Camila y Luciano son grandes amigos desde pequeños, ambos se quieren como hermanos, pero las trampas y envidia de una mujer perversa hacen que dos amigos, unan sus vidas por el bienestar de una inocente.
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La venganza de Miguel.
La voz de Emiliano se quebró al terminar de contar lo sucedido al padre Camila, luego de despedirse de Miguel, el silencio que siguió pesó tanto que dolía respirar, tenía que hablar con Luciano lo sucedido, es el padre de la nieta de Miguel.
Más tarde en la sala, Luciano permanecía inmóvil, como si cada palabra hubiera sido un golpe directo a su pecho, entonces el llanto suave y desgarrador de Elena rompió el silencio.
—Si ellos hubieran llegado a tiempo. —susurró ella, con las lágrimas corriendo libremente por sus mejillas. — Mi amiga no hubiera muerto.
* Luciano alzó la mirada, con el corazón encogido por el dolor compartido, la abraza para consolarla.
—Lo sé, Elena, lo sé y nadie debió perderla, pero ahora todo ha salido a la luz, los padres de Camila ya saben la verdad, y desean conocer a su nieta, a la pequeña Milagros, no van a dejarla sola.
* Emiliano asintió, con la mirada firme y decidida.
—Así es, además, Camila no estaba sola, tiene una hermana melliza, se llama Daniela.
—¿Daniela? —repitió Luciano, abriendo los ojos de par en par, como si de pronto todo el rompecabezas encajara en su mente.
Recuerda de aquel encuentro en la clínica, el rostro de aquella joven que lo había dejado sin aliento, el parecido tan grande que le había helado la sangre, no era casualidad, no era un simple parecido, era sangre, era su hermana.
—Ahora entiendo.— Murmuró Luciano, con voz temblorosa.— Aquel parecido tan grande que vi en ella, no era casualidad, era porque tenía todo que ver con Camila, eran dos mitades de una misma alma.
—Es más que eso, Luciano — Dijo Emiliano, bajando el tono de voz, con seriedad— La persona que recibió el corazón de Camila, es su propia hermana, Daniela es quien lleva ese corazón latiendo en su pecho, es algo reservado, algo que debe quedar entre nosotros, pero te lo digo porque no deseo que la mires de otra manera, ella merece respeto, merece amor, y merece que la cuiden.
Luciano se quedó sin palabras, asimilando la magnitud de aquella verdad, Camila, incluso después de muerta, había salvado a la persona que más amaba en este mundo, a su propia hermana.
—Ella vive en Daniela. —Susurró Luciano, con los ojos llenos de lágrimas.— Camila sigue viva.
—Así es. —continuó Emiliano, con una sonrisa suave y sincera. — Ahora, por fin, todo empieza a tomar su lugar, Daniela me gusta mucho, Luciano.
De verdad la quiero, y la cuidaré con mi vida, tú tienes a Elena, una mujer valiente y leal que dio todo por proteger a tu hija, por fin seremos familia y nunca te abandonaré, querido amigo, estaremos juntos para todo.
Solo falta una cosa, deshacernos de esa tal Lourdes, que ha destrozado nuestras vidas por demasiado tiempo. hay algo más que debes saber, el hijo que lleva en su vientre no es tuyo, es de uno de sus guardaespaldas, ella te mintió desde el principio Luciano, nunca te amó, solo te quería por el apellido, para el dinero, para el poder.
Luciano escuchó cada palabra y en lugar de enfadarse o dolerse, sintió que un peso inmenso, que llevaba años cargando, se le caía de encima, era como si una jaula de hierro se abriera de golpe, dejándolo respirar por primera vez en mucho tiempo.
—Gracias, hermano —Dijo Luciano con voz firme, y abrazó a Emiliano con toda su alma, un abrazo de gratitud, de hermandad, de liberación.— Gracias por no dejarme caer en la mentira, gracias por devolverme la verdad.
Se apartó un instante, y caminó hacia Elena, que lo miraba con ojos llenos de amor y esperanza, la toma entre sus brazos, la abraza con fuerza y luego la besa, con ternura, con devoción, como quien recibe el regalo más hermoso que la vida le podía dar.
—Ahora sí. —susurró Luciano contra sus labios— Ahora sí me siento libre, Libre de la mentira, libre del engaño, libre para amarte como te mereces, Elena.
Emiliano los miró con el corazón lleno, sabiendo que, a pesar de todo el dolor, a pesar de todo lo perdido, la vida les estaba dando una nueva oportunidad.
—Falta algo más. —Dice Emiliano, recuperando la seriedad.— La madre adoptiva de Camila, la mujer que la crió todos estos años, regresó a su pueblo, tiene un pequeño negocio allí. Necesitamos hablar con ella, saber todo lo que sabe, cada detalle, cada momento. Ella es la única que puede darnos las respuestas que aún nos faltan.
Mientras tanto, al otro lado del océano, el avión privado de Lidia cruzaba las nubes rumbo a Italia, con ella dentro, con el corazón latiendo a mil por hora, con la esperanza y el dolor mezclados en cada latido. Y en otra parte, Miguel daba órdenes a sus hombres, con la mirada fría y la determinación de quien no se detendrá ante nada:
—Investiguen todo, cada movimiento, cada negocio, cada secreto de la familia de Lourdes. Quiero saberlo todo, cuando lo tengan, destruyan arruinen su nombre, su dinero, su poder, Que paguen por cada lágrima que le hicieron derramar a mi hija, que paguen por todo lo que nos robaron.
El destino ya no estaba en manos del azar, la verdad había despertado, y ya nada ni nadie podría detenerla.