"El arrepentimiento llega cuando el silencio comienza."
Vera y Nadia Smirnov siempre fueron las sombras de los gemelos Vane, hasta que escucharon lo que ellos realmente pensaban: que eran solo unas "chiquillas malcriadas" y un "estorbo" en sus vidas.
Ahora, las gemelas han decidido darles lo que pidieron: ausencia total.
En medio de la boda de Aria y Ethan, Evans y Edans Vane descubren que el poder y la tecnología no sirven de nada contra el hielo de las mujeres que despreciaron. Mientras ellos se desesperan por recuperar su atención, se enfrentan a un obstáculo mayor: la furia de sus padres, Killian y Damián, quienes no perdonarán que hayan roto el corazón de sus niñas.
En esta guerra de egos y orgullo, los enemigos son ellos mismos. ¿Podrán los gemelos Vane convencer a las Smirnov de que ya no son un juego, o las perdieron para siempre?
cuarta parte
_mis hijos hackearon al CEO
_heredero del Pecado
_Dinastía del Leon y la luna
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Capitulo 20
El silencio que siguió a la batalla no era de paz, sino de una carga eléctrica que hacía que el aire vibrara. El olor a pólvora todavía flotaba en el gran salón, pero para Evans y Vera, así como para Edans y Nadia, ese aroma solo había servido para despertar sus instintos más primarios. El peligro los había dejado hambrientos, no de comida, sino el uno del otro.
—Necesitamos lavarnos esta noche de la piel —susurró Evans al oído de Vera, su voz era un roce áspero que le erizó el vello de la nuca.
Sin decir una palabra, las parejas se separaron hacia sus respectivos santuarios. El ala principal de la mansión quedó sumergida en una penumbra cálida, iluminada solo por velas de esencia de ámbar y el reflejo de la luna sobre el mármol.
Evans gio a Vera hacia su habitación privada, pero no se detuvo en la cama. La llevó directamente al vestidor blindado, donde una pared de espejos reflejaba su propia intensidad. Él se deshizo de su camisa con un movimiento fluido, dejando al descubierto su pecho marcado por el esfuerzo.
—Esta noche no hay reglas, Vera —dijo él, abriendo un cajón de terciopelo negro. Sacó una corbata de seda pura, larga y brillante—. Esta noche solo existe mi voluntad y tu entrega. ¿Estás lista para perder el control?
Vera sintió un escalofrío líquido recorrerle la espalda. Se acercó a él, dejando que sus dedos delinearan los músculos de su abdomen.
—Hazme olvidar que existe el mundo exterior, Evans.
Él no esperó. Con una destreza que la dejó sin aliento, le pidió que se girara. Envolvió la seda alrededor de sus muñecas, no con fuerza, sino con una firmeza que prometía una rendición total. El contacto de la tela fría contra su piel caliente la hizo jadear. Evans la pegó a su cuerpo, su mano enguantada en un deseo posesivo descendiendo por su espalda.
El encuentro fue una coreografía de poder y placer. Evans fue su guía en un laberinto de sensaciones que Vera nunca había explorado. Cada beso era un reclamo; cada caricia, una orden. Él la llevó al límite, usando la tensión de la seda y el calor de su propio aliento para despojarla de cualquier rastro de orgullo Smirnov, dejando solo a la mujer que vibraba bajo su mando. Fue un festín de los sentidos, donde el lujo del entorno desaparecía ante la cruda realidad de su conexión.
En la otra habitación, Edans había transformado el baño principal en un paraíso de vapor y sombras. Nadia estaba de pie frente a él, su vestido rojo carmesí cayendo al suelo como un charco de sangre. Edans la observaba con una fijeza que la hacía sentir desnuda incluso antes de estarlo.
—Dijiste que querías saber si te dejaría caer —susurró Edans, sacando una cinta de satén negro de su bolsillo—. Esta noche, voy a sostenerte de formas que nunca imaginaste.
Él la hizo sentarse en el borde de la gran bañera de piedra negra. Con una parsimonia que la estaba volviendo loca, le vendó los ojos. Nadia soltó un suspiro trémulo al perder la vista; de repente, cada roce de Edans se multiplicaba por mil. Sentía el agua caliente salpicando sus pies, el aire frío en su piel y, sobre todo, las manos de Edans explorándola como si fuera el mapa de un tesoro que por fin podía reclamar.
Edans fue meticuloso. Usó aceites esenciales que olían a sándalo y especias, recorriendo cada centímetro de su cuerpo con una lentitud tortuosa. El placer de Nadia se convirtió en una nota alta y sostenida mientras él la guiaba a través de picos de éxtasis que la hacían arquearse y susurrar su nombre como una plegaria. No hubo prisa, solo la exploración profunda de dos almas que se habían encontrado en medio de la sombra.
Horas después, cuando el sol empezaba a teñir de rosa los rascacielos de Nueva York, los cuatro se encontraban sumergidos en una lasitud deliciosa. La mansión volvía a ser su hogar, pero ahora estaba impregnada de una lealtad que iba más allá de los negocios o la sangre.
Evans abrazaba a Vera entre las sábanas de hilo egipcio, su mano todavía entrelazada con la seda que los había unido esa noche. Vera tenía el rostro apoyado en su pecho, escuchando el latido constante y fuerte del hombre que por fin era su igual y su dueño.
—Esto es solo el principio —susurró Evans, besando la coronilla de su cabeza.
—Lo sé —respondió ella, cerrando los ojos con una sonrisa de satisfacción absoluta—. El mundo no tiene idea de lo que hemos creado esta noche.
Habían celebrado su victoria no solo con armas, sino con la entrega total de sus cuerpos y almas. El estilo de vida de los Vane y las Smirnov había alcanzado un nuevo nivel de sofisticación y pasión. Ya no eran solo herederos; eran leyendas vivientes que habían aprendido que el placer más profundo nace de la confianza más absoluta.
La Alianza estaba más fuerte que nunca, y mientras la ciudad despertaba, ellos cuatro descansaban en el corazón de su imperio, sabiendo que, a partir de hoy, nadie se atrevería a desafiar el vínculo que se había sellado con sangre y que se había celebrado con la más pura de las pasiones.
Espero que el orgullo de las gemelas no sea tan drástico
Ellos se equivocaron pero ellas están siendo demasiado duras 🤦🤦😅