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El Aroma Del Musgo Después De La Lluvia

El Aroma Del Musgo Después De La Lluvia

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Romance
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Él huele a lluvia de verano. Él casi no huele a nada.

Nico es un alfa de veinte años que nunca se ha enamorado. Cree que el amor es un vendaval que lo arrasa todo el primer día.
Jean es un omega de veintiocho que sí amó, y perdió, y se arrancó la marca. Ahora apenas huele. Ahora no espera nada.

Pero Nico vuelve al cibercafé. Cada tarde. Con excusas tontas.

Y poco a poco descubre que el amor no es solo felicidad. También es miedo. Espera. Dolor. La paciencia de quedarse cuando el otro no puede devolver la mirada.

Porque a veces el amor no es un vendaval. A veces crece lento, en silencio, y cuando menos lo esperas ya te ha arrasado.

Porque a veces el amor no ruge. A veces es solo lluvia suave que despierta el musgo que parecía muerto.

Una novela Omegaverse sobre aprender a esperar y atreverse otra vez.

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: El domingo

El domingo amaneció despejado, pero Jean ya estaba despierto antes de que el sol entrara por la ventana.

No era habitual, los domingos solía dormir hasta tarde, refugiarse en las sábanas, alargar ese momento de calma antes de que la semana empezara otra vez. Pero hoy no podía, hoy había cosas que hacer y además, a la una quedaba con Nico.

Se levantó, se puso unos pantalones viejos y una camiseta gastada, el apartamento estaba en silencio, solo el rumor de la nevera y el tráfico lejano de la calle. Miró a su alrededor, la ropa del viernes seguía colgada en la silla, la taza del té aún estaba en la mesa, había descuidado la limpieza estos dos días.

Se puso manos a la obra.

Primero recogió la ropa, la metió en el cesto, luego fregó los platos del desayuno del día anterior —los suyos, siempre los suyos— y pasó un trapo húmedo por la mesa. Barrió el suelo de madera, ese que crujía en las esquinas y que nunca terminaba de estar del todo limpio. Regó las plantas del alféizar: la albahaca, el romero, la suculenta que se empeñaba en vivir, les habló en voz baja, como hacía siempre, mientras el agua empapaba la tierra.

Cuando terminó, el apartamento estaba limpio y ordenado, pero quedaba una cosa.

La cámara.

Se sentó en el borde de la cama y la cogió, la Canon antigua, la grieta en el objetivo, los arañazos en el cuerpo, la limpió con el paño de microfibra, como cada domingo. Pero esta vez, mientras sus dedos repasaban el borde del objetivo, una imagen vino a su mente.

Esa sonrisa de Nico.

También recordó la foto de la exposición, la imagen de Nico y Leo en la piscina. Sasha, el fotógrafo, con su cadena fina y su seguridad de niño rico, proponiendo hacer más fotos de Nico. "Solo a ti esta vez. Sin el pelirrojo."

Jean dejó la cámara sobre la mesa. Pensó que él también podría hacerlo, si Nico se lo permitía, podría fotografiarlo. Sopesó la cámara en las manos, sintió su peso, pensó en arreglarla. Podía permitírselo si ajustaba el presupuesto, si recortaba de algún lado. No iba a ser fácil. Pero quizás...

El móvil sonó.

No era un mensaje, era una llamada.

Jean cogió el teléfono, en la pantalla: «Nico». Su corazón se aceleró, solo se habían escrito mensajes hasta ahora, una llamada era diferente. Más íntima. Más real.

Tardó un par de segundos en contestar. Respiró hondo.

—¿Hola?

—Buenos días, Jean.

La voz de Nico, tan cerca de su oído, le recorrió la nuca como un cosquilleo. Era cálida, un poco ronca aún, como si acabara de despertarse del todo, Jean sintió que las mejillas se le calentaban. Era ridículo, tenía veintiocho años, no era un adolescente y sin embargo, esa sensación de mariposas en el estómago, que creía olvidada, volvía a instalarse sin permiso.

—Buenos días —contestó, y su voz sonó más o menos normal.

