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La Novia Del Mafioso

La Novia Del Mafioso

Status: Terminada
Genre:CEO / Mafia / Amor prohibido / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Piccola

Un mafioso enamorado de una estudiante universitaria, ella es de una familia acomodada.

el tiene una empresa legal y aparte sus negocios ilegales.

ella es una chica curvy, el es alto y guapo

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capitulo 20: La verdad que pesa años y años

📖 Capítulo 20: La verdad que pesa años y años

🖤 Rafael — En el despacho

Lo sostengo entre mis manos, sintiendo cómo el aire se me escapa de los pulmones. Ese libro… lo he visto antes. En mis pesadillas más profundas.

—¿Dónde consiguió esto? —mi voz sale baja, peligrosa, casi un gruñido—. Este libro no es asunto suyo, señor. No tiene por qué tenerlo.

Dominico se recarga en su silla, tranquilo, sereno, como si estuviéramos hablando del clima y no de algo que creí perdido para siempre.

—Rafael, Rafael… ¿sabes por qué estás sentado aquí? ¿Por qué estás en mi casa y no en cualquier otro lugar del mundo?

Me tenso, la espalda recta, cada músculo alerta.

—Por su hija. Por Verónica. Ella es la razón por la que estoy aquí.

—No. Estás aquí porque yo lo permito. Y te lo digo claro: a mi hija no cualquiera se le acerca. Y quien le llegara a hacerle el más mínimo daño… no estaría vivo para contarlo. Así que te pregunto: ¿qué intenciones tienes realmente con ella? ¿Qué es lo que traes a su vida?

Me levanto lentamente, y mi postura cambia. No quiero amenazarlo, pero instintivamente me pongo a la defensiva.

—¿Me está amenazando, señor Álvarez? No me gusta su tono.

—Siéntate. Aún no he terminado de hablar contigo —dice con calma, pero hay una autoridad en su voz que me detiene en seco—. Yo soy el que manda aquí. Y necesitas entender quién soy realmente.

Me siento, aunque cada fibra de mi cuerpo grita que me vaya.

—No te amenazo. Te informo. Soy el Capo de toda Italia, Rafael. Por eso sé quién eres. Conozco tu pasado, conozco a tus padres, conozco lo de tu esposa… cada paso que das, lo sé. No tienes secretos para mí.

Lo miro con incertidumbre, con desconfianza, con miedo que no quiero admitir.

—¿Quién es usted realmente? ¿Por qué me dice todo esto ahora?

—Soy alguien que te ha visto crecer. Tu padre era como un hermano para mí. Hasta que me traicionó. Pero eso… es cosa del pasado. Ahora dime algo, y sé honesto conmigo: ¿mi hija se merece el destino de tu esposa? ¿Quieres que ella corra ese mismo riesgo por estar contigo?

Aprieto los puños hasta que me duelen las palmas.

—No la mencione. —Me acerco a su escritorio, la voz temblándome de rabia contenida—. Jamás hable de ella. No tiene derecho.

—No me amenaces a mí, muchacho. Y siéntate. La única forma de mantener a Verónica a salvo es que ambos la protejamos. A tu lado y al mío, ella está segura. Solo juntos podemos lograrlo.

Me dejo caer en la silla, sintiéndome derrotado por un enemigo que no veo.

—¿Protegerla de qué? ¿De quién exactamente? Dígamelo de una vez.

—De alguien que te odia tanto que usaría a cualquiera para lastimarte. Alguien que crees muerto… pero que sigue vivo, observando, esperando el momento justo. Y tú has dejado a mi hija caminando por la calle sin saber que es un blanco. Desde que supe que tendría una hija, hay docenas de personas cuidándola desde las sombras. Y tú ni siquiera lo sabías.

Mi corazón se detiene por un instante. Lo miro fijamente, el aire se me vuelve pesado.

—¿Quién? —susurro, helado por dentro—. ¿Quién cree que está vivo y quién es el que en verdad se fue?

—Hazte una pregunta, Rafael. ¿Acaso viste el cuerpo de tu padre? ¿Viste el de tu esposa con tus propios ojos antes de enterrarlos?

—Ambos estaban muertos. Los vi. Los enterré. —Mi voz es hielo puro, aunque por dentro todo tiembla—. No necesito verlos para saber que se fueron. ¿Qué sabe usted que yo no sé? Dígamelo ahora.

