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Las Cicatrices Del Lobo

Las Cicatrices Del Lobo

Status: En proceso
Genre:Romance / Mafia / Venganza
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: pitufina

la vida de Giovanna no era color de rosa, pero la noche en que todo cambió descubrió que aquella persona que debería haberla protegido, la había condenado.
¿que ocurre cuando el monstruo arrastra consigo a la persona que mas amas en este mundo? ¿puedes perdonar que alguien te arrebate a tu madre por error?
Aleksei creyó que estaba vengando a su hermana, pero descubrió su error y ahora debe pagar las consecuencias.

NovelToon tiene autorización de pitufina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

canción para una luna extranjera

Cinco días.

Cinco días desde que habían abandonado Italia.

Cinco días desde que Giovanna había visto morir a su madre entre sus brazos.

Cinco días desde la última vez que había llorado.

La enorme mansión de Alekséi se alzaba sobre las afueras de Moscú como una fortaleza imposible de alcanzar. Rodeada por bosques oscuros y vigilada por hombres armados, parecía más una prisión que una residencia.

Y para Giovanna lo era.

Durante aquellos cinco días apenas había pronunciado palabra.

No había gritado.

No había intentado escapar.

No había pedido ayuda.

Simplemente había desaparecido.

Su cuerpo seguía allí.

Su alma parecía haberse quedado en Italia.

La habitación que ocupaba era enorme.

Tenía una cama más grande que cualquier cosa que hubiera tenido en su vida.

Un baño privado.

Una chimenea.

Una biblioteca.

Un balcón.

Pero Giovanna jamás utilizaba nada de aquello.

Todas las mañanas caminaba hasta la ventana.

Subía al ancho alféizar.

Y permanecía allí durante horas.

Mirando el cielo.

Mirando las nubes.

Mirando cualquier cosa que estuviera lejos de aquella casa.

Aquella noche tampoco fue diferente.

La luna iluminaba suavemente la habitación.

Su vestido blanco era sencillo.

Demasiado grande para su cuerpo.

Sus largos cabellos oscuros caían por la espalda mientras observaba el firmamento.

Y entonces comenzó a cantar.

Su voz era apenas un susurro.

Una melodía antigua.

Dulce.

Triste.

La misma canción que su madre le había cantado cientos de veces cuando era pequeña.

Cuando las tormentas la asustaban.

Cuando tenía fiebre.

Cuando despertaba llorando después de una pesadilla.

Una nana italiana.

La canción de su infancia.

La canción de su hogar.

La canción de una mujer que ya no existía.

Abajo, en el despacho principal de la mansión, Alekséi escuchaba un informe que no quería escuchar.

—No está funcionando.

La mujer frente a él suspiró.

Era Elena, su ama de llaves.

Una mujer que llevaba más de veinte años trabajando para su familia.

Había cuidado de él cuando era niño.

Había cuidado de su hermana.

Y ahora intentaba cuidar de Giovanna.

—¿Ha comido algo?

—No.

Alekséi cerró los ojos.

—¿Nada?

—Nada.

Elena asintió lentamente.

—Cinco días.

El ruso apretó la mandíbula.

—Eso es imposible.

—No lo es.

La mujer parecía agotada.

—Apenas bebe un poco de agua.

Nada más.

El silencio llenó el despacho.

—Lo he intentado todo.

Alekséi levantó la vista.

—¿Todo?

—Sopas.

Té.

Fruta.

Pan.

Comida italiana.

Nada.

Su voz comenzó a quebrarse.

—Incluso intenté darle de comer yo misma.

El ruso frunció el ceño.

—¿Y?

—Ni siquiera me miró.

Aquellas palabras consiguieron inquietarlo.

—¿Qué quieres decir?

Elena suspiró.

—Que no reacciona.

Es como si yo no estuviera allí.

Como si nadie estuviera allí.

Alekséi permaneció en silencio.

—Le hablo.

No responde.

Le pregunto algo.

No responde.

Le cuento historias.

No responde.

La mujer bajó la mirada.

—Es como observar a alguien hundirse en el fondo del mar.

Y no poder alcanzarlo.

Aquella descripción provocó algo incómodo en el pecho de Alekséi.

Porque comprendió exactamente a qué se refería.

Había visto aquella mirada antes.

La había visto en soldados después de la guerra.

La había visto en hombres que habían perdido a toda su familia.

Era la mirada de alguien que ya no encontraba razones para quedarse.

—Deberías llamar a un médico.

—Ya lo hice.

La respuesta lo sorprendió.

—¿Y?

—Dice que físicamente está bien.

Pero si continúa negándose a comer...

Elena no terminó la frase.

No hacía falta.

Ambos conocían el final.

Alekséi permaneció inmóvil.

Mirando el escritorio.

Pensando.

Cinco días.

Cinco días sin comer.

Cinco días mirando el cielo.

Cinco días cantando aquella misma canción.

Finalmente se puso de pie.

—Voy a verla.

Elena pareció aliviada.

—Quizás te escuche.

Alekséi no respondió.

Porque no estaba seguro de querer eso.

---

La canción llegó a sus oídos antes de abrir la puerta.

Suave.

Melancólica.

Hermosa.

No entendía todas las palabras.

Pero reconoció la tristeza.

La reconoció porque era la misma que había llevado dentro durante años.

Empujó la puerta lentamente.

Y la encontró exactamente donde Elena había dicho.

Sentada en el alféizar.

Mirando la luna.

Sin moverse.

Sin reaccionar.

Sin siquiera darse cuenta de que había entrado.

La habitación estaba sumida en penumbras.

Durante varios segundos permaneció inmóvil.

