La Flor de los Veraldi
Clara, una dulce florista, se enamora de Alessio Veraldi, un mafioso de ojos verde olivo. Su relación es acechada por Maximiliano, el patriarca de la familia, quien desprecia el origen de Clara y cuenta con la complicidad silenciosa de Bianca, la gemela de ojos grises de Alessio.
Al descubrir que Clara está embarazada, Maximiliano la obliga a desaparecer bajo una identidad falsa a cambio de dinero. Años después, la frágil joven se ha transformado en una loba implacable: una madre poderosa que ha criado a su hijo en las sombras, lista para volver y enfrentar el imperio que intentó destruirla.
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XX- el eco del pasado y el nuevo eco
Me quedé mirando la puerta mucho tiempo después de que el coche de Bianca desapareciera. La rosa roja pesaba en mi mano como si estuviera hecha de plomo. Acepté el perdón, sí, pero no porque hubiera dejado de doler, sino porque necesitaba creer que con esas palabras él finalmente me dejaría en paz.
Escuché los pasos de Rocco en la calle, acercándose para ayudarme a cerrar la florería, y un pánico repentino me recorrió el cuerpo. No podía dejar que él viera esto. No podía explicarle por qué la hermana del hombre que casi destruye mi vida me había traído una flor y una disculpa.
Subí las escaleras corriendo hacia mi pequeño departamento arriba de la florería. Es un espacio acogedor, lleno de luz, pero demasiado pequeño para los fantasmas que insisten en habitarlo. Busqué en el estante de arriba mi ejemplar de Cumbres Borrascosas y lo abrí por la mitad.
Allí estaba. Una foto vieja, con los bordes gastados, que me negaba a tirar. En la imagen, Alessio y yo nos reíamos frente a la laguna de la antigua finca. Éramos jóvenes, o al menos lo parecíamos antes de que la sangre lo manchara todo. Estábamos rodeados por los 14 patitos.
Una punzada de nostalgia amarga me atravesó el pecho al verlos. Me acordaba perfectamente del día que aparecieron. Eran una manada ruidosa y torpe que nos seguía a todas partes. Cuando decidí escapar, cuando decidí que Clara debía morir para que naciera esta nueva mujer de cabello rojo vino, me llevé todo lo que pude cargar... menos a los patitos.
—No podía traerlos —susurré para mí misma, acariciando la foto con el pulgar—. ¿Cómo iba a cuidar a catorce animales en este departamento tan chico? ¿Cómo iba a explicarle a los vecinos el ruido?
Pero la verdad era más oscura. No se trataba solo del espacio. Dejar a los patitos fue mi forma de intentar amputar a Alessio de mi vida. Eran el recordatorio constante de una ternura que él solo mostraba conmigo, de una época en la que creía que podíamos ser algo más que un verdugo y su víctima. Cuidarlos hubiera sido cuidar un pedazo de él, y yo necesitaba odiarlo para sobrevivir.
Coloqué la rosa roja de Bianca sobre la foto, justo encima de los patitos amarillos que corrían por el césped de la imagen, y cerré el libro con fuerza, aplastando los pétalos. Guardé el secreto en lo más profundo de la estantería, justo cuando la puerta de abajo se abría y la voz de Rocco me llamaba con esa tranquilidad que, a veces, me hacía sentir más sola que nunca.
—¿Clara? ¿Estás arriba, amor? —preguntó él desde la escalera.
Me limpié una lágrima traicionera y me miré al espejo, recomponiendo mi máscara.
—¡Ya bajo, Rocco! —respondí, tratando de que mi voz no temblara.
Bajé las escaleras sabiendo que, aunque la rosa estaba escondida y los patitos estaban lejos, el rastro de Alessio seguía impregnado en las paredes de mi nueva vida, como un perfume que no se quita ni con mil lavados.
La cena con Rocco transcurrió en un silencio que él calificaba de "tranquilo" y que para mí era simplemente asfixiante. Mientras él hablaba sobre los nuevos hornos de la fundición y la producción de acero, yo solo podía pensar en la rosa roja aplastándose lentamente contra la foto de los 14 patitos en el piso de arriba. Sentía el peso de ese libro en mi estantería como si fuera una bomba de tiempo.
