Jinxiao Gu y Lin Hao, mejores amigos y esclavos corporativos, deciden renunciar a todo tras un escándalo en su empresa. Buscando escapar de la realidad, se refugian en una novela absurda… pero un accidente termina con sus vidas.
Al despertar, descubren que han transmigrado dentro de esa historia.
Ahora, son suegro y yerno.
Atrapados en una trama llena de rivalidad, tragedia y un destino fatal que ambos conocen, deberán encontrar la manera de cambiar el rumbo de la historia… antes de repetir el mismo final.
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ACERCÁNDONOS A NUESTROS ESPOSOS
Los empleados respiraron con alivio luego de que Jinxiao y Quian se fueran. En verdad, su jefe había encontrado una verdadera joya.
El almuerzo en el restaurante fue silencioso. Ninguno de los dos intentó iniciar una conversación para romper el hielo entre ellos.
Y así habría seguido todo, de no ser porque pasaron por una tienda de conveniencia para comprar agua mineral.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Quian, entregándole una botella de agua.
—Mucho mejor. Creo que me cansé un poco y eso me afectó —respondió Jinxiao, aún con una ligera sensación de malestar.
No quería decirle a Quian que, en realidad, la comida le había producido rechazo. Habían ordenado tranquilamente, pero después de unos cuantos bocados sintió que su estómago comenzaba a rebelarse.
—Estaré bien. Solo necesito dormir un poco —dijo Jinxiao entrando al automóvil.
De repente se le ocurrió llamar a Lin. El teléfono sonó una, dos y tres veces antes de que el omega respondiera.
—¿Hola?
—Hola, Lin. ¿De casualidad sabes si soy alérgico a algo?
Del otro lado de la línea, Lin negó.
Aunque no esperaba esa respuesta, Jinxiao escuchó atentamente.
—Los padres biológicos de Jinxiao le enseñaron a comer únicamente lo necesario para mantener una figura "perfecta" de omega. Su estómago no resiste comer más de lo acostumbrado; incluso podrías enfermarte.
Aquellas palabras comenzaron a dar vueltas en su cabeza.
—Ya entiendo. Gracias.
Jinxiao colgó poco después.
—Un trauma alimenticio... ¿Qué más habrá oculto en esta vida? Se suponía que todo debía mejorar, y ahora me entero de que también tengo problemas con la comida.
Quería llorar.
En su vida anterior había intentado ganar peso innumerables veces, pero su cuerpo apenas reaccionaba. Ahora, en esta nueva vida, se encontraba con problemas completamente distintos.
Sintió que le dolía la cabeza.
—Jin —lo llamó Quian.
El alfa abrió la puerta del vehículo y se sentó junto a él.
—Toma esto. Te sentirás mejor.
Le entregó una pastilla para las náuseas. Después acomodó con cuidado la cabeza del omega sobre su hombro.
—Descansa un poco.
Jinxiao cerró los ojos lentamente.
Por primera vez en mucho tiempo se sintió protegido.
No tuvo que fingir estar bien.
No tuvo que sonreír para tranquilizar a nadie.
Simplemente se permitió descansar.
Quian observó el rostro relajado del omega y suspiró.
—Has cambiado tanto...
No esperaba respuesta.
Sin embargo, aquellas palabras se quedaron suspendidas en el aire.
Jinxiao durmió durante bastante tiempo. Cuando volvió a abrir los ojos, Quian seguía a su lado.
El automóvil permanecía estacionado bajo la sombra de unos árboles.
—¿No te fuiste? —preguntó sorprendido en un suave murmullo.
—Quería asegurarme de que descansaras bien.
Jinxiao lo observó unos segundos.
Aún le costaba creer que aquel hombre fuera el mismo que había ignorado tanto sufrimiento d antiguo Jinxiao.
Lentamente levantó una mano y acarició su mejilla.
Quian se quedó inmóvil.
Los ojos de ambos se encontraron.
No hubo palabras.
Solo una cercanía nueva.
Una oportunidad distinta.
Cuando finalmente se separaron del beso, ambos tenían las mejillas ligeramente sonrojadas.
—Eso se sintió...
—Increíble —respondieron al mismo tiempo.
Por unos segundos permanecieron en silencio.
Luego ambos comenzaron a reír.
Era una sensación extraña.
Natural.
Ligera.
Después de ventilar el automóvil, Quian tomó nuevamente el volante y emprendieron el camino de regreso a la mansión Wu.
