Sandra, una joven diseñadora floral con un pasado que la persigue, se aferra a la idea de reencontrarse con Guillermo, su primer amor. La vida los separó abruptamente años atrás, dejándola con un vacío y preguntas sin respuesta. Ahora, el destino los cruza de nuevo en la vibrante escena artística de la ciudad. Guillermo, un exitoso arquitecto, carga con sus propias cicatrices y la culpa de una partida inesperada. A medida que sus caminos se entrelazan, el deseo de revivir su pasión es innegable.
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Capitulo 20
Mientras Guillermo y Sandra se acercaban cada día más, Zaira no permanecía de brazos cruzados. Para ella, esa relación no era solo una traición, sino una amenaza directa a todo lo que había construido. Había ordenado a su equipo de investigadores que no dejaran ningún cabo suelto, y semanas después, recibió el informe completo que tanto esperaba.
Estaba sentada en su despacho, hojeando cada página con una sonrisa calculadora, mientras tomaba notas mentales. Había datos sobre su familia, sus estudios, sus primeros años de trabajo... y también los momentos difíciles, que eran exactamente lo que buscaba.
Marco, el encargado de la investigación, permanecía de pie frente a su escritorio.
—Como verá, señora —le dijo él—, hace unos años, cuando sus padres enfermaron, Sandra tuvo que pedir varios préstamos para cubrir los gastos médicos. Durante un tiempo tuvo dificultades económicas importantes, y algunos rumores dicen que aceptó trabajos que no eran del todo legales para salir adelante. Nada probado, claro, pero lo suficientemente ambiguo para causar duda.
Zaira levantó la vista, sus ojos brillando con satisfacción.
—¿Ah sí? Eso es exactamente lo que necesito —respondió ella, pasando el dedo por esa parte del informe—. También veo que tiene una amiga muy cercana, Leondra, que ha estado involucrada en algunos escándalos de prensa por difundir noticias falsas.
—Así es —confirmó Marco—. Son inseparables. Se podría decir que forman un equipo.
Zaira cerró el expediente con fuerza, sabiendo que tenía en sus manos todo lo necesario para destruir la imagen de Sandra. Ya no era solo una simple florista, ahora podía presentarla como una mujer interesada, con problemas económicos y rodeada de personas de dudosa reputación. Algo que encajaría perfectamente en el mundo elitista al que pertenecía Guillermo.
—Perfecto —dijo ella, levantándose y caminando hacia la ventana—. Prepara todo esto para que parezca información verificada. Voy a asegurarme de que Guillermo se dé cuenta de quién es realmente la mujer que lo tiene hechizado. Y si eso no funciona... usaremos los datos de sus deudas para presionarla directamente. Le dejaremos claro que no tiene futuro en esta ciudad si no se aleja para siempre.
—¿Quiere que difundamos estos datos entre sus círculos sociales? —preguntó Marco.
—Todavía no —respondió Zaira con astucia—. Primero se lo mostraré a él personalmente. Quiero que sea él quien tome la decisión de alejarla, creyendo que lo hace por su propio bien. Será mucho más efectivo que cualquier amenaza directa.
Mientras daba las instrucciones finales, Zaira ya imaginaba la escena: presentarle toda esa información a Guillermo, haciéndole creer que solo quería protegerlo de alguien que solo buscaba aprovecharse de él. Estaba segura de que, una vez que viera a Sandra con otros ojos, todo terminaría entre ellos. Y ella recuperaría el control total sobre su prometido y su futuro.
Zaira se giró hacia Marco con una sonrisa fría y decidida.
—¿Crees que será suficiente para que él se aleje? —le preguntó, acariciando la carpeta como si fuera un arma preciada.
—Con lo que hemos reunido, señora —respondió él con seguridad—, cualquiera dudaría de sus intenciones. Parecerá que solo se acerca al arquitecto por dinero y posición.
—Exacto —asintió Zaira—. Y lo mejor de todo es que no estaré mintiendo, solo interpretaré la realidad a mi favor. Guillermo confía en mi criterio. Cuando le muestre todo esto, pensará que le estoy salvando de un error.
—¿Cuándo piensa hacerlo?
—Muy pronto —respondió ella—. No puedo permitir que pasen más días juntos. Está misma noche se lo presentaré.
Esa noche, mientras esperaba a Guillermo en casa, Zaira repasaba mentalmente cada detalle que había descubierto. No sentía remordimiento alguno; para ella, era simplemente una forma de defender lo que le pertenecía. Sabía que la verdad podía moldearse a su conveniencia, y que los hechos que tenía en sus manos serían suficientes para sembrar la duda en el corazón de Guillermo.
Cuando él llegó, cansado después de otra jornada de trabajo junto a Sandra, la encontró sentada en el sofá con esa expresión tranquila que siempre le ponía en guardia. Sobre la mesa, frente a ella, estaba la carpeta que contenía toda la información recopilada.
—Tenemos que hablar, Guillermo —le dijo ella en cuanto entró, sin siquiera saludarlo—. He descubierto algo que creo que debes saber. Algo que te afecta directamente.
Guillermo frunció el ceño, sintiendo cómo la tensión le recorría el cuerpo. Sabía perfectamente de qué o de quién se trataría.
—¿De qué se trata, Zaira? —preguntó él, intentando mantener la calma.
—Se trata de tu nueva colaboradora —respondió ella, abriendo la carpeta lentamente, como si estuviera revelando un secreto terrible—. De Sandra Méndez. He investigado su pasado, y creo que tienes derecho a saber quién es realmente la mujer con la que pasas tanto tiempo.