Rocco se fue tarde, dándome un beso en la frente y prometiendo pasar temprano para ayudarme con los pedidos del mercado. En cuanto cerré la puerta con doble llave, el silencio del departamento se volvió denso, cargado de preguntas que no quería responder.
Me senté en el sofá, mirando hacia la estantería. Mis pensamientos volaron inevitablemente hacia la finca, hacia ese rincón de paraíso que Alessio había construido para nosotros antes de que la oscuridad lo consumiera todo.
¿Qué habrá sido de ellos?
Catorce patitos. Eran pequeñas bolas de plumón amarillo que me seguían por los jardines, piando con una desesperación que me recordaba a la mía. Alessio los miraba con una expresión que nadie más conocía: una suavidad que solo reservaba para las cosas pequeñas y para mí. Los dejamos atrás. Bueno, yo los dejé atrás. No podía traerlos a esta vida de incógnito, a este pequeño departamento sobre la florería en el corazón de la ciudad. Eran demasiados, demasiado ruidosos, demasiado... suyos.
Me levanté y, casi sin darme cuenta, volví a tomar el ejemplar de Cumbres Borrascosas. Al abrirlo, el aroma de la rosa fresca, mezclado con el papel viejo, me golpeó como un recuerdo físico. La rosa ya empezaba a marchitarse por la presión de las páginas, tiñendo el papel con una mancha carmesí que parecía sangre seca.
Miré la foto de nuevo. Alessio sonriendo. Yo riendo. Los patitos correteando entre nuestros pies.
—Lo siento tanto —susurré, y no sabía si se lo decía a los animales que abandoné o al hombre que una vez creí conocer.
Acepté el perdón de Alessio a través de Bianca porque necesitaba esa tregua, pero la verdad era que ese perdón me hacía más daño que sus gritos. El odio era una armadura; el perdón era una grieta por la que empezaba a filtrarse la duda. Si él era capaz de pedir perdón, si él todavía recordaba lo que fuimos en esa laguna... entonces mi nueva vida con Rocco era solo una mentira construida para protegerme de una verdad que no quería aceptar: que una parte de mí seguía perteneciendo a ese monstruo.
Me acosté esa noche con la rosa bajo la almohada, sintiendo las espinas incluso a través de la tela. Soñé con el agua de la laguna volviéndose roja y con catorce patitos que, en lugar de piar, gritaban mi nombre con la voz de Alessio, reclamando que volviera al lugar al que pertenecía.
Alessio:
El aire en la suite seguía cargado de ese aroma a sexo, poder y el incienso caro que Malik hacía quemar en cada rincón. La mujer de rasgos persas, cuya piel bajo mis manos se sentía como seda líquida, continuaba su labor de intentar devorarme los sentidos. Sus labios eran expertos, moviéndose sobre los míos con una técnica que cualquier otro hombre consideraría la gloria absoluta.
Un par de copas de ese licor ambarino habían encendido algo en mí, un fuego travieso que no sentía hacía mucho tiempo. Me dejé besar, permitiendo que su lengua explorara mi boca mientras mi mano se cerraba con fuerza en su cintura, pegándola a mi cuerpo.
—You are somewhere else, Alessio, —susurró ella entre besos, sus ojos buscándome en la penumbra de la habitación—. I can feel your body, but your ghost is far away.
(Traducción: Estás en otro lugar, Alessio. Puedo sentir tu cuerpo, pero tu fantasma está lejos).
Solté una risa ronca, pero esta vez con un toque de diversión genuina que la hizo sonreír. La atraje más hacia mí, mis 34 centímetros palpitando con una promesa de placer.
—Ghost? My dear, you must be seeing things, —repliqué, mi voz ronca y cargada de una picardía que la hizo gemir—. The only spirit here is the one rising between your legs.
(Traducción: ¿Fantasma? Mi querida, debes estar viendo cosas. El único espíritu aquí es el que se está levantando entre tus piernas).
La giré sobre la cama, sus piernas suaves enredándose en las mías. El alcohol me había dado una ligereza, una libertad para el juego que raramente permitía. Bajé mi boca a su cuello, succionando con fuerza, escuchando cómo su risa se convertía en gemidos ahogados.
—Alessio! You are insatiable! —exclamó ella entre jadeos, arqueando la espalda mientras mis dedos exploraban la humedad de su coño.
(Traducción: ¡Alessio! ¡Eres insaciable!)