—¿Cómo estás? ¿Amaneciste bien?

—Sí, todo bien. ¿Tú?

—Bien, bien. —Hubo una pausa breve, luego Nico continuó, como si estuviera eligiendo las palabras con cuidado—. No quedamos en ningún lugar para encontrarnos, así que decidí llamar para coordinarlo. ¿Puedo pasar a buscarte?

Jean se quedó en silencio un momento.

—No es necesario, si me dices a dónde vamos, podemos vernos allí.

—Pensaba buscar algo cerca de tu casa —dijo Nico—, pero papá me va a dejar llevar un auto, así que podríamos ir a cualquier lugar. Hay un sitio que me gusta mucho, pero está un poco lejos de donde vives, si me permites ir a buscarte, podemos ir allí.

Jean sintió un nudo en el estómago, que Nico lo recogiera en un auto era demasiado. Demasiado cercano, demasiado íntimo, demasiado parecido a una cita. Hasta ahora se habían encontrado en lugares públicos, cada uno llegando por su cuenta, era más fácil así, era más seguro.

—No lo sé, Nico —dijo—. No es necesario, podemos ir a algún lugar por aquí.

—Vamos, Jean —insistió Nico, su voz sonaba suave, sin presión, pero con una ternura que desarmaba—. Es tu día libre, hagamos algo diferente. ¿Sí?

Jean se mordió el labio, las palabras de Nico le llegaban al pecho sin pedir permiso. Hagamos algo diferente. Hacía tanto tiempo que nada era diferente.

—No lo sé —repitió, y luego, en un hilo de voz—. Te estás tomando demasiadas molestias, no es necesario.

—No son molestias. —Nico hizo una pausa, cuando volvió a hablar, su voz era más baja, más pausada, como si quisiera que cada palabra se quedara—. No lo pienses tanto, Jean, solo somos dos amigos que almuerzan un domingo. Eso es todo.

Jean cerró los ojos.

Solo dos amigos. Eso es todo. Podía aceptarlo, podía fingir que era solo eso.

—Está bien —dijo—, puedes buscarme.

Escuchó la sonrisa en la voz de Nico antes de que hablara.

—Genial, entonces nos vemos a la una.

—Nos vemos.

Colgaron. Jean se quedó un momento con el teléfono en la mano, escuchando el silencio. Su corazón seguía latiendo demasiado rápido, pero no era miedo, no del todo, era otra cosa. Algo que no quería nombrar.

 

Se arregló con cuidado, se miró en el espejo empañado del baño, se pasó un peine por el pelo castaño. No se lo recogió del todo, esta vez se lo dejó medio suelto, sujeto solo en la parte de arriba con una goma, el resto cayendo sobre los hombros. Quería verse bien, no demasiado arreglado, pero bien.

Se puso la camisa blanca —la misma de la otra noche— y unos vaqueros oscuros. Se miró otra vez en el espejo, no estaba seguro de que funcionara, pero ya no había tiempo para cambiar. Bajó a la calle. Nico ya estaba allí, apoyado en el capó de un coche oscuro, con las manos en los bolsillos. Llevaba una camiseta negra de manga larga y unos pantalones beige, el pelo rubio, peinado hacia atrás. Al verlo, sonrió.

Esa sonrisa.

—Hola —dijo Nico.

—Hola —respondió Jean.

Nico abrió la puerta del acompañante con un gesto, Jean dudó un segundo, luego se sentó. El interior del coche olía a limpio, a cuero y también a Nico. A lluvia de verano.

El alfa arrancó, puso música a un volumen bajo.

—¿Te gusta? —preguntó, señalando la radio.

—Sí —dijo Jean. No era verdad del todo, no conocía la canción, pero no quería empezar el viaje discutiendo sobre gustos musicales.

Nico cambió de emisora. Otra canción, luego otra. Jean se dio cuenta de que estaba buscando algo que le gustara a él.

—Pon lo que quieras —dijo Jean.

—¿Seguro?

—Seguro.

