Los Maxwell; los hermanos más codiciados de todo New York, millonarios, acostumbrados a hacer lo que se les da la gana sin medir las consecuencias.
Una simple noche de diversión podría ser el encadenado destino de cinco mujeres.
Ellos las quieren para él, tomandolas a la fuerza para así mantenerlas cautivas.
NovelToon tiene autorización de Zuly Torres para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Lujuria.
...HANNAH...
Ya dos de la madrugada y no puedo dormir, decidí prepararme un café para estar activa e ir a leer un libro.
—¿Me preparas uno por favor?— no alcanzo a dar un sorbo al escucharlo entrar a la cocina.
—No hago el mejor del mundo, te lo advierto. ¿No puedes dormir?
—El trabajo no me ayuda. ¿Y tú?
—Tengo un maravilloso motivo— le entrego la taza de café lista—. En menos de dos días se cierra nuestro trato. Da un sorbo y termina regresandolo a la taza con una expresión de asco— te dije que no era tan buena.
—¿Qué le dirás a tus padres? ¿Qué yo te secuestre?
—Lo necesario para verte trás unas rejas de alta seguridad, imbecil— ladea su cabeza y ríe.
—Es una lastima que te vayas sin haberme conocido lo suficiente.
—A quién le interesaría conocer a un pervertido que lo único que tiene en la cabeza las 24 horas es "sexo"
—Bueno en este tiempo nunca habíamos tenido el tiempo de hablar así cara a cara y solos, creo que ya es hora antes de despedirnos, no creés?
—No.
Sirve un vaso de Whisky colocándole cubitos de hielo.
—¿Por qué no me cuentas como fué tu relación con el hermano de Mariangel?
—Era un maldito cabrón, así como tú, claro, solo que tú tienes más dinero, eres más atractivo y lo tienes más...— hago una pausa y por distraída me quedé viendo unos segundos su entrepierna.
—Completa lo que ibas a decir — vuelve a sonreírme.
—Olvídalo. Era un bastardo que prefirió a su hermanita antes que a mí, cometí la desgracia de entregarle mi cuerpo, cuánto me arrepiento, lo único bueno es que mi papi le dió una paliza cuando jugó con mis sentimientos.
—Así que no eres virgen.
—¿Es necesario seguir hablando de lo mismo? Buenas noches, iré a mi habitación.
Su erección queda entre mis nalg*s al ponerse detrás de mí.
—¿No creés que nos merecemos un buena despedida, Hannah?
...KENNETH...
Meto mi mano por debajo de su traje sin tocar su botón, tan solo sus muslos calientes. Sin romper nuestro contacto visual mientras su respiración agitada se alcanza a escuchar.
Me separo buscando lo que necesito.
—Fresa, ¿te gusta?— muestro la mermelada que he sacado de la nevera— Bueno, aunque tú no eres la que lo comerás, de todos modos— Agarro una cucharada de aquel sabor y lo esparso en la parte interior de sus muslos. Me arrodillo teniendo su entre pierna en mi cara, justo como tanto deseaba. Paso mi lengua por su pierna en dirección a las huellas de mermelada, me detengo a un centímetro de entrar a su vagi*a, muerde sus labios y relamo la comisura de los míos—. Deliciosa— sin recuperar mi postura anterior ahora lo aplico en su vagi*a—. Dicen que es bueno probar cosas nuevas.
Quito todo rastro de mermelada oyendo sus gemidos.
—¡Kenneth!— se acuesta dejándome la libertad de hacer lo que quiera, de tanta excitación hace caer una olla; lo sé, qué maldito soy. Succiono su botón y abro más sus labios. Sus dedos viajan a mi cabello apretando con fuerza— Más...— curvea su espalda gimiendo cada vez más, lo sé está excitada pero me va a dejar sordo.
—Suficiente— me levanto.
—¿Que?— me mira confundida.
—Te correrás cuando yo te diga, ¿entendiste?— Me mando un poco del helado Whisky y por segunda vez me arrodillo— Acuéstate.
...HANNAH...
La experiencia le sobra, por lo menos sabe cómo usar su boca no como mi ex...
"Te correrás cuando yo te diga"
Es imposible siento mi cuerpo demasiado caliente, él lo sabe y vuelve a levantarse; no otra vez.
En lugar de llenar su boca con algo helado lo hace con lo caliente; el café.
—Abre las piernas— Como niña buena sigo su voz— Esto es el paraíso— sea lo que sea que quiere hacer vuelve a tomarse el café. Agarra mis piernas jalandome directo a sus labios calientes que me saborean; frío, caliente, de las dos formas me siento tan bien.
No soporto seguir más así, quiero llegar a mi org*smo, pero no me dice que puedo hacerlo.
—En la boca.
Mi vientre se contrae al ser electrocutada por el clímax como nunca antes.
—Buena niña— Da unas palmadas en su hombro— Tu pierna— coloco ambas en sus hombros, estando ya levantado veo su pen* que saca como un juguete, mi mente no me engaña, sabía que era muy pero muy grande. Tan solo la puntita en mis labios y gimo. Me distraigo por su sonrisa que fué la trampa perfecta para entrarlo de golpe.
Pensaba que lo haría despacio, no tenía expresión de apuro pero volvió a engañarme con sus veloces movimiento sin sacar las manos de mis caderas, hace conmigo lo que sea. Siento que me partirá «Pero te encanta» Mi diablito me conoce bien, sabe que me fascina el sexo rudo por más que tenga cara de niña inocente.
No dejo de mirar mis labios, nunca nos hemos besado pero la escena lo aprueba todo.
—Bésame — Se lo pido y no como súplica porque sé que también lo desea. Por primera vez acata mis palabras, saboreando mis labios.
—Dime, Hanna... ¿lo disfrutas?— sus jadeos son los mejores.
—Sí...— Susurro.
—No te escucho— me da una nalgada tan fuerte.
—¡Sí!— escucho su risa y masajea mis senos.
Lo siento correrse bastante dentro de mí.
—Lo siento fué inevitable, mandaré a comprarte una pastilla anticonceptiva más tarde— me ayuda a bajar.
Agarra mi cintura pegandome a su desnudo cuerpo.
—Fué demasiado injusto, Hannah, solo disfrutaste tú— mira a su amigo— ¿Lo ayudarías?
—Lo siento pero necesito descansar— bajo mi vestido.
—Hannah.
—No pienses que algo cambiará por esto, Kenneth, tú y yo jamás nada— cierro la puerta al salir.