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El Regreso De La Princesa

El Regreso De La Princesa

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Matrimonio arreglado / Mitos y leyendas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: vane sánchez

"Que la luna sea testigo de mi vida y de mi muerte. Que guarde mi nombre en su luz plateada hasta el final de los tiempos."
— Antiguo proverbio de Valdris

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Capítulo 19: El Asistente del Heredero

Los días posteriores a la ceremonia de nombramiento de Eryndor pasaron en un torbellino de actividades. El nuevo Príncipe Heredero se había sumergido de lleno en su entrenamiento, pasando las mañanas con los instructores militares, las tardes con los consejeros reales y las noches estudiando los tratados de gobierno que su padre le había asignado.

Lyra lo observaba desde la distancia, orgullosa de su hermano pero también consciente de que las sombras seguían moviéndose. Los informes de Darian llegaban cada noche, y aunque Varen Crain aún no había hecho ningún movimiento abierto, las reuniones secretas continuaban.

Fue una mañana fría de invierno cuando la nueva llegada sacudió la rutina del palacio.

—Princesa —Nana Elle entró en sus habitaciones con una expresión inusualmente animada—. Ha llegado el joven heredero del Archiducado. Viene a servir como asistente del príncipe Eryndor.

Lyra levantó la vista de sus libros, sorprendida.

—¿El heredero del Archiducado? ¿Ahora?

—Sí, princesa. Es tradición, ¿recuerda? El Archiducado siempre ha enviado a sus herederos a servir como asistentes y manos derechas de los reyes de Valdris. Es un honor que se remonta a la fundación del reino.

Lyra lo recordaba vagamente. En su vida pasada, nunca había prestado atención a esas tradiciones. Todo había ocurrido tan rápido, la muerte de su padre, la coronación de Eryndor, la traición... No había habido tiempo para asistentes ni para tradiciones dado que el heredero del Archiducado había muerto antes de ejercer su trabajo como mano derecha del nuevo heredero.

—¿Cómo se llama? —preguntó.

—Lord Cassian Vane —respondió Nana Elle—. Tiene diecisiete años, dos más que el príncipe Eryndor. Dicen que es un joven muy... peculiar.

—¿Peculiar?

Nana Elle sonrió con un dejo de picardía.

—Ya lo verá, princesa.

 

El Encuentro

Eryndor fue informado de la llegada mientras desayunaba con su padre. La noticia no lo sorprendió; había sabido desde niño que algún día recibiría a su asistente del Archiducado. Pero eso no significaba que no estuviera nervioso.

—¿Dos años mayor que yo? —preguntó, mirando a Aldric—. ¿No debería ser de mi edad?

—Tradición —respondió el rey con una sonrisa—. El Archiducado envía a su heredero cuando cumple quince años, pero tuvo que ir a otros lugares por otras situaciones así que ahora tomara su puesto a los diecisiete años. Que tú tengas quince años es irrelevante. Lo importante es que será tu mano derecha, Eryndor. Tu consejero, tu apoyo, tu amigo, si le dejas serlo.

—¿Y si no nos llevamos bien?

—Te llevarás bien. Los Vane han servido a los Valdris durante generaciones. Están entrenados para esto desde la cuna. Como tú.

Eryndor asintió, aunque la inquietud no desapareció.

Lyra, que había escuchado la conversación desde el pasillo (los lobos tienen buen oído), decidió que quería conocer a ese tal Cassian antes que su hermano. Con la excusa de que quería ver los nuevos caballos que habían llegado a las caballerizas, se deslizó hacia el patio donde la comitiva del Archiducado estaba descargando.

Y allí lo vio.

Lord Cassian Vane era alto para sus diecisiete años, de hombros anchos y una presencia que llenaba el espacio sin necesidad de hacer ruido. Su cabello era de un castaño oscuro, casi negro, y sus ojos... sus ojos eran de un verde profundo que recordaba los bosques antiguos. Vestía de manera sencilla pero impecable: túnica gris oscura, botas altas, y sobre los hombros una capa de lana negra que le daba un aire más viajero que cortesano.

Pero lo que más llamó la atención de Lyra fue su forma de moverse. Cada gesto era medido, calculado, como si estuviera permanentemente evaluando el entorno. No era torpeza, era... vigilancia.

"Interesante", pensó Lunaria en su mente.

"Sí. Muy interesante."

Cassian se giró de repente, como si hubiera sentido su mirada, y sus ojos verdes se encontraron con los color miel de Lyra. Hubo un instante de silencio, y luego él inclinó la cabeza con una reverencia perfectamente ejecutada.

—Princesa Lyra —dijo, y su voz era grave, calmada—. Es un honor. Su fama le precede.

Lyra levantó una ceja.

—¿Mi fama? ¿Qué se dice de mí en el Archiducado?

Cassian sonrió, una sonrisa que no revelaba nada.

—Que es usted la princesa más hermosa del reino. Y también la más inteligente.

—Adulación —respondió Lyra con sequedad—. No es necesario. No soy yo su futura señora.

—La adulación es para quienes necesitan oírla —respondió Cassian, sin inmutarse—. Yo solo digo la verdad.

