Tu nombre en mi pasado
En la ciudad de Vareth, donde el poder se mueve en silencio y la lealtad se paga con sangre, Adrián Voss vive atrapado en un pasado que nunca logró enterrar.
Años después de la muerte de su padre, una sola pista aparece de la nada: un nombre que no debería existir… Elena Rivas.
Ella es todo lo que no encaja en su mundo: tranquila, normal, aparentemente ajena a la oscuridad que domina la ciudad. Pero en Vareth, nadie es inocente… y nadie aparece por casualidad.
Mientras Adrián se acerca a ella buscando respuestas, lo que encuentra es algo mucho más peligroso: una conexión que no entiende, una atracción que no puede controlar… y un secreto que podría destruirlos a los dos.
Porque alguien más ya los está observando.
Y esta vez…
el pasado no viene a recordarse.
Viene a cobrarse.
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Cuando todo estalla
El primer disparo no vino de ellos.
Vino de abajo.
Seco. Fuerte. Rompiendo el silencio como si alguien hubiera arrancado la noche en dos.
Elena se tensó de inmediato.
—Ya no hay vuelta atrás… —murmuró.
—Nunca la hubo —respondió Adrián, sin apartar la vista de la puerta.
Los pasos en las escaleras ya no eran discretos.
Ahora eran rápidos.
Decididos.
Subiendo sin miedo.
Eso solo significaba una cosa:
Sabían exactamente dónde estaban.
Mateo se colocó a un lado de la entrada.
—En cuanto crucen…
—Lo sé —dijo Adrián.
Elena respiró hondo.
Una vez.
Dos.
Intentando controlar el pulso que le golpeaba en los oídos.
Pero entonces…
algo pasó.
Un sonido.
No afuera.
No en el pasillo.
Dentro de su cabeza.
Agua.
Otra vez.
Un reflejo.
Un golpe.
Una caída.
—No… —susurró.
Adrián la miró.
—¿Qué pasa?
Ella llevó una mano a la sien.
—Está pasando otra vez…
Silencio.
—Elena, mírame.
—No puedo…
Su respiración se volvió irregular.
—Es más fuerte ahora…
Y entonces…
un flash.
Oscuridad.
Una superficie de agua negra.
Una figura cayendo.
Y alguien… observando desde arriba.
Elena abrió los ojos de golpe.
—¡Alguien nos está viendo!
La puerta explotó.
Literalmente.
Metal contra pared.
Ruido.
Polvo.
Sombras entrando.
Mateo disparó primero.
Dos hombres cayeron antes de dar un paso.
—¡Ahora sí! —gritó.
Todo se volvió rápido.
Confuso.
Violento.
Adrián tomó a Elena del brazo.
—¡Concéntrate!
—¡No puedo! —respondió ella.
Disparos.
Gritos.
El eco en el apartamento hacía que todo sonara más cerca… más peligroso.
Mateo se movía como si conociera ese tipo de caos.
Preciso.
Frío.
—¡Son más de los que pensé!
—¡Resiste! —respondió Adrián.
Otro grupo entró.
Más armados.
Más organizados.
Elena se cubrió detrás de una pared.
Su respiración… fuera de control.
—El agua… —susurró— no es un recuerdo…
Adrián la miró.
—¿Qué dices?
—No es pasado…
Pausa.
—Está pasando.
Silencio.
Eso no tenía sentido.
Pero nada de esto lo tenía ya.
Un disparo pasó rozando la pared.
Muy cerca.
—¡Tenemos que movernos! —gritó Mateo.
Adrián tomó la decisión.
—¡Salida trasera!
—¡No aguanta mucho! —respondió Mateo.
—¡Entonces no nos quedamos!
Elena se levantó, aún desorientada.
Pero esta vez…
no dudó.
Corrieron.
Pasillo estrecho.
Oscuro.
El sonido de pasos detrás.
Persiguiéndolos.
Una puerta.
Cerrada.
Mateo la abrió de una patada.
—¡Sigan!
Escaleras de servicio.
Más estrechas.
Más sucias.
Más peligrosas.
Bajaban rápido.
Demasiado.
Casi cayendo.
Elena se sostuvo de la pared.
—Adrián…
—Sigue.
—Escúchame…
Él la miró un segundo mientras bajaban.
—Dime.
—Hay alguien más.
—¿Aquí?
—No…
Pausa.
—Arriba.
Silencio.
Eso hizo que Adrián se detuviera un segundo.
Error.
Un disparo impactó cerca.
Muy cerca.
—¡Muévete! —gritó Mateo.
Siguieron bajando.
Pero ahora…
todo se sentía peor.
Salieron por una puerta trasera.
A un callejón.
Oscuro.
Húmedo.
Estrecho.
Respiraron.
Pero no por mucho.
—¡Por ahí! —gritó alguien desde dentro del edificio.
—¡Nos vieron! —dijo Elena.
—Lo sé.
Corrieron otra vez.
Sin dirección clara.
Solo alejándose.
Doblaron.
Otra calle.
Otra esquina.
Más oscuridad.
Hasta que finalmente…
se detuvieron.
Un segundo.
Solo uno.
Silencio.
Por fin.
Mateo apoyó las manos en las rodillas.
—Eso… estuvo cerca.
—Demasiado —respondió Adrián.
Elena no hablaba.
Solo respiraba.
Mirando al suelo.
Adrián se acercó.
—Oye…
Ella levantó la mirada.
Y esta vez…
sí había miedo.
Pero no por los hombres.
—No están solo buscándonos…
Pausa.
—Nos están guiando.
Silencio.
Adrián frunció el ceño.
—¿A dónde?
Ella negó lentamente.
—No lo sé…
Pausa.
—Pero ese lugar…
El agua…
Lo miró directo.
—Es real.
Silencio.
Pesado.
Mateo los observó.
—Entonces tenemos un problema más grande.
Adrián no apartó la mirada de Elena.
—No.
Pausa.
—Tenemos una respuesta.
Ella lo sostuvo.
—¿Y si no nos gusta?
Adrián dio un paso más cerca.
—Entonces la rompemos.
Elena respiró hondo.
Y esta vez…
no dudó.
Se acercó.
Lo besó.
No fue perfecto.
Ni planeado.
Fue rápido.
Necesario.
Con miedo… y con todo lo demás.
Cuando se separaron…
nadie dijo nada.
Pero ya no había dudas.
Mateo miró hacia otro lado.
—Sí… definitivamente este no es el mejor momento…
Adrián apenas sonrió.
—Nunca lo es.
Elena lo miró.
Más tranquila.
Más clara.
—Entonces no vamos a esperar el momento perfecto.
Pausa.
—Vamos a hacerlo en medio del caos.
A lo lejos…
sirenas.
Más vehículos.
Más movimiento.
Pero ya no importaba tanto.
Porque ahora no solo estaban huyendo.
No solo estaban peleando.
Ahora estaban conectados.
De verdad.
Y eso…
eso cambia todo.
Porque cuando el mundo se vuelve contra ti…
y aún así alguien decide quedarse…
eso no es coincidencia.
Eso es algo que vale la pena arriesgarlo todo.