—And you, my jewel, are a challenge, —mascullé contra su piel, encontrando el punto exacto que la hizo temblar—. A delicious, sinful challenge. Show me how much you want to be devoured.
(Traducción: Y tú, mi joya, eres un desafío. Un desafío delicioso y pecaminoso. Muéstrame cuánto quieres ser devorada).
La levanté sin esfuerzo, sentándola sobre mi regazo, mis 34 centímetros presionando su entrada. Ella gimió, su cuerpo retorciéndose de expectación. La penetré lentamente, disfrutando de cada centímetro que se abría paso en su interior, mientras ella soltaba pequeños gritos de placer.
—Fuck me, Alessio... please! Deeper! —rogaba, su voz casi inaudible por la excitación.
(Traducción: Fóllame, Alessio... ¡por favor! ¡Más profundo!)
—Oh, I will, little bird, —le prometí, mis caderas moviéndose con un ritmo deliberado, lento y luego rápido, como una marea—. I will make you forget your own name. And mine too, perhaps.
(Traducción: Oh, lo haré, pajarito. Haré que olvides tu propio nombre. Y el mío también, quizás).
La follé con una intensidad que rozaba la locura. La levantaba y la bajaba, la giraba, la sostenía en el aire, sus piernas enredadas en mi cintura mientras mis estocadas la elevaban a un clímax tras otro. Su risa se mezclaba con sus gemidos, una sinfonía de placer desenfrenado que resonaba en la suite. Sentí su cuerpo apretarme con una fuerza increíble cuando ambos llegamos al éxtasis, y me vacié en ella con un grito animal que se perdió en la opulencia de la habitación.
Caímos exhaustos sobre los cojines, sudorosos y jadeantes. La mujer se acurrucó contra mí, su cabeza en mi pecho, y yo la abracé. No había espacio para otros pensamientos; solo el calor de su cuerpo y la euforia del placer que habíamos compartido. Por un momento, no era Alessio Veraldi, el capo de la mafia; era solo un hombre disfrutando de un juego peligroso y deliciosamente carnal.
(al dia siguiente)
La luz del sol se filtraba por las persianas doradas, cortando el aire estancado de la habitación con haces de polvo que bailaban sobre la piel de la mujer a mi lado. Soraya. Ese era su nombre, aunque me gustaba más llamarla Little Bird (Pajarito). Su piel seguía oliendo a incienso y a ese perfume almizclado que me embriagaba.
Sentí unos labios suaves y húmedos recorriendo la línea de mi mandíbula. Fue un beso lento, un aleteo de mariposa que me obligó a abrir los ojos. Soraya estaba apoyada sobre sus codos, observándome con una sonrisa que mezclaba la picardía con la adoración.
Sonreí, un gesto torcido y lleno de esa arrogancia que me caracterizaba al despertar. La sensación de su cuerpo desnudo contra el mío, después de la batalla campal de anoche, era casi... reconfortante. Casi.
—Morning, Little Bird, —murmuré con voz rasposa, estirándome como un felino—. You look like you’ve been doing some serious damage.
(Traducción: Buenos días, Pajarito. Parece que has estado causando daños serios).
Ella soltó una risita suave y se alejó un poco, extendiendo el brazo hacia la mesita de noche de mármol. Mi teléfono vibraba como un insecto atrapado en un cristal. Lo tomó y me lo lanzó sobre el pecho con un puchero exagerado y una chispa de molestia en los ojos.
—Your sister is killing me, Alessio, —se quejó ella en inglés, dándome un golpecito en el hombro—. She’s been blowing up your phone all night. She sounds... very aggressive.
(Traducción: Tu hermana me está matando, Alessio. Ha estado haciendo estallar tu teléfono toda la noche. Suena... muy agresiva).
Tomé el dispositivo. La pantalla se iluminó con una serie de mensajes de Bianca que, de haber estado en papel, habrían incendiado la habitación.
“¿Dónde demonios estás? Malik no es tu maldito amigo de copas.”
“El trato se cierra, se firma y se regresa. No son unas vacaciones de cinco semanas, Alessio.”
“Si no contestas en diez minutos, le diré a papá que te has vuelto loco. Mueve el culo de regreso a la ciudad.”
Solté una carcajada seca, mirando a Soraya. La frustración de Bianca era casi tan deliciosa como el sexo de anoche.