Lyra lo miró largamente. Había algo en él, algo que no terminaba de encajar. No era la simple cortesía de un noble; era un análisis constante, una evaluación silenciosa.

—¿Y qué opina de mi hermano? —preguntó de repente.

Cassian la miró a los ojos.

—Aún no lo conozco. Pero he oído que es un Lobo de Luna. Que se transforma en una bestia magnífica y que sus ojos son tan profundos como el hielo. Dicen que es valiente, inteligente y leal. Si eso es cierto, servirle será un honor.

—¿Y si no lo es?

—Entonces le enseñaré a serlo. Para eso estoy aquí.

Lyra sintió una sonrisa asomarse a sus labios. Le gustaba. Le gustaba que no tuviera miedo de hablar con claridad.

—Bienvenido a Valdris, Lord Cassian —dijo—. Espero que no nos decepcione.

—No lo haré, princesa —respondió él con una reverencia—. Se lo prometo.

 

La Presentación Oficial

La presentación formal tuvo lugar esa misma tarde, en el gran salón. Toda la familia real estaba presente: el rey Alaric en su trono, Isolda a su lado, Eryndor de pie junto a su padre, y Lyra sentada en un sitial junto a su madrastra. Los pequeños, Rafael y Elara, habían sido llevados a sus habitaciones para no interrumpir la ceremonia.

Cassian Vane entró solo, sin séquito, caminando con una dignidad que no parecía ensayada. Llevaba ahora una túnica azul marino con los emblemas de su casa bordados en plata: un árbol de roble con las raíces hundiéndose en la tierra y las ramas elevándose al cielo.

Se arrodilló ante el rey Alaric con la gracia de quien ha practicado ese gesto desde la infancia.

—Majestad —dijo, con la cabeza inclinada—. Vengo en nombre de mi padre, el Archiduque Theron Vane, para ofrecer mis servicios como asistente del Príncipe Heredero. Es tradición de nuestro linaje servir a los reyes de Valdris, y yo honraré esa tradición con mi vida si es necesario.

Alaric sonrió, complacido.

—Levántate, Lord Cassian. Te damos la bienvenida a nuestra corte. Tu padre y yo hemos sido amigos desde la infancia, y sé que él te ha criado para ser digno de este momento.

Cassian se levantó y se giró hacia Eryndor. Por un momento, los dos jóvenes se miraron fijamente. Eryndor, con sus quince años y su cabello gris plateado, se mantenía erguido, evaluando al hombre que sería su sombra. Cassian, con sus diecisiete años y su mirada verde profunda, devolvía la evaluación con una calma que desarmaba.

—Príncipe Eryndor —dijo Cassian, inclinándose—. Es un honor servirle. Espero estar a la altura de su confianza.

Eryndor asintió, midiendo sus palabras.

—Espero que no te aburras conmigo, Lord Cassian. Mi vida no es tan interesante como la de otros herederos.

—El aburrimiento es un lujo que ningún heredero puede permitirse —respondió Cassian con una sonrisa—. Y si la suya es aburrida, ya me encargaré yo de cambiarlo.

Hubo un momento de silencio. Luego, Eryndor rió, una risa sincera que rompió la tensión.

—Creo que nos llevaremos bien.

—Yo también, majestad.

 

Los Primeros Días

Los días siguientes fueron de adaptación para Cassian. Se instaló en las habitaciones contiguas a las de Eryndor, como dictaba la tradición, y desde el primer momento se convirtió en su sombra. Acompañaba al príncipe a sus entrenamientos, tomaba notas durante sus reuniones con los consejeros, y pasaba las noches estudiando los mismos textos que Eryndor para poder discutirlos con él.

Lyra lo observaba con atención. Era demasiado observador, demasiado calculador, como si estuviera constantemente buscando algo.

Una noche, mientras Cassian caminaba por los jardines solo (algo que hacía a menudo), Lyra decidió acercarse. Se transformó en loba blanca para no ser reconocida y lo siguió entre las sombras, pero cuando estuvo lo suficientemente cerca, él se detuvo y habló sin girarse.

—Puede salir, princesa. Sé que es usted.

Lyra se transformó de vuelta en humana, sorprendida pero no ofendida. Tomó una de las mantas que siempre dejaban en los bancos del jardín y se cubrió.

—¿Cómo lo supiste?

Cassian se giró, y en la luz de la luna, sus ojos verdes brillaban con una intensidad inusual.

—He entrenado para reconocer a los lobos desde pequeño. Mi padre decía que algún día podría servir a uno, y quería que estuviera preparado.

—¿Tu padre sabía de los Lobos de Luna?

—Mi casa ha servido a la suya desde la fundación del reino. Sabemos muchas cosas que otros no saben.

Lyra lo miró fijamente.

—¿Qué otras cosas sabes?

Cassian se acercó lentamente.

—Sé que hay conspiraciones en la corte. Que hay hombres que tejen redes en las sombras. Y sé que tú, princesa, con diez años, tienes una red de espías que muchos reyes envidiarían.

Lyra sintió que el corazón se le aceleraba.

—¿Cómo...?

