Más allá de la tormenta es la historia de Juan Manuel, un hombre noble y humilde que se enamora de Adela, una joven que trabaja en una casa de placer, Pero la vida no los deja estar juntos. todo cambia cuando nuestro protagonista recibe una herencia de su padre y por vueltas del destino, se casa con Elena, una joven un poco rebelde y de ciudad, que debe adecuarse a la vida en el campo.
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CAPITULO 20: EL REENCUENTRO.
CAPITULO 20: EL REENCUENTRO.
Juan Manuel estaba allí, en la flamante capital del país, junto a su esposa y a Carito. Vicente Thompson, el hacendado y dueño de la estancia "El Bagual", que limitaba con sus tierras, con el que él planeaba futuros negocios de caballos, los había invitado a un evento que su esposa había organizado en motivo de su cumpleaños, en su casa de la calle San Martin en Buenos Aires. Sabía que participaría toda la "Creme de la creme" porteña y altos capitalistas de renombres como: López Lynch, Alzarraga, o Anchorena. Tenía entendido que Vicente se codeaba hasta con el presidente.
Pero esos días los tenía que aprovechar para terminar los trámites de exportación ganadera a Europa, con la ayuda de su notario y abogado Figueroa, quien se lo había recomendado Hernández, se dirigió hacia el puerto. Tenía que ganarle a su gran rival de negocios, que acababa de enterarse para su asombro, que no era nada más ni nada menos, que... ¡Ramón García Teagle!. Cómo si el destino lo pudiese en su camino. Con más razón tenía que demostrar que su carne era la mejor del país.
El papeleo y la organización llevo todo ese día y la mitad del otro, no se había cruzado con Elena, Pero Carito le había contado que la convenció para que se compre dos vestidos de fiesta, unas botitas nuevas, algunos corsets, y ropa interior, como enaguas y camiones.
La tarde del segundo día se dedicó a descansar y prepararse para la fiesta de esa noche. Con su traje elegante, levita en mano, y peinado hacia atrás, esperaba a su esposa, parado frente a la chimenea de la sala.
Cuando al fin bajo, la dejo boquiabierto. Con un nuevo vestido bordo, ajustado, decorado con cintas negras que resaltaba su... ¿Nueva figura? Se preguntó. ¿En dónde tenía escondido todo eso?. Se acercó a ella para ofrecerle el brazo y no pudo evitar esbozar una sonrisa de orgullo.
En el coche, aunque no quería y a pesar de que ella llevaba una capa, no podía dejar de desviar su mirada hacia sus dos protuberantes pechos, que ahora sobresalían de su escote, rápidamente trataba de concentrarse en el paisaje, no lo sentía bien, aunque, al parecer, su esposa parecía complacida de como lucía.
Elena miraba por la ventanilla del carruaje la ciudad de noche, con una expresión de emoción en su rostro, hasta que de repente se transformó en un gesto de asombro.
-¿Qué es ese lugar?- pregunto señalando un edificio iluminado de grandes ventanales.
-¿Ese? Es el teatro Colón.- respondió él, inclinándose un poco sobre ella para poder ver bien.
-¡Es bellísimo!- Exclamó Elena, volteando su rostro y quedando muy cerca de la de su esposo.
Se quedaron mirando por un momento, mientras Juan Manuel observaba el rostro de su esposa con detención, sus ojos negros, su tez algo morena, tan tersa, tan suave, que lo invitaba a acariciarla, "Está morenita no tiene nada que envidiarle a sus hermanas o a ninguna otra mujer", pensó.
En un brusco movimiento, Elena con una sonrisa, corrió su mirada hacia la ventanilla un poco incómoda, Juan Manuel se acomodó en su sitio.
-Me contaron que hace como un año y medio se presentó "La traviata" y dicen que tuvo mucho éxito.- le contó él mirando hacia el frente, tratando de calmar el momento incómodo -Quizás, si hay algún otro evento como ese podemos ir... Sí quiere.-
-Me encantaría.- respondió ella, apenas volteando hacia su esposo y sonriendo.
Elena estaba muy emocionada por la fiesta. Cuando llegaron, bajo del carruaje muy entusiasta. Se paró con los ojos desorbitados, mirando el lugar. Era muy grande por fuera, Pero cuando entro, no podía cerrar la boca, era más inmenso de lo que parecía el salón. Con decoraciones al estilo barroco, una araña colgada en el techo con detalles de cristal, y en las esquinas del techo ribetes bien labrados en color dorado.
Se mantenía muy cerca de Juan Manuel, ya que no conocía a nadie, y al parecer él tampoco. Hasta que llegaron hacia Vicente y su esposa Ester, quien la trató de forma muy simpática.
-Más tarde del evento le puedo presentar jóvenes de su edad, así tiene con quién entablar conversación.- le dijo la mujer muy amable, mientras Juan Manuel hablaba con su esposo.
