NovelToon NovelToon
Una Segunda Vida Como El Joven Moretti

Una Segunda Vida Como El Joven Moretti

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance
Popularitas:551
Nilai: 5
nombre de autor: Kye Soma

El profesor de lenguas Yoshiya Taksumagi ha recibido una segunda oportunidad de vivir. Pero este nuevo mundo le demostrará que una segunda vida no significa una vida perfecta.
Ahora, atrapado en el cuerpo de un niño llamado Joshua Moretti, deberá descubrir los secretos detrás de su llegada y enfrentarse a un destino que jamás pidió.

¿Cómo es que un profesor de una de las mayores facultades de Japón terminó siendo un simple niño en un mundo de magia?

NovelToon tiene autorización de Kye Soma para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La runa en el aire

Las horas pasaron volando, literalmente. Era mi primer día en el reino marino, y el día se fue en un parpadeo. Me asignaron una habitación que estaba al final del pasillo del último piso. Este castillo tiene un total de ocho pisos, y en el último está toda la familia real. ¿Entonces por qué esta reina sirena me trata bien? ¿Qué quiere de mí? Su comportamiento en sí es bastante extraño.

Existe la posibilidad de que ella me conozca de mi vida pasada. ¡No! Es imposible. Ella me trataría como la mierda si supiera la verdad. También está Katherine. Ella es alguien que me recuerda mucho a Ayame. A pesar de solo cruzar pocas palabras y unas cuantas miradas, tiene la misma atmósfera de rosas. Solo pensar en ella hace que mis hormonas giman.

Acomodé las almohadas y me arropé con la sábana. Después me acosté boca abajo, levanté la pierna y el brazo, y me eché a dormir.

---

—¿Buenos días?—Abrí mis ojos con dificultad. Por la comisura de los labios se me salió un poco de saliva. Cuando mis ojos se abrieron por completo, unos pechos me miraban con desdén. Espera, ¿pechos?

Levanté la mirada, encontrándome con una belleza de sirena moviendo sus orejas de pez con emoción.

—¿Katherine?—Hice una mueca imposible viendo a Katherine en cuatro patas como un animal encima de mí. ¿De dónde viene esta confianza? Debe ser porque es una niña inmadura. Aun así, envidio la perspectiva que está viendo esto en tercera persona.

—Iré a lavarme primero—Katherine se alejó un poco de mí, sentándose en la esquina de la cama. ¿De verdad tiene quince años? Parece que tuviera diecinueve.

Me acerqué a un baño ridículamente hermoso. Incluso el inodoro era una perla de mar. Me cepillé los dientes con el cepillo que estaba nuevo y después me lavé la cara. Volteé la dirección y me fui a donde estaba Katherine.

—Madre Kathy no estará en todo el día de hoy—Katherine dejó salir estas palabras.

Mierda. Ayer fue apenas la primera vez que vengo hasta aquí a entrenar, y ya se va al día siguiente. Más importante: ¿por qué ella es tan pegada hacia mí? Dejé escapar un leve suspiro, poniendo una expresión de desánimo.

—¿Mm?—Katherine me miró un poco desconcertada. Quizás se deba a mi comportamiento.

—Salgamos un momento. Quiero enseñarte el reino—¿Eh? Estas palabras escaparon de los labios de Katherine. ¿Pero eso no es considerado una cita?

No, no puedo pensar en eso. Yo tengo treinta y ocho años mentalmente. Aquí no existe la policía, pero no quiero ser un lolicon.

—Está bi—Antes de terminar mi oración, ella me agarró por la parte del cuello de mi camisa y me arrastró hacia la puerta principal.

—Entiendo tu emoción, pero esto es obsesivo...—Dije. Mi expresión cambió a una de mareo. Ella me soltó, pidiendo disculpas. Mi ropa se arrugó, así que la intenté acomodar como pude.

Ella llevaba puesto un vestido blanco con flores azules. Realmente le queda bien. En cambio, yo solo llevaba puesta una camisa manga larga de color blanco, con botones en el pecho, una chaqueta negra que cubría toda la parte del cuerpo, shorts que llegaban antes de mi rodilla, y zapatos de cuero con medias negras. Es como ver a un niño rico en este mundo.

Empezamos a caminar durante varios minutos en una dirección recta. Ella es como una onee-chan y yo el hermano menor. Varias veces nuestras manos rozaban, pero a mí me daba igual.

Realmente no tengo tiempo, o mejor dicho, no quiero lidiar con mocosos. Por eso tu muerte fue solitaria. Una vena apareció en mi frente. Me odio a mí mismo.

Llegamos a una especie de mercado. Había mucha gente a nuestro alrededor vendiendo artículos y comida. El bullicio era ridículamente fuerte, era como estar en la ciudad de Tokio. El rostro de Katherine se veía tan animado. Me hizo recordar a un niño cuando abre su regalo.

