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.6 Antes De Que Llegarás Tu

.6 Antes De Que Llegarás Tu

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Reencuentro / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Araiya siempre supo cómo debía vivir: sin errores, sin escándalos, sin salirse del camino. La perfección era su refugio… hasta que conoció a Andrés.
Él es todo lo que ella debería evitar. Frío, dominante y acostumbrado a controlar cada aspecto de su vida, Andrés no cree en el amor, solo en el poder. Pero hay algo en Araiya que no encaja en sus reglas, algo que lo desafía… y lo atrae de una forma que no puede detener.
Lo que comienza como una conexión prohibida pronto se convierte en un vínculo intenso, adictivo y peligroso. Entre decisiones impulsivas, secretos y un pasado que nunca deja de perseguirlos, ambos cruzan límites que cambiarán sus vidas para siempre.
Hasta que una traición lo destruye todo.
Cuando creen que ya no queda nada por salvar, aparece lo inesperado: una nueva vida que los une de una manera imposible de ignorar.
Ahora, entre el dolor, el orgullo y las segundas oportunidades, tendrán que decidir si el amor que los rompió… también puede ser el que los salve.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 21

La noche…

No daba margen de error.

Oscura.

Silenciosa.

Expectante.

Como si supiera…

Que algo importante estaba por suceder.

Los vehículos avanzaban sin hacer ruido.

Luces apagadas.

Rutas calculadas.

Respiraciones contenidas.

Todo medido.

Todo controlado.

Al menos…

Eso creían.

El punto marcado en el mapa…

No era cualquier lugar.

Era el centro oculto.

Donde el intermediario operaba.

Donde todo se conectaba.

Y donde…

Todo podía terminar.

O empeorar.

Araiya miraba al frente.

Seria.

Concentrada.

Inquebrantable por fuera.

Pero su mente…

No estaba completamente en la misión.

El beso.

Otra vez.

Como un eco.

Como un recuerdo que no pedía permiso.

—Ahora no.

Se dijo.

Bajo.

Firme.

Porque entendía algo peligroso:

Sentir…

En el momento equivocado…

Podía costarle todo.

Andrés.

En silencio.

Manos firmes.

Mirada fija.

Pero igual que ella…

No estaba completamente ahí.

Sin mirarla…

Sabía cómo estaba.

Tensa.

Enfocada.

Y aún así…

Cargando algo más.

Su mirada se movió apenas.

Un segundo.

Suficiente.

Para asegurarse de que estaba bien.

Sin que ella lo notara.

Y ella…

Sin verlo directamente…

Lo sintió.

No necesitaban hablar.

No necesitaban tocarse.

Seguían conectados.

Como si nada hubiera cambiado.

Aunque todo lo había hecho.

—Dos minutos.

La voz de Mateo rompió el silencio.

—Perímetro activo.

—Pero hay puntos ciegos.

—Síganlos.

Respondió Araiya.

Segura.

—Los patrones no han cambiado.

Silencio.

—Confían demasiado en su sistema.

Y eso…

Era su ventaja.

O su mayor error.

Los vehículos se detuvieron.

A distancia.

Como estaba planeado.

Las puertas se abrieron.

Movimiento rápido.

Preciso.

Invisible.

Sombras entre sombras.

—Equipo listo.

Murmuró Andrés.

—Entramos en tres.

Una pausa.

—Ángela, perímetro.

—Mateo, control.

Silencio.

—Araiya…

Se detuvo.

Un segundo.

Nada más.

—Conmigo.

—Ya lo sé.

Respondió ella.

Sin mirarlo.

Pero sin discutir.

Antes…

Eso habría sido tensión.

Ahora…

Era entendimiento.

Se movieron.

Respiración controlada.

Pasos calculados.

El mundo se redujo a ritmo…

Y supervivencia.

Dos guardias.

Ronda cruzada.

—Izquierda.

Susurró ella.

—Derecha.

Respondió él.

Sin contar.

Sin coordinar en voz alta.

Se movieron al mismo tiempo.

Perfecto.

Letal.

Silencioso.

