Alelí juró vengar la muerte de sus padres infiltrándose en la mafia, pero jamás planeó enamorarse del hijo de su peor enemigo.
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Los Calderón.
Alex no pudo dormir en toda la noche, sus pensamientos no le dejaban descansar.
Las claves antiguas activadas en el puerto no podían ser una coincidencia.
Solo una persona usaba ese protocolo financiero, solo una y ese era su padre Clemente Calderón.
Frente a la pantalla, volvió a revisar los movimientos. Fondo fantasma. Cuentas dormidas. Firmas digitales que él mismo había visto cuando era joven.
Sintió el pulso acelerarse.
—Estás vivo… —susurro para el mismo.
Envió un mensaje encriptado a una frecuencia que solo dos hombres en el mundo conocían.
“Si estás viendo esto, necesitamos hablar. La ciudad se está saliendo de control.”
Horas después, recibió respuesta.
Una sola dirección. Sin firma. El encuentro se daría en un teatro abandonado, ahí todo era oscuridad y silencio.
Alex se vistió y salió rápidamente al lugar, entró a pasos lentos pero seguros, se paro en medio del teatro y dijo:
—Sabía que no estabas muerto —
Desde la penumbra, una figura dio un paso al frente, era su padre, estaba más viejo de lo que lo recordaba, su mirada era más fría, pero los años le habían vuelto más perspicaz.
—Te tomó demasiado tiempo darte cuenta —respondió con calma.
Alex sintió algo extraño en el pecho. No era miedo.
—Necesitamos unir fuerzas —dijo Alex—. Hay un tercer jugador. Y Raúl está perdiendo estabilidad. Podemos recuperar el control.
Clemente lo observó largo rato.
—¿Recuperar? —repitió—. Lo estás perdiendo todo por emociones tontas.
—No estoy actuando por emociones. respondió Alex.
Clemente soltó una leve risa.
—Pensaste que Alelí te iba a hacer caso, creíste que matando a Maykol ella correría a ti. Subestimaste a Raúl. No viste venir al infiltrado. Y ahora la ciudad está incendiándose por tu culpa.
Se acercó un paso más.
—Te dejé el imperio porque pensé que estabas listo.
—Pero me equivoqué, eres débil, siempre has sido débil y siempre lo vas a ser.
Las palabras cayeron como un golpe.
Alex apretó la mandíbula.
—Yo mantuve esto funcionando cuando tú huiste.
—No huí —corrigió Clemente con frialdad—. Evolucioné.
El desprecio en su voz fue evidente.
—No confío en ti, Alex. No para esto.
—Entonces no me necesitas —dijo Alex con voz baja—. Porque yo tampoco te necesito, nunca te necesite.
Clemente no respondió.
Pero sus ojos dejaron claro algo:
Si su hijo se interponía… No iba a dudar en acabar con él.
Alex salió del teatro con una nueva certeza, sus enemigos aumentaron y su nuevo enemigo era su propio padre.
Esa misma noche, uno de los antiguos hombres leales a su madre contactó a Alex en secreto.
—Hay algo que debes saber — Necesitamos vernos lo más pronto posible, debe ser esta misma noche, antes de que me hagan desaparecer—le dijo el hombre con voz temblorosa.
Quedaron en encontrarse en un lugar abandonado, lejos de la ciudad, donde no hay cámaras de vigilancia ni nada.
Una vez allí el hombre iba enmascarado, no quería correr riesgos, le entregó fotografías a Alex.
En las fotos se veía un club clandestino, parecía estar en otra ciudad. En las fotografías también se apreciaba un lugar donde las mujeres trabajaban complaciendo hombres millonarios y asquerosos.
Pero lo que más le llamo la atención fue una imagen en donde estaba su madre, Alex se quedó helado, las lágrimas brotaban sin anticipación, en susurros dijo:
— Es realmente ella? Mi madre?
El aire desapareció de sus pulmones por unos minutos.
—Eso no puede ser… Ella nos abandonó para dedicarse a esto?
