Casarse no estaba en los planes de Renata.
Y menos si habían cambiado a el que sería su esposo.
Ahora comparte casa con un hombre que poco a poco está dejando de sentirse como un completo desconocido...
Espero les guste.. cualquier opinión se los agradecería. 🤍
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Capítulo 19
La cena continuó.
Pero Renata ya no estaba prestando demasiada atención a las conversaciones.
Porque cada vez que levantaba la vista...
Sofía seguía cerca.
Hablando con Gael.
Sonriendo.
Y actuando como si lo conociera desde siempre.
Lo cual probablemente era cierto.
Y eso no ayudaba en absoluto.
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—Sofía dijo: —¿Recuerdas aquel viaje a Madrid?
Renata tomó un sorbo de agua.
—Gael respondió: —Sí.
—Sofía dijo: —Pensé que nunca volveríamos de ese aeropuerto.
Gael soltó una pequeña risa.
—Gael respondió: —Tú casi pierdes el vuelo.
—Sofía respondió: —Porque alguien me dio mal la hora.
—Gael dijo: —Eso jamás pasó.
—Sofía respondió: —Claro que sí.
Renata miró su plato.
Muy atentamente.
Demasiado atentamente.
Porque no pensaba escuchar más.
Definitivamente no.
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Un rato después, Sofía se alejó para hablar con otras personas.
Gael regresó junto a Renata.
Y apenas se sentó, la observó unos segundos.
—Gael preguntó: —¿Todo bien?
—Renata respondió: —Perfectamente.
—Gael preguntó: —¿Segura?
—Renata respondió: —Sí.
—Gael dijo: —Mentirosa.
Renata levantó la vista.
—Renata preguntó: —¿Por qué dices eso?
—Gael respondió: —Porque llevas diez minutos mirando tu copa como si te hubiera traicionado.
Renata abrió la boca.
Y volvió a cerrarla.
Porque eso era exactamente lo que estaba haciendo.
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—Renata dijo: —Solo estaba aburrida.
—Gael respondió: —Claro.
—Renata preguntó: —¿Por qué me respondes así?
—Gael respondió: —Porque te conozco.
Y esa respuesta la dejó sin palabras.
Porque unas semanas atrás eso habría sido imposible.
Pero ahora...
tal vez sí la conocía un poco.
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La cena terminó cerca de las diez.
Y para alivio de Renata, Sofía desapareció antes de que comenzaran las despedidas.
Cuando salieron del hotel, el aire fresco de la noche se sintió agradable.
—Renata dijo: —Por fin.
—Gael preguntó: —¿Tan terrible fue?
—Renata respondió: —Sobreviviré.
Gael abrió la puerta del auto para ella.
—Gael preguntó: —¿Y Sofía?
Renata se quedó quieta.
—Renata preguntó: —¿Qué pasa con Sofía?
—Gael respondió: —Nada. Solo parece que te cayó mal.
—Renata respondió rápidamente: —No me cayó mal.
—Gael respondió: —Ajá.
—Renata dijo: —De verdad.
—Gael respondió: —Claro.
Renata cruzó los brazos.
Y eso hizo que Gael sonriera.
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Durante el trayecto de regreso, intentó convencerse de que estaba exagerando.
Porque no tenía motivos para sentirse así.
Ninguno.
Pero cada vez que recordaba a Sofía sonriendo...
volvía a molestarse.
Y eso era ridículo.
Completamente ridículo.
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Cuando llegaron a casa, ambos entraron todavía discutiendo.
—Renata dijo: —No estaba celosa.
—Gael respondió: —Nunca dije que lo estuvieras.
—Renata respondió: —Pero lo estabas pensando.
—Gael respondió: —Ahora sí lo estoy pensando.
—Renata dijo: —Eres insoportable.
—Gael respondió: —Y tú muy fácil de leer.
Renata lo fulminó con la mirada.
Gael parecía estar disfrutando demasiado de aquello.
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Entraron a la cocina.
Renata fue directamente al refrigerador.
—Gael preguntó: —¿Qué haces?
—Renata respondió: —Tengo hambre.
—Gael respondió: —Acabamos de cenar.
—Renata dijo: —Tengo hambre emocional.
Gael soltó una carcajada.
Una de verdad.
Sin intentar ocultarla.
Y Renata se quedó mirándolo.
Porque todavía le sorprendía escucharlo reír así.
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—Gael preguntó: —¿Hambre emocional?
—Renata respondió: —No juzgues mis decisiones.
—Gael dijo: —Lo intentaré.
—Renata respondió: —Gracias.
—Gael dijo: —No prometo nada.
Renata terminó sacando un pequeño postre.
Y se sentó en la encimera.
Gael tomó una botella de agua y permaneció cerca.
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Por un momento ninguno habló.
La casa estaba tranquila.
Y el cansancio de la noche empezaba a sentirse.
Entonces Gael rompió el silencio.
—Gael preguntó: —¿Puedo hacerte una pregunta?
—Renata respondió: —Depende.
—Gael dijo: —Eso no es una respuesta.
—Renata respondió: —Hazla.
Gael la observó durante unos segundos.
—Gael preguntó: —¿De verdad estabas celosa?
Renata casi deja caer la cuchara.
—Renata respondió: —¡No!
—Gael respondió: —Muy convincente.
—Renata dijo: —Lo digo en serio.
—Gael preguntó: —¿Entonces por qué estabas tan molesta?
Renata abrió la boca.
Y descubrió que no tenía una buena respuesta.
Porque ni ella misma entendía exactamente por qué.
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Gael pareció notar su silencio.
Pero esta vez no insistió.
Simplemente sonrió.
Esa pequeña sonrisa tranquila que últimamente aparecía cada vez más seguido.
—Gael dijo: —Está bien.
—Renata preguntó: —¿Qué está bien?
—Gael respondió: —Nada.
Y ahora era él quien se negaba a explicar.
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Minutos después, subieron las escaleras.
Al llegar al pasillo, Renata se detuvo frente a su puerta.
Gael hizo lo mismo frente a la suya.
—Renata dijo: —Buenas noches.
—Gael respondió: —Buenas noches.
Renata estaba a punto de entrar cuando escuchó su voz otra vez.
—Gael dijo: —Por cierto.
Ella giró.
—Renata preguntó: —¿Qué?
Gael sostuvo su mirada unos segundos.
Y luego respondió con total tranquilidad.
—Gael dijo: —Yo tampoco disfruté hablando con Sofía.
Renata parpadeó.
Confundida.
—Renata preguntó: —¿Por qué?
Gael sonrió apenas.
—Gael respondió: —Porque prefería estar contigo.
Y antes de que ella pudiera reaccionar...
Gael entró en su habitación y cerró la puerta.
Dejando a Renata completamente inmóvil en medio del pasillo.
Con el corazón latiendo mucho más rápido de lo normal.
que pongas los nombres y después lo que dicen ejemplo.
Gael: maña irás conmigo a una cena- le dijo de forma sería mirándola a los ojos