En la prestigiosa Academia de Artes Arcanas, el poder es la única moneda de cambio y el linaje lo es todo. Selene, una joven con un pasado fragmentado y un poder latente que no logra comprender, intenta pasar desapercibida entre lobos sedientos de sangre y vampiros de hielo. Sin embargo, su destino cambia para siempre cuando el Vínculo de Plata, una marca ancestral y prohibida, comienza a arder en su piel.
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Cazadores de almas
El silencio que siguió a la desaparición de Marcus era más pesado que cualquier amenaza. Selene miraba la moneda en su mano, que ahora emitía un calor pulsante, casi como un corazón latiendo rítmicamente contra su palma.
-"Mi sangre forjó esta moneda"- repitió Selene, con la voz temblando de rabia -¿Qué quiso decir con eso, Alex? ¿Y por qué parece que ustedes dos están a punto de desmoronarse?-
Alex golpeó la mesa de caoba con el puño, agrietando la madera -No sé quién es ese tipo que vive en las alcantarillas de la historia-
-¡Deja de mentirme!- gritó Selene, y por primera vez, su voz resonó con una autoridad que hizo que las luces de la biblioteca parpadearan -Karl tiene una moneda igual. Marcus dice que es una llave. Y ustedes me miran como si fuera un arma cargada-
Leo, que había estado observando la moneda con una mezcla de fascinación y terror, suspiró y se acercó a ella, ignorando la mirada de advertencia de su hermano.
-Hay una parte de nuestra historia que nunca te contamos, Selene.. bueno, no sabes mucho de nosotros- dijo Leo suavemente -Hace siglos, los grandes linajes de vampiros y licántropos no eran enemigos. Estaban unidos por una tercera estirpe: los Argentum. No eran cazadores, eran alquimistas. Ellos crearon la "Plata de Gracia" para ayudarnos a controlar nuestra sed y nuestra furia-
-Pero algo salió mal- continuó Alex, su voz ahora amarga -Los cazadores, los Venatores, masacraron a los Argentum para robar sus secretos y convertir esa plata en armas de exterminio. Se creía que el linaje de los alquimistas se había extinguido.
Selene sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies -¿Están diciendo que yo... soy una de ellos?-
-No solo una de ellos- dijo Leo, señalando la marca en la moneda -Esa rama de fresno es el sello real de los Argentum. Marcus sabe que si tú despiertas tu herencia, podrías destruir a los Venatores... o podrías destruirnos a nosotros. Esa moneda no es para abrir puertas, Selene. Es para desbloquear lo que corre por tus venas-
De repente, un estruendo de cristales rotos resonó en la cúpula de la biblioteca. Una red de cadenas de plata cayó desde las alturas, rodeando la mesa donde estaban.
Las cadenas de plata brillaban con una luz azulada, emitiendo un zumbido que hacía que Alex y Leo cayeran de rodillas, gimiendo de dolor. El simple aire magnetizado por el metal precioso estaba quemando sus sentidos.
-¡Qué conmovedora reunión de historia!- La voz de Karl descendió desde el segundo piso del archivo- Lástima que los libros no puedan salvarlos ahora.
Karl bajó por las escaleras con la parsimonia de un depredador que sabe que su presa no tiene escapatoria. En sus manos llevaba una ballesta corta, cargada con un perno cuya punta era de un cristal traslúcido lleno de un líquido plateado.
-Suéltalos, Karl- dijo Selene, dando un paso frente a los hermanos. Se dio cuenta de que, mientras ellos sufrían, ella se sentía extrañamente llena de energía. La moneda en su bolsillo quemaba, pero era un calor vigorizante.
-Oh, Selene. Siempre tan protectora con los monstruos- Karl se detuvo a pocos metros, apuntando el arma directamente al corazón de Alex -No estoy aquí por ellos. Son solo el cebo. Estoy aquí para que aceptes tu lugar. Mi familia ha guardado tu linaje en la sombra durante generaciones, esperando a que la "Llave" apareciera-
-¿Tu familia me guardó?- Selene estaba confundida -¡Me están persiguiendo!-
-Te estamos reclamando- corrigió Karl con una sonrisa fría -Eres la pieza que falta para que los cazadores dominen este mundo para siempre. Con tu sangre, podemos crear plata que no solo debilite, sino que borre el alma de cualquier criatura nocturna. Únete a mí, y les daré una muerte rápida a estos dos. Si te niegas, verás cómo el metal los consume centímetro a centímetro- Leo intentó levantarse, pero una de las cadenas se tensó, quemándole el hombro. Un grito de agonía escapó de sus labios.
-¡Basta!- rugió Selene.
En ese momento, la moneda en su bolsillo saltó a su mano. Sin pensar, Selene la apretó con tanta fuerza que el metal pareció derretirse y fusionarse con su piel. Un resplandor plateado, puro y cegador, estalló desde su cuerpo, expandiéndose en una onda de choque que hizo añicos las cadenas de plata como si fueran de cristal soplado.
Karl retrocedió, cubriéndose los ojos.
-¡Imposible! Todavía no deberías poder...-
Pero Selene no lo escuchaba. Sus ojos, normalmente azules, ahora brillaban con un mercurio líquido. El aire a su alrededor vibraba con una frecuencia ancestral. No se sentía humana, pero tampoco se sentía como los monstruos que amaba. Era algo nuevo. Algo antiguo.
Alex, recuperando el aliento, la miró con absoluto asombro y un rastro de miedo -Selene... detente. Si sigues, no habrá vuelta atrás-
Pero desde las sombras de los estantes, la voz de Marcus volvió a susurrar, audible solo para ella: "Úsala, hija del fresno. Muéstrales por qué incluso los inmortales temen a la plata."