—She’s just jealous that I’m enjoying the desert more than the office, —dije, arqueando una ceja hacia Soraya mientras deslizaba mis dedos por su espalda desnuda—. Bianca forgets that even a king needs to play before he goes back to the battlefield.
(Traducción: Ella solo tiene envidia de que estoy disfrutando más del desierto que de la oficina. Bianca olvida que incluso un rey necesita jugar antes de volver al campo de batalla).
Me puse en pie, sin importarme la desnudez, y caminé hacia el baño. La realidad de la mafia, de los negocios y de la tensión en casa estaba llamando a la puerta, pero por ahora, el eco de los gritos de mi hermana en los mensajes de texto era solo ruido de fondo.
Cinco semanas. Bianca exageraba, aunque admito que el tiempo en este palacio de excesos se había vuelto borroso. Me miré en el espejo del baño: el heredero Veraldi, de vuelta al ruedo. Mi mirada volvió a buscar a Soraya, que me miraba desde la cama con curiosidad.
—Tell me, Little Bird, —le dije, volviéndome hacia ella con un brillo peligroso en la mirada—. If I leave today, will you still be here when I return to claim my percentage of this suite?
(Traducción: Dime, Pajarito. Si me voy hoy, ¿seguirás aquí cuando regrese a reclamar mi porcentaje de esta suite?)
Soraya se hundió más en las sábanas de seda, envolviéndose en ellas como si fueran un capullo de lujo. Sus ojos, oscuros y brillantes, me siguieron mientras buscaba mi ropa por la habitación, y de repente, su rostro se transformó. Hizo un mohín, un gesto infantil y desesperadamente tierno que, en cualquier otra mujer, me habría parecido patético, pero en ella... en ella era una invitación a la perdición.
Se incorporó un poco, dejando que la seda resbalara solo lo suficiente para revelar la curva de su hombro, y me miró con una mezcla de súplica y picardía.
—Alessio, don't leave me here alone in this golden cage, —dijo con esa voz aterciopelada que todavía me hacía vibrar las terminaciones nerviosas—. Take me with you. Please? I promise I’ll be a good girl. No trouble, no secrets. Just... let’s walk around the city like a real couple. Like lovers who aren't hiding from anything. Just for one day?
(Traducción: Alessio, no me dejes aquí sola en esta jaula de oro. Llévame contigo. ¿Por favor? Prometo que seré una buena chica. Sin problemas, sin secretos. Solo... caminemos por la ciudad como una pareja real. Como amantes que no se esconden de nada. ¿Solo por un día?)
Me detuve en seco, con una camisa de lino a medio abotonar. Una risa corta, incrédula, escapó de mi garganta. ¿Caminar como novios? ¿Una pareja real? Ese concepto me resultaba tan ajeno como la compasión. En mi mundo, los hombres como yo no tienen "novias", solo tienen activos, posesiones o distracciones temporales.
Sin embargo, me acerqué a la cama y me senté al borde, atrapando su barbilla con los dedos para obligarla a mirarme. Sus ojos brillaban con esa inocencia fabricada que me fascinaba.
—You ask for a dangerous thing, Little Bird, —respondí en inglés, mi voz cargada de un tono burlón—. Walking in public with a Veraldi is a death sentence for your anonymity. We don’t do "dates." We do territory and power. But... —me incliné, rozando sus labios con los míos en un beso breve y seco—, the idea of showing you off to a world that doesn’t deserve your beauty... it’s almost tempting.
(Traducción: Pides algo peligroso, Pajarito. Caminar en público con un Veraldi es una sentencia de muerte para tu anonimato. Nosotros no tenemos "citas". Nosotros manejamos territorio y poder. Pero... la idea de mostrarte a un mundo que no merece tu belleza... es casi tentadora).
Ella se acercó más, sus manos buscando mi nuca para atraerme de nuevo, suplicando en silencio. La soberbia de Alessio Veraldi luchaba contra el impulso de ceder, simplemente porque odiaba que alguien me pidiera algo con tanta confianza.
—Don't tempt the devil, Soraya, —añadí, aunque en el fondo de mi mente ya estaba considerando el caos que causaría en Dubái si aparecía con ella del brazo, ignorando por completo los mensajes de pánico de Bianca—. If I take you, you belong to me for those hours. Every look, every step, every breath. Can you handle that?
