📖 Sinopsis
Emma es una chica que siempre ha preferido el silencio. Desde niña, su timidez la mantuvo oculta tras las páginas de sus libros y las escenas de sus series románticas favoritas. Solo una vez fue valiente: cuando entregó una nota de papel preguntando: "¿Quieres ser mi novio?". Recibió un "Sí" de vuelta, pero el destino le arrebató ese amor el mismo día cuando sus padres la cambiaron de escuela sin previo aviso.
Años después, Emma trabaja en una fábrica de zapatos, atrapada en una rutina de cuero, máquinas y soledad, refugiándose en una cuenta de Instagram anónima donde escribe sus penas. Pero su mundo de cristal está a punto de romperse cuando recibe una notificación en su cuenta personal: “Hola, ¿tú eres Emma Rodríguez?”.
¿Es posible que el niño de la nota nunca la haya olvidado? ¿Podrá Emma superar su timidez antes de que el pasado se le escape de las manos otra vez?
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Capítulo 1: El eco de un "Sí" escrito a mano
El aroma a cuero fresco y pegamento industrial siempre ha sido mi refugio. Mientras el resto del mundo ve en la fábrica de zapatos un lugar ruidoso y monótono, para mí es el único sitio donde mi timidez no se siente como una carga. Aquí, el sonido de las máquinas de coser apaga mis pensamientos y nadie espera que diga una palabra. Solo soy Emma, la chica de las manos rápidas y el silencio eterno.
Sin embargo, hoy el silencio pesa más de lo normal.
Todo empezó con una escena de la serie que terminé de ver anoche. En ella, los protagonistas se prometían amor eterno bajo la lluvia antes de que el destino los separara. Me hizo recordar. Me hizo viajar trece años atrás, a un patio de escuela donde el sol quemaba y el corazón me latía tan fuerte que juré que todos podían oírlo.
Recuerdo mis dedos temblorosos doblando aquel trozo de papel de cuaderno. "¿Quieres ser mi novio?", había escrito con mi mejor letra, aunque mis manos no dejaban de sudar. Se la entregué a Julián y salí corriendo, ocultándome detrás de los bebederos, deseando que la tierra me tragara. Minutos después, él se acercó. No dijo nada, su timidez era casi tan grande como la mía, pero me devolvió la nota.
Al abrirla, dos palabras cambiaron mi universo infantil: "Sí quiero".
Esa misma tarde, mis padres me sentaron en el comedor para decirme que nos mudábamos de ciudad. No hubo despedidas. No hubo tiempo de explicarle a Julián que nuestra historia de amor de un solo día se congelaría para siempre.
—¡Emma! ¿Estás en el mundo real o sigues en tus nubes? —la voz de Doña Marta, la supervisora, me trajo de vuelta al presente.
—Perdón, ya casi termino este lote —respondí en un susurro, bajando la vista hacia la suela del zapato que sostenía.
Al llegar a casa, seguí mi rutina de siempre: de la fábrica a la habitación. Encendí el televisor, pero no pude concentrarme en la película de romance de las ocho. Saqué de mi mesa de noche una cajita de madera gastada y extraje el papel amarillento. Las letras de Julián estaban casi borrosas, pero yo las conocía de memoria.
Me sentí ridícula. ¿Cómo podía seguir enamorada de un fantasma? ¿De alguien cuyo rostro ya no podía recordar con claridad?
Suspiré y tomé mi celular. Abrí mi cuenta anónima de Instagram, esa donde nadie conoce mi cara, y subí una foto de la nota vieja con un texto corto:
"Hay promesas que el tiempo no sabe cómo borrar, aunque ya no recordemos la voz de quien las hizo".
Dejé el teléfono a un lado y cerré los ojos, lista para dejarme vencer por el sueño. Pero entonces, una vibración corta me sobresaltó. No era una notificación de mi cuenta anónima. Era un mensaje directo en mi perfil personal, ese que tiene candado y que apenas tiene fotos.
Con dedos torpes, desbloqueé la pantalla. Mi respiración se detuvo al leer el nombre del remitente y el mensaje:
J_Castillo94: "Hola... sé que ha pasado una eternidad, pero ¿tú eres la Emma Rodríguez que estudiaba en la Escuela del Sur?"
El papel amarillo cayó de mis manos al suelo.