NovelToon NovelToon
Casada con el Señor Montero

Casada con el Señor Montero

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Maltrato Emocional / Malentendidos / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Divorcio / Completas
Popularitas:118.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Robles

Valentina Rossi sacrificó sus piernas por salvar a Sebastián Montero. A cambio, recibió un anillo de bodas y cinco años de indiferencia.

Mientras ella aprendía a caminar de nuevo, él soñaba con otra mujer. Mientras ella doblaba flores de papel rezando por su abuela enferma, otra se llevó el crédito. Mientras ella construía en silencio su plan de escape, él ni siquiera notó que ella se iba.

Pero Valentina no es una víctima. Es una bailarina que perdió el escenario pero no el fuego. Cuando por fin se va —a las cuatro de la madrugada, con su abuela y una maleta—, no mira atrás. En Europa, reconstruye su vida paso a paso: un nuevo escenario, una nueva compañía de danza, un nombre que el mundo empieza a conocer.

Sebastián no la busca por amor. La busca porque el silencio de la casa vacía le resulta insoportable. Pero cuando descubre la verdad sobre las flores de papel —quién las dobló, quién mintió, y a quién amó durante cinco años por error—, su mundo se derrumba.

Él intentará redimirse. Ella ya no lo necesita.

Y cuando una extraña enfermedad del sueño la arrastra de vuelta al pasado, Valentina descubrirá que hay destinos que ni siquiera el tiempo puede cambiar... y amores que solo se entienden cuando ya es demasiado tarde.

Una pulsera grabada con su nombre. Invisible para todos, excepto para una nieta que aún no ha nacido.

NovelToon tiene autorización de Camila Robles para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20

Capítulo 20 — La última noche

Faltaban tres días.

Valentina los contaba como un preso cuenta las marcas en la pared.

Todo estaba listo. La valija — una sola, mediana, de tela gris — contenía lo esencial: ropa para una semana, las zapatillas de media punta, los documentos, el cuaderno negro, el Samsung, y los dos kilos de yerba. El resto se quedaba. Todo se quedaba.

En el departamento de Sofía, Abuela Rosa había terminado la bufanda violeta. Valentina la había visto la noche anterior, cuando fue a confirmar los horarios y a traerle a su abuela un abrigo de invierno que había comprado en un outlet de Once con las últimas clases de Martina. La bufanda era larga, gruesa, con un punto irregular que la hacía más bella de lo que cualquier punto perfecto habría sido.

—Para las dos —dijo Rosa—. Cuando lleguemos, nos la turnamos.

Sofía estaba en el living haciendo una lista de "cosas que tienen que recordar," que incluía desde "cargar los celulares antes de salir" hasta "si en el avión te ofrecen pollo o pasta, elegí pasta, el pollo de avión es un crimen contra la humanidad."

Todo estaba listo. Excepto una cosa.

---

Valentina se despidió de Carmen un jueves a las diez de la noche.

Valentina esperó a que Sebastián se fuera — "cena con Diego" — y bajó al cuarto de servicio, donde Carmen veía una telenovela brasileña con un té de tilo.

—Carmen, ¿puedo pasar?

—Pase, mi niña. Siéntese.

—Carmen, me voy el martes.

Carmen bajó el volumen de la telenovela.

—Lo sé —dijo Carmen.

—¿Lo sabías?

—Señora, hace dos semanas que está empacando de a poco. La valija gris ya no está en el altillo. —Carmen tomó un sorbo de tilo—. No soy adivina. Soy observadora.

Valentina se rió. Una risa corta, cansada, cargada de algo que podía ser gratitud o tristeza o las dos cosas juntas.

—Carmen, necesito pedirle algo.

—Lo que sea.

—El martes a la noche, cuando Sebastián vuelva, va a encontrar un sobre en la mesa del comedor. No le diga nada hasta que lo lea. Cuando lo lea, va a buscarme. No me va a encontrar. Probablemente le pregunte a usted adónde fui. No sabe. ¿Entiende? No sabe.

—No sé nada —dijo Carmen, con la naturalidad de alguien que practica esa frase hace años.

—Después del sobre, Sebastián probablemente llame a Diego, a Camila, al abogado de la familia. Pueden venir a hablar con usted. Pueden presionarla. Si le preguntan algo, usted trabaja acá, limpia, cocina, y no se mete en la vida de los señores.

—Nunca me metí.

—Lo sé. Por eso le confié todo.

Carmen dejó la taza. Miraba a Valentina con esos ojos que habían visto quince años de esa casa.

—Mi niña —dijo Carmen, y la voz se le quebró en la primera sílaba—. Hizo bien. Hizo lo que tenía que hacer.

Valentina se levantó. Carmen se levantó. El abrazo fue largo y olía a tilo y a plancha y a todos los jueves en que Carmen le había servido té en la cocina sin pedirle nada a cambio.

—Cuídese, Carmen.

—Cuídese usted. Y cuide a doña Rosa. —Carmen se limpió los ojos con el dorso de la mano—. Y cuando llegue a donde va, mándeme una foto. Quiero ver si hace tanto frío como dicen.

—Le mando.

—Y dígale a su abuela que le mando un beso.

—Se lo digo.

Valentina salió del cuarto de servicio. Subió la escalera. Fue a su habitación. Cerró la puerta. Se sentó en la cama.

Y ahí, sola, en la habitación del cuarto de huéspedes donde había dormido los últimos dos años, se permitió llorar. No mucho. No con el descontrol de alguien que se derrumba. Con la precisión de alguien que abre una válvula, deja salir la presión justa, y la cierra de nuevo.

