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BAJO TU SOMBRA

BAJO TU SOMBRA

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Posesivo / Mafia
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

Ella era la única testigo. Él, la sentencia de muerte que terminó convirtiéndose en su dueño.
Elena Thomas vivía entre archivos y sombras, convencida de que su invisibilidad era su mayor escudo. Pero una noche, en un callejón donde el aire sabía a hierro y pólvora, vio lo que nadie debía ver: a Viktor Volkov, el heredero más despiadado de la Bratva, ejecutando a sangre fría.
Ella esperaba una bala. En su lugar, recibió unas manos de acero que la arrancaron del suelo y una voz que le prometió un infierno personal. "No te mataré, pequeña", le susurró él al oído, mientras el calor de su cuerpo la envolvía como una trampa de seda. "Pero a partir de hoy, tu nombre, tu cuerpo y hasta tu último suspiro me pertenecen".
Ahora, Elena es la prisionera de oro en una fortaleza de cristal. Viktor es un monstruo que no sabe amar, solo poseer; un hombre que la mira con una mezcla de odio y un deseo que amenaza con quemarlos a ambos.

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capítulo 15

La casa de seguridad era una estructura de hormigón y cristal reforzado, oculta en un valle donde la señal de GPS moría. El equipo médico de los Volkov ya esperaba allí. En cuanto llegaron, Viktor fue trasladado a una unidad de cirugía improvisada. Elena, con el vestido de seda negra manchado de sangre y hollín, se sentó en un rincón de la sala principal. El silencio de la casa era pesado, roto solo por el pitido de los monitores médicos.

Dimitri, el capitán de seguridad, vigilaba la entrada, mientras Igor, el especialista en comunicaciones, trabajaba frenéticamente en su computadora portátil en el extremo opuesto de la sala.

Elena, cuya mente analítica de archivista nunca descansaba, notó algo extraño: el reflejo en el cristal de la ventana mostraba un código rítmico en la pantalla de Igor. Una señal saliente de baja frecuencia que no coincidía con los protocolos de seguridad.

— Igor —dijo Elena, su voz fría y cortante, poniéndose de pie—. ¿Por qué el cortafuegos de la casa está emitiendo una señal si estamos en modo de silencio total?

Igor se tensó. Su mano voló hacia su arma, pero Elena fue más rápida. No por entrenamiento, sino por la agilidad que le otorgaba su pequeña estatura y el instinto de supervivencia que había agudizado viviendo junto a Viktor. Le arrebató la pistola que Dimitri había dejado sobre la mesa auxiliar y le apuntó con una mano que, aunque pequeña, se mantenía firme.

— No te muevas, Igor —siseó ella, sus ojos café ardiendo con una mezcla de sospecha y fatiga—. Viktor ha sacrificado a la mitad de sus hombres por sacarnos de esa gala. No voy a dejar que un error de sistema nos entregue ahora.

— ¡Señorita, está confundida! —Igor palideció, levantando las manos.

— ¡Revisa su equipo, Dimitri! —ordenó ella, sin bajar el arma.

Dimitri se acercó con paso pesado y le arrebató la computadora a Igor.

— Traidor... está enviando un pulso de coordenadas. Los Lombardi estarán aquí en menos de quince minutos.

En ese momento, la puerta de la unidad médica se abrió con un golpe seco. Viktor apareció, pálido y con el pecho cruzado por vendajes blancos, apoyándose en el marco de la puerta con una mano ensangrentada. A pesar de estar al borde del colapso, su presencia seguía siendo aplastante, una sombra de casi dos metros que llenaba la habitación. Sus ojos de acero se clavaron primero en el traidor, y luego en Elena, que seguía sosteniendo la pistola.

Viktor sintió una oleada de una posesividad oscura al verla así: despeinada, con el rostro manchado, pero protegiendo el lugar. Caminó pesadamente hacia ella, cada paso un esfuerzo visible, y puso su mano gigante sobre la de ella, bajando suavemente el cañón del arma.

— Has hecho bien, pequeña —dijo Viktor con voz ronca, pero su mirada era de fuego—. Pero este tipo de basura es mi responsabilidad.

Viktor tomó a Igor por el cuello de la camisa y lo estampó contra la pared de hormigón con una fuerza brutal que hizo que sus propios puntos de sutura empezaran a sangrar.

— ¿Cuánto te ofrecieron por darnos la ubicación? —rugió Viktor—. ¡HABLA!

— Dijeron... que si te eliminaban a ti... el imperio se repartiría —gimió Igor.

Viktor soltó una carcajada seca y peligrosa. Se giró hacia Elena, atrapándola entre su cuerpo y la pared mientras Dimitri se llevaba al traidor. Viktor puso ambas manos a los lados de la cabeza de ella, acorralándola. La diferencia de tamaño era tan intimidante como siempre; ella apenas llegaba a la altura de su pecho, teniendo que inclinar el cuello hacia atrás para sostenerle la mirada.

— Escúchame bien —susurró él, su aliento rozando su frente—. Vienen por nosotros. Esto ya no es un baile de máscaras, es una carnicería. No quiero que te alejes de Dimitri, y bajo ninguna circunstancia intentes hacerte la heroína de nuevo.

— No me des órdenes como si fuera una niña, Viktor —respondió ella, clavando sus dedos en el pecho de él, justo sobre las vendas—. Si nos encuentran, yo soy la que tiene que esconder los archivos. Tú apenas puedes mantenerte en pie.

