NovelToon NovelToon
LA HEREDERA DE LA NIEBLA

LA HEREDERA DE LA NIEBLA

Status: En proceso
Genre:Mafia / Vampiro / Hombre lobo
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Roberto González Álvarez

"Luna heredó una cabaña en un pueblo maldito donde vampiros, hombres lobo y la mafia se disputan el derecho a poseerla, sin saber que ella es la última Heredera de la Niebla y la única capaz de destruirlos a todos."

NovelToon tiene autorización de Roberto González Álvarez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 11: LA PUERTA DE SANGRE

El viernes amaneció sin sol.

Luna lo supo antes de abrir los ojos. El aire era distinto. Más pesado. Como si el valle entero estuviera conteniendo la respiración.

Se levantó. Se vistió. No había mucho que elegir: los leggings negros de su abuela, una camiseta gris que había encontrado en el armario, las botas de montaña que trajo de la ciudad. La chaqueta de Dante seguía colgada en la silla. Se la puso.

La llave de hueso colgaba de un cordel de cuero alrededor de su cuello. Pesaba más que el hierro.

Bajó las escaleras.

Los tres reyes la esperaban. No en el porche. Dentro. De pie. En silencio.

Viktor vestía de negro, de los pies a la cabeza, con una capa que no había llevado antes. Sus ojos de bourbon brillaban en la penumbra con una intensidad antigua.

Alec se había puesto una camisa —la primera que Luna le veía—, negra también, mal abrochada. Sus pies seguían descalzos. Sus manos, inquietas.

Dante iba impecable. Traje gris perla, corbata negra, gemelos de plata. Parecía un abogado camino de un juicio. Quizás lo era.

Nadie dijo «buenos días». Nadie dijo «¿estás lista?».

Luna miró la mesa. Sobre el pino descomunal, alguien había preparado algo de comer. Pan, queso, manzanas. Una jarra de agua.

—Comed —dijo, y su voz sonó más firme de lo que se sentía—. Puede que sea nuestra última comida.

Alec sonrió. Viktor arqueó una ceja. Dante, simplemente, se sentó.

Comieron en silencio. Un silencio denso, lleno de cosas no dichas. Luna miró a los tres hombres que la habían protegido, enseñado, mentido y, de algún modo, querido en solo tres días. No sabía si era suficiente. No sabía si ella era suficiente.

Pero iba a intentarlo.

—Vamos —dijo, levantándose.

---

El bosque estaba mudo.

Ni un pájaro. Ni un lobo. Ni un crujido de ramas. Los abetos negros se alzaban a ambos lados del sendero como espectadores de un funeral. La niebla violeta se arrastraba a los pies de Luna, obedientemente, como un perro bien entrenado.

Llegaron a la cascada en veinte minutos.

El agua caía blanca y furiosa, igual que el primer día. Pero el pozo verde humeaba más. Y la cueva, detrás del muro líquido, brillaba con una luz que no era de este mundo.

—¿Preparada? —preguntó Dante.

Luna asintió. Pero antes de moverse, hizo algo que ninguno de los tres esperaba.

Se giró y abrazó a Dante.

No fue un abrazo largo. Ni íntimo. Fue un abrazo de guerra. De las que se dan antes de la batalla, cuando no sabes si volverás a abrazar a nadie.

Luego, abrazó a Alec. El lobo se quedó rígido un segundo, y luego la envolvió con sus brazos enormes, con una delicadeza que no parecía propia de él.

Finalmente, se volvió hacia Viktor.

El vampiro la miró con sus ojos antiguos. No hizo ademán de abrazarla. En lugar de eso, cogió la mano de Luna y la besó. No en los dedos. En la palma. Justo donde latía su pulso.

—Para que recuerdes que hay algo en este valle que no quiere tu muerte —dijo.

Luna retiró la mano. La palma le ardía. No de dolor. De algo que no supo nombrar.

—Vamos —repitió.

Y se metió debajo de la cascada.

---

El interior de la cueva había cambiado.

Las runas del suelo brillaban con luz propia, rojas y naranjas, como brasas recién sopladas. El círculo central parecía más grande, más profundo. Y en el centro, flotando a un palmo del suelo, la puerta.

No era negra, como la había visto desde la ventana. Era del color de una herida abierta. Rojo oscuro, casi púrpura. Y palpitaba. Como un corazón. Como un útero. Como algo que estaba a punto de parir.

—La llave —dijo Viktor a su espalda—. Ahora.

Luna se quitó el cordel del cuello. La llave de hueso pesaba el doble que en la cabaña. La sostuvo con ambas manos, y cuando sus dedos tocaron el hueso, sintió cómo las once líneas del conjuro brotaban de su boca sin que ella las convocara.