Tres minutos. Después se lavó la cara. Se puso el pijama. Se acostó.

---

Los días pasaron rápido. El domingo visitó a Rosa. Estaba sentada en el patio de Sofía con el Negro a los pies y la bufanda violeta sobre las rodillas. Rosa le agarró la mano y la sostuvo durante veinte minutos.

Sofía apareció con tres helados de dulce de leche y la declaración solemne de que "nadie se va del país sin helado." Comieron en silencio, con los pies estirados al sol. Tres mujeres, un perro viejo, y un helado que se derretía más rápido de lo que podían comerlo.

El lunes, Sebastián llegó a las siete. Cenó solo en la cocina. Valentina lo observó desde el pasillo — un segundo, no más — y vio lo que había visto miles de veces: un hombre de traje que comía con el celular en la mano izquierda y el tenedor en la derecha, masticando sin placer, mirando una pantalla que probablemente mostraba el nombre de Camila.

No sintió nada. Ni lástima ni rencor ni la tentación de acercarse y decirle lo que estaba a punto de pasar. Sintió la misma nada que se siente al mirar un paisaje que uno ha dejado de ver hace tiempo: los ojos registran las formas pero el cerebro ya no procesa el significado.

Sebastián subió a su habitación a las diez. La puerta se cerró. Con llave, como siempre.

Valentina esperó una hora. A las once sacó el sobre blanco del vestidor. Dentro estaba el acuerdo de separación, impreso en el locutorio de Corrientes con letra Times New Roman tamaño doce, firmado en la última página con tinta azul.

Bajó las escaleras descalza. Dejó el sobre en la mesa del comedor, apoyado contra el florero de vidrio que Carmen llenaba con margaritas los jueves. La luz de la cocina estaba apagada. El departamento estaba en silencio. El sobre blanco brillaba en la oscuridad como algo que todavía no ha sido descubierto pero que ya ha empezado a cambiar la forma de todo.

Valentina miró el sobre un momento. Después miró el departamento. El living con los sillones de cuero. La cocina con la isla de mármol. La escalera que subía a la habitación donde dormía un hombre que nunca la vio irse porque nunca la había visto quedarse.

—Chau —dijo en voz baja.

No a Sebastián. Al lugar. A la versión de ella que había vivido entre esas paredes. A los cinco años que no iban a volver y que tampoco iba a extrañar.

Subió la escalera por última vez. Entró en su habitación. Revisó que la valija estuviera cerrada, que el Samsung y los documentos estuvieran en el bolso de mano, que nada quedara fuera de lugar. Puso el despertador a las cuatro de la madrugada.

Se acostó. Cerró los ojos.

Mañana, a las once de la noche, un avión iba a despegar de Ezeiza con dos pasajeras que no miraban hacia atrás.

Y sobre una mesa de comedor en Recoleta, un sobre blanco iba a esperar, paciente, a que un hombre que nunca vio lo que tenía delante abriera los ojos por primera vez en cinco años.

Pero para entonces, ella ya estaría en el aire.

1
Juana Francisca López
yo tampoco la entiendo
Pany Rojas
esta muy tediosa la novela, la verdad, ya me aburrio.
Mari Cruz
🤔😲No entiendo esta novela de pana que no. 😏
Nadia Leonila Borjas Borjas
que largo el viaje para salir con el secuestro que malo
Nadia Leonila Borjas Borjas
la novela no es mala lo mala es la esperas de tanta fechas de viaje de separación de visa y ahora la espera para el viaje
lauritha
no sé supone que el padre es el apostador por el cual la secuestraron y pidieron el rescate? no entiendo. hay muchas inconsistencias en la historia
AnayAlexreyes Falcon
hola autora me gusto mucho tu historia de,casada con el señor montero, pero quiero preguntarte si tambien escribiste la historia de, herida por tu odio, ya que tienen mucha similitud, espero no molestarte, pero tengo curiosidad, felicidades escribes muy bien👏👏👏🥰🥰
Mari Cruz
😏Que aburrido esperando algo interesante y nada 🙄😏
Grciela Calanducci
ufffff.... qué pesada
Dosthy Muñoz
Maravilloso
Dosthy Muñoz
Autora eres una escritora con todas las letras he vivido y sentido está historia, no sé si algún día leas mi comentario, Pero te envidió no con una envidia fea y egoísta sino de la que se mezcla con admiración. Está historia merece sentir el papel. No sé si has logrado publicarla,.espero que si. Para que quienes no tienen acceso a medios digitales. Bendigo el talento que Dios ha puesto en tí.
Mari Cruz
😏Q aburrido 🤔yo sigo esperando algo nuevo y nada. 🙄
Mari Cruz
🤔Y ahora que biene 😏si Sebastián no ama a Valentina. Y tiene una Relación con la cuema de camilla 😡 Q quiere el de Valentina si la ignoro x 5Años. No entiendo deveras🤔😏
Mari Cruz
😡Ese Sebastián sos un perro 😏
Mari Cruz
X Dios yo Valentina le digo llevale te a camilla 🤣🤣🤣
Mari Cruz
😲
Mari Cruz
😏 Yo tenia las esperanzas de Q el Sebastián amara a Valentina 🤔Q clase de serie Ho no vela es esta 🤔 no entiendo esta drama 😏
Bianca Sand0
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣😉
Bianca Sand0
Espero leerlo con ansías 😉😌
Bianca Sand0
Desgraciada
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play