Observándola.

La muchacha parecía más delgada.

Más frágil.

Como si cada día se volviera un poco más transparente.

Y entonces ocurrió.

Algo que jamás había notado.

El vestido que llevaba tenía la espalda ligeramente descubierta.

Y bajo la luz plateada de la luna aparecieron unas marcas.

Finas líneas blancas.

Delicadas.

Antiguas.

Decenas de ellas.

Cruzaban su espalda como pequeños relámpagos congelados.

Alekséi frunció el ceño.

No parecían heridas recientes.

Tampoco cicatrices de violencia.

Parecían mucho más antiguas.

Marcas que había ocultado durante años.

Marcas que nadie veía bajo la ropa.

Durante unos segundos se quedó observándolas.

Pensando.

Intentando imaginar la historia detrás de cada una.

Y entonces algo dentro de él se quebró.

Porque aquella imagen terminó de recordarle algo que llevaba días intentando ignorar.

Giovanna no era su enemigo.

Nunca lo había sido.

Era una muchacha.

Una muchacha que había perdido a su madre.

Una muchacha que había descubierto que su padre era un criminal.

Una muchacha que había sido arrancada de su hogar.

Una muchacha encerrada en una habitación extranjera.

Todo por una guerra que jamás había elegido.

La culpa regresó.

Más fuerte que nunca.

Y por primera vez desde la muerte de su hermana, Alekséi deseó que ella estuviera allí.

Porque sabía exactamente qué habría hecho.

Lo habría golpeado.

Sin dudarlo.

Sin escuchar explicaciones.

Su hermana jamás toleraba las injusticias.

Jamás.

Podía perdonar muchas cosas.

Pero no la crueldad.

Y verlo encerrar a una mujer inocente después de todo lo ocurrido...

No.

Ella lo habría odiado.

Aquella certeza le revolvió el estómago.

—Giovanna.

La muchacha siguió cantando.

Ni siquiera giró la cabeza.

La canción continuó llenando la habitación.

Suave.

Lejana.

Como un recuerdo.

—Giovanna.

Nada.

Ni una reacción.

Ni un movimiento.

Alekséi sintió algo parecido a la desesperación.

Porque prefería que lo insultara.

Que gritara.

Que lo golpeara.

Cualquier cosa.

Cualquier reacción era mejor que aquello.

Pero ella simplemente siguió mirando la luna.

Como si él no existiera.

Como si el mundo entero no existiera.

Solo la canción.

Solo los recuerdos.

Solo su madre.

El ruso avanzó unos pasos.

—Tienes que comer.

Silencio.

—Vas a enfermar.

Silencio.

La muchacha siguió cantando.

Y por primera vez Alekséi escuchó atentamente aquella nana.

No entendió las palabras.

Pero entendió el sentimiento.

Era amor.

Era hogar.

Era protección.

Era una madre prometiendo que todo estaría bien.

Y comprendió que eso era exactamente lo que Giovanna estaba intentando conservar.

Porque si dejaba de cantar aquella canción...

Quizás perdería el último vínculo que todavía la unía a su madre.

La última parte de ella que seguía viva.

Alekséi permaneció inmóvil.

Y por primera vez desde que comenzó aquella pesadilla, no supo qué hacer.

No sabía cómo ayudarla.

No sabía cómo reparar aquello.

No sabía cómo devolverle lo que le había arrebatado.

Porque había aprendido a lidiar con enemigos.

Con asesinos.

Con traidores.

Pero nunca había aprendido a lidiar con una muchacha rota.

La canción terminó.

El silencio regresó.

Y bajo la luz de la luna, mientras observaba a Giovanna abrazar sus propias piernas y seguir mirando el cielo, Alekséi comprendió una verdad terrible.

Si ella seguía apagándose de aquella manera, Carlo jamás tendría que preocuparse por recuperarla.

Porque para cuando descubriera la verdad...

Quizás ya no quedaría nada que salvar.

1
Carolina A²V
no creo que Carlo todavía este muerto
valeska garay campos
que pena que lo encontraron antes y lo mataran 😭
valeska garay campos
ojalá no lo traicione 😔
valeska garay campos
porque me haces 😭 autora me encanta la historia
Gladys Muñoz
y ella q culpa tiene en todo este embrollo
valeska garay campos
al fin se sabe quien fue el monstruo ahora el ruso debe encontrarlo antes que lo maten 😔
Muriel 💟
POR TÚ CULPAAAA
Muriel 💟
Solo espero y ruego que Giovanna no se enamoré de ese tipo, por favor autora que no se vaya a quedar con el asesino de su madre 🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻
Muriel 💟
Perdió a su madre en tus manos 🥺 Vos se la mataste
Gladys Muñoz
por q los padres dejan q ella también pague por sus errores la madre q le pasa q no manda a su hija fuera de esa casa la quiere mucho pero no la protege
Gladys Muñoz
por q los padres dejan q ella también pague por sus errores la madre q le pasa q no manda a su hija fuera de esa casa la quiere mucho pero no la protege
Carolina A²V
que bien pronto se hará justicia y las cabezas caerán 🤔
Carolina A²V
ahora tienes la verdad solo necesitas las pruebas
Carolina A²V
cuál es la novedad❓️🤔
Carolina A²V
ahora pregúntate si valió la pena 🤔
Carolina A²V
esto está muy bueno
Carolina A²V
🤔😠😠
Carolina A²V
poder de persuasión 😁😂🤣
Carolina A²V
no te imaginas cuanto 🤔
Carolina A²V
quieres descubrir las cicatrices que tiene Giovanna en su piel 🤔
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