Mientras ellos regresaban a casa con las manos entrelazadas y miradas cómplices, en la mansión Wu las cosas habían tomado un rumbo completamente diferente.
Después de que Quian y Jinxiao se marcharan, Lin y Liang emprendieron su misión para encontrar un pastel sin duraznos.
—Este se ve delicioso —dijo Lin observando una vitrina.
—Si quieres ese, lo compramos.
—Veamos qué más tienen.
La empleada que los observaba desde lejos frunció el ceño.
—Ve tú a atenderlos.
—Estoy ocupada. Nada te cuesta atender a los clientes.
—Me cuesta porque se nota que no vienen a comprar.
—No deberías juzgar a las personas por cómo se visten.
—Ya deja eso y ve.
La segunda empleada suspiró resignada.
Estaba acostumbrada.
Su compañera siempre le dejaba los clientes que consideraba "problemáticos".
Sin embargo, aquella vez el destino parecía tener otros planes.
—Buenos días. ¿Les ha gustado alguno de nuestros pasteles familiares?
—Estamos indecisos —respondió Lin con amabilidad—. Mi esposo no quiere algo demasiado simple y yo soy alérgico a los duraznos.
La sonrisa de la joven se amplió.
—Mi nombre es Meiling. Creo que puedo ayudarlos.
La conversación se extendió durante varios minutos.
Hablaron de sabores, rellenos, decoraciones y tamaños.
Incluso Liang terminó involucrándose en la discusión.
—No sabía que escoger un pastel podía ser tan complicado —murmuró.
—Porque tú te comerías cualquiera —respondió Lin.
—Eso es mentira.
—Te comiste un pastel de tres días una vez.
—Seguía bueno.
—Casi te intoxicas.
—Detalles.
Meiling no pudo evitar reír.
Finalmente encontraron el indicado.
—Creo que este es perfecto.
—Enseguida se los preparo.
La joven estaba feliz.
Habían elegido uno de los productos más solicitados de la tienda.
Cuando regresó con el pedido, explicó el sistema de propinas para los vendedores.
Lin no dudó en recompensar su excelente atención.
Los ojos de Meiling casi se salen de sus órbitas al ver la cantidad.
—¿Está seguro?
—Claro. Nos ayudaste mucho.
—Gracias... muchas gracias.
Antes de marcharse, Lin incluso se tomó una fotografía con ella.
—La subiré a mis redes.
—¿De verdad?
—Por supuesto.
Minutos después apareció una publicación.
"La mejor pastelería de la ciudad. Pregunten por Meiling."
La joven estuvo a punto de llorar de felicidad.
La otra empleada, por el contrario, observó la escena con el rostro completamente verde de envidia.
Cuando finalmente regresaron a casa, ambos estaban agotados.
—No pensé que comprar un pastel fuera tan cansado —se quejó Liang.
—Eso es porque tienes la resistencia de un anciano.
—¿Qué dijiste?
—Lo que escuchaste.
—Repítelo.
—Anciano.
—Lin Hao...
—¿Sí?
—Te estás volviendo muy valiente.
Lin soltó una carcajada.
Por primera vez desde que se conocían, Liang sintió que disfrutaba aquellas discusiones.
No había resentimiento.
No había falsedad.
Solo un momento sencillo.
Momento real.
Y eso era precisamente lo que más le gustaba.
Cuando Quian y Jinxiao regresaron a la mansión, encontraron un ambiente mucho más relajado que en días anteriores.
Nana He los recibió en la entrada.
—Ya volvieron.
—Sí, y traemos hambre —respondió Jinxiao.
—Entonces llegaron justo a tiempo. La cena casi está lista.
Desde el segundo piso, Lin levantó una mano para saludarlos.
—Compramos pastel.
—¿Sin duraznos? —preguntó Jinxiao.
—Obviamente.
—Entonces todo está bien.
Las risas comenzaron a llenar la mansión.
Por primera vez en mucho tiempo, aquel lugar dejó de sentirse como una casa fría.
Y aunque ninguno de ellos lo dijo en voz alta, todos compartían el mismo pensamiento.
Quizá.
Solo quizá.
Las cosas finalmente estaban empezando a cambiar.
Resumen simple, si los despide, les tiene que pagar igual☺️
llámenme si necesitan abogada/Kiss/
motivos muy buenos🥲