Nico dejó la emisora que sonaba, era jazz, algo suave, con un piano que se deslizaba sobre la melodía como agua entre piedras. A Jean no le molestaba, eso era suficiente. El viaje duró algo más de media hora. Hablaron de cosas sin importancia: de la música, de un cartel que vieron en la carretera, de si Jean había dormido bien. Charla fácil, sin los silencios incómodos de las primeras veces. Cuando llegaron, Jean entendió por qué Nico había insistido tanto.

El lugar era hermoso.

Una cafetería de madera, rodeada de árboles y flores, enredaderas colgaban de la entrada y el sol de la una dibujaba sombras movedizas sobre el suelo de piedra. Había mesas en el interior y también fuera, en una terraza de madera que se adentraba entre la vegetación.

—¿Te gusta? —preguntó Nico, mientras se sentaban en una mesa junto a la ventana.

—Es precioso —dijo Jean. Y era verdad.

Pidieron. Jean se atrevió con un plato de pasta, algo que no solía pedir en los sitios a los que iba solo, Nico eligió lo mismo. La camarera se llevó las cartas y volvió con dos vasos de agua.

—¿Tus padres viven cerca de aquí? —preguntó Jean, sin saber muy bien por qué.

—No muy lejos —respondió Nico—. Pero ellos viven en una zona más residencial, esto está más apartado. Me gusta porque es tranquilo.

—¿Vas mucho?

—Cuando puedo. Solemos venir con mis amigos, pero no es lo mismo.

—¿Por qué?

—Porque ellos no se fijan en los detalles. —Nico señaló hacia la ventana, hacia las flores colgantes—, a ellos solo les importa la comida. No ven la luz, no ven las sombras.

Jean lo miró, Nico acababa de describir algo que él solía buscar en las fotos.

—La luz está muy bien —dijo Jean—. A esta hora, la que entra por la ventana es cálida, pero no amarilla, tiene un tono anaranjado. —Miró hacia fuera—. Si la capturaras en una fotografía, habría que ajustar el balance de blancos, o se perdería el color de las hojas.

Nico sonrió.

—Sabes de esto.

—Sabía —corrigió Jean, como siempre.

—Pues lo sigues sabiendo.

La comida llegó. Mientras comían, Nico habló de sus padres. De su madre, que siempre estaba pendiente de todo, que olía a canela y a hogar. De su padre, que le había enseñado a nadar y que aún le daba palmadas en la espalda demasiado fuertes. Hablaba con cariño, sin filtros, Jean escuchaba, no decía mucho, a veces asentía. La conversación se desvió hacia la comida, hacia la decoración del lugar, hacia cualquier cosa que no fuera él. Pero cuando terminaron y salieron a la terraza para ver las flores, Nico volvió a hablar.

—¿Has pensado lo de la cámara? —preguntó, como si llevara un rato queriendo decirlo.

Jean se quedó callado un momento.

—Lo he pensado —admitió.

—¿Y?

—No lo sé todavía. No es solo arreglarla, es... volver a empezar, no sé si puedo.

Nico lo miró, no dijo "claro que puedes" ni "tienes que intentarlo". Solo dijo:

—Ya sabes dónde encontrarme si necesitas algo.

Jean sintió un nudo en la garganta, no supo qué responder. Asintió con la cabeza y miró hacia las flores.

 

Después de comer, Nico insistió en llevarlo a otro sitio.

—Está cerca —dijo—. Prometo que merece la pena.

Jean aceptó, subieron al coche otra vez. Esta vez el viaje fue corto, apenas diez minutos.

El parque era enorme, con un lago en medio que reflejaba el cielo de la tarde, los árboles bordeaban la orilla y algunos patos nadaban en círculos lentos. No había mucha gente, un par de niños correteando, una pareja sentada en un banco y ellos.

—¿Te gusta? —preguntó Nico.

—Es bonito —dijo Jean.

—A veces vengo a pensar aquí, cuando tengo dudas.

—¿Tú tienes dudas?

Nico se rió.

—Todo el mundo tiene dudas.

