Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
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Capítulo 19: Un escenario, demasiados testigos
El anuncio llegó envuelto en seda.
—El Consejo propone una ceremonia pública de agradecimiento —leyó Takumi en voz alta—. “Para reforzar la unión entre la Corona y el pueblo”.
Hikaru levantó la vista del informe.
—Eso suena peligroso.
—Lo es —respondió Takumi—. Cuando suena demasiado amable, siempre lo es.
Aun así, no podían negarse. La plaza central se llenó desde temprano: banderas, músicos, nobles sonrientes y un escenario demasiado alto para el gusto de Takumi.
—¿Por qué es tan alto? —murmuró, mirando hacia arriba.
—Para que todos vean —respondió Hikaru—. Incluidos quienes quieren que tropiece.
Takumi suspiró.
—Si me caigo, te autorizo a fingir que no me conoces.
—Negativo —dijo Hikaru—. Fingiría que fue parte del acto.
La ceremonia comenzó con discursos largos y aplausos medidos. Takumi escuchó atento, sonrió cuando correspondía y se preparó para hablar.
Fue entonces cuando ocurrió.
Un noble dio un paso al frente con una sonrisa ensayada.
—Su Alteza —dijo—. Como símbolo de cercanía con el pueblo, el consejo le pide… que cante.
La plaza quedó en silencio.
Takumi parpadeó.
—¿Ahora?
—Por supuesto —añadió el noble—. Todos adoran su voz.
Ahí está, pensó Takumi.
Quieren que parezca frívolo. O que me niegue y parezca arrogante.
Hikaru dio un paso al frente.
—Esto no estaba—
Takumi levantó una mano.
—Está bien.
Hikaru se giró hacia él, alarmado.
—¿Está seguro?
Takumi sonrió… demasiado tranquilo.
—Muy seguro.
Subió al centro del escenario. La multitud murmuraba. Algunos emocionados. Otros expectantes. Los nobles observaban con atención calculadora.
Takumi respiró hondo.
—Antes —dijo—, quiero que alguien me acompañe.
Giró la cabeza.
—Capitán Valen.
Hikaru se quedó helado.
—¿Yo?
La plaza estalló en susurros.
—¡El capitán!
—¡Míralo!
—¿Qué hace subiendo?
—Solo… quédate ahí —susurró Takumi cuando Hikaru llegó a su lado—. No cantes. No bailes. Solo… existe.
—Eso no es una instrucción clara —murmuró Hikaru.
—Confía en mí.
Hikaru suspiró… y se quedó.
Takumi comenzó a cantar
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“Si me piden que sonría,
sonrío de verdad.
Si me piden que cante,
canto… pero sin olvidar.”
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La voz era firme. No teatral. No ligera.
🎵
“No vine a distraer miradas,
vine a quedarme aquí.
Y si me ven acompañado,
es porque nadie crece solo, así.”
🎵
La multitud guardó silencio.
Los nobles fruncieron el ceño.
Takumi dio un paso… y tropezó.
—¡—!
Hikaru reaccionó por instinto, sujetándolo del brazo antes de que cayera. El gesto fue rápido, natural… demasiado íntimo para algunos.
Takumi se enderezó, rojo hasta las orejas.
—Eso —dijo al micrófono— no estaba ensayado.
La plaza rió.
Hikaru soltó el brazo como si quemara.
—Disculpe —murmuró.
—Gracias —respondió Takumi, sonriendo.
La canción terminó entre aplausos reales, no forzados. El intento de humillación se había transformado en cercanía.
Cuando bajaron del escenario, Takumi soltó el aire que había estado conteniendo.
—Bueno… —dijo—. Eso pudo ser peor.
—Pudo —respondió Hikaru—. También pudo no incluirme.
—Pero entonces no habría sido honesto.
Hikaru lo miró de reojo.
—Eso fue imprudente.
—Un poco —admitió Takumi—. ¿Te molestó?
Hikaru tardó un segundo en responder.
—No.
Silencio.
—Me… sorprendió.
—A mí también —dijo Takumi—. Especialmente lo rápido que me salvaste.
Hikaru carraspeó.
—Reflejos.
Desde el borde de la plaza, una figura observaba con furia contenida.
—No se cayó —murmuró—. No se avergonzó.
—Se ganó al público —respondió otra voz—. Otra vez.
—Entonces cambiaremos el objetivo.
Mientras tanto, Takumi y Hikaru caminaban de regreso al palacio.
—Capitán —dijo Takumi—. Gracias por existir en el escenario.
Hikaru lo miró, confundido.
—Sigo sin entender qué se suponía que debía hacer.
Takumi sonrió con picardía.
—Perfecto. Entonces salió exactamente como quería.
Hikaru negó con la cabeza.
—Usted es peligroso.
Takumi rió.
Y por un momento, el complot quedó lejos…
porque había testigos, risas y una verdad imposible de esconder.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