En un siglo XVIII alternativo, donde la magia se oculta tras el abanico de la etiqueta y el filo de la espada, Elowen de Valois es una anomalía. Hija de un marqués que la desprecia y heredera de una magia de sangre que tiñó su cabello de blanco y sus ojos de rubí, es vendida como un mueble al Duque de Oakhaven.
Los rumores dicen que el Duque es un monstruo deforme que oculta su rostro tras una máscara de plata, un hombre que desprecia la compañía femenina y que vive recluido en una fortaleza de piedra. Sin embargo, Elowen no es una damisela en apuros. Armada con un intelecto afilado, un conocimiento letal sobre venenos y una belleza sobrenatural que ella misma considera una maldición, entra en la boca del lobo con un solo objetivo: sobrevivir y reclamar su libertad. Lo que no sabe es que su esposo guarda secretos que podrían derrocar imperios, y que la "fiera" es, en realidad, el hombre más poderoso —y peligroso— del reino.
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19
La marcha hacia el monasterio en ruinas de San Calixto fue silenciosa. Caelum cabalgaba a la cabeza, su figura envuelta en una capa de sombras que parecía absorber la luz de la luna.
Elowen, a su lado, sentía a través del vínculo mental la tormenta de emociones que sacudía al Duque: miedo, no a la muerte, sino a perder la humanidad que ella le había devuelto.
A mitad de camino, hicieron una parada en un claro nevado. Los soldados acamparon a distancia, respetando la privacidad de sus señores.
Dentro de la tienda, frente a un pequeño brasero, Caelum se despojó de su armadura pesada. Sus manos temblaban ligeramente.
—Caelum... te siento —la voz de Elowen resonó en su mente con una suavidad que le dolió—.
Tienes miedo de lo que hay en esa cripta.
—No es la cripta, Elowen —dijo él en voz alta, buscándola con la mirada—.
Es el Vacío. Siento que cada vez que lo uso, una parte de mi alma se queda en esa oscuridad.
Tengo miedo de que, cuando nos sentemos en ese trono, solo quede de mí una cáscara con hambre de sombras.
Elowen se acercó y tomó su rostro entre sus manos, obligándolo a mirarla.
El rojo de sus ojos brilló con una determinación feroz.
—Entonces yo seré tu luz. Si el Vacío intenta devorarte, yo verteré mi fuego alquímico en tu pecho hasta que ardas de nuevo.
No te dejaré perderte, Caelum. Preferiría quemar el mundo entero antes que dejarte marchar solo a la oscuridad.
Caelum la atrajo hacia sí, ocultando su rostro en su cuello.
Por un momento, el fiero Alfa fue solo un hombre buscando refugio.
Se entregaron el uno al otro con una desesperación tierna, un acto de comunión que no buscaba placer, sino el reconocimiento de que sus almas estaban selladas.
Entre besos cargados de promesas silenciosas, se juraron que, fuera cual fuera el final, lo enfrentarían como uno solo.
Llegaron a las ruinas de San Calixto al alba. La entrada a la cripta estaba sellada por una puerta de "Hierro Estelar", un metal que repelía la magia física.
En el centro de la puerta, una inscripción rezaba: "Solo el aliento del genio y la sangre del linaje abrirán el camino al tesoro de los reyes".
—Es un acertijo de afinidad —murmuró Elowen, analizando las runas—.
No basta con fuerza bruta.
Elowen comenzó a mezclar reactivos en un matraz: mercurio purificado, esencia de sol y una gota de su propia sangre.
Al verterlo sobre las runas, estas comenzaron a brillar.
—¡Ahora, Caelum! Pon tu mano en el sello y libera una chispa de tu vacío.
Al contacto, la puerta rugió y se deslizó hacia un lado. Sin embargo, en la oscuridad del pasillo, unos ojos ámbar podridos se encendieron.
Era el Guardián: el cuerpo reanimado del primer Duque de Oakhaven, un Lobo Alfa gigantesco que Alistair había esclavizado mediante nigromancia para proteger el tesoro.
La batalla fue un despliegue de horror y poder. El Guardián no sentía dolor y sus garras estaban bañadas en veneno necrótico.
Caelum se transformó por completo, pero esta vez, gracias al vínculo con Elowen, sus sombras no eran salvajes; estaban afiladas como cuchillas de obsidiana.
—¡A la derecha, Caelum! ¡Sus articulaciones están débiles por la falta de magia! —le guiaba Elowen mientras lanzaba frascos de "Fuego Griego" para iluminar los puntos ciegos de la bestia no-muerta.
Con un movimiento coordinado, Caelum esquivó un golpe mortal y clavó sus colmillos en la garganta del Guardián, mientras Elowen lanzaba un dardo alquímico que disolvía el nexo nigromántico.
La bestia se desmoronó en cenizas, dejando finalmente el camino libre hacia el tesoro y el testamento.
Mientras tanto, en la capital, la locura de Alistair había llegado a su cenit.
En el sótano del palacio, la "Máquina de Almas" —un artefacto de cobre y huesos— rugía con un hambre insaciable.
Sus generales se habían negado a entregar más soldados para alimentarla, por lo que Alistair tomó una decisión final.
—Si no hay soldados, habrá linaje —siseó el Emperador.
Mandó traer al Marqués de Valois, el padre de Elowen, quien permanecía encadenado.
—Tú me fallaste, Marqués —dijo Alistair, acariciando el frío metal de la máquina—. Tu hija me ha robado todo: mis fondos, mi prometida y mi paz. Tu sangre es lo único que me queda de ella.
—¡Majestad, piedad! ¡Yo la desprecié por vos! —suplicó el hombre, demostrando su cobardía hasta el último aliento.
Alistair no escuchó. Con un movimiento rápido, activó las cuchillas de la máquina.
El sacrificio del Marqués no fue por honor, sino un desperdicio de vida para alimentar un arma de destrucción masiva.
El alma del padre de Elowen fue devorada por los engranajes, otorgando a la máquina un brillo carmesí enfermizo.
Alistair rió, sabiendo que ahora tenía el poder para borrar a Oakhaven del mapa con un solo disparo de energía necrótica.
Dentro de la cripta, ajenos al horror en la capital, Caelum y Elowen encontraron el cofre de oro imperial.
Pero lo más importante era un pergamino de piel de dragón sellado con el anillo del anterior Emperador.
Elowen lo leyó en voz alta, su voz resonando con autoridad:
—"Declaro que mi hijo primogénito, Caelum de Oakhaven, nacido de la unión con la Princesa de las Sombras, es el único y legítimo heredero al trono de platino.
Aquel que use la corona sin su bendición será considerado traidor a la sangre".
Caelum tomó el documento. La cicatriz de su rostro pareció brillar por un instante.
Ya no era solo un Duque exiliado; era el Emperador por derecho de ley y de fuerza.
—Podemos olerlo, Elowen —pensó Caelum, mirando hacia el horizonte donde el cielo de la capital se volvía rojo—.
Alistair ha usado la vida de tu padre. La máquina ha despertado.
—Entonces que así sea —respondió ella, apretando su mano—.
Ya no tenemos pasado, Caelum. Solo tenemos el futuro que vamos a arrebatarle a ese loco. Mañana, el Lobo y la Alquimista entran en la capital.
Y no quedará ni una sombra de Alistair para cuando hayamos terminado.
Ayer fue el día de las Madres aquí en mi país República Dominicana, ya que se celebra el último domingo de mayo.
A todas las mamitas que me leen les digo felicidades y que merecen lo mejor y más a esas que eligen gestar desde el corazón 💖