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Reina ENTRÉ LAS SOMBRAS

Reina ENTRÉ LAS SOMBRAS

Status: En proceso
Genre:Mafia / Romance oscuro / Acción
Popularitas:418
Nilai: 5
nombre de autor: rosse 345

​"Luna murió en las calles para que Rose pudiera reinar en las sombras."
​Mi madre me llamó Luna Mongoberry al nacer, esperando quizás que fuera una luz suave en medio de la miseria. Pero la luz no te alimenta cuando tienes hambre, ni te protege cuando el mundo decide convertir tu vida en un infierno. Mi infancia no fue un cuento; fue una guerra de supervivencia que consumió cada rastro de nobleza y amabilidad que alguna vez tuve.
​Decidí dejar atrás a la niña débil. Me convertí en Rose Mongoberry, conservando el apellido que es sagrado para mí porque le perteneció a ella, pero transformando mi alma en algo mucho más letal. Rose tiene espinas, Rose quema, y Rose no perdona.
​En el mundo de la mafia, donde los hombres creen que las mujeres son solo trofeos, yo he venido a demostrar que soy el verdugo.
Bienvenidos a mi reino. Aquí, las rosas no huelen a perfume; huelen a pólvora y victoria.

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Capítulo 14: Cicatrices Compartidas

—Pistolero, ¿puedo hacerte una pregunta? —le dije mientras lo observaba.

Él me miró con una media sonrisa, esa que mezcla cansancio con respeto.

—Dime, Reina. ¿Qué quieres saber ahora? Ya creo que te estoy empezando a conocer.

​—Solo quiero saber de ti. ¿Cómo terminaste en este mundo?

​El Pistolero soltó una carcajada seca y luego su mirada se perdió en el horizonte. Me contó una historia que me heló la sangre. A los 20 años, era un hombre feliz, con una esposa embarazada. Pero la enfermedad llegó y el dinero se acabó. Pidió prestado a las personas equivocadas y, cuando no pudo pagar a tiempo, la crueldad humana se manifestó de la peor forma: entraron al hospital y desconectaron a su esposa. Ella murió, y con ella, el hijo que nunca llegó a conocer.

​—Me dejaron una nota: "Ahí tienes tu deuda". Me vengué de cada uno —confesó con una frialdad que yo entendía perfectamente—. Mi familia me dio la espalda, me llamaron asesino. El Viejo fue el único que me tendió la mano. Ahora tengo 25 años y, aunque sé que mi esposa odiaría en lo que me convertí, aquí estoy. Bienvenida al grupo de los vengadores, Reina. Aquí todos estamos por dinero o por sangre.

​El libro abierto de Rose

​Él me había entregado su confianza, y sentí que era momento de entregar la mía. Le conté todo. Le hablé de los diez años, de los niños que me pateaban y me rompían la camisa en la escuela. Le hablé de mi padre, ese monstruo que me arrancaba mechones de pelo cada vez que llegaba a casa golpeada por otros.

​Pero lo más oscuro salió de mi boca como un veneno necesario:

—Una noche, al salir de trabajar en una bodega, esos mismos idiotas del colegio me acorralaron en una esquina. Uno por uno... me violaron. No olvido sus caras. No olvido sus nombres. Mi lista negra empezó ahí. Pedro es el primero, pero esos inútiles también van a pagar.

​El Pistolero se quedó en silencio, procesando el horror de mi vida.

—Has vivido duro, niña. De verdad das miedo... bueno, das respeto, Reina.

​—Ya no siento miedo ni dolor —le respondí con una sonrisa amarga—. En parte, les agradezco haberme convertido en esto.

​El fantasma del pasado: Hana

​Decidimos ir al club. El Tumba, el Pistolero y yo, escoltados por nuestro equipo. Al entrar, una voz que creía enterrada en mis recuerdos gritó un nombre que ya no me pertenecía:

​—¿Luna? ¿Eres tú?

​Me tensé. Al girar, vi a Hana, la única amiga que alguna vez me defendió en la escuela. Estaba vestida de mesera.

—¿Hana? ¿Qué haces trabajando en un lugar como este? —le pregunté, tratando de ocultar mi asombro.

​—Mi padre se metió en problemas, ya no hay dinero y necesito pagar la escuela —dijo ella, escaneándome de arriba abajo—. ¿Y tú? Desapareciste del colegio de un día para otro. ¿Qué haces aquí entrando con toda esta gente? Me estás regañando por trabajar aquí, pero tú pareces la dueña del lugar.

​Hana me miraba con la inocencia de la vida que yo ya no tenía. Para ella, yo seguía siendo la Luna indefensa. No tenía idea de que la chica que tenía enfrente ya no era una víctima, sino alguien que cargaba muertos en su cuenta y una corona de sombras sobre la cabeza.

​—Vine a buscar a la señora Mildred —dije cortante, tratando de no quebrarme—. No es lo que parece, Hana. O quizás es exactamente lo que parece.

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la potaxia 63
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