Dos cuerpos cayeron.

Sin ruido.

Sin error.

Se miraron.

Un segundo.

Nada más.

Y entendieron algo que no necesitaba palabras:

Seguían funcionando.

Seguían siendo ellos.

—Continúen.

La voz de Ángela llegó.

—Todo limpio por ahora.

Entraron al edificio.

Oscuridad controlada.

Pasillos largos.

Demasiado… tranquilos.

—No me gusta esto.

Murmuró Araiya.

—A mí tampoco.

Dijo Andrés.

Demasiado fácil.

Demasiado limpio.

Demasiado… preparado.

—Esperen.

La voz de Mateo cambió.

—Hay interferencia.

Silencio.

—No es del sistema.

El aire se tensó.

—Es externa.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Y entonces…

La verdad cayó.

—Nos están esperando.

Y en ese instante…

Todo el plan dejó de ser ventaja.

Porque esta vez…

No eran ellos los que cazaban.

Eran los esperados.

Y eso solo significaba una cosa:

La trampa…

Ya estaba activa.

El silencio…

Se rompió.

No con palabras.

Con impacto.

Las luces parpadearon.

Una vez.

Dos.

Y luego…

Oscuridad total.

—¡Movimiento!

La voz de Andrés salió firme.

Entrenada.

Pero esta vez…

No alcanzó a cubrirlo todo.

El primer disparo cruzó el pasillo.

Rápido.

Preciso.

Letal.

El sonido rebotó en las paredes como un aviso:

Ya era tarde.

—¡Cúbrete!

Andrés reaccionó sin pensar.

Instinto puro.

Tomó a Araiya.

La empujó contra la pared.

Cubriéndola con su cuerpo.

Demasiado rápido.

Demasiado natural.

—Estoy bien.

Respondió ella.

Pero no se apartó de inmediato.

Porque incluso en medio del caos…

Ese contacto…

Se sintió.

Más disparos.

Más pasos.

Más sombras moviéndose en la oscuridad.

Demasiados.

—Nos rodearon.

La voz de Mateo se quebró apenas.

—No estaban en el mapa.

—Es una emboscada.

Dijo Ángela.

Fría.

Clara.

Sin margen de error.

—Divídanse.

Silencio.

—Ahora.

Ese “ahora”…

No era opción.

Era supervivencia.

Andrés dudó.

Un segundo.

Solo uno.

Miró a Araiya.

Y en ese instante…

Todo lo demás desapareció.

—Punto central.

Dijo ella.

Sin miedo.

—Nos vemos ahí.

—No—

Intentó detenerla.

Pero ya se estaba moviendo.

Rápida.

Decidida.

Irreversible.

—¡Araiya!

La llamó.

Más fuerte esta vez.

Más personal.

Pero ella no se detuvo.

Algo dentro de Andrés…

Se tensó.

Fuerte.

Demasiado.

Quiso seguirla.

Ignorar el plan.

Romper la formación.

Elegirla.

Pero no lo hizo.

—Concéntrate.

Se dijo.

Con rabia contenida.

—Confía en ella.

Pero confiar…

Nunca había sido tan difícil.

Araiya corría.

Pasillos largos.

Sombras cambiantes.

Disparos a la distancia.

Todo se movía.

Todo era ruido.

Pero su mente…

Estaba clara.

Fría.

Letal.

—Punto central.

Repitió.

Como ancla.

Como destino.

Un enemigo apareció.

De frente.

Sin aviso.

No hubo duda.

No hubo pausa.

Araiya se movió.

Rápido.

Preciso.

Esquivó el disparo.

Giró.

Golpeó.

Neutralizó.

El cuerpo cayó.

Antes de que el eco del disparo muriera.

Y ella…

No se detuvo.

Ya no reaccionaba.

Dominaba.

—La perdí de vista.

La voz de Andrés sonó en el comunicador.

Tensa.

Demasiado.

—No.

Respondió Ángela.

Segura.

—No la perdiste.

Silencio.

—Confía en su ruta.

Eso lo detuvo.

Un segundo.

