yo creo en la fuerza de tu grandeza. Es natural que te desmoralices al ser humillado frente a todos y ante tu mujer, pero sé que resurgirás y te convertirás en un guerrero muchísimo más capaz que ese elfo engreído.

—Jajaja... Te lo agradezco, mujer. Gracias por tu confianza —suspiré, ajustando la vaina a mi cintura—. Bien. Regresemos a la mansión antes de que las patrullas reales ronden por esta zona y antes de que esa elfa ruidosa empiece a perder la cabeza.

Mientras tanto, en la mansión del Marqués Lughar, Armia permanecía en silencio en el pasillo, sumida en una profunda reflexión. En el fondo se sentía en parte culpable; sabía que Ania tenía razón al reprocharle su actitud. Sentía que los había traicionado al retroceder en la sala del trono y dejarse llevar por el pánico que le producía aquel mago.

El sonido de unos pasos cortos e hiperactivos interrumpió sus pensamientos.

—¡Rápido! ¡Tenemos visitas! —exclamó la pequeña Lura, jalándola de la túnica—. ¡Escondámonos de prisa!

—Está bien... —asintió la maga.

Ambas se ocultaron tras las celosías de madera del salón principal, desde donde se podía divisar la entrada. La puerta doble se abrió de par en par y un elfo de edad avanzada, de porte aristocrático y túnicas de gran Canciller, ingresó acompañado por dos guardias de honor.

—Vaya, vaya, Marqués... ¿Cómo se encuentra? —saludó el Canciller Wirhar con una sonrisa fingida—. Parece que ha estado bastante ocupado últimamente.

—Canciller... ¿A qué debo su inesperada visita? —respondió el Marqués Lughar, manteniendo una postura distante.

—Bueno... mis fuentes en la capital me han informado que tiene resguardados en esta finca a ciertos prófugos declarados por la Corona.

El Marqués apretó la mandíbula.

—¿Ah, sí? Y si está tan seguro de eso... ¿por qué no ha venido escoltado por la Guardia Real o informado directamente a Su Majestad?

—Oh, se lo dije al monarca, por supuesto —se rio el Canciller con cinismo—. Sin embargo, parece que su apoyo político sigue siendo indispensable debido al carisma que posee ante el pueblo. Por ello, el Rey me ha pedido que venga en son amable y cortés. Debido a sus antiguos servicios a la Corona, el Rey Dumnen le ofrece un trato: entregue a los prisioneros ante su presencia y todas sus acciones recientes serán perdonadas.

—¿Y si me niego a hacerlo? —desafió el noble.

—¿Qué pasaría? Pues no lo sé... No puedo ver el futuro, querido amigo —sonrió el Canciller con frialdad—. Sin embargo, este mundo es un lugar terriblemente peligroso... Creo que su difunta esposa podría corroborar lo frágil que es la vida, ¿verdad? Qué lástima que aquel día decidiera salir sola al mercado antes de ser masacrada.

—¡Cállate, maldito cerdo! —rugió el Marqués, dando un paso al frente con el rostro desencajado—. ¡Sé perfectamente que fuiste tú quien ordenó su asesinato! ¡Y también sé que fuiste tú quien envió a los asesinos a atacar a mi hija en el bosque! No puedo matarte aquí y ahora... ¡pero te juro por mi honor que me encargaré de que pagues por cada una de tus bajezas!

—Vaya, vaya... Así que guardas tanto veneno —se burló Wirhar, acomodándose los guantes—. En fin... te dejo para que consideres la oferta de Su Majestad, la cual es sumamente generosa. Aunque si decides rechazarla... bueno, con mucho gusto vendré yo mismo a echar abajo las puertas de tu hermosa casa. Adiós.

En cuanto el Canciller abandonó el recinto, el Marqués corrió a abrazar a su pequeña hija, temblando de rabia y conteniendo el llanto.

—Lo ven... —suspiró el noble al ver salir a Armia de su escondite—. Ustedes solo traen problemas a mi hogar.

—No se preocupe... Nos iremos en cuanto podamos —respondió Armia con tono sombrío.

En ese momento, la ventana del patio se abrió suavemente y dos figuras saltaron al interior del salón, sigilosas para no llamar la atención de posibles espías.

—Oye, elfa... ¿Qué fue lo que pasó aquí? —pregunté, ajustándome la capa.

—¡Ustedes dos son unos demonios! —protestó Armia al vernos llegar juntos—. ¡¿Tienen idea de lo que acaba de suceder?! ¡El Canciller estuvo aquí mismo! Sabe que están escondidos en esta casa y exige que nos presentemos pacíficamente ante el Rey. ¡Debemos huir de este reino ahora mismo!

—Pues no decepcionemos a Su Majestad —respondí con absoluta serenidad, cruzándome de brazos—. Si nos ha invitado de nuevo a su presencia, debemos asistir.

—¡¿De qué demonios hablas?! ¡¿Acaso estás loco?! —gritó la maga, fuera de sí—. ¡Los refuerzos que pedí aún no han llegado! Si te paras frente a la Corona esta vez, el Rey te matará sin dudarlo. Y si los tres estamos allí, nadie podrá intervenir... ¡mucho menos contra ese maldito mago que tiene como aliado! Yo no soy nada en comparación con él.

—Pues si ese es el caso, no desilusionemos al abuelo —sentencié con la mirada encendida—. Iremos a verlo y hablaremos civilizadamente con él.

—¡Sigues siendo exactamente el mismo impertinente y estúpido de siempre! —se desesperó Armia—. ¡¿Cómo demonios pretendes hacer eso?! Deberíamos escapar mientras podemos.

Ania dio un paso al frente, entrelazando su mano con la mía y mostrando sus garras con orgullo.

—Yo creo en mi esposo. Estaré a tu lado en cualquier decisión que tomes.

—Bien, mujer —sonreí, sintiendo cómo el filo de la Espada de las Cinco Voluntades vibraba a mi costado—. Vayamos al palacio. No hagamos esperar a Su Majestad.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play