Todo parecía ir bien, el agasajado le presentaba a otros matrimonios, hasta que llegaron a una pareja de un hombre mayor, regordete y una hermosa joven pelirroja.
-El señor Placeres y su esposa Elena.- los presento Thompson y la expresión del hombre te endureció.
La mujer que lo acompañaba se puso pálida de repente y tuvo un vario, no le quedó más remedio que sostenerse del brazo de su esposo para no caer.
-¿Se encuentra bien? Adela.- le pregunto la señora Ester junto a su esposo socorriéndola.
-¿Quiere agua?- se le ocurrió pregunta a Elena, Pero Juan Manuel se mantenía parado, observando todo con frialdad.
-No, no. Estoy bien.- respondió la mujer casi sin aliento.
Elena se dio cuenta que apenas levanto la mirada hacia donde estaba su marido sin pronunciar palabra. "Me resulta está situación", pensó.
-Bueno... si la señora Adela se encuentra mejor, continuemos con las presentaciones...- dijo Thompson.
-Así que Placeres...- dijo Ramón dándole la mano.
-Veo que ya se conocen.- comento Vicente.
-Hace mucho tiempo...- respondió García Teagle.
El momento era tenso, sonaba raro, como así eran las miradas entre su esposa y la señora García Teagle.
Juan Manuel no podía creer estar en frente de la mujer que tanto que habia significado para el en el pasado. sentía el impuso de preguntarle con mucha rabia ¿Por qué? ¿Por qué no lo espero luego de jurarle tanto amor?... Pero solo se comporto moderado e indiferente.
-¡Acaba de llegar el presidente!- exclamó Thompson -¡Vamos a saludarlo que ya se lo quiere presentar, señor Placeres!-
Así, todos caminaron hacia Roca, quien se encontraba cerca de la entrada junto a su esposa Clara. Los presentaron y luego la señora Ester con la primera dama, tomaron del brazo a Elena y le dijeron que le presentarían jóvenes de su edad.
Un grupo de hombres rodeo al presidente, que lo elogiaban y lo felicitaban por su sumisión, Juan Manuel también tuvo que soportar algunos comentarios hirientes sobre los aborígenes, a los cuales decidió mantenerse callado. Sabía que no le convenía alterarse allí como lo hizo en Madrid.
-... Y tantos siguen ahí.- comento García Teagle, mirando a Juan Manuel con toda malicia, intentando hacerlo caer en una trampa.
-Lo importante era tomar poder y afirmar la soberanía sobre el territorio tan codiciado por chile, querido Ramón.- Respondió Roca con familiaridad y él prestó especial atención en esas palabras.
-¿Cómo proseguirá su mandato?- pregunto un joven abogado.
-Asporo a la paz, el orden y la libertad como pieza clave de la organización de la república, del crédito político y económico del país en el plano internacional.- explico el presidente -Pretendo que "Paz y administración" sea mi lema.-
Juan Manuel escuchaba con mucha atención este discurso ¿Serían genuinas las intenciones de este hombre luego de lo ocurrido con él pueblo de su madre? No tenía el menor concepto sobre él ¡Maldición! No podía evitar estar en una parte de acuerdo. Una parte suya lo odiaba y otra lo admiraba ¿Cómo podía ser esto posible?
Desvío la mirada para verva su esposa, que estaba acompañada por dos jóvenes. Cruzó miradas, otra vez con Adela. Le era increíble pensar que estaba frente a ella, luego de casi un año. Era ella, tan bella, pero había algo diferente, y no solo por sus vestidos elegantes. corrió la mirada y se sorprendió ver a un viejo amigo entrar a la fiesta. Sobre todo por la presencia del presidente, igual decidió acercarse y saludarlo, a él y a su hermosa esposa. De seguro también se sorprendería de verlo a él allí.
Elena estaba acompañada por las dos jóvenes que le habían presentado la señora Ester y clara, Pero la verdad se mantenía callada, solo las oía parlotear.
-¡Ah! ¿Has visto quien acaba de entrar?- comento la más delgada, llamada Estefanía, mirando hacia la entrada.
-¡No lo puedo creer! ¡Que descarada! luego de lo que se comenta del presidente y ella.- aporto Gertrudis, la más robusta y bajita.
Ella guío la vista hacia donde las dos jóvenes miaraban y observo a una joven mujer rubia, muy bonita, acompañada por un hombre moreno, demasiado alto.
-Me pregunto si su esposo estará enterado de los comentarios.- volvió a arremeter la primera -Aunque dyceb que fue antes de su vida.-
-¿De quién será su hijo?- pregunto la otra tapandose la boca con una risita burlona -¿Has visto el vestido que lleva?-
Y Elena volvió a mirar a la mujer, llevaban vestidos similares, el de ella era bordo y el de la rubia verde
"¿Que pensaran de mi?, entonces" se pregunto.