Durante tres años, Luciana fue utilizada por la familia de su esposo. Casada con Matías, se vio obligada a convertirse en donante de sangre permanente para Sofía, la hermana del mejor amigo fallecido de él. En esa casa no era esposa: cocinaba, limpiaba y obedecía. En la empresa, nadie la tomaba en serio.
Todo terminó cuando Sofía le envió fotos íntimas con Matías. Luciana no discutió. Pidió el divorcio y se fue.
Lo que dejaron atrás fue un error.
Tras regresar a su hogar, Luciana reveló su verdadera identidad: heredera de una familia millonaria. La sumisión no era necesidad, sino elección. Lejos del matrimonio, vuelve al mundo empresarial con capital, poder y memoria.
Esta vez, no será utilizada.
NovelToon tiene autorización de yana_vern para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 6
Valentina se tensó. Dio un empujón a Carmen, que retrocedió unos pasos, y alzó la voz.
—¡Basta! —gritó—. Ustedes son arrogantes, creídos y mezquinos. No tienen derecho a humillarnos.
Carmen se recompuso rápidamente y señaló con furia a Luciana.
—¡Vos! —dijo—. Si no tomás en serio mis palabras, te vas a arrepentir. ¡Fuera de mi casa, antes de que haga que lo pagues!
Luciana no mostró miedo ni titubeó. Su voz era firme y clara.
—Tomamos lo nuestro y nos vamos —dijo—. Nada más.
Sin más, subió las escaleras hacia su habitación. Valentina la siguió. Luciana abrió el armario y recogió únicamente su documentación personal: identificación, certificados y algunos papeles de trabajo. Nada de dinero, joyas ni objetos de valor que pertenecieran a la familia Montoya.
Al bajar, Carmen estaba todavía en el hall, temblando de ira.
—. ¡Seguro te llevaste algo de la caja fuerte!
Luciana se detuvo, la miró directamente y respondió con calma.
—Ya no estoy casada con Matías —dijo—. Vine a recoger solo lo mío. Nada más.
Luciana y Valentina habían salido de la casa Montoya sin mirar atrás. Subieron al auto y se dirigieron a la residencia de los Rodríguez, llevando únicamente los documentos personales de Luciana. Nada más.
Al instante, Carmen marcó el número de su hijo con voz aguda y cargada de sorpresa e indignación.
—¡Matías! —exclamó—. ¿Qué pasó con ustedes? ¿Cuándo se divorciaron? ¡Confirmame ahora mismo que esto es cierto!
Matías respiró hondo antes de responder:
—Mamá, sí. Ya está hecho. Nos divorciamos. No hay más que decir.
Carmen soltó un resoplido de desprecio y, sin dejar espacio para más, comenzó a reprenderlo:
—¡No puedo creer que hayas hecho esto! ¡Esa mujer es una intrusa que solo quiso entrar en nuestra familia con aspiraciones que no le corresponden! Tu divorcio es más que merecido. Y además… ¿le diste dinero, Matías? ¿Le permitiste llevar algo de la casa? Estoy segura de que se llevó algo.
Matías contestó con firmeza:
—Mamá, no se llevó nada. Ni dinero, ni joyas, ni objetos de valor. Solo tomó sus documentos personales.
Carmen no cedía y, con la voz más aguda todavía, continuó:
—¡No me mientas! Esa mujer siempre hace lo que quiere. Debe haber tomado algo.
En ese momento, Matías interrumpió:
—Mamá, basta. —Su voz mostraba tensión—. Decime, ¿dónde está Luciana ahora?
Carmen se sorprendió ante la urgencia en su tono, pero respondió:
—Estaba en la casa, se acabó de ir.
Al escucharlo, Matías asintió y colgó, su mente acelerada. No podía ignorar el hecho de que Luciana había recuperado su independencia tan rápido.
Decidido, se subió a su auto y condujo de regreso a la residencia. Al llegar, constató que Luciana había salido y solo se había llevado sus documentos. Incluso la tarjeta con la que él enviaba el subsidio mensual permanecía intacta. La sensación de molestia y extrañeza creció en su interior; no podía entender cómo alguien podía marcharse y, a la vez, dejar todo en orden, sin tocar nada de valor.
En ese instante, Carmen entró en la residencia, con la cara roja de ira.
—¡Matías! —gritó—. La caja fuerte está vacía. ¡El collar de millones ha desaparecido y ella fue la única que estuvo sola! ¡Debemos llamar a la policía inmediatamente!
Matías se interpuso con firmeza:
—¡No! Luciana no lo hizo. No sabe el código de la caja fuerte y no le interesa ese tipo de cosas. Nunca se llevaría algo así.
Carmen, sin aceptar la respuesta, lo miró con incredulidad y rabia contenida.
—¡No podés defenderla! —dijo—. Nos ha humillado y nos dejó sin nada.
Matías respiró hondo y recordó todos los años en que Luciana había cedido ante las exigencias de Sofía y de su familia, cada vez que había donado sangre y cumplido órdenes sin cuestionarlas. La mezcla de culpa y frustración lo acompañaba mientras se alejaba en su auto, consciente de que Luciana se había ido sin tocar nada material y, sin embargo, había recuperado el control de su propia vida.
Carmen permaneció en la residencia, roja de rabia y con los puños apretados. Aunque Matías no creyera en el supuesto robo, estaba decidida a no dejar pasar la humillación.
no le pongas tanto relleno a las novelas, haz que la mujer se enamore, no tan rápido, ni tan lento, que allá pasión, amor etc..
eso es lo que amarra, a una persona en leer novelas, y con esta son dos novelas que me pasa lo mismo y fatal.
espero que cuando vuelva a leer una de tus obras nuevamente, hayas mejorado.
Me gusta como hablan los argentinos pero leer el vos, tenés, etc. no.