—Sé muchas cosas. Pero todo a su tiempo. La primera regla: nunca des por hecho que alguien está muerto si no lo has visto tú mismo. Mañana, después de que Verónica vaya a la universidad, iremos a un lugar. Es hora de que conozcas la verdad. Toda la verdad.

—¿Qué verdad? —me levanto de golpe, la silla cae al suelo con estruendo—. No juegue conmigo. Si sabe algo, dígamelo ahora mismo. No tengo paciencia para acertijos.

—Baja la voz. No querrás asustar a Verónica arriba. Ella no necesita escuchar esto todavía.

—¿Qué verdad? —respiro con dificultad, sintiendo que me ahogo—. Dímelo. Sobre mí, sobre mi padre, sobre ella… todo. Dígamelo.

—Demuestra que no eres como tu padre. Demuestra que mereces estar a su lado. Que eres digno de ella.

Lo miro con una intensidad que podría partir piedras.

—Dígamelo todo. Ahora. —Mis palabras suenan como vidrios rotos—. O juro por lo que más quiero que…

—¿Qué es lo que más quieres, Rafael? —pregunta con calma, como si supiera la respuesta antes de que yo la diga.

—A ella. —La palabra sale sola, inevitable, verdadera—. Más que a mi propia vida.

—Lo sé. Se cómo la miras. Como si fuera lo único que existe. Como si ella fuera tu luz en medio de toda tu oscuridad. ¿Me equivoco? Y sabes por qué lo reconozco?

—¿Por qué? —apenas alcanzo a susurrar, cada músculo tenso como la cuerda de un arco a punto de soltarse.

—Porque su madre es mi luz. Porque yo miro de esa misma manera a mi esposa. Por eso sé que jamás le harás daño a mi hija. Lo veo en ti. No tienes que decírmelo. Se siente en la forma en que ella te cambia solo con estar cerca tuyo.

—Jamás le haría daño. No sé qué es esto que siento… solo sé que desde que la conocí, no puedo imaginar un solo día sin verla. Es la primera cosa en la que pienso al despertar y la última antes de dormir. —Mi voz se rompe pero me mantengo firme—. No sé qué me pasa, pero sé que es importante.

—Entonces cuídala. Ven, toma tus cosas. Es hora de que te vayas a verla. Te espera arriba.

Me enderezo lentamente.

—No. Primero la veo a ella. Necesito asegurarme de que está bien. Necesito verla con mis propios ojos. Solo unos minutos. Luego me iré.

—Está bien. Pero mañana nos vemos. Una hora con ella y luego te despides. ¿Trato hecho?

—Una hora. Solo una hora. Y mañana… mañana veremos qué hay que ver.

—De acuerdo. Búscame cuando estés listo. Y Rafael… no le digas nada todavía. Déjala dormir tranquila esta noche.

Salgo del despacho sintiendo que camino a través de agua profunda. Todo lo que creí saber sobre mi vida… podría ser mentira. Y lo único que sé que es real… está arriba esperándome.

Tik tak, tik tak… el tiempo corre. Ve a verla. Ella te dará la paz que necesitas.

Asiento bruscamente.

—Iré con ella. Gracias por… escucharme.

—Llámame Domínico cuando estemos solos. No necesitamos formalidades. Y ve con cuidado, muchacho. La verdad duele, pero te libera.

Subo las escaleras despacio, como si pesara toneladas cada paso. Me detengo un instante antes de tocar su puerta, la mano temblando levemente.

—Una hora —murmuro para mí mismo—. Solo necesito una hora con ella. Y luego enfrentaré lo que venga.

 

💬 Verónica — Mi habitación

Estoy en mi vestidor buscando una pijama cómoda cuando escucho que alguien abre la puerta de mi cuarto.

—¿Quién anda ahí? —grito sin salir todavía.

—Soy yo —responde su voz, baja y cansada.

—Pasa, está abierto.

Entra y cierra la puerta tras de sí con suavidad. Se apoya contra la madera, respirando hondo, y me mira como si no me hubiera visto en años. Sus ojos están diferentes. Más oscuros, más cansados, pero también más… vulnerables.

