Una historia de amor y realeza 👑
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Capítulo 10: Un viaje que lo cambiará todo
La decisión estaba tomada.
El ambiente en el castillo había cambiado desde aquella mañana. Sirvientes iban y venían preparando el equipaje, los caballos eran alistados y los guardias reforzaban la seguridad para el viaje diplomático.
Polet aún no terminaba de asimilarlo.
Apenas la noche anterior había sido su primera vez en sociedad… y ahora estaba a punto de salir del reino como la supuesta prometida del rey.
Se encontraba en su habitación, de pie frente al espejo.
Esta vez no desvió la mirada.
Se observó con detenimiento.
Su piel, su cabello, sus ojos…
Por primera vez no vio los defectos que siempre creyó tener.
Vio a alguien distinta.
Alguien que estaba a punto de enfrentarse a algo grande.
—¿En qué momento pasó todo esto…?— murmuró para sí misma.
Un ligero toque en la puerta la sacó de sus pensamientos.
—Adelante.—
Cristina entró con una pequeña sonrisa.
—Todo está listo, señorita. Partimos en menos de una hora.—
Polet asintió, aunque su corazón comenzó a acelerarse nuevamente.
—Cristina… ¿crees que estoy haciendo lo correcto?—
La doncella la miró con dulzura.
—Creo que está siendo valiente.—
Polet bajó la mirada.
—No me siento valiente…—
—Aun así lo está haciendo.— respondió Cristina.
Y eso… fue suficiente.
Mientras tanto, en otra ala del castillo, Elliot se preparaba en silencio.
Los sirvientes ajustaban su traje de viaje, colocaban su capa y preparaban su espada.
Pero él estaba distante.
Pensando.
Otra vez en ella.
No entendía por qué la había elegido.
No del todo.
Podía justificarse con estrategia, con lógica, con política…
Pero había algo más.
Algo que no quería nombrar.
—Majestad, todo está listo.— anunció uno de los guardias.
Elliot asintió.
Se dirigió hacia la salida principal del castillo.
Y ahí la vio.
Polet.
De pie junto a su padre.
Lista para partir.
Por un momento, el tiempo pareció ralentizarse.
Su mirada se posó en ella con calma, pero con atención.
Diferente a la noche anterior.
Más consciente.
Más… presente.
Polet lo notó.
Y esta vez no bajó la mirada de inmediato.
Lo sostuvo.
Aunque su corazón latía con fuerza.
Elliot se acercó.
—¿Está lista?— preguntó con voz tranquila.
Polet dudó un segundo.
Pero respondió.
—Sí… majestad.—
Elliot negó levemente.
—En este viaje… no soy solo su rey.—
Polet frunció ligeramente el ceño, confundida.
—Debe recordarlo.— añadió él.
Ella entendió.
Su papel.
—Entonces… sí.— corrigió, un poco más firme.
—Estoy lista.
El duque Lancaster observaba la escena en silencio, atento a cada gesto.
El duque Bourgeois, a unos pasos, mantenía una expresión seria.
Nada de esto le terminaba de agradar.
Pero ya estaba en marcha.
Los carruajes estaban preparados.
Los guardias formados.
El viaje comenzaba.
Elliot extendió la mano hacia Polet para ayudarla a subir al carruaje.
Ella la tomó.
Y nuevamente sintió esa firmeza.
Esa seguridad.
Pero también…
esa extraña cercanía.
Se acomodaron dentro.
Frente a frente.
El carruaje comenzó a moverse.
Durante los primeros minutos, ninguno habló.
El sonido de los caballos y las ruedas sobre el camino llenaban el silencio.
Hasta que Elliot habló.
—Puede negarse todavía.— dijo de pronto.
Polet lo miró sorprendida.
—¿Qué?—
—A esto.— aclaró él.
—A todo.—
Polet lo observó unos segundos.
—No quiero hacerlo.— respondió con sinceridad.
Elliot frunció ligeramente el ceño.
Pero ella continuó.
—No quiero hacerlo por obligación.—
Hizo una pequeña pausa.
—Pero tampoco quiero huir.—
El silencio volvió.
Elliot la miraba con atención.
—Entonces…— dijo él.
—¿Por qué aceptó?—
Polet sostuvo su mirada.
Y esta vez…no dudó.
—Porque quiero saber quién es usted… realmente.—
Las palabras lo tomaron por sorpresa.
No lo esperaba.
No de ella.
No de nadie.
Elliot desvió ligeramente la mirada hacia la ventana.
Pero una leve expresión apareció en su rostro.
Casi imperceptible.
—Eso…— murmuró.
—Podría ser más peligroso que este viaje.—
Polet no respondió.
Pero una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
El carruaje avanzaba.
Y con cada kilómetro… la distancia entre dos desconocidos comenzaba a desaparecer.
Sin que ninguno de los dos lo notara del todo.
Sin que ninguno de los dos… estuviera preparado para ello.