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Mi Obsesión Eres Tú

Mi Obsesión Eres Tú

Status: Terminada
Genre:Arrogante / Venderse para pagar una deuda / Amor-odio / Casada con el millonario / Completas
Popularitas:883k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Crisbella

Catia Martinez, una joven inocente y amable con sueños por cumplir y un futuro brillante. Alejandro Carrero empresario imponente acostumbrado a ordenar y que los demás obedecieran. Sus caminos se cruzarán haciendo que sus vidas cambiarán de rumbo y obligandolos a permanecer entre el amor y el odio.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo XI La cena de compromiso

Catia sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Él le estaba haciendo una confesión silenciosa de su propia vulnerabilidad, disfrazada de molestia.

—Usted está asustado —murmuró ella, sorprendida por su propia audacia—. Está asustado porque yo no encajo en su agenda. Yo soy el caos que no puede ordenar. Y ahora, me necesita.

—Te necesito —admitió Alejandro, la frase cargada de una pesadez inesperada. La tomó por los brazos, su contacto fuerte pero no cruel—. Te necesito para ganarle a mi abuelo. Te necesito para proteger mi imperio. Pero cada vez que te miro, Catia, recuerdo que tú tienes una vida, unos sueños. Y que yo no soy el héroe que te los dará. Soy el que te los está robando con una farsa.

Ella vio la verdad en sus ojos: el hombre más poderoso de la ciudad estaba luchando con el miedo, el mismo miedo que ella conocía tan bien. Su corazón, antes lleno de temor y odio, ahora sentía una extraña y peligrosa punzada de compasión por su captor.

—Si yo soy el caos que lo salvará, acéptelo, señor Carrero —dijo Catia, levantando la barbilla—. Yo no me rompo. Usted no me romperá. Y si su 'necesidad' lo ayuda a salvar su empresa, yo seré su necesidad. Pero recuerde: yo tengo la llave de su negocio, y si se excede en su crueldad, no dudaré en usar mi inocencia para desarmarlo.

La tensión entre ellos era ahora una fuerza palpable. El odio de Alejandro se había transformado en una lucha interna, y la inocencia de Catia se había convertido en un arma. Estaban atrapados, no solo por el ultimátum de Don Rafael, sino por la verdad de la atracción y la dependencia que había nacido entre ellos.

La tarde pasó en una tensa calma. La confesión de Alejandro, aunque negada a la primera oportunidad con más trabajo, había dejado una herida abierta. Ambos sabían que su relación ya no era simplemente profesional; era una mezcla volátil de chantaje, admiración y una atracción prohibida.

A las ocho de la noche, la Hacienda Los Laureles se vistió de gala para la Cena de Compromiso improvisada.

Don Rafael había convocado a toda la familia Carrero que vivía en la región, una docena de personas que representaban el poder y la intriga de la alta sociedad.

Catia, vestida con un sencillo pero elegante vestido prestado, se sintió inmediatamente fuera de lugar. La mirada de la familia Carrero era gélida. Ellos esperaban a una mujer de la élite; Catia era una intrusa, una "panadera" que había osado reclamar al heredero.

Alejandro, por primera vez, tomó el papel de protector. Mantuvo su mano firmemente en la espalda baja de Catia durante toda la recepción, un gesto que era mitad farsa para el abuelo y mitad una necesidad real para anclarla.

El ataque vino de Victoria Carrero, prima de Alejandro, una mujer de unos veinticinco años con ojos afilados y una sonrisa de víbora.

—Catia, querida. Nos alegra mucho tu... sencillez. Pero cuéntanos, ¿de dónde es tu familia? ¿Trabajan en algo importante? Me refiero a algo más allá de la alimentación básica, por supuesto.

La sala se quedó en silencio, esperando la humillación. Catia sintió que Alejandro se tensaba a su lado, a punto de intervenir con su crueldad habitual, pero Catia se adelantó.

—Mi tía y yo somos dueñas de la Panadería El Buen Olor. Y sí, es un negocio esencial —dijo Catia, con la voz tranquila, mirando a Victoria directamente a los ojos—. Mi negocio no se basa en herencias, sino en el esfuerzo diario. Una cualidad que, según he notado, Don Rafael valora mucho.

Don Rafael sonrió, bebiendo de su copa. Victoria se quedó sin palabras.

Alejandro miró a Catia. Se había defendido, no con mentiras, sino con su dignidad. La admiración que sintió fue tan fuerte que casi le hizo olvidar que su relación era una farsa.

La cena continuó, pero la tensión era insoportable. Los familiares seguían haciendo preguntas punzantes, intentando desmantelar la "historia de amor" que Catia había construido.

La prueba final llegó al postre.

—Alejandro, hijo —dijo Don Rafael, golpeando suavemente la mesa con su cuchara—. Ya que Catia ha pasado la prueba de la familia y de mis recuerdos de Isabel, solo me queda una duda.

El patriarca señaló el anillo de compromiso en el dedo de Catia.

—Mi nieto es un hombre práctico. Me pregunto si Catia es su elección por amor o por conveniencia. Catia, querida, ese anillo tiene una historia incalculable. ¿Podrías decirle a tu prometido la fecha exacta en que te lo entregó, y bajo qué promesa?

Catia palideció. Habían inventado que el compromiso fue impulsivo frente a una fuente, pero nunca habían acordado la fecha ni la promesa exacta. La mentira se estaba desmoronando.

