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Juez De Sombras

Juez De Sombras

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Posesivo / Mafia / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Lilian es la hija "perfecta" de un juez implacable, pero su vida de cristal se rompe cuando Killian, el heredero de un imperio criminal, la secuestra para vengarse de su padre. Sin embargo, el cautiverio no es lo que ella esperaba. Killian no busca su cuerpo, busca corromper su alma. Entre juegos mentales, traiciones familiares y una atracción prohibida, Lilian descubrirá que la línea entre el odio y la obsesión es de sangre. ¿Podrá escapar del monstruo, o descubrirá que ella es más peligrosa que él?

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Capitulo 20

La luna llena colgaba sobre el Caribe como una moneda de plata bruñida, derramando un resplandor mercurial sobre las olas que morían suavemente en la orilla. En la isla, el tiempo parecía haberse detenido. Ya no existían los segundos contados para una ejecución ni las horas de vigilia esperando un ataque. Solo existía el presente, denso y cálido como el aire que soplaba desde el mar.

Lilian salió a la terraza. No llevaba nada más que la brisa sobre su piel. La libertad se sentía así: sin costuras, sin encajes, sin máscaras. Se apoyó en la barandilla de madera, observando cómo la espuma blanca brillaba en la oscuridad. Sentía su cuerpo vibrar, no por el miedo que la había acompañado durante meses, sino por una conciencia sensorial nueva. Cada poro de su piel parecía estar despierto, sediento del hombre que sabía que la observaba desde las sombras de la habitación.

Killian se acercó sin hacer ruido. Su presencia siempre tenía esa cualidad telúrica, una gravedad que atraía a Lilian hacia su centro. Se colocó detrás de ella, pero no la tocó de inmediato. Se limitó a respirar cerca de su nuca, dejando que el calor de su cuerpo luchara contra el frescor de la noche.

—Te ves como una aparición bajo esta luz —murmuró él, su voz ronca, cargada de una devoción que antes ocultaba bajo capas de acero—. A veces tengo miedo de parpadear y descubrir que sigues en aquella mansión, y que todo esto es solo un sueño febril antes de morir.

Lilian se giró en sus brazos, enredando sus dedos en el cabello de su nuca. Sus ojos se encontraron, y en los de él vio un hambre que no era solo física; era la necesidad de ser anclado por ella.

—Te amo, Killian —susurró ella, guiando su mano hacia su corazón, que latía con fuerza.

Él no necesitó más invitación. La cargó en sus brazos, una maniobra que a Lilian siempre la hacía sentir pequeña y protegida, y bajó las escaleras de madera que llevaban directamente a la playa privada. La arena todavía conservaba el calor del sol del mediodía, creando una alfombra natural bajo la cúpula estrellada.

Killian la depositó sobre una extensión de lino que habían dejado allí más temprano, pero no se quedó sobre ella. Se arrodilló entre sus piernas, observándola con una intensidad que hizo que Lilian arqueara la espalda. Sus manos, grandes y marcadas por cicatrices de mil batallas, comenzaron a recorrer sus muslos con una lentitud tortuosa. No había prisa. En la ciudad, el sexo era un incendio que tenían que apagar antes de que llegara el enemigo; aquí, era un océano en el que querían ahogarse.

—Eres la criatura más hermosa que mis ojos pecadores han visto jamás —dijo él, su voz vibrando en el aire salado.

Él comenzó a besarla, pero no eran besos de un captor. Eran besos de un hombre que reconoce su hogar en la piel de una mujer. Sus labios recorrieron la curva de su vientre, la línea de sus costillas y se detuvieron con una ternura casi dolorosa en la cicatriz de su hombro. La besó allí, sobre la marca de la bala, como si quisiera succionar el recuerdo del dolor y sustituirlo por placer.

Lilian gimió, enterrando sus manos en la arena, sintiendo cómo la textura de los granos de sal se mezclaba con la suavidad de la piel de Killian. La dominación de él siempre había sido su droga, pero esta noche era diferente. Era una dominación aceptada, una rendición voluntaria ante el único hombre que la había visto sangrar y no se había marchado.

Cuando Killian se despojó de su ropa, su cuerpo se vio como una escultura de bronce y sombras bajo la luna. Lilian extendió las manos para delinear los músculos de su pecho, sintiendo el poder que él contenía, un poder que ahora estaba totalmente a su merced.

—Dime qué quieres, Lilian —gruñó él, atrapando sus muñecas y fijándolas sobre la arena, recreando por un instante la postura de su primer encuentro en el gimnasio—. Dime quién tiene el control.

Lilian sonrió, una sonrisa cargada de fuego.

—Tú tienes mi cuerpo, Killian. Pero tú sabes que yo tengo tu alma. Así que deja de hablar y reclámame.

Él la poseyó con una fuerza implacable, una embestida que le robó el aliento y la hizo mirar directamente a las estrellas. El contraste del aire frío de la noche con el fuego abrasador de sus cuerpos creó una atmósfera de irrealidad. Cada movimiento de Killian era rítmico, posesivo, diseñado para recordarle a Lilian que cada fibra de su ser estaba ligada a él.

Lilian se aferró a sus hombros, sus uñas marcando la piel de él como él marcaba la suya. En ese momento, no eran el rey del hampa y la hija del juez. Eran dos supervivientes celebrando que sus corazones seguían latiendo. El placer era agudo, crudo, una mezcla de alivio y deseo que los llevó a un clímax que pareció durar una eternidad, un estallido que resonó con el romper de las olas a pocos metros de ellos.

Después, el silencio regresó, pero era un silencio lleno de paz. Killian se desplomó a su lado, atrayéndola hacia su pecho. Sus cuerpos estaban cubiertos de sudor, arena y sal, una mezcla que Lilian encontró más embriagadora que cualquier perfume de lujo.

Se quedaron así durante mucho tiempo, observando cómo la luna empezaba su descenso. Killian le acariciaba el cabello con una suavidad que habría asombrado a sus enemigos.

—Nunca sentí esto —confesó él en la oscuridad—. Esta paz. Siempre pensé que la paz era solo la ausencia de ruido, pero ahora sé que la paz eres tú durmiendo a mi lado.

Lilian se apoyó en su codo y lo miró. Sus rasgos, antes endurecidos por la paranoia y la violencia, parecían haberse suavizado. La isla estaba cumpliendo su propósito: estaba pelando las capas del monstruo para revelar al hombre.

—Estamos vivos, Killian —dijo ella, besando la cicatriz de su costado—. Realmente lo logramos.

—Lo logramos —confirmó él, apretándola más fuerte—. Y juro por lo que queda de mi alma que nada ni nadie volverá a tocarte. Este es nuestro mundo ahora. Un mundo donde las sombras no muerden.

Se quedaron dormidos allí mismo, sobre la arena, protegidos por la noche y por el amor oscuro y feroz que los había salvado. Lilian soñó con agua cristalina y con una voz que la llamaba desde el futuro, una voz pequeña y nueva que aún no comprendía.

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*Soy Tu Dueña*
Escribes muy lindo
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