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Solo Es Mi Guarura

Solo Es Mi Guarura

Status: En proceso
Genre:CEO / Cambio de Imagen
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yurle

Isabella Anderson siempre ha tenido el control de su vida: su apellido, su posición y cada decisión que toma. Para ella, Nicolás era solo eso… su guarura. Alguien más en su mundo, alguien que debía mantenerse en su lugar. Nicolás Miller, en cambio, no encajaba en esa etiqueta. Seguro de sí mismo, reservado y con un mundo mucho más grande del que Isabella imaginaba, empezó a romper cada idea que ella tenía sobre él. Entre miradas que dicen más que las palabras, discusiones cargadas de orgullo y una tensión imposible de ignorar, ambos comienzan a cruzar una línea que nunca debió existir. Porque a veces, lo más peligroso no es lo que pasa… sino lo que empiezas a sentir por quien juraste no mirar. Y es ahí donde la verdad pesa más: nunca fue solo su guarura.

NovelToon tiene autorización de Yurle para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2 - Medidas extremas

—Bien, abue. Todo muy bien, siempre —responde Jay con una sonrisa.

Días después

Empresa Miller

Tomás entra a la oficina de su buen amigo y socio, Alejandro. Está visiblemente angustiado. Apenas se sienta, suelta todo de golpe.

—Mi hija , Isabella, tuvo un atentado —dice sin rodeos—. Aún no sabemos de dónde viene, pero estoy seguro de que es alguien que quiere hacerme daño a mí. El mensaje era para mí… y saben perfectamente que ella es mi punto débil. Lo peor es que no recuerdo tener problemas con nadie.

Alejandro suspira, serio.

—Te entiendo, amigo. Si algo así le pasara a Manuela, estaría igual o peor que tú. Gracias a Dios ella está protegida por uno de los mejores guardaespaldas del país. Pero dime, ¿cómo puedo ayudarte?

—Justamente de eso quería hablarte —dice Tomás—. Necesito a alguien realmente capacitado. Alguien que dé la vida por proteger a mi hija. Isabella necesita seguridad, sí o sí.

Alejandro asiente.

—Mi hijo tiene una academia de escoltas, la más capacitada del país. No solo es el CEO, también es quien los entrena. Nicolás es el más completo, estuvo años formándose en academias muy buenas.

—Entiendo —dice Tomás—. ¿Podrías comunicarme con él lo antes posible? Tal vez pueda recomendarme a uno de sus mejores hombres.

—Claro, déjame llamarlo. A ver si puede venir ahora mismo.

Como si lo hubieran invocado, Nicolás aparece en la oficina. No va tan trajeado como de costumbre. Él se encarga más del área administrativa y solo algunos días entra de lleno en las capacitaciones.

—Hola, padre —dice entrando y cerrando la puerta—. Aquí estoy, ¿para qué soy bueno?

Alejandro sonríe, lo saluda y le presenta a Tomás, explicándole la situación.

—Entiendo —dice Nicolás con seriedad—. Cuento con los mejores hombres, la seguridad está garantizada. Pero primero hay que hablar con la persona a cuidar. Ella debe confiar en quien la proteja.

—Yo hablaré con Isabella —interviene Tomas—. Nicolás, dile al hombre llegue hoy a mi casa, a esta hora.

Así quedan.

Casa Anderson

Tomás llega a casa. Sara está en la sala, tomando té mientras hojea unas revistas.

—Hola, vida —dice él besándola—. ¿Dónde está esa pequeña rebelde que tenemos por hija?

—En su recámara —responde Sara—. Furiosa porque no la dejas salir.

—Ella sabe que es por su bien.

Tomás pide que la llamen.

—¿Qué quieres, papá? —dice Isabella bajando las escaleras con los audífonos puestos y el celular en la mano.

Consentida, rebelde, hermosa. Ama a sus padres, sí, pero siempre se les rebela. Está furiosa. No solo por lo ocurrido, sino porque, según ella, sabe defenderse… aunque la verdad es que solo la cogieron desprevenida. Esa versión solo se la cree ella y su voz interior.

—Bebé hermosa, ven, siéntate —dice Tomás con calma—. Te tengo una gran noticia y el fin de tu castigo. Vas a poder salir.

Isabella sonríe apenas… hasta que él continúa.

—Te conseguí uno de los mejores escoltas del país.

—¿¡Qué!? —dice ella levantándose de inmediato—. ¡Papá, te volviste loco!

—Isabella, modera tus palabras —interviene Sara.

—¿Madre, acaso no escuchas? ¡Quiere ponerme un guarura! No lo acepto, ¿sí? Y no insistas.

—Papá, yo sé defenderme —dice intentando calmarse.

—Isabella, no voy a discutir contigo —responde Tomás, firme—. Sé que te consentimos demasiado, pero esto no es negociable. Si no aceptas, no sales de la casa. ¿Me oyes?

—¡Pero papá!

—Pero nada.

Isabella sube furiosa a su habitación.

Tomás llama a Nicolás y le cuenta la reacción de su hija. Nicolás, después de pensarlo, propone algo distinto.

—Mi hombre puede cuidarla sin que ella lo sepa —dice—. Confío en que estará segura. Aunque lo ideal es que esté siempre a su lado… con esa reacción, es probable que intente escapar o jugarle sucio al escolta.

Así quedan.

Días después, Isabella regresa a la oficina. El hombre de Nicolás, Rubén, empieza su trabajo.

Lo que nadie espera es la astucia de Isabella, Ni lo alerta que está después del atentado.

Y Rubén, simplemente, no es suficiente.

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