Nada más.

—Va directo al objetivo.

Continuó ella.

—Como tú le enseñaste.

Andrés apretó la mandíbula.

Porque sabía…

Que era verdad.

Pero eso no lo hacía más fácil.

—Entonces yo cubro salida.

Dijo finalmente.

Recuperando control.

A la fuerza.

Araiya llegó.

Puerta reforzada.

Blindada.

El centro.

El punto.

Se detuvo.

Un segundo.

Escuchó.

Nada.

Demasiado silencio.

—Esto no está bien.

Murmuró.

Pero aun así…

No retrocedió.

Empujó la puerta.

Y entró.

Oscuridad.

Amplia.

Vacía.

Pero no sola.

—Sabía que vendrías.

La voz salió desde el fondo.

Lenta.

Controlada.

Demasiado tranquila.

Araiya no se movió.

No retrocedió.

No bajó la guardia.

—Entonces no vine en vano.

Respondió.

Firme.

La figura salió de la sombra.

Elegante.

Impecable.

Pero su mirada…

No lo era.

Era peligrosa.

No por violencia.

Por conocimiento.

—Valiente.

Sonrió apenas.

—O imprudente.

—Informada.

Respondió Araiya.

Sin titubear.

Él la observó.

Más de lo necesario.

Como si no solo la estuviera viendo…

Sino leyendo.

—Tienes algo que no deberías tener.

Dijo.

Inclinado ligeramente la cabeza.

—Y eso…

Una pausa.

—Te convierte en un problema.

Silencio.

Pero no era un silencio vacío.

Era cálculo.

—La diferencia…

Dijo Araiya.

Dando un paso al frente.

—Es que yo ya lo sé.

Eso lo detuvo.

Un segundo.

Y en ese segundo…

Algo cambió.

—Interesante.

Murmuró él.

—No viniste a preguntar.

La miró directo.

—Viniste a desafiar.

El aire se tensó.

Más.

—No.

Respondió ella.

Fría.

Precisa.

—Vine a terminarlo.

Silencio.

Y esta vez…

Él no sonrió.

Porque por primera vez…

No estaba seguro de tener el control.

El silencio dentro de la sala…

No era vacío.

Era presión.

Del tipo que se siente en el pecho…

antes de que algo explote.

Araiya no se movió.

No retrocedió.

No bajó la guardia.

—Sabía que vendrías.

Repitió él.

Más cerca ahora.

Más claro.

La figura terminó de salir de las sombras.

Elegante.

Impecable.

Pero su mirada…

No pertenecía a alguien que obedecía.

Sino a alguien que sabía demasiado.

—Te estaban esperando.

Dijo.

Como si fuera obvio.

—Entonces llegué al lugar correcto.

Respondió Araiya.

Firme.

Él la observó.

En silencio.

Más tiempo del necesario.

Como si estuviera decidiendo algo.

—No.

Dijo finalmente.

—Llegaste al único lugar…

Una pausa.

—Del que no vas a salir igual.

Silencio.

Pero esta vez…

No intimidaba.

Advertía.

—Eso ya lo sé.

Araiya no apartó la mirada.

—La pregunta es…

Un paso al frente.

—¿De qué lado estás tú?

Eso…

Lo tocó.

Apenas.

Pero suficiente.

Porque no respondió de inmediato.

Y ese retraso…

Dijo más que cualquier palabra.

—No todos aquí elegimos estar.

Murmuró.

Más bajo.

Menos calculado.

El aire cambió.

—Hay presión.

—Hay miedo.

—Y hay gente que desaparece…

Una pausa.

—Si hace las preguntas equivocadas.

—¿El socio?

Preguntó Araiya.

Directa.

Silencio.

Él no respondió.

Pero no hizo falta.

—Entonces sí es real.

Murmuró ella.

—Más de lo que crees.

Respondió él.

Y esta vez…

No sonó como amenaza.

Sonó como advertencia.

Un ruido.

Puerta forzada.

Pasos rápidos.

Andrés.

Respiración agitada.

Mirada fija.

Directo a ella.