Viktor apretó la mandíbula, sus celos estallando ante la idea de que ella no confiara en su capacidad de protección. La tomó de la cintura con una mano, pegándola a él con una posesividad absoluta.

— Aunque esté sangrando en el suelo, sigo siendo el hombre que te mantiene a salvo. No lo olvides nunca.

La tensión entre los dos era insoportable. Ella lo miraba con un desafío ardiente, y él la miraba como si fuera el único tesoro que valiera la pena defender en medio del fuego.

— Dimitri, preparen las defensas —ordenó Viktor sin dejar de mirar a Elena—. Si los Lombardi quieren entrar en esta casa, tendrán que convertirla en un cementerio.

El estruendo de los motores se escuchaba a lo lejos. Los Lombardi no venían a negociar; venían a aniquilar. Viktor, ignorando las advertencias de su médico, se puso un chaleco táctico sobre las vendas ensangrentadas. Su rostro estaba pálido, pero sus ojos de acero brillaban con una intensidad maníaca.

- Al búnker. Ahora -ordenó Viktor, tomando a Elena del brazo con una fuerza que no admitía réplicas.

- ¡No me encierres ahí, Viktor! -Elena se plantó, intentando zafarse. Su 1.45 de estatura la hacía parecer frágil, pero su resistencia era de puro granito-. Puedo ayudar con las cámaras, puedo vigilar las frecuencias. ¡No soy un mueble que puedas guardar!

Viktor la acorraló contra la puerta de acero del búnker, pegando su cuerpo masivo al de ella. La diferencia de volumen era abrumadora; Elena sentía el calor febril que emanaba de su pecho herido y el olor a pólvora y antiséptico.

- No eres un mueble -gruñó él, inclinándose hasta que sus labios rozaron su oído, su voz vibrando con una posesividad oscura-. Eres lo único que me queda. Y si tengo que encadenarte a esa silla para saber que ninguna bala te tocará mientras yo esté ahí fuera matando, lo haré. No me pongas a prueba hoy, Elena. No hoy.

La empujó suavemente pero con firmeza hacia el interior y cerró la pesada puerta, dejándola bajo la custodia de Dimitri. Elena golpeó el metal con rabia.

- ¡Te odio, Viktor Volkov! -gritó, aunque sabía que él ya se había ido.

Frustrada, Elena se sentó frente a la terminal de computadoras que Igor había dejado atrás. Sus dedos volaron sobre el teclado; si Viktor quería que se quedara allí, al menos sería útil. Empezó a rastrear las conexiones del traidor, buscando brechas en el sistema de seguridad de los Lombardi. Pero lo que encontró fue un archivo encriptado con una etiqueta que le heló la sangre: "PROYECTO ARCHIVISTA - 1998".

Era el año en que su padre había comenzado a trabajar en la gran firma de contabilidad antes del "accidente".

Elena rompió el código de seguridad con una facilidad que solo alguien con su formación poseía. Al abrir la carpeta, sus ojos café se llenaron de lágrimas. No eran solo registros contables; eran fotos de su padre, joven y sonriente, estrechando la mano de un hombre imponente y de mirada fría: Anatoly Volkov, el padre de Viktor.

- No... no puede ser -susurró ella.

Los documentos revelaban que su padre no era una víctima colateral. Era el contable principal de la red de lavado de dinero de los Volkov. El incendio en la biblioteca donde supuestamente murió no fue un ataque de una banda rival; fue una "limpieza" ordenada por la propia familia Volkov para borrar pistas.

En ese momento, la primera explosión sacudió la casa de seguridad. El techo del búnker vibró y el polvo cayó sobre el teclado. Por el monitor de seguridad, Elena vio a Viktor en el pasillo superior, disparando con una ferocidad ciega, cubriendo la entrada del búnker con su propio cuerpo como si fuera una muralla humana.

Ella sintió una punzada de náuseas. El hombre que estaba afuera arriesgando su vida para protegerla pertenecía a la familia que había destruido la suya. La protección de Viktor no era solo amor o deseo; era, quizás, una forma de pago por una deuda de sangre que ella ni siquiera sabía que existía.

La puerta del búnker se abrió de golpe. Viktor entró, recargando su arma, con el rostro salpicado de sangre ajena. Se veía aterrador, como un dios de la guerra reclamando lo que era suyo.

- El perímetro ha caído. Nos vamos por la salida de emergencia -dijo él, extendiendo su mano gigante hacia ella-. Muévete, Elena.

Ella no tomó su mano. Se puso de pie, sosteniendo la tableta con los documentos abiertos.

- ¿Tú lo sabías? -preguntó con voz temblorosa pero cargada de veneno-. ¿Sabías que tu padre mató al mío? ¿Es por eso que me tienes aquí? ¿Por culpa, Viktor?

Viktor se quedó petrificado. Sus celos, su posesividad, su ira... todo pareció congelarse bajo la luz fluorescente del búnker.

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Carmen Ramos
Esta bonita su novela pero cuando la termine comienzo a leer estaré al pendiente ☺️🥰
Delenis: Por supuesto mi corazón 🤭, no te preocupes yo actualizo seguido , la otra que estoy escribiendo "La contadora del mafioso" también, por si le apetece leer . Besos 😘
total 1 replies
Marbe Majano
más capitulos
Delenis: A la orden 👌
total 1 replies
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