Las palabras llenaron la cueva. No resonaron en las paredes. Resonaron dentro de Luna. En sus huesos. En su sangre. En el nudo violeta que la Niebla había dejado en su pecho.

La puerta se abrió.

No se abrió como una puerta normal. Se abrió como una flor carnívora. Los bordes del círculo se curvaron hacia fuera, y del centro surgió un pasillo de niebla negra. Al final del pasillo, otra luz. Blanca. Cegadora.

—Ese es el otro lado —susurró Alec.

—Eso es donde está mi abuela —corrigió Luna.

Y dio un paso.

—Espera —Dante la agarró del brazo—. Vamos contigo.

—No. La Bruja dijo que fuera sola. Si vais, romperá el pacto y puede que Margaret...

—Que le den a la Bruja —gruñó Alec—. No te dejamos entrar sola.

—No es vuestra decisión.

—Luna...

—¡No! —su voz resonó en la cueva, y la niebla violeta se arremolinó a su alrededor como un escudo—. Esto es cosa mía. Es mi sangre. Es mi abuela. Es mi condena. Vosotros ya habéis hecho bastante. Ahora dejadme terminar.

Los tres reyes callaron.

Viktor fue el primero en bajar la mirada.

—La niebla te protegerá —dijo—. Nosotros te esperaremos aquí. Pero si a medianoche no has vuelto...

—Volveré —cortó Luna—. Con mi abuela. O con su alma. Pero volveré.

Se giró hacia la puerta. Respiró hondo. Y cruzó el umbral.

---

El otro lado no era lo que esperaba.

No había oscuridad. No había monstruos. No había fuego ni hielo ni nada de lo que las religiones habían prometido.

Había un jardín.

Un jardín enorme, cubierto de flores blancas, con un cielo gris y una luz que no venía de ninguna parte. En el centro del jardín, una mesa de piedra. Y en la mesa, Margaret.

Su abuela estaba sentada, con las manos atadas a los brazos de la silla con cuerdas de niebla negra. Su pelo canoso caía sobre su rostro. Su vestido azul marino estaba manchado de tierra y de algo más oscuro.

Pero sus ojos violetas —tan iguales a los de Luna— estaban abiertos. Y vivos.

—Luna —susurró Margaret, y su voz era un hilo de humo—. No. No tendrías que haber venido.

—Hola, abuela —dijo Luna, y sus ojos se llenaron de lágrimas—. Te he echado de menos.

—Niña... —Margaret tiró de las cuerdas, inútilmente—. Ella te quiere aquí. Te quiere para ocupar mi lugar. Para quedarse atrapada tú y liberarse ella.

—Lo sé.

—¿Y has venido igual?

Luna se acercó a la mesa. Sacó la llave de hueso. Con un movimiento rápido, cortó las cuerdas de niebla.

Éstas se deshicieron como ceniza.

Margaret se puso en pie, tambaleándose. Luna la sostuvo. Su abuela olía a lavanda y a enfermedad. A tiempo. A final.

—¿Dónde está? —preguntó Luna.

—Aquí —respondió una voz a sus espaldas.

Luna se giró.

La Bruja Original estaba en el centro del jardín. No tenía la forma etérea de la cueva. Ahora era sólida. Carne y hueso. Y su rostro... su rostro era el de Margaret. Joven. Bello. Terrible.

—Me robaste la cara —dijo Luna.

—Te la devolveré —respondió la Bruja—. Cuando ocupes tu lugar.

—No voy a ocupar ningún lugar.

La Bruja sonrió. Y en su sonrisa había siglos de paciencia.

—Todas las Herederas dicen lo mismo al principio. Incluso Margaret. Incluso tu madre. Pero al final, siempre aceptan. Porque el dolor de ver sufrir a los que aman es peor que cualquier condena.

—No voy a aceptar.

—Entonces —la Bruja extendió los brazos, y el jardín entero tembló—, tendré que convencerte.

Luna sintió cómo la niebla violeta se arremolinaba a su alrededor. No era la Niebla de Cresta Negra. Era su niebla. La que había negociado con Viktor. La que había elegido un propósito.

¿Estás conmigo?, pensó.

La niebla respondió con un calor en el pecho.

Luna sonrió.

—No vas a convencerme de nada —dijo, y dio un paso al frente—. Porque yo no he venido a negociar.

La llave de hueso brilló en su mano. Y la niebla violeta se lanzó contra la Bruja Original como un puño.

La batalla había comenzado.

1
Gloria
Buenas noches autor una pregunta esta es una historia poliamorosa , o ella solo tiene en destinado por así decirlo , lo digo por que no me gustan las historias poliamorosas , yo soy más de la pajarera y ya 🤔🤔🤔🤔
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play