—Porque yo también tengo información. Y porque mi padre me envió aquí no solo para servir a tu hermano, sino para proteger a tu familia. Las tradiciones no se mantienen durante siglos por casualidad. Hay razones profundas para que el Archiducado siempre esté al lado del trono.

—¿Qué razones?

Cassian la miró largamente.

—En tiempos antiguos, cuando los primeros Lobos de Luna caminaban por estas tierras, el Archiducado fue fundado para ser su apoyo. Somos la mano derecha, sí, pero también somos los guardianes de los secretos. Los que recuerdan lo que otros olvidan.

Lyra sintió un escalofrío.

—¿Sabes lo que soy?

—Sé que eres una Loba de Luna. Sé que tu hermano también lo es. Y sé que alguien, en algún lugar, está planeando algo contra su familia. Por eso estoy aquí. Para ayudarlos a detenerlo.

El silencio se hizo entre ellos. Lyra evaluó sus palabras, buscando la mentira, el engaño. No encontró nada.

—Confío en muy pocas personas —dijo finalmente—. Mi hermano, mi padre, Isolda, y un amigo de Aurelia.

—Adrián Corvax —dijo Cassian—. El príncipe vampiro.

Lyra se quedó sin aliento.

—¿Cómo...?

—Lo mismo. Sabemos muchas cosas. Y no nos asustan. Los vampiros, los lobos, los cambiantes... todos tienen un lugar en el orden de las cosas. Mi casa lo sabe. Por eso servimos.

Lyra lo miró largamente. En sus ojos verdes, no vio amenaza. Vio algo que había estado buscando desde que volvió al pasado: un aliado que entendiera, que supiera, que no tuviera miedo.

—Entonces sabrás que Varen Crain está moviéndose. Que está reuniendo rebeldes y planeando derrocar a mi padre.

—Lo sé —respondió Cassian—. Y sé también que no actúa solo. Hay alguien más arriba, alguien que lo financia y lo protege. Mi padre lo ha estado investigando desde hace años.

—¿Y qué has descubierto?

Cassian se acercó un paso más, bajando la voz.

—Hay un noble en Aurelia. Alguien con mucho poder. Alguien que quiere desestabilizar Valdris para debilitar a los Corvax. No sabemos quién, pero sabemos que existe.

Lyra sintió que las piezas del rompecabezas comenzaban a encajar.

—Cuando vayamos a Aurelia para la ceremonia de mayoría de edad de Adrián, investigaremos.

—Iré con ustedes —dijo Cassian—. Como asistente del príncipe heredero, me corresponde. Y allí, quizás, podamos descubrir quién está moviendo los hilos.

Lyra asintió, una nueva determinación asomándose en sus ojos.

—Bienvenido al equipo, Lord Cassian. Creo que vamos a llevarnos muy bien.

Cassian sonrió, y esta vez su sonrisa fue genuina.

—Lo sé, princesa. Por eso vine.

 

La Alianza

Esa noche, cuando Lyra regresó a sus habitaciones, encontró a Adrián esperándola junto a la chimenea. Sus ojos grises brillaron con curiosidad al verla llegar envuelta en la manta, con el cabello blanco desordenado por el viento.

—¿Has estado con el nuevo asistente de tu hermano? —preguntó.

—Sí —respondió Lyra, sentándose junto a él—. Y sé algo que te va a interesar.

—¿Qué?

—Hay alguien en Aurelia. Alguien poderoso. Está financiando a Varen Crain. Quiere desestabilizar Valdris para debilitar a tu familia.

El rostro de Adrián se endureció.

—¿Estás segura?

—Cassian parece estarlo. Su familia ha servido a los Valdris desde la fundación del reino. Saben cosas que otros no saben.

—¿Cassian sabe lo que soy?

Lyra asintió.

—Lo sabe. Y no le importa. Su casa ha protegido a los Lobos de Luna durante generaciones. Los vampiros no son diferentes.

Adrián guardó silencio un momento. Luego, sonrió, una sonrisa que era a la vez aliviada y peligrosa.

—Entonces tenemos un aliado más. Y un enemigo que buscar en mi propio reino.

—Lo encontraremos —dijo Lyra—. En tu ceremonia, cuando todos los nobles de Aurelia estén reunidos. Alguien allí sabe algo. Alguien allí está moviendo los hilos. Y vamos a descubrir quién es.

Adrián tomó su mano y la apretó con fuerza.

—Juntos.

—Juntos.

Afuera, la luna brillaba alta en el cielo, iluminando los jardines nevados. Y en las sombras, Cassian Vane observaba la luz de la chimenea en la ventana de Lyra, consciente de que acababa de unirse a algo mucho más grande que una simple tradición.

Algo que cambiaría el destino del reino.

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Karen Xochipa León
Es una historia que te atrapa en el momento que quieres leer algo diferente algo nuevo /Smile//Smile//CoolGuy/ algo más, espero con ansias los demás capitulos.
Karen Xochipa León
ahhh ☺️👏🥰🥰 me gustó la ame mucho espero con ansias los demás capitulos es una historia diferente que allá leído te atrapa desde el primer capítulo ☺️👏👏
Mónica Aulet
Muy buen comienzo!!!!
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