—Necesitaba verte. No podía irme sin verte primero.

Salgo del vestidor y me acerco a él.

—¿Sucede algo? Rafael, te veo diferente. Algo anda mal, ¿verdad?

Me acerca hacia sí y me abraza con tanta fuerza que me duele pero no me quejo. Lo abrazo igual de fuerte.

—No pasa nada. Solo… necesitaba sentirte cerca. Eres mi refugio. No me sueltes. Por favor.

Le tomo el rostro entre mis manos y lo miro a los ojos.

—Dime qué tienes. Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. No tienes que cargar todo tú solo.

Me sostiene las muñecas con sus manos grandes y cálidas. Y entonces lo dice, suave pero firme, como si confesara el secreto más grande de su vida:

—Te amo.

Parpadeo, sorprendida, sintiendo cómo se me acelera el corazón.

—¿Me amas? —pregunto en un susurro, sin atreverme a creerlo del todo todavía.

Asiente lentamente, sus manos temblando mientras me acaricia las mejillas con sus pulgares.

—Más de lo que crees posible. Más de lo que creí que era capaz de sentir. No sé cómo pasó ni cuándo… pero eres todo para mí.

Le sonrío con los ojos llenos de emoción.

—Ven. Vamos al balcón. Tengo unos sillones ahí afuera y la vista del mar es hermosa a esta hora. Hablemos. Sin prisas. Solo nosotros.

Caminamos juntos hacia el pequeño balcón de mi habitación. El aire fresco de la tarde nos recibe con suavidad. Nos sentamos y él mira hacia el horizonte, perdido en sus pensamientos.

—¿Me contarás algún día qué te preocupa realmente? —le pregunto suavemente—. No tienes que ahora, pero quiero que sepas que estoy aquí.

Respira profundamente, como si estuviera decidiendo si cruzar una línea o no.

—¿Qué quieres saber?

—Sobre tu esposa… ¿qué le pasó exactamente? Si quieres contarme. No tienes que hacerlo si te duele demasiado.

Su mandíbula se tensa visiblemente, los músculos se endurecen bajo su piel.

—Murió en un incendio. Hace cinco años. Perdimos todo esa noche. No solo a ella. También… perdí parte de mí mismo.

Lo miro con ternura y respeto.

—¿Hace cuánto se habían casado?

—Dos años. La conocí en la universidad. Estábamos empezando a construir todo. Y de un momento a otro… se fue.

—Debes de haberla amado profundamente. Se nota que su pérdida te marcó para siempre. —Digo mirando también hacia el mar.

Aprieta el puño sobre su rodilla, los nudillos blanqueándose.

—Parecía diferente. Más fuerte de lo que era. Yo creía que podía con todo… y no pudo. Y no pude salvarla. No llegué a tiempo.

—No puedes culparte por eso, Rafael. A veces las cosas simplemente pasan y no está en nuestras manos evitarlas. Duele, lo sé. Pero no es tu culpa.

Se gira bruscamente hacia mí, sus ojos brillando con algo intenso y desgarrador.

—Tú no sabes lo que es perder a alguien así. No sabes lo que es sentir que te arrancan el corazón del pecho y seguir caminando como si nada. No sabes lo que es ver… —Se detiene de golpe, apretando los ojos, tragando con dificultad—. Lo siento. No quiero ser así contigo. No es tu culpa que no lo entiendas.

Lo toco del brazo con suavidad.

—No, no lo he vivido de esa manera tan terrible. Pero sí he perdido a personas que amo. Tenía un amigo… también lo perdí hace unos años. Dejé de hablarle, de verlo… y cuando quise acercarme, ya no estaba. Me arrepentí mucho. Así que entiendo ese dolor de dejar las cosas sin decir. Entiendo ese remordimiento.

Me mira fijamente, y en sus ojos veo algo que me parte el corazón.

—¿A quién perdiste? —pregunta con voz suave pero ansiosa, como si necesitara saber cada detalle de mi mundo—. Cuéntame de él. Si quieres. Estoy aquí escuchándote.

CONTINUARÁ ✨

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Maria Garcia
muy linda su novela
LILIANA FRANCO
mas capitulos🥰
Piccola: subire 5 capitulos por día 🫰🏼❤️❣️
total 1 replies
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