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"El Despertar De La Heredera De Plata"

"El Despertar De La Heredera De Plata"

Status: En proceso
Genre:Reencarnación(época moderna)
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Santiago López P

Despertar en época moderna

"Viví dieciocho años en una jaula de oro, creyendo que el desprecio de mi esposo era mi única realidad. Fui la esposa sumisa, la dama que lavaba los pies de su suegra y la mujer que ocultaba sus lágrimas tras un abanico."
Lorena Casas, la hija de una familia prestigiosa, lo sacrificó todo por un hombre que consideraba un erudito brillante. Pero mientras ella se consumía en la soledad de la mansión Vila, su esposo Marco tejía una red de mentiras, traiciones y malversaciones, planeando reemplazarla con su amante y hundir a su familia.
Todo habría sido perfecto para él... si no hubiera nacido Aurora.
Mi hija no es una bebé común. Con una mente que desafía la lógica y la capacidad de leer los secretos más oscuros de quienes nos rodean, ella es la única que sabe lo que Marco hace en las sombras.
Mientras Marco cree que estamos atrapadas en su red, Aurora está moviendo los hilos. Desde su cuna, esta bebé genio me guía, revelando los fraudes, exponiendo a los espía

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Capítulo 12: La Fecha del Engranaje Roto

​El 6 de marzo amaneció con el cielo teñido de un gris metálico, el tono característico de la capital industrial antes de que las chimeneas del Gremio del Acero comenzaran a vomitar su humo constante. En la Mansión de Bronce, el ambiente era una extraña mezcla de celebración y velatorio.

​Marco, el Barón Kaelen, caminaba por el estudio con una tensión que habría hecho saltar cualquier manómetro de presión. Había sido forzado a aceptar el banquete por la presencia de la Princesa Real, una mujer conocida por su implacable auditoría sobre los artefactos de éter.

​—El 6 de marzo —murmuró Marco para sí mismo, mientras sus dedos acariciaban un pequeño contenedor de plomo oculto en su escritorio. Era el "transmisor de armónicos". Si lograba que este dispositivo fuera encontrado en la propiedad del hermano de Lorena, la Casa Valen sería acusada de manipular la red eléctrica de la ciudad. Sería la ruina total de la familia de su esposa, y él podría absorber sus recursos sin dejar rastro—. Todo debe salir perfecto.

​En la habitación contigua, Elena observaba a su hija. Aurora estaba inusualmente inquieta. No lloraba, pero sus manos pequeñas jugueteaban con los encajes de su cuna, y sus ojos —profundos, casi inquietantes— no dejaban de mirar hacia la puerta que conectaba con el estudio del Barón.

​«Mamá, él tiene el dispositivo», la voz de Aurora resonó en la mente de Elena, cargada de una madurez impropia de una recién nacida. «Está en su abrigo de gala. El de terciopelo azul que usará para recibir a la Princesa. Planea dejarlo caer en el carruaje de tu hermano cuando él llegue a la mansión. Quiere que las autoridades encuentren el sabotaje en su vehículo».

​Elena sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Así era como él lo hacía. No solo incriminaba a su familia; utilizaba la visita del hermano de Lorena para realizar el arresto en presencia de la Princesa, asegurándose de que el escándalo fuera público y terminal.

​—No lo logrará —susurró Elena, acariciando el cabello de la bebé—. Si el dispositivo está en su abrigo, será él quien lo lleve puesto durante toda la velada.

​—¿Señora? —Tea entró en la habitación con un juego de té. Su rostro era una máscara de preocupación—. Los invitados comienzan a llegar. La guardia de honor de la Princesa está tomando posiciones en la entrada principal.

​—Tea, escucha bien —dijo Elena, levantándose. Su determinación era absoluta—. Necesito que te asegures de que el sastre del Barón sea interceptado. Si él se pone ese abrigo azul, quiero que el dispositivo sea "neutralizado" antes de que ponga un pie en el salón. Pero no lo destruyas. Quiero que sea hallado... pero no donde él quiere.

​—¿Y dónde, señora?

​Elena sonrió, una expresión gélida que habría hecho temblar a cualquiera.

—En el bolsillo interior del Barón. Si el dispositivo es encontrado allí, será él quien posea tecnología de sabotaje ilegal frente a la Princesa Real.

​El banquete comenzó al caer la tarde. El salón estaba decorado con engranajes dorados y lámparas de gas que proyectaban una luz ámbar sobre los asistentes. Nobles, ingenieros y oficiales del Gremio llenaban el lugar, el murmullo de la alta sociedad industrial se mezclaba con el siseo de las válvulas de vapor.

​Cuando el Barón Kaelen entró al salón, vestido con su impecable abrigo de terciopelo azul, caminaba con la confianza de un depredador que ya tiene a su presa atrapada. Se detuvo a saludar a la Princesa, intercambiando bromas sobre la prosperidad de la ciudad. Elena, a su lado, lo observaba con una calma que a él le pareció sumisión, pero que en realidad era el silencio de la sentencia de muerte.

​Marco se acercó a Elena y le susurró al oído, con una sonrisa cínica:

—Tu hermano llegará en cualquier momento, querida. Espero que estés preparada para la sorpresa que le tengo preparada.

​Elena lo miró a los ojos, sin parpadear.

—Oh, Marco, la sorpresa de esta noche será mucho más grande de lo que imaginas. Y te aseguro que serás tú quien la recuerde para siempre.

​«Mamá, ya está hecho», susurró Aurora. «Tea ha movido el emisor al bolsillo de su chaqueta. En cuanto los Inspectores Realicen la inspección de cortesía al anfitrión... el Barón será el que tenga el contrabando».

​El hermano de Lorena, el oficial Valen, entró en el salón en ese preciso instante, saludando a la Princesa. El Barón Kaelen se giró para plantar el dispositivo en el carruaje del oficial, pero justo cuando iba a dar un paso hacia la salida, un oficial de la guardia real se interpuso en su camino.

​—Barón Kaelen —dijo el oficial, haciendo una venia formal—. La Princesa Real ha ordenado una inspección de seguridad aleatoria a todos los anfitriones de alto rango. Es un protocolo estándar para proteger a su alteza.

​El rostro de Marco se volvió de un color gris ceniza. Su mano tembló, buscando instintivamente el bolsillo donde debería estar el dispositivo de sabotaje... el mismo dispositivo que, gracias a Tea, ahora estaba firmemente asentado contra su propio costado.

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