Se sentaron en la hierba, cerca del agua, el sol calentaba lo justo y la brisa movía las hojas de los árboles con un ruido suave. Estuvieron en silencio un rato, mirando el lago, los patos pasaron delante de ellos sin prisa.

Jean sentía a Nico a su lado, su calor, su presencia y su aroma, ahora más intenso, como una tormenta que se acerca.

Se dio cuenta de que Nico lo estaba mirando. Se giró. Sus ojos se encontraron, los azules de Nico, limpios, directos, los suyos, ámbar, algo más turbios. No apartó la mirada, no pudo.

Y entonces sintió el aroma de Nico intensificarse, una oleada fresca, húmeda. Su corazón se aceleró, sintió el rubor subirle por el cuello, caliente, imparable, hasta las mejillas.

—Tus feromonas —dijo, en voz baja, casi un susurro.

Nico parpadeó, abrió los ojos, sorprendido, apartó la mirada. Se pasó una mano por el pelo, nervioso.

—Lo siento —dijo—, no fue mi intención. No fue a propósito.

Jean bajó la cabeza, el rubor aún le ardía en las mejillas.

—No pasa nada —respondió—, a veces uno no controla bien su olor cuando es demasiado joven. Está bien.

Nico se quedó en silencio, un rubor leve, apenas perceptible, le subió también a él. Jean lo vio y pensó que esa imagen —Nico apenado, el ligero sonrojo en sus mejillas— también le gustaría capturarla con la cámara.

—¿Volvemos? —dijo Nico.

Jean asintió.

 

El viaje de regreso lo hicieron en silencio, solo la música, esa misma emisora de jazz, llenaba el espacio entre ellos. Jean miraba por la ventanilla, los árboles que pasaban, el cielo que empezaba a teñirse de naranja. Cuando llegaron, el sol ya estaba bajo.

Nico aparcó frente al edificio de Jean, el motor se apagó, el silencio se hizo más denso.

—Gracias —dijo Jean—. Fue... bonito, de verdad.

Nico sonrió, pero era una sonrisa distinta, menos brillante.

—Me alegro.

Jean abrió la puerta, iba a salir cuando Nico habló.

—El miércoles hay una competencia de natación, voy a participar. —Hizo una pausa, sus manos se aferraron al volante un instante. Luego soltó—. Quisiera que fueras. Es a las cuatro, en la piscina de la universidad.

Jean se quedó inmóvil, la mano en la manilla de la puerta. Sabía lo que tenía que decir, lo que debía decir.

—Lo siento —respondió sin mirarlo—, no podré ir. A esa hora trabajo.

No quería verlo allí, en su elemento, sintiéndose aún más fuera de lugar.

Nico no dijo nada, Jean levantó la vista. La decepción en los ojos del rubio era clara, aunque intentara disimularla con una sonrisa.

—Te deseo suerte —añadió Jean.

Nico apretó los labios un momento, luego asintió.

—Está bien, la próxima vez será.

Su voz era tranquila, pero sus manos, aún sobre el volante, no se movieron. Jean sintió un vacío en el pecho, quería decir que sí, quería decir que iría, aunque solo fuera para borrar esa expresión del rostro de Nico. Pero no podía.

—Lo siento —repitió.

Se bajó del coche, cerró la puerta sin hacer ruido. Abrió la puerta del edificio con la llave, entró, y no miró atrás.

Nico se quedó en el coche, viendo cómo la puerta se cerraba, miró la fachada un momento más, como si Jean pudiera asomarse a la ventana. Pero no lo hizo.

Puso el móvil en el bolsillo, arrancó el coche. Y se fue.