(Traducción: No tientes al diablo, Soraya. Si te llevo, me perteneces durante esas horas. Cada mirada, cada paso, cada aliento. ¿Puedes manejar eso?)
Vi cómo su sonrisa se ensanchaba. Sabía que había ganado. Yo también lo sabía. El imperio podía esperar un par de horas más, y la furia de mi hermana sería una excelente banda sonora para un paseo por el desierto bajo mis propios términos.
La arrogancia de Soraya, al deslizarse fuera de las sábanas de seda con esa elegancia felina, terminó de convencerme. Si quería jugar a ser mi "novia" por un día en el corazón de Dubái, que así fuera. El caos es mi elemento natural; mi hermana Bianca podía seguir enviando sus mensajes histéricos hasta que el teléfono le explotara en la mano.
Me vestí con un traje de lino ligero y gafas oscuras, viendo cómo ella se arreglaba con una rapidez que me recordó que, bajo esa piel de seda, había un instinto de supervivencia tan agudo como el mío. Salimos de la suite, pero apenas alcanzamos el vestíbulo principal, un muro de hombres vestidos de negro nos cortó el paso. Uno de ellos, el lugarteniente de Malik, con una cicatriz que le cruzaba el pómulo, se plantó frente a nosotros.
—Alessio, a word, —dijo el hombre, bloqueando nuestro camino—. Malik provided this beauty for your entertainment, not for public display. Some jewels are not meant to be taken out of their box. If she leaves this palace, she loses her value.
(Traducción: Alessio, una palabra. Malik proporcionó esta belleza para tu entretenimiento, no para exhibición pública. Algunas joyas no están destinadas a ser sacadas de su caja. Si ella deja este palacio, pierde su valor).
Sentí cómo la mano de Soraya se cerraba en mi brazo, tensa. El hombre tenía una mano cerca de su arma oculta bajo el saco. Sonreí de forma ladeada, dejando que mi mano derecha se deslizara hacia la culata de mi propia pistola. El ambiente se volvió pesado, eléctrico.
—Are you telling me what I can or cannot take out of my own room? —pregunté, mi voz bajando varios tonos, convirtiéndose en un rugido sordo—. You are making a mistake, friend. You are confusing a guest with a prisoner.
(Traducción: ¿Me estás diciendo qué puedo o no puedo sacar de mi propia habitación? Estás cometiendo un error, amigo. Estás confundiendo a un invitado con un prisionero).
Antes de que el tipo pudiera responder, una risa profunda resonó en el pasillo de mármol. Malik Al-Fayed apareció desde una de las salas laterales, rodeado de su séquito. Al ver la escena, levantó la mano y apartó al guardia con un empujón desdeñoso.
—Back off! —ordenó Malik, y luego se volvió hacia mí con una sonrisa radiante—. Forgive my dog, Alessio. He is trained to protect my treasures, not to recognize a king when he sees one.
(Traducción: ¡Atrás! Perdona a mi perro, Alessio. Está entrenado para proteger mis tesoros, no para reconocer a un rey cuando lo ve).
Malik se acercó, nos miró a ambos y soltó una carcajada. Puso una mano sobre mi hombro con una camaradería fingida que ocultaba el veneno de siempre.
—Take her, Alessio. Take her whenever and wherever you want. She is yours while you are my guest. If she breaks, you can always buy another one. Or better yet, take her as a souvenir of our business.
(Traducción: Llévatela, Alessio. Llévatela cuando y a donde quieras. Ella es tuya mientras seas mi invitado. Si se rompe, siempre puedes comprar otra. O mejor aún, llévatela como recuerdo de nuestros negocios).
—A souvenir... —repetí, mirando a Soraya, que me miraba con una mezcla de alivio y sumisión—. I think I’ll keep her for the rest of my stay. Thanks, Malik.
(Traducción: Un recuerdo... Creo que la mantendré conmigo el resto de mi estadía. Gracias, Malik).
Le hice una seña a Soraya y cruzamos las puertas del palacio bajo la mirada de los hombres de Malik. El aire del exterior nos golpeó de golpe. Ella estaba temblando levemente, pero su sonrisa era de triunfo. Yo, por mi parte, sentía que había ganado una partida más. No se trataba de la chica, se trataba de haber marcado mi territorio en la casa del mismísimo demonio.