—Nunca los abandonó —dijo con firmeza el hombre—. Clemente la llevó allí. Dijo que no merecía ser libre. La encerró en ese mundo. La obligó a vivir una vida que no quería.
Alex sintió el mundo caerse a pedazos, sus piernas le temblaban, cayó de rodillas en el suelo y las fotografías quedaron esparcidas.
Durante años creyó que su madre los dejó. Que eligió irse. Que fue débil y lo abandonó.
Pero la verdad era otra.
Clemente la había encerrado en un club nocturno clandestino. La obligaba a trabajar atendiendo hombres noche tras noche. Al principio trató de escapar en varias ocasiones, pero esto fue inútil, Cada intento de fuga terminaba en golpes mortales.
Y aun así ella resistía, tenía la motivación de volver a ver a su hijo.
—¿Por qué Clemente me lo arrebató todo? Por qué me dejó sin mi madre y me hizo creer que ella me abandonó?
— Todo tiene una explicación, Alex. Clemente nunca pudo superar a su gran amor, Martina, él se obsesionó con ella a tal punto de despreciar a tu madre.
Alex apretó los puños hasta hacerse sangre.
—Lo voy a destruir, es un maldito, no merece vivir—susurró.
Por otro lado, en el refugio. Alelí observaba una pequeña maceta sobre la mesa, allí estaba una flor de alelí, estaba recién floreciendo, era pequeña pero resistente. Había sobrevivido incluso en terrenos difíciles.
Eso le hizo recordar a Maykol quien solía decirle que ella era igual a la flor. Frágil por fuera, pero fuerte por dentro.
Luis quien la miraba desde el otro lado de la habitación, se acercó y le preguntó:
—¿Estás segura de seguir Alelí?
Ella llevó la mano a su vientre y respondió.
—Más que nunca.
Anita viendo esto también se acercó con suavidad y dijo:
—No tienes que hacerlo sola.
Alelí respiró hondo.
—Este bebé no crecerá huyendo, ni con miedos.
Luis intercambió una mirada con Anita.
—Entonces cambiamos el plan —dijo—. No ataques frontales. Vamos por las finanzas. Por las rutas. Por los contactos políticos.
Antony quien acaba de llegar, escuchó en silencio.
La culpa lo rozó al recordar los micrófonos ocultos.
Pero lo que sentía ahora era diferente. Era una mezcla de protección y cariño hacia Alelí.
Entró lentamente y les saludo a todos y les dijo:
—Raúl caerá desde adentro —. Y los Calderón también.
—¿Los Calderón? —preguntó Anita.
Antony sostuvo la mirada en Alelí. Y suspirando ondo dijo:
—Clemente el padre de Alex, está vivo.
El silencio fue absoluto.
—¿Qué? —susurró Luis.
— Si, y está moviendo fondos. La guerra no es solo entre hijos.
Alelí miró la flor.
—Entonces que se preparen los fantasmas.
En otra ciudad, la madre de Alex, Hilda, caminaba con pasos lentos por el pasillo del club, llevaba un maquillaje fuerte para cubrir los moretones, tenía una sonrisa fingida y su mirada apagada sin brillo.
Uno de los guardias la empujó.
—Muévete perra!! Le dijo.
Ella resistió el impulso de responder.
Había esperado años. Debía ser inteligente y esperar un poco más.
Esa noche, cuando se quedó sola unos minutos, sacó de debajo del colchón una pequeña cadena con un dije. Era el único recuerdo que tenía de su hijo.
—Volveré a verte —susurró.
Y algo dentro de ella sabía que así seria.
En la otra ciudad, Clemente observaba informes en su edificio oscuro. Cuando uno de sus hombres habló:
— Señor, Alex intentará rescatarla —
Clemente no mostró emoción.
—Que lo intente ese bastardo.
—¿Y si se vuelve contra usted Jefe?
Clemente sonrió apenas.
—Entonces probará que nunca estuvo listo.
Pero no sabía que Alex es más peligroso de lo que el imagina y por su madre se volverá aún más.