Amar puede ser tan grande para atravesar fronteras, incluso mundos. Pero el amor será tan fuerte para vencer profesias y guerra
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Capítulo XII Fuego Bajo la Piel
El amanecer llegó cubierto por una neblina espesa.
Ariana abrió los ojos con una sensación extraña recorriéndole el cuerpo. No era dolor exactamente… era un calor interno, persistente, que le pesaba en los huesos.
Intentó incorporarse, pero el simple movimiento hizo que el mundo girara ligeramente.
Kael, aún medio dormido, percibió el cambio en su respiración.
—¿Ariana? —murmuró, girándose hacia ella.
Ella intentó sonreír.
—Estoy bien… solo un poco cansada.
Pero su voz no sonó firme.
Kael frunció el ceño. Acercó la mano a su frente.
El calor lo hizo tensarse de inmediato.
—No estás bien.
Ariana apartó suavemente su mano.
—Debe ser el cambio de clima.
Intentó levantarse, pero sus piernas fallaron.
Kael la sostuvo antes de que tocara el suelo.
El pánico fue instantáneo.
—Ariana.
Su nombre salió más como un rugido contenido que como un llamado.
Ella cerró los ojos un momento, respirando con dificultad.
—Solo… me siento débil.
Kael la levantó sin esfuerzo y la llevó de nuevo a la cama.
Su corazón latía con fuerza descontrolada.
Había enfrentado guerras.
Había visto sangre.
Pero verla así… vulnerable… era otra cosa.
—Voy a llamar a la sanadora —dijo, ya caminando hacia la puerta.
—No hagas un escándalo —susurró ella.
Él se detuvo.
La miró.
—Eres mi Luna. Si estornudas, es un escándalo.
Ariana quiso reír, pero el intento se convirtió en un suspiro pesado.
La sanadora llegó rápidamente, acompañada por dos aprendices.
La habitación estaba en silencio absoluto.
Kael no se había separado de Ariana ni un segundo.
La mujer mayor apoyó la mano en la frente de Ariana y frunció el ceño.
—Tiene fiebre alta.
Kael apretó los puños.
—¿Por qué?
La sanadora examinó sus pupilas, su pulso.
—No es una fiebre común.
El silencio se volvió más denso.
—Explícate —ordenó Kael, aunque su voz ya no era dominante, sino cargada de preocupación.
La mujer dudó un instante.
—Su energía está… alterada.
Ariana abrió los ojos con esfuerzo.
—¿Alterada?
La sanadora asintió.
—La ceremonia de unión bajo luna llena despertó algo más que el vínculo. Hay fuerzas antiguas en juego. A veces, el cuerpo reacciona cuando el espíritu cambia.
Kael no apartaba la mirada de Ariana.
—¿Está en peligro?
La sanadora no respondió de inmediato.
—Necesita reposo absoluto. Hierbas para bajar la fiebre. Y vigilancia constante.
—No me moveré de aquí —dijo Kael inmediatamente.
Ariana intentó hablar, pero un escalofrío la recorrió.
Su cuerpo ardía.
Pero al mismo tiempo sentía frío.
Kael tomó su mano.
Estaba demasiado caliente.
Demasiado frágil.
—Esto es culpa mía —murmuró él.
Ariana lo miró débilmente.
—No seas absurdo.
—La unión… la presión… la frontera…
—No fue eso —susurró ella—. No me arrepiento de nada.
La sinceridad en su mirada lo quebró por dentro.
La fiebre no cedió durante el día.
Kael rechazó comida.
Rechazó reuniones.
Simon intentó hablar con él.
—La manada necesita instrucciones —dijo con cautela.
Kael no levantó la vista de Ariana.
—Que esperen.
Simon comprendió.
No insistió.
La noche cayó, y la temperatura de Ariana parecía subir con ella.
Comenzó a murmurar palabras incoherentes.
Su piel brillaba con sudor.
Kael humedecía un paño una y otra vez, colocándolo sobre su frente.
—Quédate conmigo —susurraba él—. Escúchame.
Ella se agitó levemente.
—Kael…
—Estoy aquí.
Ariana abrió los ojos apenas.
Pero no parecían enfocados.
—Está… ardiendo…
—¿Qué está ardiendo?
Ella respiró con dificultad.
—El bosque…
Kael intercambió una mirada preocupada con la sanadora.
—Son visiones —explicó ella en voz baja—. Su mente está reaccionando a la fiebre… o a algo más profundo.
—No me hables en enigmas —gruñó Kael.
La sanadora sostuvo su mirada con firmeza.
—A veces, cuando una Luna es aceptada plenamente por la manada, su conexión con el territorio se intensifica. Puede sentirse abrumador al principio.
Kael volvió la vista hacia Ariana.
—¿Está conectada al territorio?
—Más de lo que crees.
El peso de esas palabras cayó lentamente.
Ariana no solo era su compañera.
Era el equilibrio de la manada.
Y ahora su cuerpo estaba pagando el precio de esa transformación.
Pasada la medianoche, la fiebre alcanzó su punto más alto.
Kael sintió miedo real por primera vez en años.
No el miedo al combate, no el miedo a perder territorio. El miedo a perderla, se inclinó sobre ella.
—Ariana, escúchame.
Sus dedos se entrelazaron con los de ella.
—Regresa a mí.
Un momento.
Dos.
El silencio parecía eterno.
Entonces su respiración comenzó a estabilizarse.
Lentamente.
Muy lentamente.
La sanadora observó con atención.
—Está descendiendo.
Kael exhaló un aire que no sabía que estaba conteniendo.
Ariana abrió los ojos.
Esta vez, enfocados.
—¿Por qué me miras así? —murmuró débilmente.
Él apoyó la frente contra la suya.
—Porque casi me matas del susto.
Ella sonrió apenas.
—Dramático.
—Siempre.
La sanadora hizo un gesto para retirarse.
—Necesita descanso. Pero creo que ha superado lo peor.
Cuando quedaron solos, Kael se recostó a su lado con cuidado.
La abrazó con delicadeza, como si aún fuera frágil.
—No vuelvas a asustarme así —susurró.
Ariana apoyó la cabeza en su pecho.
—No fue mi intención.
—Lo sé.
Ella cerró los ojos.
—Sentí algo extraño… como si el bosque me llamara.
Kael tensó levemente los músculos.
—Descansa ahora. Lo entenderemos después.
Pero mientras la sostenía, una inquietud se instaló en su pecho.
Esto no había sido solo fiebre.
Había sido un despertar.
Y si la unión había fortalecido su vínculo…
¿Qué más había activado?
El Alfa del Sur miró hacia la ventana, donde la luna comenzaba a descender.
Si algo amenazaba a Ariana, no sería solo enfermedad lo que enfrentaría.
Sería lo que fuera necesario.
Porque perder territorio era una cosa.
Perder a su Luna…
Era impensable.