El mercado submarino era diferente a todo lo que había visto. Las tiendas estaban hechas de conchas gigantes y corales de colores. Los techos brillaban con pequeñas perlas incrustadas que reflejaban la luz del sol filtrada por el agua. El suelo era de arena blanca y suave, y cada paso dejaba una pequeña huella que desaparecía al instante. El olor a sal y a flores marinas llenaba el aire.

Katherine me tomó de la mano sin previo aviso. Su piel era suave y fría, como la de cualquier sirena. No me soltó en todo el camino. Me sentía como un niño siendo arrastrado por su hermana mayor, pero también había algo en su forma de sujetarme que se sentía... protector.

Durante el día entero comimos varios platos de diferentes comidas. Probamos algo que llamaban "algas crujientes con esencia de coral". Sabía a algo entre pescado y vegetales, pero con un toque dulce que no podía identificar. Katherine se rió cuando puse cara de confusión al probarlo.

—¿No te gusta?—Preguntó con una sonrisa divertida.

—Es extraño, pero no está mal—Respondí, tomando otro bocado para confirmar mi opinión.

También jugamos en un puesto donde daban premios por explotar globos con una especie de pistola de agua mágica. Katherine era increíblemente hábil. Acertaba cada tiro con una precisión que parecía ensayada. Yo, en cambio, fallé los primeros cinco intentos. Ella se burló de mí sin piedad.

—¿Y eso que eres un prodigio?—Dijo con una sonrisa burlona.

—Estoy calentando—Respondí, y en el sexto intento logré reventar tres globos seguidos. No fue suficiente para ganar el premio mayor, pero Katherine pareció impresionada de todas formas.

El premio que ella ganó era un peluche con el cuerpo de un oso y aletas de sirena. Me lo ofreció con una sonrisa tímida.

—Toma. Para que te acuerdes de mí cuando te vayas.

Lo acepté sin saber qué decir. Era un gesto tan simple, pero tan sincero, que me dejó sin palabras.

Pasamos por un local, o mejor dicho, ella me arrastró a esa tienda. Hacían todo tipo de collares a tu gusto. El dueño era un anciano sirena con barba de algas y una sonrisa amable que mostraba sus dientes puntiagudos. Nos explicó el proceso mientras nosotros elegíamos los materiales.

—Bien, es hora de hacer una obra de arte—Katherine dejó salir una voz llena de determinación. Agarró la aguja con el hilo puesto y empezó a añadir pequeñas perlas que parecían diamantes. Sus dedos se movían con rapidez, pero también con torpeza. Se notaba que no era algo que hiciera a menudo.

Sentí las miradas de los que atendían la tienda. Aunque al final lo ignoré. Estaba más concentrado en ver a Katherine fruncir el ceño mientras intentaba ensartar una perla que se le escapaba una y otra vez.

Pasaron alrededor de once minutos cuando Katherine escapó estas palabras:

—Me rindo—Se dejó caer de forma dramática sobre la mesa, haciendo que las perlas saltaran en todas direcciones.

Dejé escapar un leve suspiro. Me senté a su lado. Cogí el hilo y el pequeño cofre donde estaban las perlas.

—Así es como se hace—Dije.

Solo perlas redondas y blancas añadí al hilo que sostenía. Hasta la mitad, puse una piedra que parecía diamante, y de ahí volví a poner perlas blancas. Repetí lo mismo. Después corté el hilo, haciendo exactamente tres pulseras.

Katherine me miró con asombro. Realmente no es nada fuera de otro mundo. Era solo un patrón simple que había visto en una revista años atrás. Pero para ella, parecía magia.

—Usted es muy hábil, joven. ¿No le gustaría trabajar para mí?—Un señor de unos sesenta años se acercó a mí. Era un humano con orejas de pez. Su ropa era elegante, con detalles dorados que brillaban bajo la luz de las perlas del techo.

Aún se sigue sintiendo extraño ver a humanos con orejas de pez.

—Lo siento, realmente estoy ocupado—Rechacé las palabras del señor mayor.

Le puse la pulsera que hice en la mano de Katherine. Ella me dio una mirada con una expresión imposible. ¿Será que odia que la toquen? Bueno, soy un desconocido, después de todo. A mí tampoco me gustaría que alguien que no conozco me trate tan a la ligera.

Espera, dije eso para mí mismo, pero estas bellezas me tratan así. Qué absurdo.

—¿Y ahora qué?—Preguntó Katherine, mirando la pulsera en su muñeca con una sonrisa que no podía ocultar.

—Ahora seguimos paseando—Dije, sintiendo que mi voz sonaba más suave de lo que pretendía.

Caminamos por el mercado hasta que el sol comenzó a ocultarse. El cielo submarino se tiñó de tonos naranjas y morados, reflejados en las burbujas que subían desde el fondo. Katherine me llevó a un mirador natural, una roca gigante desde donde se podía ver toda la ciudad iluminándose con luces de colores.

—Gracias por hoy—Dijo en voz baja, sin mirarme.

—No fue nada—Respondí, y era verdad. No había hecho nada especial.

Pero al ver su sonrisa, entendí que para ella sí había sido especial.

Y eso, de alguna manera, también lo hizo especial para mí.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play