—¿Estás bien?

La pregunta salió sin control.

Sin estrategia.

Sin filtro.

—Sí.

Respondió Araiya.

Pero no apartó la mirada del hombre.

Ahora eran tres.

Y el aire…

Se volvió inestable.

—Tienen compañía.

La voz de Ángela entró.

Tensa.

—Muchos.

Silencio.

—No tienen más de dos minutos.

—Nos vamos.

Dijo Andrés.

Inmediato.

—Espera.

El intermediario habló.

Más fuerte esta vez.

Más urgente.

Ambos lo miraron.

—Si salen de aquí…

Una pausa.

—No habrá vuelta atrás.

—Eso ya pasó.

Dijo Araiya.

Sin dudar.

El hombre la observó.

Y algo en su expresión…

Cambió.

No era miedo.

No era duda.

Era decisión.

—Entonces escúchame bien.

Dijo.

Más bajo.

Más rápido.

Metió la mano en su saco.

Andrés se tensó.

Listo para reaccionar.

Pero él no sacó un arma.

Sacó un dispositivo.

Pequeño.

Negro.

Codificado.

—Toma esto.

Lo lanzó.

Andrés se movió.

Pero Araiya fue más rápida.

Lo atrapó.

Sin apartar la vista.

—¿Qué es?

Preguntó Andrés.

—La parte que nadie más tiene.

Respondió él.

Silencio.

—No es toda la red.

Continuó.

—Es…

Una pausa.

—El acceso al que está por encima de todos.

El aire se congeló.

—Eso es imposible.

Dijo Andrés.

—No.

Negó él.

—Solo está oculto donde nadie mira.

Araiya apretó el dispositivo.

—¿Por qué dárnoslo?

Directa.

Sin rodeos.

Él sonrió.

Pero no fue arrogancia.

Fue algo más oscuro.

—Porque alguien tiene que romper esto.

Una pausa.

—Y yo…

La miró directo.

—No puedo hacerlo desde adentro.

Silencio.

Pero algo no encajaba.

Araiya lo sintió.

Ese pequeño detalle.

Esa mínima grieta.

—¿Y qué ganas tú?

Preguntó.

Más fría ahora.

Más analítica.

Y entonces…

El giro.

—Tiempo.

Respondió él.

Silencio.

—Para salir…

Una pausa.

—Antes de que me eliminen.

Eso…

Era verdad.

Pero no completa.

Araiya lo supo.

Y aun así…

Guardó el dispositivo.

Porque a veces…

La verdad incompleta…

Sigue siendo útil.

—¡Ahora!

La voz de Ángela cortó todo.

Disparos.

Pasos.

Caos acercándose.

No hubo más tiempo.

No hubo más preguntas.

Corrieron.

Juntos.

Otra vez.

Andrés cubría.

Araiya avanzaba.

Sincronizados.

Instintivos.

Imparables.

Pero justo antes de salir…

Araiya miró atrás.

Un segundo.

Nada más.

El intermediario…

No se movió.

Solo la observó.

Y entonces…

Algo hizo.

Rápido.

Casi imperceptible.

Presionó algo en su muñeca.

Los ojos de Araiya se abrieron apenas.

—…

No dijo nada.

Pero lo entendió.

Eso…

No era solo ayuda.

Era una jugada doble.

Salieron.

El aire golpeó.

Fuerte.

Real.

—¿Qué fue eso?

Preguntó Andrés.

Mirando el dispositivo.

Araiya no respondió de inmediato.

Su mente…

Ya estaba varios pasos adelante.

—La siguiente puerta.

Dijo finalmente.

Pero su voz…

No sonó tranquila.

Sonó peligrosa.

Porque ahora sabía algo.

El enemigo…

No solo los estaba esperando.

Los estaba guiando.

Se miraron.

Otra vez.

Más fuerte.

Más claro.

Pero esta vez…

Había algo más entre ellos.

Alerta.

Porque ahora…

No solo estaban cazando.

También…

Podían estar siendo dirigidos.

Y eso…

Lo cambiaba todo.

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