Tras ser brutalmente traicionada por su compañera y su objetivo en una misión de alto riesgo, la letal agente Jannet Cayswell muere en un accidente orquestado. Despierta en el cuerpo de Zafiro Lawrence, la heredera de una Casa Noble en un imperio de corte de época antigua, con toques mágicos. Atrapada en una vida de etiqueta y política palaciega, Zafiro debe fingir la amnesia para sobrevivir mientras domina sus nuevas habilidades y el funcionamiento de este mundo.
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Capítulo 14
La mañana en la capital del imperio de Celes despertó envuelta en una bruma plateada que ascendía desde los muelles de la casa Seaworth. Para Zafiro Lawrence, esa niebla era el telón perfecto para el inicio de su primer acto de sabotaje contra Carlos Crane.
En sus aposentos, Flora y Eliana trabajaban con rapidez. Zafiro había elegido un atuendo inusualmente sencillo para una Archiduquesa: un vestido de paseo en tono azul pálido, típico de la casa Tully, con un corpiño ajustado de lino y una capa con capucha que ocultaría su rostro si fuera necesario. No quería brillar como una joya; quería ser la sombra que acecha entre los pliegues de la seda.
—Lady Zafiro, ¿está segura de no llevar a los guardias de la casa Clegane que envió su padre? —preguntó Flora, ajustando el broche de plata en su hombro—. El mercado de telas es un lugar muy concurrido y... poco refinado para alguien de su estatus.
—Esa es precisamente la idea, Flora —respondió Zafiro, mirándose al espejo. Sus ojos brillaban con una determinación que sus doncellas no alcanzaban a comprender—. Los secretos no se cuentan bajo los candelabros de cristal, sino entre los puestos de especias y los rollos de brocado.
La puerta se abrió de golpe. Liam Lawrence entró, ya vestido con su armadura de combate ligera. Su rostro era una máscara de absoluta desaprobación.
—No vas a ir sola —sentenció Liam, cruzándose de brazos frente a la puerta—. He cancelado mis entrenamientos con los caballeros de la casa Arryn solo para asegurarme de que ese tipejo de Crane no respire el mismo aire que tú por más de cinco minutos.
Zafiro suspiró, acercándose a su hermano y poniendo una mano sobre su coraza.
—Liam, si apareces allí con tu armadura y tu cara de querer decapitar a medio mundo, Carlos no dirá nada. Necesito que crea que estoy desprotegida. Que piense que he burlado tu vigilancia para verlo. Eso alimentará su ego, y un hombre con el ego inflado es un hombre descuidado.
Liam apretó los dientes, su instinto protector luchando contra la lógica de su hermana.
—Iré de incógnito —cedió finalmente—. Me vestiré como un mercader de los Mormont. Estaré a diez pasos de ti. Si ese bastardo intenta llevarte a un callejón o incluso si te habla en un tono que no me guste, le arrancaré la lengua. ¿Entendido, "princesita"?
Zafiro sonrió y le dio un beso en la mejilla.
—Trato hecho, mi posesivo hermano.
...
El mercado de la casa Tully era una explosión de colores y gritos. Telas traídas de los rincones más lejanos del imperio colgaban de vigas de madera: sedas de los Martell, lanas gruesas de los Stark y encajes delicados de las islas. Zafiro caminaba entre la multitud, sintiendo el peso de la daga oculta en su muslo. A lo lejos, vio a un hombre con una capa marrón y hombros anchos que fingía interesarse por unas pieles de oso; era Liam, cumpliendo su promesa.
Carlos Crane la esperaba cerca del puesto de los tintes. Se veía nervioso, sus ojos moviéndose de un lado a otro. Cuando vio a Zafiro, su rostro se iluminó con una mezcla de alivio y una ambición rapaz que ella ahora detectaba con facilidad.
—Viniste —susurró él, tomándola de la mano y llevándola hacia un rincón más tranquilo, tras unos tapices pesados que representaban batallas antiguas.
Zafiro fingió un jadeo, retirando su mano con timidez simulada.
—He arriesgado mucho, Carlos. Mi hermano Liam casi me descubre saliendo por la puerta del jardín. Si se entera de que estoy aquí contigo, después de lo que dijo el Príncipe Ethan...
—El Príncipe solo quiere asustarte, Zafiro —dijo Carlos, bajando la voz hasta convertirla en un siseo—. Mira esto.
Sacó un pergamino amarillento con el sello de la casa Lancaster, pero Zafiro, con sus ojos de espía entrenada, notó de inmediato la imperfección en la cera. Era una falsificación burda, probablemente hecha por algún escriba de los Bolton.
—Es una orden de arresto preventiva para tu padre, el Archiduque Dante —mintió Carlos con una convicción asombrosa—. Ethan la firmó anoche. Planea acusarlo de traición para confiscar las minas de plata de los Lawrence y financiar su guerra contra los rebeldes del sur.
Zafiro fingió llevarse una mano a la boca, sus ojos llenándose de lágrimas falsas.
—¡No puede ser! Ethan me juró que protegería a mi familia.
—Te está utilizando, mi amor —Carlos dio un paso más cerca, invadiendo su espacio personal. El olor a perfume barato y sudor frío que emanaba de él le resultaba repugnante—. Solo yo puedo ayudarte. Tengo aliados en la casa Greyjoy. Podemos sacarte a ti y a tus padres del país antes de que los guardias de Ethan lleguen a su mansión. Solo tienes que... darme acceso a los sellos de la tesorería de tu padre. Solo para "asegurar" los fondos para el viaje.
«Qué predecible», pensó Zafiro. En su vida anterior, habría caído. En esta, quería reírse en su cara.
—Dame unos días, Carlos —murmuró ella, bajando la cabeza—. Necesito encontrar el momento adecuado para entrar en el estudio de mi padre.
—No tenemos días, Zafiro. El Príncipe es un monstruo. Dicen que disfruta viendo sufrir a sus enemigos. No querrás estar en su lista.
—¿Hablas de mí, Lord Crane? —La voz resonó como un trueno helado detrás de los tapices.
Carlos dio un salto, su rostro volviéndose del color de la ceniza. Zafiro se giró, fingiendo sorpresa, mientras los tapices eran apartados con violencia por Marcus, el capitán de la guardia de Ethan, seguido por cuatro hombres con el emblema de los Seaworth.
Y detrás de ellos, envuelto en una capa negra que parecía absorber la luz del mercado, caminaba Ethan Lancaster.