⚠️🔞🚫La Trampa de la Dulzura.
Christopher es impecable. Cocina para Tayler, lo cuida durante sus celos y lo defiende. Tayler se enamora perdidamente. Sin embargo, detrás de cámaras, el alfa está destruyendo las rutas de suministro del padre de Tayler y manipulándolo para que confiese secretos de la organización "sin querer". El maltrato aquí es la mentira: Christopher desprecia la inocencia de Tayler, viéndola como una debilidad de la sangre de un asesino. CONTIENE MALTRATO EMOCIONAL.🚫🔞⚠️
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Tendría que romperle el corazón
El coche negro se deslizaba en silencio por las calles de la ciudad, alejándose de la opresiva mansión. En el asiento del copiloto, Tayler miraba por la ventana con una mezcla de nerviosismo y alegría. Era la primera vez en meses que se le permitía salir sin una escolta de diez hombres armados. Solo estaban él y Christopher.
El aroma del alfa, esa nieve y pino que tanto lo calmaba, llenaba el habitáculo. Tayler se sentía como si estuviera en una burbuja donde el peligro no existía.
-¿A dónde vamos?- Preguntó, girándose hacia su esposo con una sonrisa tímida. Su aroma a amanecer era brillante, casi efervescente de felicidad.
El alfa mantenía una mano en el volante y la otra descansaba sobre el muslo de Tayler, un gesto de posesión que el omega interpretaba como puro afecto.
-A un lugar donde nadie te conozca como "el hijo del Patriarca".- Respondió, suavizando su voz -Quiero que hoy seas simplemente Tayler. Mi esposo.-
Llegaron a un pequeño restaurante escondido en un callejón empedrado de la zona antigua. Era un lugar iluminado por velas y flores silvestres en las mesas. No había guardias, ni cámaras visibles, ni el olor a pólvora que impregnaba cada cena en su casa.
Sentados frente a frente, Christopher pidió el vino favorito del omega y se dedicó a escucharlo. Tayler, emocionado por tener una audiencia que no lo juzgaba, empezó a hablar de sus sueños: de cómo quería abrir una galería de arte y de lo mucho que detestaba los negocios de su padre.
-A veces siento que soy el único que ve la oscuridad en mi familia.- Confesó, bajando la voz y jugando con el borde de su copa -Mi padre dice que la violencia es necesaria para protegernos, pero yo solo veo dolor.-
Christopher lo observó con una intensidad que hizo que Tayler se sonrojara. Por un segundo, el alfa sintió un pinchazo extraño en el pecho. No era odio, era algo parecido a la lástima. "Es tan puro que duele", pensó. Pero sacudió el pensamiento de inmediato. La pureza de Tayler era el fruto del sacrificio de su propia familia. El joven vivía en la luz porque su padre había sumergido a Christopher en las sombras.
-Tu corazón es demasiado bueno para este mundo.- Dijo, inclinándose hacia delante -Por eso estoy aquí. Para ser tu escudo. Pero para protegerte mejor, necesito entender cómo funciona la mente de tu padre. A veces me preocupa que sus enemigos lo ataquen a través de ti… o de sus archivos secretos.-
El omega suspiró, sintiéndose conmovido por la "preocupación" de su alfa.
-Él es muy cuidadoso. Tiene una caja fuerte en la biblioteca, detrás del cuadro de mi abuelo. Pero…- Dudó, bajando la voz -Pero el verdadero registro de sus aliados está en una memoria USB que siempre lleva en su reloj de pulsera. Él confía más en la tecnología que en las personas.-
Bingo. Christopher memorizó la información sin pestañear. Había obtenido en una cena lo que sus espías no habían logrado en meses.
-Gracias por confiar en mí.- Dijo, tomando su mano y besando sus nudillos -Prometo que usaré esta información solo para asegurarme de que nada malo te pase a ti.-
Tayler se sintió el omega más afortunado del mundo. El aroma a pino del alfa se volvió extrañamente cálido, envolviéndolo en una falsa sensación de hogar.
Después de la cena, caminaron por un parque cercano. La noche era fresca y el aroma de las violetas nocturnas de los jardines se mezclaba con el de Tayler. El omega se sentía tan seguro que se apoyó en el hombro del alfa mientras caminaban.
-Alfa…- Susurró, deteniéndose bajo un farol de luz tenue -Sé que nuestro matrimonio empezó como un contrato. Pero lo que siento ahora… no es por obligación.-
Tayler se puso de puntillas y, con una valentía que no sabía que tenía, presionó sus labios contra los de Christopher. Fue un beso casto, dulce, que sabía a esperanza y a entrega total.
Christopher se quedó rígido. Sus instintos alfa gritaron ante el contacto. El aroma de Tayler era embriagador, una invitación directa a su biología. Por un instante, Christopher quiso corresponderle, quiso rodear esa cintura delgada y reclamar al omega allí mismo, olvidando los años de odio.
Pero entonces, el recuerdo de su propia casa ardiendo volvió a su mente. El sabor del beso de Tayler se volvió amargo como la traición.
Se separó suavemente, forzando una expresión de ternura melancólica.
-Tayler…- Dijo, acariciando la mejilla del omega -Te prometí que iríamos despacio. No quiero arruinar este momento por mis impulsos. Eres demasiado valioso para que te tome en un parque.-
Tayler asintió, con los ojos brillantes de admiración. No veía el desprecio oculto en las pupilas de su esposo. Solo veía a un hombre noble que lo respetaba por encima de todo.
Esa noche, de regreso a la mansión, Tayler se durmió con una sonrisa, convencido de que su "novio sustituto" era su alma gemela. Mientras tanto, el alfa se encerró en el baño, lavándose la boca con agua fría para quitarse el rastro de las violetas.
Sacó un teléfono oculto y envió un mensaje corto: "Tengo la ubicación de los archivos. El niño está totalmente bajo mi control. Preparen el ataque a los muelles para mañana. El Patriarca caerá pronto".
El alfa miró su reflejo en el espejo. Su aroma a nieve era ahora más frío que nunca. La cita había sido un éxito rotundo: había conseguido la información, el apoyo incondicional de Tayler y había confirmado que, para ganar esta guerra, tendría que romperle el corazón al único ser que le había dado amor sincero en años.
Y no planeaba detenerse.