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Julissa Jimenez
espero que te vaya bien y te adaptes rápido y pronto para continuar con tus novelas que don hermosas😍
Julissa Jimenez
que emoción 😍😍😍😍Nico es muy paciente y sincero y eso enamora a cualquiera 💕💕💕💕💕
Nidia Mojica
Estos me emocionan cada vez mas, disfruto su interacción. Me encanta la historia.
Julissa Jimenez
me gusta la sinceridad de Nico 😍😍😍😍😍😍 que él los se den una oportunidad, pero así como se está dando lento, no allá otras personas que les hagan daño por envidia o que se yo😢😢😢😢plis autora que no sufran😢😢😢😢
Nidia Mojica
Me gusto que Nico fuera sincero con Sasha. Me encanta la historia; espero Jean se empiece a abrir cin Nico y se de la oportunidad de volver a amar y ser amado.
Julissa Jimenez
😢😢😢😢😢😢😢😢 autora me hizo llorar 😢 😢😢😢de pesar todo lo que a sufrido Jean 😢😢😢😢😢 pero lo que más me encanta es que Nico es más maduro de lo que cree. otro capítulo por fis
Nidia Mojica
Muuucha paciencia Nico algo roto no se arregla al 100%.
Nidia Mojica
Me entristecio ver como le pego lo de Sasha a Jean pero mas me gusta Nico y ser sincero todo el tiempo.
☆Nanu☆
cuanto dolor, Jean!!! pero vez que no estas solo??? Nico te espera, está ahí 💪🥰
☆Nanu☆
siiii, espero ambas juntas o separadas con ansias!!!
☆Nanu☆
siiii, la re veo!! 💪
☆Nanu☆: Es que tu trabajo es super creativo y emocionante!! Así que siempre sí!! Espero muchas historias más, todos los personajes son muy ricos!!🥰
total 2 replies
Julissa Jimenez
autora no me puedo quejar de tus novelas me encantan 😍😍😍😍😍claro que si👏👏👏👏👏👏👏👌👌👌👌👌
Hanabi Montano: ❤️ Me encanta tu energía. Gracias por confiar siempre en mis historias, saber que te divierten y te emocionan es de las mejores cosas que me pasan como escritora. Ojalá las nuevas que vengan te sigan gustando tanto como esta. ¡Un abrazo enorme! 💕
total 1 replies
Julissa Jimenez
😢😢😢😢😢😢😢joda 😢😢😢😢😢porqueéeeeeerrrrrrrr😢😢😢😢Dios que si hablen plis siíiiiiiiiiiiii😢😢😢😢😢😢😢😢😢😢😢
Nidia Mojica
Cada una de tus historias ha prometido y cumplido, así que adelante.
Hanabi Montano: Nidia, qué bonito leer eso, saber que sientes que he cumplido lo que prometí es de las cosas que más valoro como escritora, significa mucho que lo digas. Así que, si tú confías, yo le pongo más ganas todavía. Gracias por estar siempre ahí. ❤️
total 1 replies
Nidia Mojica
Nooooooo, tienen que verse hablar. Me entra la angustia.
😈(⁠◠⁠‿⁠◕⁠)🫦
Claro que me encantaría leer la historia de cada uno de los amigos de Nico ya que ellos lo apoyan y cada uno tiene su propia historia con momentos que se cruzan entre los tres, espero que si llegues a realizarlas yo encantada y ansiosa por leerlas😉🙂
Hanabi Montano: Muchísimas gracias por tomarte el tiempo de escribir eso, me alegra muchísimo saber que te gustaría leer las historias de Mauro y Leo. Tienes toda la razón: ellos también tienen sus propios caminos, sus propios miedos y sus propias ganas de amar y aunque ahora todo el foco está en Nico y Jean, yo también les tengo mucho cariño a esos dos. Tus palabras me motivan muchísimo a seguir planeando sus historias. Prometo terminar bien esta primera, y después… ya veremos. Un abrazo grande ❤️
total 1 replies
☆Nanu☆
por favor no nos dejes así!!!
Nidia Mojica
Es entendible el que Jean aún quiera crear una barrera fue lastimado y consciente e inconscientemente busca protegerse 🥺. Y Nico quiere acercarse mas a él. Me dio la chipilera al terminar el capitulo.
Nidia Mojica
Estos dos me matan de ternura 😍🥰.
☆Nanu☆
acercarse cuando hay tanto miedo a equivocarse es difícil
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