Alejandro se tensó a su lado, sabiendo que el error era suyo por no cubrir ese detalle. Si fallaban, Don Rafael tendría la prueba de que el compromiso era falso, y el ultimátum se ejecutaría al amanecer.

Catia miró a Alejandro, sus ojos suplicando ayuda, pero él no podía hablar sin arruinar la espontaneidad.

La única salida era el botón de emergencia.

En un acto de pánico calculado, Catia se inclinó hacia Alejandro, pero en lugar de besarlo, susurró al oído, lo suficientemente alto para que Don Rafael lo oyera, pero lo suficientemente bajo para que el resto de la familia no entendiera las palabras:

—Recuerde la promesa. Yo sé el día.

Luego, Catia se separó, puso su mano en el rostro de Alejandro, y lo besó de nuevo, esta vez con una pasión desesperada que era una declaración y una súplica.

Don Rafael, encantado por la escena que imitaba el drama y el fuego de su propia juventud, sonrió.

—¡Basta, basta! ¡Qué par de jóvenes! —dijo Don Rafael, riendo—. Lo tienes bien enamorado, Catia. — Comento el patriarca emocionado.

Cuando la pareja regresó a la Suite Nupcial después de despedir a la familia, Alejandro estaba furioso y excitado. Cerró la puerta con llave.

—¡Pudiste decírmelo! ¡Pudimos inventarlo! ¡Casi arruinas todo!

—No podía. Usted me dijo que si fallaba, lo besara —dijo Catia, con la respiración entrecortada—. Pero antes de que me besara, le di el día. Fue el día en que el sándwich de pavo apareció en su escritorio. Esa es la única verdad de esta farsa, señor Carrero: nuestra necesidad mutua.

Alejandro se acercó a ella, su ira ahora completamente disfrazada de deseo.

—¿Y cuál es la promesa del anillo, Catia? ¿Qué me prometiste que haría en ese día inventado?

Catia, a solo centímetros de él, levantó la mirada. —Le prometí que... que el día que me pusiera este anillo, usted dejaría de ser un tiburón y aprendería a ser un hombre.

La declaración fue un guante arrojado al rostro de Alejandro. Él la miró con una intensidad oscura, su deseo y su confusión luchando abiertamente. Su mano, que había estado a punto de tomarla por la fuerza, se detuvo.

—¿Una promesa? —murmuró.

—Sí. La promesa de que nuestra deuda se pagará con algo más que mi tiempo. Se pagará con su humanidad.

Alejandro entendió. Ella le estaba ofreciendo un ultimátum más profundo y peligroso que el de su abuelo. La deuda de pasteles se había convertido en una deuda de corazón. El juego entre el odio y el amor estaba a punto de volverse demasiado real.

1
Petrona Arias Leon
un trabajo muy bien echoy una historia interesante y exelemte
Monika Rodríguez
horror de hombre prepotente antipático las tiene todas pobre Catia
Mildred Álvarez
me encantó,al principio creí que era más de lo mismo,Pero fué una historia distinta con egoísmo,ambiciones,traiciones,engaños Pero con amor.
Mildred Álvarez
Si Pero son demasiado condescendientes no debieron permitir que el viejo se acercara a ellos mucho menos al bebé,lo debieron dejar solo con su amargura por maluco y traicionero
Mildred Álvarez
esto es inconcebible porque su propio padre le hizo tanto daño?Acaso si matri con Elena fué forzado, él no la quería y por ende no quiso al hijo? Acaso Sebastián si es su hijo con el amor de su vida y con el cuál no se casó porque le interesaba un matrimonio por conveniencia con Elena,y después desecharla.
Mildred Álvarez
y esperaste tanto tiempo para ver a tu hijo., porque no trataste de comunicarte con él cuando su padre murió,o es que le tienes tanto miedo al abuelo.Que esconde Don Rafael acaso la vida de su hijo también la desgracio' haciendole la vida imposible a su esposa al punto de que lo abandonó.o quizás tal vez se suicidó.
Mildred Álvarez
bien hecho Catia,la pusiste en su lugar.
Mildred Álvarez
que bien que empiecen de nuevo y ya dejen de mirar tanto el.pasado.
Mildred Álvarez
pobre Alejandro,es un ser inseguro por culpa de su madre,y el abuelo tiene mucho que ver con ésto
Mildred Álvarez
Ay no autora,más intrigas hasta cuando tantas trabas para que estos dos sean felices.
Mildred Álvarez
sigo diciendo Alejandro no mereces perdón
Mildred Álvarez
tanto peo por algo tan insignificante que la muy piruja de la Zorra envidiosa logró sembrar,que tan poco vales Alejandro.
Mildred Álvarez
maldito tonto va a creer en una aparecida que en su esposa que lo ha salvado de las garras de los buitres.
Mildred Álvarez
más que estúpido, inseguro,idiota, pendejo.
Mildred Álvarez
Alejandro no mereces perdón
Mildred Álvarez
bicha envidiosa ,mala gente
Mildred Álvarez
Que desgraciada
Mildred Álvarez
Que lindo,han sobrevivido ante los buitres que los acechan constantemente.
Mildred Álvarez
te quedaste sin lograr nada zorra vagabunda vete con Sebastián al mismo infierno.
Mildred Álvarez
jajajaja las lectoras quieren explicaciones paso a paso de su primera vez.
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